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ABM, SAM 137 224 55.8 22.9 10.7 16 570 73.6 53.8 2) qualification

In document Employment in Poland 2005 (Page 196-200)

Labour market institutions

1) ABM, SAM 137 224 55.8 22.9 10.7 16 570 73.6 53.8 2) qualification

Los recién nacidos tienen un agudo sentido del olfato. Los infantes pre- sentan respuestas positivas hacia los aromas agradables y negativos hacia los desagradables (Mennella y Beauchamp, 1997). Cuando huelen miel o chocolate su expresión facial es relajada y sonriente, pero fruncen el ceño o se alejan cuando perciben el olor de huevos podridos o amoniaco. Los bebés pequeños también pueden reconocer olores familiares. Los recién nacidos mirarán en la dirección de un paño saturado con su propio lí- quido amniótico (Schaal, Marlier y Soussignan, 1998). También girarán su rostro hacia un paño saturado con el olor del seno de su madre o su perfume (Porter y Winberg, 1999).

Los recién nacidos tienen un sentido muy desarrollado del gusto. Para ellos es fácil diferenciar entre sabores salados, agrios, amargos o dulces (Rostenstein y Oster, 1997). La mayoría de los infantes parece preferir el sabor dulce. Reaccionan ante las sustancias dulces sonriendo, succionando y lamién- percepción

procesos por los cuales el cerebro recibe, selecciona, modifica y organiza los impulsos nerviosos entrantes que son el resultado de la estimulación física

¡A los infantes y a los niños que comienzan a caminar les desagradan los sabores amargo s y ácidos!

© Dion Ogust/The Image W

dose los labios (Steiner y colaboradores, 2001) pero hacen muecas cuando prue- ban sabores amargos o ácidos (Kaijura, Cowart y Beauchamp, 1992). Los infantes también son sensibles a los cambios en el sabor de la leche materna que refleja la dieta de la madre y tomarán más cuando su madre ha ingerido alguna sustan- cia dulce como la vainilla (Mennella y Beauchamp, 1996).

Los recién nacidos son sensibles al tacto. Como vimos antes en este capítulo, muchas áreas de su cuerpo responden de manera refleja al tacto. Tocar la mejilla, la boca, la mano o el pie de un infante hace que se produzcan movimientos re- flejos, lo que demuestra que perciben el tacto. Es más, la conducta de los bebés como respuesta a un estímulo que en apariencia provoca dolor sugiere que lo experimentan (Warnock y Sandrin, 2004).

Por ejemplo, el bebé en la imagen recibe una vacuna, ha abierto la boca para llorar y aunque no podemos escucharlo, el sonido de su grito es, probablemente, el único patrón relacionado con el dolor. El llanto de dolor comienza de repente, es agudo y no se apacigua fácilmente. El bebé también está agitado, mueve sus manos, brazos y piernas (Craig y colaboradores, 1993; Goubet, Clifton y Shah, 2001). En conjunto, estos signos sugieren que los bebés experimentan dolor.

Las habilidades perceptuales son de una utilidad extraordinaria para los recién nacidos y los bebés pequeños. El olfato y el tacto les ayudan a reconocer a sus madres; el olfato y el gusto les facilitan aprender a co- mer. El desarrollo temprano del olfato, el tacto y el gusto prepara a los recién nacidos y a los bebés pequeños para aprender acerca del mundo.

Audición

¿Recuerda del capítulo 2 el estudio en el que las madres leían en voz alta The Cat in the Hat durante las últimas semanas del embarazo? Esta in- vestigación demostró que el feto puede escuchar a los siete u ocho meses después de la concepción. Como cabría esperar de estos resultados, los recién nacidos responden a los sonidos en su entorno. Si un padre está en silencio pero de pronto tose, el infante puede sobresaltarse, parpa- dear y mover sus brazos o piernas. Estas respuestas parecen naturales, pero en realidad indican que los bebés son sensibles al sonido.

En general, los adultos pueden escuchar mejor que los infantes (Saf-

fran, Werker y Werner, 2006). Los adultos pueden escuchar algunos sonidos muy tenues que ellos no. Pero lo más interesante es que los niños escuchan mejor los sonidos cuyas tonalidades están dentro del rango del habla humana: ni más alta ni más baja. Pueden diferenciar los sonidos del habla, como las vocales y las consonantes, hacia los cuatro o cinco meses pueden reconocer sus propios nom- bres (Jusczyk, 1995; Mandel, Jusczyk y Pisoni, 1995).

Los infantes también pueden distinguir entre diferentes sonidos musicales y recordar las canciones de cuna que sus padres les cantan (Trainor, Wu y Tsang, 2004). Pueden distinguir diferentes melodías y prefieren aquellas con sonido placentero sobre las estridentes o disonantes (Trainor y Heinmiller, 1998). Tam- bién son sensibles a la estructura rítmica de la música: después de escuchar una simple secuencia de notas, pueden decir la diferencia entre una secuencia que coincide con la original y una que no lo hace (Hannon y Trehub, 2005). Esta sensibilidad temprana a la música es notable pero quizá no sea tan sorprendente considerando que la música es (y ha sido) central en todas las cultura s.

Por tanto, a la mitad del primer año, los infantes responden a gran parte de la información proporcionada por el sonido. En el capítulo 4 llegaremos a la misma conclusión cuando examinemos la percepción de los sonidos relaciona- dos con el lenguaje.

La respuesta de un infante ante una inyecció n (una expresión facial distintiva aunada a un tipo de llanto específico) sugiere con claridad que el bebé siente dolor.

Vista

Si alguna vez ha observado a los infantes quizá se haya dado cuenta de que pasan gran parte de su tiempo de vigilia observando su entorno. En ocasiones parecen revisarlo de manera general y otras parecen estar enfocados en los objetos cerca- nos. ¿Qué ven como consecuencia? Quizá su mundo visual sea una masa gris confusa; o tal vez puedan ver el mundo de la misma forma en que lo hacen los adultos. En realidad, ninguna de estas descripciones es precisa, pero la segunda se acerca más a la verdad.

Los diferentes elementos del sistema visual (el ojo, el nervio óptico y el cerebro) ya están relativamente desarrollados en el nacimiento. Los recién na- cidos responden a la luz y pueden seguir con los ojos objetos en movimiento. ¿Qué tan bien ven los infantes? La claridad de la visión, llamada agudeza vi- sual, se define como el patrón más pequeño que se puede distinguir de manera confiable. Sin lugar a dudas a usted le han medido esta característica y al ha- cerlo le han pedido que lea renglones de letras o números cada vez más peque- ños en un cartel. Para evaluar la agudeza visual de los recién nacidos usamos el mismo método, ajustado un poco debido a que no podemos explicar a los infantes qué queremos que hagan. La mayoría de los pequeños verán el patrón de estímulos en lugar de los estímulos inconexos y sin patrón. Por ejemplo, si mostráramos los dos estímulos de la ❚ figura 3.7 a algunos infantes la mayoría de ellos vería por más tiempo el patrón de líneas que el patrón gris. A medida que las líneas son más delgadas (junto con los espacios entre ellas), llega un momento en que las líneas blancas y grises son tan finas que se mezclan y parecen grises, al igual que el otro patrón.

Para estimar la agudeza visual de un infante hacemos pares de cuadrados grises con cuadrados en los que el ancho de las franjas difiere, como las de la ❚ figura 3.8: cuando los infantes observan por igual los dos estímulos, esto indica que ya no pueden distinguir las franjas del estímulo basado en el patrón. Al me- dir el ancho de las franjas y su distancia del ojo infantil es posible medir la agu- deza. La mayor agudeza estará determinada por la detección de las franjas más delgadas. Las medidas de esta clase indican que los recién nacidos y los niños de un año de edad ven a 610 centímetros lo que los adultos normales verían de 61 a 122 metros. Pero para su primer aniversario la agudeza visual de un infante es en esencia la misma que la de un adulto con visión normal (Kellman y Arterberry , 2006).

Color

Los infantes no sólo comienzan a ver el mundo con mayor agudeza durante el primer año, ¡también empiezan a verlo a color! ¿Cómo percibimos el color? La longitud de onda de la luz es la base de esto. En la ❚ figura 3.9 la luz que vemos como roja tiene una longitud de onda larga, mientras que el violeta (en el otro extremo del espectro del color) tiene una longitud de onda mucho más corta. Concentradas en la parte posterior del ojo, junto con la retina, están las neuronas especializadas llamadas conos. Algunos conos son especialmente sensibles a la luz de longitud de onda corta (azules y violetas); otros son sensibles a la luz de longitud de onda media (verdes y amarillos) y otros más a la longitud de onda larga (rojos y naranjas). Estos diferentes tipos de conos están vinculados con complejos circuitos neuronales y estos circuitos son los responsables de nuestra capacidad para ver el mundo en color.

Estos circuitos comienzan a funcionar poco a poco en los primeros meses de vida. Los recién nacidos y los bebés pequeños pueden percibir algunos colores, pero para los tres meses los tres tipos de conos y sus circuitos asociados funcio- nan y los infantes pueden ver el rango completo de colores (Kellman y Arterbe- rry, 2006). De hecho, para las edades de tres o cuatro meses, la percepción del agudeza visual

el patrón más pequeño que se puede distinguir de manera confiable

conos

neuronas especializadas en la parte posterior del ojo que perciben el color ❚ Figura 3.7

Los infantes en general prefieren observa r los patrones de franjas que los patrones planos, una tendencia que puede utilizarse para medir su agudeza visual.

Copyright © Cengage Learning 2010

Figura 3.8

La agudeza visual puede medirse al determinar las franjas más delgadas que el infante prefiere ver.

abismo visual

plataforma cubierta de cristal que parec e tener un lado “profundo” y otro “poco profundo”; se utiliza para estudiar la percepción de profundidad de los infantes

Figura 3.9

La porción visible de luz tiene una longitud de onda de alrededor de 400 nanómetros (violeta) a casi 700 nanómetro s (rojo).

Copyright © Cengage Learning 2010

500 600 Luz visible Rayos X .1 10 100 1000 Rayos ultra- violeta Rayos infrarrojos

Longitud de onda de la luz en nanómetros (milmillonésimas de metro)

400 700

color de los infantes parece similar a la de los adultos (Adams y Courage, 1995; Franklin, Pilling y Davies, 2005). Los infantes, como los adultos, de modo especial ven categorías de color: perciben el espectro como un grupo de rojos, amarillos, verdes, etc. (Dannemiller, 1998).

Profundidad

Las personas ven los objetos como si tuvieran tres dimensiones: altura, anchura y profundidad. La retina del ojo es plana así que la altura y la anchura pueden

representarse directamente sobre su superficie bidimensio- nal. Pero la tercera dimensión, la profundidad, no puede representarse directamente en esta superficie plana; enton- ces, ¿cómo percibimos la profundidad? Utilizamos el proce- samiento perceptual para inferirl a.

La percepción de profundidad nos dice si los objetos están cerca o lejos; ésta fue la base para las investigaciones clásicas de Eleanor Gibson y Richard Walk (1960) para estu- diar los orígenes de la percepción de profundidad. En su trabajo se colocaba a los bebés sobre una plataforma cu- bierta de cristal, conocida como abismo visual. De un lado de la plataforma aparecía un patrón del tipo de un tablero di- rectamente bajo el cristal; del otro lado el patrón aparentaba estar varios metros debajo del cristal. El resultado fue que el primer lado se veía poco profundo, pero el otro se veía muy profundo, como un abismo.

Las madres se ubicaban de cada lado del abismo visual e intentaban persuadir a sus infantes para que lo cruzaran. Los bebés aceptaban cruzarlo cuando estaban del lado poco profundo. En cambio, casi todos los bebés se negaron a cru-

zar el lado profundo, aun cuando sus madres les llamaban Los infantes evitan el “lado profundo” del abismo visual, lo cual indica que perciben la profundidad.

por su nombre e intentaban atraerlos con algún juguete atractivo. De esta ma- nera se demostró que pueden percibir la profundidad a la edad en la que están listos para gatear.

¿Y qué pasa con los niños que aún no pueden gatear? Cuando los bebés tie- nen seis semanas y se les coloca sobre el abismo, sus corazones laten con más lentitud cuando se les coloca en el lado profundo. El ritmo cardiaco se desacelera cuando las personas ven algo interesante, esto sugeriría que los bebés de esa edad observan algo diferente en el lado profundo. A los siete meses el corazón del infante se acelera, un signo de temor. Por tanto, aunque los bebés más peque- ños pueden detectar una diferencia entre los lados poco profundo y profundo del abismo visual, los que están en edad de gatear en realidad temen al lado pro- fundo (Campos y colaboradores, 1978).

¿Cómo infieren los infantes la profundidad sobre el abismo visual o en cual- quier otra parte? Usan varios tipos de claves. Entre ellas están las claves cinéticas, en las que el movimiento se utiliza para estimar la profundidad. La expansión retiniana se refiere al hecho de que a medida que un objeto se acerca llena una porción cada vez mayor de la retina. La expansión visual es la razón de que nos sobresaltemos cuando alguien nos lanza una lata de refresco y es lo que permite a un bateador estimar cuándo llegará la pelota a la base. Otra clave, el paralaje de movimiento se refiere al hecho de que los objetos que se mueven cerca cruzan nuestro campo visual con más rapidez que los lejanos. El paralaje de movimiento está activo cuando usted ve por la ventana dentro de un automóvil en movi- miento: los árboles cerca del camino atraviesan con más rapidez el campo visual, pero las montañas a lo lejos lo hacen más despacio. Los bebés utilizan estas clave s a las primeras semanas de nacidos; por ejemplo, un bebé de un mes parpadeará si pareciera que un objeto en movimiento fuera a golpearlo en el rostro (Nánez y Yonas, 1994).

Otra clave cobra importancia hacia los cuatro meses de edad. La disparidad retiniana está basada en el hecho de que el ojo izquierdo y el derecho a menudo perciben versiones diferentes de la misma escena. Puede demostrar esta dispari- dad tocando su nariz con su dedo. Si observa su dedo con un ojo (cerrando el otro), cada ojo tendrá una vista muy diferente del dedo. Pero si sostiene su dedo a un brazo de distancia de su nariz y repite la demostración, cada ojo tendrá una visión muy similar. Por tanto, la mayor disparidad en las imágenes retinianas significa que un objeto está cerca. Hacia los 4 o 6 meses de edad, los infantes utilizan la disparidad retiniana, como indicio de profundidad, para inferir con precisión que los objetos están cerca cuando la disparidad es mayor (Kellman y Arterberry, 2006).

A los siete meses los infantes utilizan varias claves de profundidad que de- penden del arreglo de los objetos en el entorno. Éstos reciben el nombre de claves pictóricas pues son las mismas que los artistas utilizan para transmitir la idea de profundidad en sus dibujos y pinturas. He aquí dos ejemplos de claves pictóricas que los bebés de siete meses utilizan para inferir la profundidad.

Perspectiva lineal: las líneas paralelas se juntan en un solo punto en la distanci a. Por tanto, utilizamos el espacio entre las líneas como una clave para inferir la distancia y, en consecuencia, para decidir que los rieles que están más juntos se encuentran más lejos que los que están más

separado s.

Gradiente de textura: la textura de los objetos cambia desde gruesa y definid a para los objetos cercanos hasta más fina y menos definida para los objetos distantes. Determinamos que las flores definidas están cerca y que las borrosas están lejos.

claves cinéticas

claves para la percepción de la profundidad en las cuales el

movimient o se utiliza para estimar la profundidad

expansión retiniana

clave cinética para la percepción de la profundidad, basada en el hecho de que a medida que un objeto se acerca llena una porción cada vez mayor de la retina

paralaje de movimiento

clave cinética de la percepción de profundidad basada en el hecho de que los objetos móviles cercanos se mueven en nuestro campo visual con más rapidez que los objetos distantes

disparidad retiniana

forma de inferir la profundidad basada en las diferencias en las imágenes retinianas en el ojo izquierdo y el derecho

claves pictóricas

claves para la percepción de la profundidad que se usan para transmitir la idea de profundidad en los dibujos y las pinturas

perspectiva lineal

clave para la percepción de la profundida d que se basa en el hecho de que las líneas paralelas se acercan en un solo punto en la distancia

gradiente de textura

clave perceptual para la profundidad basada en el hecho de que la textura de los objetos cambia desde gruesa y definida para los objetos cercanos hasta más fina y menos definida para los objetos distantes

La perspectiva lineal es una clave para la profundidad. Interpretamos que los rieles que están más juntos se encuentran a mayor distancia que los que están separados.

© V

aclavHroch/Shutterstock.com

El gradiente de textura se usa para inferir la profundidad. Interpretamos que las flores más definidas están más cerca que aquellas menos definidas.

© Jose Fuste Raga/Corbis

No sólo los infantes usan las claves visuales para determinar la profundidad, tam- bién utilizan el sonido. Recuerde que ellos juzgan con exactitud que los objetos menos ruidosos están más lejos que los más ruidosos. Dada esta gama de claves, no es de sorprender que los infantes calculen la profundidad con tanta precisión.

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