6 Poverty incidence and poverty profiling
6.5 Profiling the poor
6.5.4 Access to land and services
Las sexualidades, siempre han estado presentes desde el proceso de hominización. Es un fenómeno característico de los seres humanos que lo diferencian del resto de las especies de la naturaleza, porque no se reduce a un carácter biológico – reproductivo instintivo, sino que además de unos componentes biológicos incluye otros elementos ubicados dentro del plano de lo sociocultural y lo psicológico. Del mismo modo, la sexualidad como concepto es una invención cultural que establece unas verdades que son sostenidos por prácticas humanas. Por esta razón, como invención cultural, construyen sujetos en épocas y espacios diferentes.
Un hombre o una mujer medievales se diferencian de un hombre o una mujer
contemporáneos tanto por sus mentalidades como por sus contexturas físicas. Las de ellos se formaban desde las verdades religiosas, desde el enfeudado material y mental; desde las prácticas guerreras, para los varones; y las de exclusión, para las mujeres. Las nuestras se forman desde la mundialización de los medios masivos, desde las verdades científicas, desde las culturas psi, desde los desarrollos tecnológicos y desde una tendencia hacia la plurisexualidad. (Díaz, 2011, p. 17)
Por su parte, una de las pioneras sobre los estudios de sexualidad en antropología es Margaret Mead quien en su obra Sexo y temperamento en las sociedades primitivas (1973), permite un contraste de la sociedad que llamamos “civilizada” sobre la imaginada y construida
diferenciación sexual en la sociedad occidental ligado a las pautas comportamentales o
temperamentos como ella le llama, asociadas a lo masculino y lo femenino como algo derivado de una verdad biológica sobre una dicotomía sexual.
La autora realiza estudios etnográficos comparativos entre las comunidades de los Arapesh, los Mundugumor y los Tchambuli sobre sus pautas temperamentales, donde descubre que no hay asociación natural entre una condición biológica y sus comportamientos o temperamentos, algo que en los estereotipos de occidente se concibe como innato de un sexo determinado, dejando como legado que no existen determinismos biológicos a la hora de construir y vivir una realidad, sino que más bien existen múltiples significaciones y experiencias de vidas sobre una realidad material, lo cual se ubica dentro del plano de lo culturalmente aprendido.
Descubrí a tres tribus dentro de un área de un centenar de millas. En una de ellas, tanto hombres como mujeres se comportaban como consideramos que deben hacerlo las
mujeres: con reacciones paternales y amorosas; en la segunda, ambos actuaban como consideramos que deben hacerlo los hombres: educando con brutalidad; y en la tercera, los hombres se comportaban de acuerdo con el modelo estereotipado que tenemos de las mujeres: eran astutos, se rizaban el pelo e iban de compras mientras las mujeres eran compañeras enérgicas, decididas y no usaban adornos (Mead, 1973, p. 10)
Del mismo modo, el antropólogo español José Antonio Nieto en Antropología de la
sexualidad y diversidad cultural (2003), presenta muy claros debates sobre las tendencias que ha habido en los estudios antropológicos de sexualidad humana. Donde menciona que después de clásicos como Malinowski y Mead, la antropología se alejó un poco los estudios sobre
sexualidades, de tal modo que la biomedicina y las psicoterapia fueron quienes más trabajaron desde sus enfoques este área de estudio, quienes ejercían una tendencia heteronormativa y adoptaban una erotoliminalidad frente a sus trabajos, es decir, que sólo se limitaban a los
aspectos biológicos de la sexualidad como la reproducción, dimorfismo sexual, ITS, anatomía de genitales y demás.
El autor le llama erotofobia a ese carácter donde los antropólogos se resisten a indagar sobre el tema, precisamente por temor al rechazo, la exposición, un suicidio profesional al cuestionar la gran verdad estereotipada de unas sexualidades heteronormativa que no sólo regulan la vida sexual de los sujetos, sino que también se conectan con una regulación de economías y políticas dominantes. Por ende, desmitificar dichas verdades dominantes de un paradigma
heteronormativo sería a su vez iniciar una tarea de desmontar un monopolio político, económico e ideológico de dominación. En este sentido, quienes hacían estudios de sexualidad humana se ajustaban a los lineamientos erotoliminales haciendo mención de lo cultural como algo folclórico y no como una estructura de vida, o se arriesgaban a un tipo de suicidio académico y profesional, en un campo que en realidad no les prometía mucho, tal vez porque el sistema heteronormativo ya les brindaba una zona de confort.
Posteriormente, según Nieto (2003) ya desde entrados a la década de los 70’s y reforzados en los 80’s con la aparición y evolución del SIDA se produce un resurgir de los estudios de
antropología de la sexualidad que desde un paradigma de construccionismo social rescatan el carácter cultural de la sexualidad, alejándose del enfoque de influjo cultural que lo había caracterizado, el cual consistía en hacer mención de lo cultural como adorno en los estudios de sexualidad humana, siendo el carácter biomédico la tendencia dominante en dichos estudios.
Ahora bien, este trabajo pretende ser un aporte más para la antropología de las sexualidades con una fuerte de lo cultural en miras hacia prácticas contemporáneas que hacen de la
cotidianidad de muchos sujetos que sumergidos dentro de una lógica dominante de mercado evidencian otras maneras de narrar la sexualidad hoy, y que a pesar de que logra desmitificar ciertos productos heterosexuales sobre la sexualidad ideal, sigue sosteniendo una lógica
dominación capitalista. Sin embargo, es una buena herramienta para comprender que nada está completamente ya dado como innato, sino que aún hay mucho construir, deconstruir y
revolucionar. Sólo es cuestión de que un grupo de sujetos decidan ¿cómo quieren vivir o cómo quieren ser?