6.2. Volunteer Computing Concepts Evaluation
6.2.1. Accessibility
incidencia del VIH en la década del ochenta luego de fuertes inversiones en los programas dirigidos a la prevención del VIH, están siendo testigos de un aumento significativo en el comportamiento sexual riesgoso y en el número de nuevas infecciones por el VIH (EuroHIV, 2007; Osmond et al., 2007). Es difícil sostener un cambio en el comportamiento personal por una serie de razones. Con frecuencia, los esfuerzos de prevención son a corto plazo, y las personas pueden volver a patrones de comportamiento anteriores si las iniciativas de prevención no se mantienen ni refuerzan. Quienes adoptan comportamientos más seguros pueden experimentar “fatiga de la prevención” y, con el tiempo, volver a los comportamientos anteriores que son la norma en su comunidad. Además, los cambios en el entorno pueden alterar las percepciones individuales del riesgo. En países de ingresos altos, por ejemplo, la perspectiva de mejores tratamientos le restó gravedad a la enfermedad para algunos y, al parecer, provocó un aumento en los comportamientos sexuales que incrementan el riesgo de exposición al VIH (Suarez et al., 2001). Al igual que el tratamiento del VIH, la prevención del VIH es de por vida. Para asegurar su permanente relevancia, las estrategias de prevención deben fortalecerse y revisarse a medida que la epidemia avanza y las circunstancias subyacentes se modifican. Las iniciativas de investigación sobre la prevención deben concentrarse específicamente en estrategias para prevenir que los cambios en el entorno (por ejemplo, la introducción de tratamientos o nuevas tecnologías de prevención) socaven los patrones existentes de observancia de comportamientos más seguros.
Para lograr y mantener el éxito, las iniciativas de prevención del VIH deben lograr la intensidad requerida y ofrecerse en una forma fundamentada en pruebas y de calidad. Hasta hace poco, los problemas de calidad e intensidad parecían de alguna manera académicos en la mayoría de los ámbitos de prevención, dado que la cobertura de la mayoría de las actividades de prevención del VIH era extremadamente baja. Sin embargo, como demuestra este informe, ese panorama está comenzando a cambiar, con una cobertura en aumento tanto para
las iniciativas dirigidas a la población general como para los programas dedicados a las poblaciones más expuestas. Con una mayor cobertura de los programas de prevención, los indicadores de desempeño también mantendrán el ritmo al incorporar medidas de calidad e intensidad. El financiamiento y el apoyo político nacional para la prevención del VIH se han incrementado, pero la utilización de servicios de prevención sigue estando por debajo del nivel óptimo, lo que subraya la necesidad de estimular una mayor demanda para la prevención del VIH. La historia de la epidemia sugiere que es poco probable que los programas gubernamentales o las políticas del donante aisladamente generen la demanda. En diversos países de diferentes regiones, el surgimiento de una demanda popular masiva de la prevención del VIH ha requerido la participación y el liderazgo genuinos y duraderos de comunidades eficaces (Piot, 2008). Se necesita una atención continuada para llevar a escala los servicios de prevención fundamentales, y se precisan mayores inversiones en estrategias de movilización social. En Etiopía, por ejemplo, el programa nacional del VIH priorizó la movilización de la sociedad desde la esfera local a esferas superiores, para acelerar el progreso hacia el acceso universal a la prevención, el tratamiento, la atención y el apoyo relacionados con el VIH. Cuando se genere una mayor demanda para los servicios de prevención, se requerirán iniciativas complementarias para crear las capacidades locales y nacionales que puedan sostener las iniciativas de prevención de alta calidad en el futuro. En el nivel local, se necesitarán mejores capacidades organizativas y habilidades de gestión (junto con una mayor capacidad analítica en los niveles nacional y subnacional) para recopilar y analizar la nueva información sobre la epidemia y dar una respuesta a esta información. Dichas medidas garantizarán la capacidad suficiente para poner en práctica y sostener las estrategias de prevención existentes, y permitir que los enfoques y las tecnologías para la prevención que surjan en el futuro se adopten con rapidez y se amplíen. A medida que la epidemia evoluciona, los
responsables de formular políticas a menudo sienten la tentación de aplicar iniciativas de prevención
CAPÍTULO 4
de corto plazo, asumiendo que las inversiones anteriores ya se han ocupado del problema lo suficiente. La experiencia en los Estados Unidos es ilustrativa. Al comienzo de la epidemia, a principios de la década de los ochenta, la prevención del VIH representaba el 25% de todos los gastos relacionados con el virus. Los gastos para la prevención habían descendido al 13% en 1990. En 2006, el 25.º año desde que se reconoció el sida como epidemia, sólo cuatro de cada 100 dólares que el gobierno de los Estados Unidos gastaba en el VIH estaban destinados a la prevención de nuevas infecciones por el VIH (Fundación de la Familia Henry J Kaiser, 2006). La prevención sostenida del VIH requiere un liderazgo nacional que reconozca tanto el beneficio como la necesidad humanitaria de invertir en la prevención y que comprenda la naturaleza a largo plazo de la amenaza. Los esfuerzos para persuadir a los líderes políticos a que
inviertan en la prevención del VIH han encontrado obstáculos dado que no hay un grupo interesado natural para la prevención. La falta de inclusión de las personas que viven con el VIH y de quienes se encuentran ante un mayor riesgo de exposición al VIH en el diseño y la ejecución de los programas de prevención también ha contribuido al debilitamiento de dichos programas. En varios países, la búsqueda de nuevas tecnologías de prevención ha generado un activismo y una organización comunitaria de gran importancia, en parte porque en los últimos años decenas de miles de personas de todo el mundo se inscribieron como participantes de ensayos de prevención. Una movilización similar, pero a una escala mucho mayor, se necesita para exigir la implantación inmediata de herramientas existentes fundamentadas en pruebas a fin de prevenir nuevas infecciones.
Pruebas para la acción
¿Se están tomando las medidas correctas?
Casi todos los países (95%) tienen políticas nacionales para brindar acceso gratuito a los servicios de prevención del VIH.
La mayoría de los gobiernos nacionales (89%) notifican haber integrado el VIH en los planes de estudio de las escuelas secundarias, pero muchos menos incluyen la educación sobre el VIH en los planes de la escuela primaria (65%) o tienen una estrategia de educación del VIH para jóvenes no escolarizados (64%).
La mayoría de los gobiernos nacionales (92%) tienen una política o una estrategia para la prevención del VIH dirigida a las poblaciones más expuestas.
¿Se toman las medidas correctas de la manera correcta?
Los programas de prevención del VIH a menudo no brindan información exacta y exhaustiva a los jóvenes. Según informantes no gubernamentales, el 28% de los países tienen leyes, reglamentación o políticas que plantean obstáculos a los servicios eficaces relacionados con el VIH para los jóvenes. Los informantes no gubernamentales en el 63% de los países tienen leyes, reglamentación o políticas vigentes que plantean obstáculos a los servicios eficaces relacionados con el VIH dirigidos a las poblaciones más expuestas.
¿Estas medidas se han ampliado lo suficiente como para marcar una diferencia?
Los datos de encuestas de 64 países indican que el 40% de los hombres y el 36% de las mujeres (15-24 años) tienen un conocimiento amplio y preciso acerca de la prevención del VIH, muy por debajo del objetivo del 95% en la Declaración del compromiso.
El porcentaje de embarazadas que viven con el VIH y que reciben terapia antirretrovírica para prevenir la transmisión maternoinfantil se incrementó del 9% en 2004 al 34% en 2007.
Entre los pocos países que informan sobre las poblaciones más expuestas, el 60% de los profesionales del sexo, el 46% de los usuarios de drogas inyectables y el 40% de los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres fueron beneficiarios de programas de prevención del VIH en 2007.