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ACCOUNTING AND VALUATION PRINCIPLES

BASIC INFORMATION, PRINCIPLES AND METHODS

ACCOUNTING AND VALUATION PRINCIPLES

Historia de Daniela

El hombre fue creado para trabajar como el ave para volar (Génesis)

Aprender a trabajar 70 Capítulo 7

A la una de la tarde Daniela lleva ya 6 horas intensas de trabajo sin perder la calma. Va a su casa, almuerza con su esposo la mayor parte de los días, pues trabajan ambos no muy lejos de la casa y han decidido hacer eso siempre para tener un rato de charla más íntima, porque por la noche ya están los tres hijos revoloteando por ahí.

De dos y media a cinco y media de la tarde Daniela se dedica a los posibles nuevos clientes, y a ver cómo han ido desarrollándose los pla- nes de contacto con ellos. Durante una hora recibe a gente que quiere verla para asuntos relacionados con el negocio. Después dedica una hora a contactos telefónicos y a devolver llamadas. Y la última hora es de estudio y análisis para preparar el comité de la mañana siguiente, entre otras cosas mirando en la Web el comportamiento de las demás Bolsas de valores y fondos relacionados con el negocio de su empresa.

A las seis y media en punto emprende el camino de su casa. Al llegar se quita el celular de la oreja y deja el aparato en un sitio donde pueda oírlo. Allí el mundo cambia completamente y durante tres horas sólo piensa en sus hijos y en su marido. No se le ocurre ni le queda tiempo de pensar en nada de la oficina. Sólo alguna lla- mada excepcionalmente importante de uno de los vicepresidentes. Ellos saben que les está vedado llamarla a esas horas, y que deben resolver los asuntos con base en sus atribuciones.

La vida social de Daniela tiene dos caras. Unas pocas reuniones sociales, máximo dos a la semana. Y los fines de semana dedicados enteramente a su familia. Así asegura estar en las noches con sus hijos, hablar con ellos, ayudarles en sus trabajos, jugar con los dos más pequeños, conversar con su esposo de los asuntos del día, ver las noticias en televisión y hacer un poco de ejercicio. Esa rutina es regular en ella y sabe muy bien que el romperla le produce dolores de cabeza.

El aspecto central del camino para “aprender a hacer” es “aprender a trabajar”. Ya se habló de la diferencia entre hacer y obrar. De modo que podremos tener más clara también la relación entre trabajar y obrar. Si trabajamos sólo para producir resultados externos, sólo “ha- cemos”. Si trabajamos para interiorizar lo que hacemos, y quedarnos con la operación en nosotros, estamos trabajando de verdad.

Hablo ahora del trabajo en sí mismo como un despliegue de ener- gías humanas para producir bienes o servicios, con o sin valor eco-

cionamiento personal y social. El trabajo como ley de vida de toda persona: aprender a trabajar para vivir.

Prepararse para la vida es formarse bien (trabajo formativo) para ejercer una profesión (trabajo productivo). La persona tiene por mi- sión construir el mundo y esto lo consigue trabajando. El trabajo ex- presa una relación de dominio frente al mundo, distinta de la relación de coordinación o convivencia con los demás, y de la de subordina- ción a su fundamento, a Dios como creador del hombre. Lo impor- tante es dejar claro que el trabajo exige una actitud determinante, decidida, inteligente y activa, que compromete a la persona con lo que hace , con quienes trabaja, y para quienes trabaja.

El trabajo no es un fin en sí mismo, tiene valor de medio y por eso la persona puede hacer de él un instrumento de perfeccionamiento y de realización personal o de desadaptación vital o insatisfacción. El trabajo es acción creadora, no pasiva o receptiva. Exige una actitud que compromete a la persona con el mundo y con las otras personas, abierto a lo trascendente, es decir a lo que va más allá de cumplir una tarea técnicamente bien y obtener un medio de subsistencia.

Reducir el trabajo a su función económica, o a un simple factor que se suma al capital es, por lo menos, falta de visión. “Proponer al hombre –son palabras de Aristóteles– solamente lo humano significa desconocer la grandeza del hombre”.

El trabajo se puede entender de modo objetivo (en función de lo que produzco) o subjetivo (en función de lo que me produce interior- mente). Cuando pienso en lo que me produce, no desde el punto de vista material, sino desde el punto de vista de mi realización perso- nal, adquiere una trascendencia y una connotación de generosidad (doy buen ejemplo, no espero sólo una retribución material, y los demás se benefician de todo lo que hago bien).

Aunque yo no tenga la intención de ser generoso, resulto siéndolo en función de las personas que están en relación con el trabajo que yo realizo. El impacto favorable que causa en los demás hace que rebose el nivel de satisfacción que yo buscaba.

Puedo hacer mi trabajo objetivamente bien, en cuanto a lo que produzco, pero subjetivamente mal, en cuanto a lo que me produce, por ejemplo, porque no me permite crecer interiormente, porque no

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sé interiorizar ese trabajo, porque no desarrollo virtudes en él, por- que me dejo llevar por el activismo, etc.

No importa cuál sea el trabajo que una persona realiza. Por insig- nificante que parezca, tiene el mismo poder realizador en la medida en que se logre interiorizarlo, integrarlo a la vida. Todo esto depende de una actitud frente al trabajo, del sentido que se da al trabajar, y de lo que finalmente se busca con el esfuerzo que se hace. Trabajo, por muy importante que sea, sólo es un medio para lograr el fin de la persona, su felicidad.