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10.4 APDM Core Classes and Relationships

10.4.2 Core Object Classes

10.4.2.1 Activity

Tanto Hitler como Mussolini veían las implicancias completas de la Guerra Civil Española; una victoria de ha izquierda habría galvanizado a sus enemigos, y los obreros de Alemania e Italia no eran los menos importantes de estos. Se movieron con energía, y luego Hitler se jactó de que la intervención de los 14.000 hombres de la Legión Cóndor fue decisiva para definir la lucha. Otros 25.000 alemanes sirvieron en los cuerpos de tanques y artillería de Franco, y los italianos enviaron otros 100.000 “voluntarios”. La izquierda leal también recibió un apoyo externo sustancial; en forma individual muchos radicales cruzaron los Pirineos para unirse a las milicias obreras; la Internacional Comunista organizó a 40.000 voluntarios de las Brigadas Internacionales (aunque de ninguna manera eran todos comunistas); y finalmente los soviéticos enviaron hombres y materiales, aunque nunca en las cantidades abastecidas por los estados fascistas.

No hay certidumbre respecto al número de judíos que combatieron en España. Ellos se identificaban como radicales más que como judíos, y pocos pensaron entonces en contarlos como judíos. La cuidadosa estimación del profesor Albert Prago, él mismo un veterano del conflicto, es que proveyeron un 16 por ciento de las Brigadas Internacionales, proporcionalmente la cifra más alta para un grupo étnico. (1) Se cree que de los 2.000 británicos, al menos 214 o el 10,7 por ciento eran judíos, y las cifras dadas para los judíos norteamericanos están entre 900 y 1.250, un 30 por ciento de la Brigada Abraham Lincoln. El grupo nacional judío más grande era el de los polacos que vivían en el exilio debido al salvaje régimen anticomunista de Varsovia. De los aproximadamente 5.000 polacos, 2.250, o sea el 45 por ciento, eran judíos. En 1937, las Brigadas, por razones de propaganda, conformaron la Compañía Naftali Botwin, unos 200 hombres de lengua yiddish en la Brigada Polaca Dombrowski. Extrañamente, nadie nunca ha estimado una cifra de los judíos en la Ernst Thaelmanns alemana, el segundo mayor contingente nacional, pero estaban bien representados.

Unos pocos italianos también eran judíos, el más notorio de estos fue Carlo Rosselli, a quien Mussolini consideraba su oponente más peligroso entre la comunidad en el exilio. Era un liberal inconformista que fue a España algún tiempo antes que los comunistas, y organizó la primera columna italiana de 130 hombres –mayormente anarquistas, con unos pocos grupos de liberales y trotskistas –para combatir en las filas de la milicia de los anarco-sindicalistas catalanes. Mussolini finalmente logró que Carlo y su hermano Nello fueran asesinados por sicarios de los Cagoulards, un grupo fascista francés, el 9 de julio de 1937.

“La pregunta no es ¿por qué ellos fueron?, sino más bien ¿por qué nosotros no fuimos también?”

Había 22 sionistas de Palestina en España cuando comenzó la Guerra Civil. Eran miembros del HaPoel, la asociación atlética sionista laborista, que habían llegado para una Olimpiada Obrera planificada para realizarse en Barcelona el 19 de julio de 1936, como protesta contra los próximos Juegos Olímpicos de Berlín. (3) Casi todos ellos tomaron parte en las batallas de Barcelona cuando los obreros aplastaron el levantamiento de la guarnición local. (4)

Albert Prago menciona a otros dos sionistas por su nombre como habiendo llegado para combatir y sin duda hubo otros más, pero llegaron en forma estrictamente

individual. El movimiento sionista no sólo se opuso a que sus miembros en Palestina fueran a España, sino que, el 24 de diciembre de 1937, Ha’aretz el diario sionista de Palestina, denunció a los judíos norteamericanos de la Brigada Lincoln por combatir en España en lugar de ir a trabajar a Palestina. (5) Sin embargo, hubo judíos en Palestina que ignoraron las restricciones del movimiento sionista y fueron a España, pero nadie tiene certeza de su número; las estimaciones van de 267 a 500, proporcionalmente la cifra más alta para cualquier país. (6) La Encyclopedia of Zionism and Israel los describe como “unos 400 comunistas”. (7) Es sabido que algunos sionistas, individualmente, estuvieron entre esta cifra, pero casi todos eran miembros del Partido Comunista de Palestina.

En 1973, los veteranos israelíes del conflicto tuvieron una reunión e invitaron a asistir a veteranos de otros países. Uno de estos, Saul Wellman, un judío norteamericano, luego describió el incidente más dramático del evento, que ocurrió cuando recorrían Jerusalén y se encontraron con el alcalde, Teddy Kolleck. Ellos habían estado debatiendo hasta qué punto había sido correcto ir a España en medio de la rebelión árabe, y Kolleck tenía su propia respuesta a su discusión: “La pregunta no es ¿por qué ellos fueron?, sino más bien ¿por qué no fuimos nosotros también? (8)

Hubo varias razones, todas profundamete arraigadas en el sionismo –y particularmente en el sionismo laborista –que explican por qué ellos no fueron, cuando estaba claro que los nazis estaban crucialmente implicados de parte de Franco. Todos los sionistas consideraban a la resolución de la cuestión judía como su tarea más importante, y contraponían agudamente el nacionalismo judío a cualquier concepto de solidaridad internacional; nadie rechazaba el “asimilacionismo rojo” más vigorosamente que los sionistas laboristas. Durante la Guerra Civil Española, en 1937, Berl Katznelson, el editor del diario Davar, de la Histadrut, y figura principal del movimiento, escribió un panfleto, titulado “Constructivismo Revolucionario”, que era principalmente un ataque a sus propios jóvenes por el creciente criticismo a la supina línea del partido sobre el fascismo revisionista y su creciente racismo hacia los árabes. La polémica de Katznelson era también un asalto al propio corazón del marxismo: su internacionalismo. Él denunciaba a los jóvenes en términos nada inciertos:

Ellos no tienen la capacidad de vivir sus propias vidas. Sólo pueden vivir la vida de algún otro y pensar los pensamientos de algún otro.¡Qué raro altruismo! Nuestros ideólogos sionistas siempre han denunciado este tipo de judío –este comerciante revolucionario que pretende ser un internacionalista, un rebelde, un guerrero, un héroe, es realmente tan abyecto, tan cobarde, y gusano cuando la existencia de su propia nación cuelga en la balanza... El especulador revolucionario está suplicando continuamente... “Vean mi modestia, vean mi piedad, vean cómo yo sigo todos los preceptos revolucionarios significativos y triviales.”Cuán prevaleciente es esta actitud entre nosotros y cuán peligrosa en esta hora en que es imperativo que seamos honestos con nosotros mismos y sinceros con nuestros vecinos.” (9)

Nominalmente, los sionistas laboristas eran parte de la Internacional Socialista, pero para ellos la solidaridad de los obreros sólo significaba el apoyo para ellos en Palestina. Recolectaron pequeñas sumas de dinero para España, pero ninguna de sus figuras fue oficialmente a luchar en “las batallas de algún otro”. En la conferencia de veteranos de 1973 ellos habían justificado el no ir a España “frente a algún criticismo de los dirigentes sionistas y de la Histadrut en 1936... un momento de motines anti-judíos”.

(10) Pero, dadas las afirmaciones de Enzo Sereni y Moshe Beilenson en “Judíos y Árabes en Palestina”, que fue publicado en julio de 1936, el mismo mes en que los fascistas se alzaron en España, es claro que el pensamiento de los sionistas laboristas en ese momento no era defensivo; su ambición era conquistar Palestina y dominar económicamente Oriente Medio. Los “motines” eran la respuesta defensiva natural a sus ambiciones y no la otra opción política. Aunque las filas de la Histadrut simpatizaban con la izquierda en España, con sus ambiciones los líderes sionistas estaban tan lejos como siempre de la lucha contra el fascismo internacional. Fue durante el conflicto español que sus acercamientos a los nazis alcanzaron su punto más alto, con el pedido, en diciembre de 1936, de que los nazis testificaran a su favor ante la Comisión Peel y luego las ulteriores ofertas, de parte de la Haganah laborista, de hacer espionaje para la SS, en 1937.

Sólo una tendencia sionista, Hashomer Hatzair, trató alguna vez de asumir las implicancias profundas de la revolución española. Sus miembros habían dedicado esfuerzos considerables para tratar de llevar al Partido Laborista Independiente Británico (Independent Labour Party, ILP) hacia una postura pro-sionista, y siguieron íntimamente la suerte del partido hermano del ILP en España, el Partido Obrero de

Unificación Marxista, (POUM). El fracaso político de la estrategia de Frente Popular en

España impulsó una crítica amplia a los estalinistas y socialdemócratas. Sin embargo, no hay evidencia de que alguno de sus miembros fuera a España, ciertamente que no en función oficial, o que hicieran algo por la lucha allí más allá de recolectar una donación insignificante, en Palestina, para el POUM. Durante los años 30’ los miembros del

Hashomer no tomaron parte en la vida política, ni siquiera en los asuntos comunitarios

judíos, fuera de Palestina y fueron, en este aspecto, el más estrechamente determinado de todos los grupos sionistas. Lejos de proveer cualquier liderazgo teórico, sobre la cuestión española o sobre los problemas más grandes del fascismo y el nazismo, perdieron seguidores en favor de los estalinistas y trotskistas ya que no ofrecían nada más allá de la retórica aislacionista y utópica en medio de la catástrofe mundial. (11)

En años posteriores la valentía de los izquierdistas judíos que combatieron y murieron en España ha sido utilizada para demostrar que “los judíos” no fueron como ovejas al matadero durante el Holocausto. Los más celosos en seguir esta línea han sido aquellos ex-estalinistas judíos que así han buscado hacer las paces con el sionismo. Ellos no pueden dirigirse a repudiar su propio curso de acción, o a decir que los sionistas estaban en lo correcto al denunciarlos por combatir en España, pero en retrospectiva han buscado enfatizar el aspecto “nacional” judío de su participación y han contado cuidadosamente cada judío en las largas listas de los que combatieron. La mayoría de aquellos que fueron a España lo hicieron porque eran comunistas comprometidos y se habían radicalizado sobre la base de muchas cuestiones, de las cuales el nazismo era solamente una. Su valentía no demuestra nada acerca de cómo “los judíos” reaccionaron ante el Holocausto, no más que su compromiso con el movimiento comunista implica a “los judíos” en el asesinato sistemático de los dirigentes del POUM por parte de la policía secreta soviética.

Los crímenes de Stalin en España son parte de la Guerra Civil y no pueden ser minimizados. Sin embargo, aquellos izquierdista estaban combatiendo y muriendo en las líneas del frente de la lucha mundial contra el fascismo internacional, en tanto los sionistas laboristas estaban recibiendo a Adolf Eichmann como su huésped en Palestina y ofreciendo espiar a favor de las SS.

Notas

1. Albert Prago, Jews in the International Brigades in Spain, p.6. 2. Charles Delzell, Mussolini’s Enemies, pp.147-61.

3. Anti-Nazi World Olympic Games in Spain on July 19, Palestine Post (13 July 1936), p.1.

4. Prago, Jews in the International Brigades in Spain, pp.6-7.

5. Morris Schappes, An Appeal to Zionists: Keep War Out of Palestine, Jewish Life (April 1938), p.11.

6. Prago, Jews in the International Brigades in Spain, p.5.

7. Communists in Israel, Encyclopedia of Zionism and Israel, vol.2, p.204

8. Saul Wellman, Jewish Vets of the Spanish Civil War, Jewish Currents (June 1973), p.10.

9. Berl Katznelson, Revolutionary Constructivism (1937), p. 22. 10. Wellman, Jewish Vets of the Spanish Civil War.

11. Zvi Loker, Balkan Jewish Volunteers in the Spanish Civil War, Soviet Jewish Affairs, vol.VI, no.2 (1976), p.75.

18. El fracaso del sionismo en combatir el nazismo en las democracias