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Acute Toxicity – Subclass 6.1

In document Thresholds and Classifications (Page 136-160)

Recogiendo lo que en general decíamos, el rito se compone de un símbolo narrado que se hace acción y que se vive en un lugar y un tiempo señalados, con presencia de testigos o no.

El símbolo y cuanto lo rodea es la parte esencial de un rito. Elegir un símbolo que tenga que ver con elementos de la naturaleza da más fuerza, según Doka, por elicitar asociaciones ya existentes. Esto ocurre, sobre todo, cuando las personas en duelo no son capaces de encontrar un símbolo adecuado, bien por el momento de dolor en que se encuentran, bien por no tener muy desarrollada la capacidad de simbolizar.

Doka escribe que los rituales pueden ser más portadores de fuerza si incluyen elementos primarios como el fuego, el agua, la música, campanas, viento, flores o la tierra.

Desde un punto de vista terapéutico, es importante permitir al doliente «generar símbolos por sí mismos: los símbolos de sus traumas, sus pérdidas, sus futuros, su sabiduría, sus lugares de seguridad y sus identidades nuevas» como dijimos.

Estimularle para incluir los elementos simbólicos que tienen un significado especial para el doliente puede aumentar la eficacia del ritual. Usar objetos que contengan significado y afirmar las propias creencias religiosas fundamentales y su conexión con lo sagrado y con el difunto hace que el ritual sea más eficaz. Doka[6] escribió que el uso de objetos en los rituales «sirve como recordatorio visual con un significado altamente simbólico».

Por ejemplo, en los rituales de duelo, las fotografías tienden a confirmar las relaciones, reavivar los recuerdos de experiencias, ayudar a construir significados; y pueden ayudar en el desarrollo de una nueva identidad, al tiempo que reconocen la relación permanente con la persona fallecida.

Los objetos significativos tienden a ser vividos como sagrados por el superviviente (una diadema, una prenda de vestir favorita del difunto, una pieza de joyería, etc.), y «la música, las oraciones y la poesía se utilizan a menudo para exteriorizar los sentimientos».

«El uso de los símbolos rituales (incluidos los objetos, ropa, palabras, movimientos, sonidos, música, aromas, etc.) permite la consecución de las funciones expresivas y creativas del ritual».

La función expresiva se describe como «el uso de símbolos para comunicar con participantes y testigos fundamentales valores culturales y perspectivas compartidas»; y la función creativa, la creación o recreación de las categorías a través de las cuales los

hombres perciben la realidad, los axiomas en los que se basa la estructura de la sociedad y las leyes de los órdenes naturales y morales.

Por lo tanto, «reitera, sobre una base regular, ciertos valores y principios de una sociedad, y cómo sus miembros deben actuar frente a los demás hombres, dioses y el mundo natural...»[7].

La conclusión de todo esto es que, cuando utilizamos un rito en el acompañamiento, tenemos que personalizarlo, dado que la propia preparación del rito ya forma parte de él, y el doliente se beneficia también de este proceso.

De un autor como Brin extraemos indicaciones para preparar rituales con las personas a las que acompañamos.

Brin[8] (2004), citado por Pears, ofrece sugerencias para la co-creación de los rituales con los clientes. El doliente y el counsellor o acompañante deben:

1. Determinar cuál es la intención central del ritual, que depende mucho del momento del duelo en que la persona se encuentra. Una vez que la intención y los objetivos están identificados

2. Determinar la estructura, los símbolos, la música, la gente y otros componentes requeridos.

3. Por último, el acompañante invita al doliente a «visualizar los resultados del proceso y cómo serán diferentes muchas cosas tras el ritual o ceremonia» (p. 128).

«La eficacia de los rituales de curación... comienza con el proceso creativo de enfocar sus intenciones y la búsqueda de los elementos que dan sentido y significado a la corriente de los acontecimientos» (p. 125). «Entre los beneficios de la externalización de la pena y la alegría a través del ritual está el reconocimiento de lo que ha ocurrido y el empujón que se experimenta al proceso de dejar partir y seguir adelante» (ibid.).

Doka menciona que, al diseñar un ritual, su estructura debe ser lo suficientemente abierta como para que las personas puedan agregar sus propios elementos que hagan que para ellas tenga un significado más profundo y un sentido apropiado.

Y refiere una de sus sesiones del grupo de apoyo de duelo con niños en la que cada niño recibe una bolsa con un número de piedras dentro. La mitad de las piedras son pulidas, y la otra mitad son piedras sin tallar. Cada participante va dejando caer las piedras en su mano y nombra lo que ellos siente que ha logrado en su proceso de duelo para cada piedra pulida y lo que siente que todavía necesita para trabajar en cada piedra áspera. «Este gesto les sirve para hacer suyo el proceso y a su propio modo», dice Doka.

El ritual puede ser una palabra negativa para algunos, o bien una interpretación de una experiencia común. Es importante comprender cómo entienden la palabra «ritual» las personas. Muchos solo asocian «ritual» con «religión». Por lo tanto, explorando lo que el doliente sabe y cree sobre los rituales, puede utilizarse terapéuticamente. Esto puede hacer la diferencia entre la aceptación o rechazo del ritual como una intervención terapéutica.

Poner en marcha los rituales en la terapia y el acompañamiento comprende cuatro fases:

– Evaluación: el counsellor analiza qué tipo de intervención será conveniente para esa persona determinada. Este análisis lo lleva a cabo con la persona.

– Preparatoria: el counsellor explica de qué se trata en el ritual y cómo le puede ayudar al paciente a despedirse de la persona.

– Reorganización: la persona en duelo lleva a cabo tareas distintas, como ir al cementerio, escribir cartas, pintar un cuadro, etc. Es la fase de afrontamiento de la pérdida

– Finalización: en la cual se hace una ceremonia de despedida o de cierre, usando ritos simbólicos de afecto, de despedida o de apoyo del resto. En esta etapa la persona expresa lo importante que fue la persona que se fue y cómo se va a adaptar a la nueva vida a través de símbolos (Van der Hart y Goosens, 1991).

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