2.2.3.1. El secuestrado.
Se trata en su gran mayoría de empresarios, personas vinculadas al sector agropecuario e industrial y comercial, políticos y miembros de la fuerza pública; por los cuales se piden grandes sumas de dinero a cambio de su liberación, o por fines publicitarios o políticos.
Las víctimas del secuestro, sufren un gran impacto de terror producto del arrebatamiento forzado y por lo general violento por parte de personas desconocidas y fuertemente armadas que en su presencia dan muerte a sus escoltas o conductores, personas con quienes ha establecido alguna relación de afecto lo que agrava aún más la sensación de terror experimentando a l máximo la inminencia de su propia muerte. Durante el cautiverio se ven agobiados por la angustia y frustración producto de la ignorancia invencible sobre el destino inmediato y su desarraigo del entorno social y familiar que lo coloca en estado total de indefensión e impotencia. La respuesta sicológica puede variar según el tipo de víctima.
Pero tal vez la mejor forma de ver la situación de los secuestrados frente a este delito que coarta su libertad personal y su propia dignidad humana, son los relatos contados por ellos mismos. De esta forma María del Socorro Garcés, secuestrada por el ELN en la iglesia la María, relata su pesadilla.
“No podía llorar porque era la sicóloga y mamá del grupo, tenía que esconderme para hacerlo y no mostrar así mi flaqueza a cero grados de
temperatura, en las cuestas enfangadas y en las montañas de Jamundí, en el limite de Valle y Cauca.
El primer día, el domingo 30 de Mayo, al comandante de la cuadrilla del ELN, que nos llevo a la fuerza a más de 150 personas que asistíamos a misa en la Iglesia la María, le solicité que me liberara para no dejar solos a mis tres hijos, ya que mi marido también se encontraba conmigo, pero el respondió: “no puedo porque nos conviene que usted nos acompañe...”46
Son muchas las historias relatadas por las mismas víctimas del delito del secuestro y las circunstancias en que fueron retenidas; pero este no es el fin del análisis como tal. 2.2.3.2. La Familia.
El impacto en la familia del secuestrado, es tal vez una de las situaciones más aterrorizantes del delito del secuestro y de cada una de las implicaciones que con él trae. Un reporte de la Fundación País libre sobre como vive la familia del secuestrado, este delito así lo confirma:
La noticia del secuestro de un familiar siempre causa impacto, desconcierto y sorpresa en su progenie o parentela. Los primeros momentos, las primeras horas, los primeros días, incluso los meses son muy difíciles de sobrellevar por que priman la angustia, el estupor, el miedo, la desesperación; pero siempre se mantiene la esperanza de que el ser querido sea devuelto pronto.
Cuando la familia se entera de que hubo un secuestro, uno de los primeros pensamientos que atraviesa la mente es el de “nosotros no somos secuestrables”, dicen.
Las reacciones iniciales pueden ser muy variadas y depende de cada persona en particular. En algunos casos, se manifiestan las emociones abiertamente y en otros, las personas no reaccionan: “ es como si nada grave estuviera pasando”, esta reacción es producto del impacto de la noticia.
Si se supiera dónde está, o quién tiene al ser querido, se haría hasta lo imposible por rescatarlo inmediatamente; pero rescatarlo inmediatamente; pero, esta es una situación que genera caos, miedo, desconcierto, desconsuelo, impotencia e incertidumbre.
Así, en la medida en que van transcurriendo los días, y los meses, la ausencia de la persona se hace más evidente, pero lo único que los familiares tratan de hacer, es el no pensar que esta desaparecida, incluso creer que sigue ahí pero, que no nos vemos, o salió de viaje.
Esperar comunicación con los secuestradores es agobiante, el tiempo transcurre lentamente y nada se sabe; la desesperación aumenta, y cuando simplemente no se tiene certeza de que se trata de un secuestro, los familiares buscan a su ser querido en casa de amigo, en estaciones de policía, en clínicas, en hospitales y hasta en Medicina Legal. Aunque, en un principio, no hallarlo en estos últimos lugares es un alivio, pero luego sobreviene una gran incertidumbre porque no se sabe realmente dónde está.
La desesperación aumenta por que no se sabe nada, no se reciben llamadas o comunicado alguno, que informe de su paradero, no se sabe si esta vivo o esta muerto, y por lo tanto surge un silencio aterrador que no se tolera.
Al fin y al cabo se corrobora que se trata de un secuestro, la paz de la familia se acaba, ya que denunciar el crimen se convierte en un motivo de angustia, ¿ qué digo?, ¿ Quién digo que sea el sospechoso?, ¿ decir quien fue puede ayudar en algo?...y por otro lado el pago del rescate se convierte en una pesadilla.
La situación para una familia que tiene a un ser querido secuestrado es tan o aun más difícil que la del propio retenido, ya que no se está conforme con nada; solamente el regreso del ser amado puede calmar la tensión familiar.