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Adaptive replica placement and caching

8.3 Allocation and availability

8.3.1 Adaptive replica placement and caching

En un primer momento, en Angers, empezamos -era aleatorio, como último recurso- con sorpresas, con nuestras sorpresas. Estaba implícito que nos confrontábamos con cierta rutina o cierto clasicismo, y por eso queríamos distinguir momentos o casos que se recortaran sobre un fondo de orden y provocaran nuestra sorpresa. Entonces, de golpe, nos pusimos, incluso sin saberlo, en relación con una rutina o una norma, un orden previo, para aislar sorpresas.

En el segundo tiempo perseveramos, y elegimos como tema «Casos raros». Quizá quisimos dar entonces un concepto a nuestras sorpresas. En todo caso, nos vimos conducidos a explicitar nuestra referencia a la norma clásica de las psicosis y, a causa de esto, a discutirla más radicalmente.

Hoy nos encontramos en el tercer tiempo, en la Convención. Al leer la recopilación, tuve la sensación de que lo que habíamos abordado desde el ángulo de casos raros, lo abordábamos ahora desde el ángulo de casos frecuentes. Nos dimos cuenta de que lo que habíamos designado como casos raros en relación con nuestra norma de referencia, con nuestro metro-patrón,

digamos, «De una cuestión preliminar...», sabíamos muy bien además que en la práctica cotidiana eran casos frecuentes. En este volumen de la Convención asumimos su estatuto de casos frecuentes.

He aquí cómo me imaginaba nuestro camino retroactivamente. Pasamos de la sorpresa a la rareza, y de la rareza a lo frecuente. Anoche me preguntaba cómo se llamará el libro que resulte de esta jornada. No pondremos

Neodesencadenamiento, neoconversión, neotransferencia. ¿Pondremos Las neopsicosis? ¿Tenemos realmente ganas de unir nuestra elaboración con la

neopsicosis? No me gusta en absoluto la neopsicosis. Y me dije: finalmente, hablamos de la psicosis ordinaria.

En la historia del psicoanálisis hubo un interés muy natural por las psicosis extraordinarias, por gente que realmente lograba un éxito resonante. ¿Hace cuánto Schreber está para nosotros en cartel? Mientras que aquí tenemos psicóticos más modestos, que reservan sorpresas, pero que pueden fundirse en una suerte de media- la psicosis compensada, la psicosis suplementada, la psicosis no desencadenada, la psicosis medicada, la psicosis en terapia, la psicosis en análisis, la psicosis que evoluciona, la psicosis sinthomatizada -si me permiten. La psicosis joyceana es discreta, a diferencia de la obra de Joyce.

Pág. 200

Estamos divididos entre dos puntos de vista que contrastan, que no son exclusivos uno de otro.

A simple vista hay una discontinuidad entre psicosis y neurosis, dos clases determinadas. Es la norma, el abecé de lo que se enseña a partir de Lacan. El segundo punto de vista permite percibir una continuidad, que son dos salidas diferentes a la misma dificultad de ser. Es lo que justifica que Geneviève Morel haya ido a buscar en la sabiduría asiática revisada por François Julien lo «variacional». Tanto lo francamente psicótico como lo normal son variaciones -¿qué decir?- de la situación humana, de nuestra posición de hablantes en el

ser, de la existencia del hablanteser.

Conocemos la ventaja de este punto de vista, y Lacan la explotó; es muy ventajoso para tratar la neurosis (es establecer un «todos iguales» en la condición humana). El psicótico no es una excepción, y el normal tampoco lo es. Lacan acentuó esta igualdad cuando era existencialista, en «Acerca de la causalidad psíquica», cuando le recordó al psiquiatra que no es en esencia diferente del loco, luego, de nuevo, al final de su enseñanza.

Esta igualdad nos lleva a hablar de modos de goce en particular. Se habla precisamente de modos cuando se hizo desaparecer la discontinuidad de las clases. Todos iguales ante el goce, todos iguales ante la muerte, etc. Ya no se distinguen clases sino modos, que son variaciones. Desde entonces se le da su lugar a la aproximación.

Si el Otro existe, se puede resolver por sí o por no. En las situaciones en que el Otro existe, hay criterios, repartidores [repartitoires] -según la palabra de Damourette y Pichon, que Lacan debe de emplear una o dos veces y que a mí

me gusta mucho. Pero cuando el Otro no existe, no se está simplemente en el sí

o no, sino en el más o menos.

Por otro lado, es la verdad. Me preguntaba cuál es la verdad de las cosas humanas. Finalmente, es la curva de Gauss. Vayamos donde vayamos, estemos donde estemos, todo se presenta como una curva de Gauss. En los extremos es radicalmente opuesto, en el centro hay una campana de más o menos. Siempre es así, vayamos donde vayamos y sin importar qué se crea. Pensaba que es la solución a todos nuestros males: lo real de las cosas humanas se presenta con la forma de la curva de Gauss.

Aquí, por ejemplo, entre nosotros, está la curva de Gauss. Sabemos de entrada que si nos hicieran un test sobre algo, se obtendría una curva de Gauss. En un extremo de esta línea mágica está el seguro y cierto176, como se dice.

O mejor, descompongamos un poco el seguro y cierto: hay lo cierto. Lo cierto

es muy raro. Es verdaderamente un caso raro, sobre todo en nuestro ámbito.

Lacan reservaba la certeza a su matema de la histeria. Luego, está el seguro

pero no cierto, como dice Lacan. Es otro grado: se sabe que es así, pero no se

lo puede demostrar, ponerlo en fórmulas. Finalmente, está lo no seguro. Nosotros trabajamos en lo no seguro. No solo no es cierto sino que tampoco es seguro. Nadamos en lo no seguro. Es nuestro forraje, si me permiten, nuestro pasto.

Podemos leer este libro -quizá no todo el libro, pero casi todo el libro, más o menos- y decir «iOh!, pues bien, no es seguro. Finalmente no es seguro». Con Lacan pensamos todo el tiempo: «Seguro, seguro». Pero como a continuación no dice lo mismo, uno está un poco harto de ese seguro.

Luego, finalmente, no es seguro. No es seguro es la réplica universal. En nuestro ámbito siempre se puede levantar la mano y decir «No es algo seguro». Todo reside en el tono con que se lo diga, la convicción, en fin, el objeto α que se aloje en ese significante. «No es seguro. No. Verdaderamente no.»

Sin duda, también por esta razón se empezó con las sorpresas, porque se puede decir: «Eso es seguro. Me sorprendió».

Entonces, acerquémonos a lo que somos y a lo que decimos. Por ejemplo, anoche en la Croisette hablaba con colegas durante la cena y uno de ellos, muy eminente, versado en la teoría y todo, decía -como le hice notar-: «iOh!, tengo una paciente algo psicótica». Efectivamente hablamos así. Es cosa de más o menos.

Un matemático que era justamente del equipo de apoyo de Lacan, de su SOS-matemáticas, Guilbaud, se interesó mucho por el más o menos. Hizo un libro con sus clases sobre el más o menos, a las que yo asistí hace mucho tiempo, en la Maison des Sciences de I'Homme. Pág. 203

Una versión bastante fácil de manejar, muy operativo, que dio mucho que hablar, es la teoría de los conjuntos imprecisos de M. Zadeh de la que hablé en

176 'Seguro y cierto' es traducción literal de sûr et certain, que se traduce habitualmente por 'absolutamente

esa época. Ella permite distinguir grados de pertenencia a un conjunto. En la lengua, justamente, da cuenta de las modalizaciones que siempre pueden hacerse.

La Croisette, igual que el Paseo de los Ingleses en Niza, o les Planches de Dauville, no son solamente lugares para mostrarse, sino donde se habla de todo un poco. Es por el pensamiento aproximativo. No hay que deleitarse con eso. Y es justamente porque estamos condenados en la práctica al pensamiento aproximativo que ahora necesitamos nuestra postulación del matema. Precisamente porque estamos en el más o menos Lacan nos dijo: «Miren allá, miren hacia el matema». Aun cuando no podamos hacer más que cuasimatemas, miremos de todos modos en esa dirección.

Incluso el pensamiento aproximativo tiene sus matemas. Y, por otra parte, la conversación es también necesaria para los matemáticos. No hay matemáticas si los matemáticos no hablan entre ellos. Necesitan de la conversación para saber qué buscar, qué matemas son interesantes, prometedores, pasados de moda. Resumiendo, necesitan una Croisette de matemas.

No crean que exagero. Hay que saber que en Francia -me enteré de eso en las vacaciones- existe toda una red de ciudades de veraneo absolutamente deliciosas, pero que solo reciben a las ciencias duras. Pensé: «¿No podríamos un día escaparnos ahí?» «iAh, sí, el psicoanálisis, hum...!». Los físicos y los matemáticos son recibidos y tratados como las rosas, pero nosotros no.

De lo patológico a lo normal

Jacques-Alain Miller. -¿Para empezar la primera parte, alguien querría

señalar algún punto, un detalle o algo más general?