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Is the Agency Using Performance Information to Continually Improve the New Process?

IS THE NEW PROCESS ACHIEVING THE DESIRED RESULTS?

9.3 Is the Agency Using Performance Information to Continually Improve the New Process?

Cuando la terapia de rehidratación oral (TRO) se desarrolló en el Centro Internacional para la Investigación de las Enfermedades Dia- rreicas de Bangladesh a fi nales de los 60, The Lancet, una importan- te revista médica, la acogió como si fuera el mayor descubrimiento médico del siglo XX. Hasta entonces el único remedio efi caz para la deshidratación provocada por la diarrea era proporcionar líquido esterilizado a través de un suero intravenoso, lo que representaba un coste de unos 50 dólares por niño, algo imposible de asumir habida cuenta de los presupuestos y las instalaciones de la mayoría de los centros sanitarios de países en desarrollo. En comparación, las bol- sitas de TRO cuestan menos de 10 céntimos cada una. Los científi cos descubrieron que con la TRO la capacidad de un niño de absorber la solución –comparado con el agua sola– se multiplicaba por 25, lo que permitió salvar cientos de miles de vidas.63

La tecnología es conocimiento incorporado a máquinas y pro- cesos, y tiene el encanto de una vía rápida y aparentemente sencilla hacia el desarrollo. La capacidad de los países para generar conoci- miento y convertirlo en tecnología determina cada vez más sus pers- pectivas económicas. No obstante, a pesar del ingenuo entusiasmo de los optimistas, cuestiones de poder y política persiguen a la tec- nología, lo que difi culta gravemente su capacidad para ayudar a la gente pobre a crear sus recursos. Y la tecnología no siempre es benig- na. Después de trabajar en el Proyecto Manhattan para desarrollar armas nucleares durante la Segunda Guerra Mundial, Albert Eins- tein observó: «El progreso tecnológico es como un hacha en manos de un criminal patológico».

El progreso tecnológico a menudo agrava la desigualdad. Al me- nos inicialmente, aquellos con poder y con voz a menudo están mejor situados para adquirir y adaptar nuevas tecnologías, lo cual ayuda a desviar las prioridades globales de investigación y desarrollo (I+D) hacia a las necesidades de los ricos, tanto en términos de contenido como de fi nanciación. Sólo un 1 por ciento de los nuevos medica- mentos que salieron al mercado entre 1975 y 1996 eran para el trata- miento de enfermedades tropicales. Diez años después, y a pesar de algunos esfuerzos fi lantrópicos, esa disparidad persiste: sólo el 10 por ciento del total del presupuesto de investigación sanitaria mundial, que es de 50.000-60.000 millones de dólares, se gasta en las enferme- dades que afectan al 90 por ciento de la población mundial.64

El que no se haya desarrollado un microbicida efi caz contra el VIH es un ejemplo de la distorsión en las prioridades globales de investigación. En parte porque las empresas farmacéuticas apuntan a los mercados de los países ricos, donde durante muchos años la pandemia afectó principalmente a hombres homosexuales, sus es- fuerzos de investigación se han centrado en métodos de prevención controlados por los hombres. En el África subsahariana, donde la población interesada es principalmente heterosexual y donde el po- der de negociación de las mujeres en materia sexual es limitado, un método de prevención que pudieran controlar las mujeres y que no impida la procreación es una necesidad urgente. Iniciativas recientes han intentado llenar el hueco, pero todavía faltan muchos años para que se produzca un gran avance. De la misma manera, todavía no se

ha desarrollado un preservativo femenino asequible para proteger a millones de mujeres de la infección del VIH.

La Fundación Bill & Melinda Gates, entre otras, espera ayudar a corregir esta tendencia concediendo subvenciones para fi nanciar la I+D en el caso de enfermedades descuidadas. Reino Unido, Canadá y otros gobiernos ofrecen lo que denominan «compromisos avan- zados de mercado»: la garantía de comprar nuevas vacunas al por mayor con el objetivo de fomentar la investigación. La idea de fondo no es nueva. En 1714 el gobierno británico ofreció 20.000 libras –por aquel entonces una fortuna– a quien pudiera inventar un modo de medir la longitud en el mar. La oferta funcionó: para 1735 el relojero e inventor John Harrison había fabricado un cronómetro marítimo de precisión.65

El sector privado controla cada vez más la investigación. En el ámbito de la agricultura, cinco grandes empresas multinacionales –Bayer, Dow Agro, DuPont, Monsanto y Syngenta– gastan 7.300 millones de dólares al año en investigación agrícola. Eso es más de 18 veces el presupuesto del Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional, fi nanciado públicamente.66 Si todo se deja

en manos de la investigación del sector privado, ésta responderá a oportunidades futuras por motivos lucrativos y no porque haya una necesidad pública (aunque ambas cosas puedan coincidir), por lo que es probable que las enfermedades tropicales o las variedades me- joradas de los alimentos básicos de las comunidades pobres, como la mandioca y el sorgo, no se tengan en cuenta en favor de productos de gran valor y altamente rentables.

Es posible que la I+D benefi cie a las personas que viven en la po- breza, incluso si la controlan los ricos y la dirige el sector privado. No obstante, tiene menos probabilidades de mejorar sus perspectivas que una I+D más orientada a sus necesidades, además de que puede comportar mayores riesgos. La biotecnología, por ejemplo, puede producir variedades de semillas resistentes a la sequía que se con- viertan en una herramienta fundamental para adaptarse al cambio climático. Sin embargo, ello también podría afectar a la diversidad genética de la que dependen los granjeros de países en desarrollo y otorgar demasiado poder a empresas transnacionales por medio de su control de las variedades de semillas.

A menos que los gobiernos se encarguen de regularla, es proba- ble que la I+D impulsada por el sector privado haga más grande la línea divisoria entre ricos y pobres. Un Estado efi caz, motivado y apoyado por otros actores, podría reorientar el centro del desarrollo tecnológico hacia las necesidades de la gente pobre por medio de la regulación y la fi nanciación de la educación superior y de la I+D. Los ciudadanos activos, tanto del norte como del sur, podrían contribuir a lograr este resultado presionando a las empresas privadas y a los Estados para que incluyeran a los pobres entre los benefi ciarios de la nueva tecnología.

Por encima de todo, el énfasis se debe poner en el desarrollo de «tecnologías apropiadas», orientadas a las necesidades de la gente más pobre y excluida, y que respeten la sostenibilidad del ecosistema del que dependen. El científi co indio M.S. Swaminathan, ganador del Premio Mundial de la Alimentación en 1987, aplicó las palabras de Mahatma Gandhi a este punto: «Recuerda la cara del hombre más pobre y más débil que hayas visto y pregúntate si el paso que estás considerando va a ser de alguna utilidad a esa persona».67

Además de reorientar la atención de la I+D global, los países en desarrollo se enfrentan al reto de potenciar sus propias capacidades para generar conocimiento, un aspecto que en la actualidad se ve obstaculizado por la fuga de profesionales cualifi cados que se mar- chan a países ricos atraídos por mejores sueldos y condiciones la- borales. A menos que se trate este problema global, los sistemas de educación superior de los países en desarrollo continuarán subiendo por la escalera mecánica de bajada con el objetivo de crear su base de desarrollo tecnológico. La cuestión de la emigración se analiza en más detalle en el capítulo 5.

Más preocupante incluso que la fuga de cerebros es un patrón emergente de gobierno global del conocimiento que está predis- puesto en contra de las personas y los países pobres. Preservadas en una legislación de derechos de la propiedad intelectual (DPI) tanto a escala nacional como global, normas de propiedad intelectual cada vez más agresivas reducen drásticamente el fl ujo de tecnología hacia países pobres, mientras que les exige que malgasten los escasos fon- dos y personal de que disponen en la administración de un régimen que sólo benefi cia a las empresas extranjeras. Al infl ar el precio de

todos los productos tecnológicamente avanzados, el régimen de pro- piedad intelectual constituye un impuesto perjudicial para el desa- rrollo económico. Al igual que la emigración, este problema se trata en el capítulo 5.

Un grupo de ciudadanos bien organizados y con objetivos claros puede cambiar el mundo. De hecho, es lo único que ha logrado cambiarlo hasta ahora.

MARGARET MEAD, ANTROPÓLOGA

El primer signo de los ocupantes ilegales es una enorme bandera roja ondeando sobre una depresión en las montañas a unos pocos cientos de metros. Detrás de dos alambradas de púas, en una ladera árida y arenosa, se encuentra el conjunto de cabañas que hace varias se- manas construyeron cuarenta familias sin tierra. «Esperança» es el nombre que han puesto al campamento. Los habitantes ya están ha- ciendo las primeras mejoras: las tejas empiezan a sustituir al plástico laminado en los tejados de las cabañas, cuyas paredes están hechas de ramas atadas con un cordel. Por la seguridad que transmite un grupo grande, al principio 500 personas ocuparon el lugar. Cuando diez policías armados llegaron rápidamente para desalojarlos, los ni- ños se colocaron delante con piedras, detrás venían las mujeres y los adolescentes, seguidos de los hombres armados con sus primitivos útiles agrícolas. Los policías retrocedieron sin luchar, lo que permi- tió a los ocupantes ilegales empezar a plantar sus primeros cultivos de ñame e hinojo.68

La bandera roja pertenece al Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) de Brasil. El MST guía a campesinos sin tierra para llevar a cabo invasiones bien organizadas de tierra baldía o de tie-

rras de labranza sin cultivar. Uno de los ocupantes ilegales, de pie en medio de surcos recién arados y sedientos de lluvia, explica: «La gente ha venido aquí por la tierra. No estamos interesados en las ri- quezas: la tierra crea a las personas y éstas tienen que vivir de ella. El propietario dice que la tierra le pertenece, pero ni siquiera la cultiva. ¿Cómo se entiende eso?»

El MST es un movimiento social, una de miles de organizaciones de la sociedad civil (OSC) presentes en todo el mundo en desarrollo cuya actividad política tiene lugar fuera de los canales de la política ofi cial. Dentro de las OSC encontramos grupos sumamente institu- cionalizados como organizaciones religiosas, sindicatos o asociaciones empresariales; organizaciones locales, como asociaciones comunita- rias, organizaciones de agricultores o grupos culturales; y grupos más fl exibles, como movimientos y redes sociales.69 Todos ellos constitu-

yen una parte fundamental de la interacción entre ciudadanos activos y Estados efi caces que puede redistribuir el poder, la voz y las opor- tunidades. Asimismo, ilustran una tradición de crear fundamentos morales, políticos y económicos para las comunidades. Una historia de cambio social mostraría que gran parte de lo que ahora creemos que era el papel del Estado se incubó primero en esos experimentos en Utopía, lejos de las burocracias y de los políticos.70

A la hora de buscar el cambio, los ciudadanos siempre se han juntado, ya sea para lograr la fuerza de la multitud o para reducir las probabilidades de una represión. Entre las OSC encontramos grupos centrados estrictamente en la autoayuda a escala local, organizacio- nes benéfi cas que simplemente intentan ayudar a grupos excluidos de la sociedad, y otros grupos con una agenda más transformadora que trabajan por el cambio político y social: por ejemplo, al actuar directamente, como en el caso del MST, o al representar los intere- ses de sus miembros, como en el caso de los sindicatos. Otras OSC (como Oxfam) ejercen presión y hacen campaña, realizan investiga- ciones o actúan como órganos de control de los que están en el po- der. En la actualidad, muchos consideran a los movimientos sociales activos una parte fundamental de cualquier democracia real y «una arena donde residen las posibilidades y la esperanza para el cam- bio».71 Según Naciones Unidas, una de cada cinco personas participa

El surgimiento de la sociedad civil se ha visto impulsado por factores a largo y a corto plazo. A la larga, la difusión de la alfa- betización, de la democracia y del concepto de derechos han dado lugar a un aumento de la ciudadanía activa. Las OSC, que funcio- nan más allá del ámbito individual o doméstico aunque bajo el Esta- do, pueden jugar un papel a la hora de complementar vínculos más tradicionales de clan, casta o religión que se han visto debilitados con la llegada de la modernidad. A largo plazo, unirse a OSC ayuda a los ciudadanos a reconstruir la base de confi anza y cooperación de la que dependen todas las sociedades.73 Sin embargo, no hay que

olvidar que algunos grupos de ciudadanos buscan reforzar la dis- criminación, el miedo y la desconfi anza. Algunos los denominan «sociedad incivil» y en ocasiones sus actividades pueden derivar en violencia, como en el caso de los pogromos religiosos o racistas o las organizaciones paramilitares.