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3.5 The aims of the study

Una segunda observación acerca de la noción de código. C om o todas las citadas hasta ahora, ésta procede de una simplificación de lo real. La palabra se emplea en singular por pura comodidad. Porque en una misma comunicación — y

Jean-Marie Klinkenberg

desde luego en el seno de la elaboración de un mismo mensaje— , pueden coexistir diversos códigos. En una conversación, la lengua y el gesto se socorren mutuamente. El sentido de una frase enunciada depende de las condiciones espaciales precisas de su enunciación, conocidas por los dos participantes» En un aviso publicitario, el sentido que debe darse a los vocablos está profundamente afectado por la imagen. Las tiras cómicas, el cine y el teatro aparecen como clases de mensajes que, a pesar de la gran importancia que en nuestra sociedad tienen, reposan sobre la asociación de códigos muy diferentes: el cine se hace con imágenes — lo que postula un código que llamaremos icónico— , de relatos — que hubiesen podido manifestarse en la tira cómica o la novela, indiferentemente— , de palabras, de música, etc. La ópera se hace con gestos, relatos, movimientos, apropiación del espacio, música, etc.

Por tanto, un intercambio siempre está hecho de varios mensajes entrelazados que sólo podemos aislar mediante cierto esfuerzo de clarificación. Es decir, la exis­ tencia de los códigos depende de las decisiones metodológicas de quienes los des­ criben: determinado lingüista, por ejemplo, podrá decidir interesarse solamente en ciertos fenómenos de ubicación o de concordancia del verbo, sin preocuparse por el hecho de que las personas que practican la lengua estudiada pongan y hagan concordar los verbos de manera muy diferente según pertenezcan a cierto grupo social. Este lingüista dirá que dichas variaciones se rigen por un código no lingüís­

tico — un código sociológico, por ejemplo— y dejará ese estudio a otros, por ejemplo a los sociólogos o a los antropólogos. Pero otro lingüista podrá, por su parre, tomar en consideración esas variaciones. Elaborará, entonces, otro código que también con­ siderará lingüístico, pero que dará cuenta de los fenómenos que su colega excluía.

1.5.4. Los códigos: de lo nítido a lo borroso

Finalmente, y es nuestra tercera observación, la palabra código" no debe impresionar por el matiz de precisión imperiosa que presenta en la lengua coti­ diana (como es el caso en "código penal"). Un código no es un repertorio fijo de signos donde a cada emisión de sonido o de luz corresponda obligatoriamente y de manera rigurosa un solo sentido o una sola idea, siempre la misma. Los códi­ gos pueden ser imprecisos y débiles, fragmentarios y provisorios, c incluso con­ tradictorios.

Imprecisos y débiles: queremos decir con esto que varían fácilmente con el paso del tiempo y las circunstancias.

11. La com unicadán

Fragmentarios: es el caso cuando se asocian sólo algunos significantes a cier­ tas porciones de un vasto contenido segmentable.

Provisorios, si están destinados a ser rápidamente reemplazados, o incluso si no son válidos más que para un breve intercambio.

Contradictorios, si las relaciones que establecen entre referentes y estímulos pueden no ser biunívocas.

Volveremos a todo esto más adelante. Estudiaremos en detalle el carácter im­ preciso y contradictorio de las relaciones en el capítulo Vil, y su carácter provisorio en el capítulo vui.

1.6. El mensaje

,

lugar donde interactúan los otros cinco factores

El último elemento del esquema es el

mensaje.

El mensaje, que confundiremos provisionalmente con el enunciado, está hecho de signos. Este mensaje puede pre­ sentar niveles de complejidad muy variables: puede estar constituido por numero­ sos signos o por un signo aislado; puede estar constituido por signos procedentes todos de un mismo código o, si se establece una equivalencia entre mensaje y discurso, por signos que proceden de códigos diferentes, com o en los ejemplos de la tira cómica, del cine, del teatro, mencionados más arriba.

Sería tal vez injusro ver en el mensaje sólo un factor entre los demás. ¿No será más bien el producto de esos otros factores? Pues el mensaje es en el fondo una porción de (1) un referente transformado por (2) un código, y donde se anuda la interacción de (3 y 4) los participantes de la comunicación, lo que la hace transmi­ sible por (5) un canal.

Esta última definición, por precisa que sea, peca todavía de cierta falta de tecnictdad. La reformularemos en términos más precisos en el capítulo 111, cuando examinemos la cuestión de la sustancia y de la forma.

2. Las seis funciones de la comunicación

Según la importancia que atribuimos a cada uno de los elementos del esquema, podemos distinguir seis funciones de la comunicación. La popularidad de esta clasificación, que será discutida, se debe al lingüista ruso-americano Román Jakobson. Se dice que un mensaje cumple una de esas.funciones cuando hace

Ícan-Marie Klinkt-nba^

énfasis sobre uno u otro de los factores que acabamos de enumeran En un primer momento, nos contentaremos aquí con definir esas funciones, sin someter sus definiciones a la crítica: ya veremos, sin embargo, que a menudo lo merecen.

2.1. La fiinción emotiva o expresiva

La primera función es la función

emotiva

: centrada en el emisor, pone en evidencia la condición de éste en e! momento de la emisión. Ejemplos: el grito de dolor lanzado por la persona que acaba de dejar caer en su pie un bloque de hormigón, las cabriolas de quien se entera de que su anciano tío le ha dejado una herencia, o incluso — puesto que el emisor puede no ser humano— el chirrido de una pieza eléctrica defectuosa. Los ejemplos que acaban de suministrarse conciernen todos a mensajes relativamente simples. Pero esta simplicidad no es necesaria para la defi­ nición. Un largo poema lírico puede también considerarse como una comunica­ ción que tiene una función emotiva.

C om o lo demostró el ejemplo del chirrido de la pieza eléctrica, la expresión de “función emotiva” (puede preferirse la de '‘función

expresiva')

no debe por tan­

to tomarse aquí en su sentido habitual, q u e remite a un afe cto h u m a n o . N o tien e,

de hecho, nada que ver con la emoción. Todo mensaje, incluso el más frío, pone en evidencia la condición de su emisor. Es un fenómeno que encontraremos más adelante, y que se estudia bajo el nombre de enunciación.

2.2. La Junción conativa o imperativa

La segunda fiinción es la función

conativa

(o

imperativa)',

centrada en el destinata­ rio o receptor, apunta a determinar en éste un comportamiento activo, o a modi­ ficar sus condiciones de existencia. Ejemplos muy evidentes de esta función son la publicidad electoral o comercial, los verbos en modo imperativo, los signos del dedo índice que quieren decir «¡salga!*, las señales de prohibición en el código de tránsito, el célebre mensaje de Nelson en Trafalgar, las em isiones de olores sexualmente atractivos entre los animales (o los humanos), los alegatos de aboga­ dos, los toques militares... Pero una lección de geografía, una película documental o una lista de resultados de los juegos de fótbol tienen igualmente una función conativa, ya que estos mensajes tienen como efecto modificar el bagaje de conocí-

II L» (»muniead^n

mientos o de creencias del receptor. También determinan las condiciones de exis­ tencia del receptor.