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cola peluda -una alusión a las últimas palabras que pronunció Sócrates.
consolación de la filosofía", 2000], la muerte de Sócrates es un recordatorio de por qué no tenemos que preocuparnos de la popularidad. Lo que pien san los demás de nosotros sólo importa si es verdad: la verdad es siempre más importante que la opinión. Es una buena y útil lección. Pero, como reconoce el propio de Botton, su aplicación es dudosa. Tal vez la muerte de Sócrates enseña a los modernos jurados y gobiernos democráticos a mirar sin prejuicios a las minorías sociales y las opiniones socialmente impopu lares. Pero tal vez sólo enseña al propio de Botton a no preocuparse de masiado acerca de si unos extraños policías le apreciarán y le darán su apro bación. El capítulo que dedica de Botton a la muerte de Sócrates empieza yuxtaponiendo dos bebidas: la cicuta del cuadro de David y el vaso de leche con Nesquik que se toma el propio de Botton después de contemplar La
muerte de Sócrates. La gravedad moral y el heroísmo apenas pueden compa ginarse durante más de unas cuantas palabras en un mundo en el que los adultos consumen bebidas para niños producidas industrialmente.
Todos estos libros tratan de rescatar a Sócrates de la filosofía académica y ponerlo de nuevo en la plaza del mercado. Pero la búsqueda corre el ries
go de negar algunos de los hechos mejor atestiguados acerca de Sócrates: que era inteligente, provocador y que le gustaba hacer preguntas. Al igual que en la Edad Media, Sócrates ha sido convertido a menudo en un sabio representativo. El Sócrates irónico e inquisitivo de Platón es abandonado en favor del Sócrates de Jenofonte, insulso defensor de la moralidad tradicio nal. Estas versiones de Sócrates revelan lo poco tolerante que es nuestra cul tura con la auténtica disidencia moral o política.
Ha habido pocos intentos de llevar al Sócrates tábano al mundo moder no. Pero estas versiones de Sócrates a menudo parecen estar rigurosamen te limitadas a los temas que desean abordar. Un ejemplo es la obra inspi radora pero extrañamente limitada de Christopher Phillips Sócrates café:
Un soplo fresco de filosofía (2002). En cafeterías de toda América, Phillips planteaba grandes preguntas sobre la vida como '¿Qué es el amor?' y '¿Qué es el trabajo?', y las debatía a fondo con cualquiera que estuviese en el café.
Pero la versión de Phillips del tábano socrático es siempre terriblemente cuidadosa para no ofender a la gente. Combina el cuestionamiento socráti co con la encantadora genialidad del programa de televisión de Oprah Winfrey. Si al menos hubiera preguntado a los trabajadores y a los gerentes de la cadena Starbucks cuyos locales frecuentaba: '¿Qué es el capitalismo consumista global?'. Éste es un Sócrates sin ideología, y en realidad un Só crates sin la muerte: es un Sócrates a quien nadie querría matar o que no se molestaría en hacerlo.
El escritor de novelas de misterio Walter Mosley -uno de los autores favoritos de Bill Clinton- se ha acercado mucho más a la creación de un Sócrates moderno cuyas opciones morales son realmente importantes. Só crates Fortlow, que aparece en las novelas Always Outnumbered, Alzvays
Outgunned y Walkirí the Dog, es un negro contemporáneo. Al salir de la cár cel después de cumplir una condena perpetua por asesinato, Sócrates cami na por las sucias calles del centro de Los Ángeles tratando de encontrar una forma de ser bueno y de redimirse de sus crímenes. Es un asesino y al mis mo tiempo un filósofo, viviendo una especie de prórroga de la vida y que necesita examinar esta de nuevo cada día -y, si es posible, evitar matar a ningún negro más.
En los libros protagonizados por Sócrates Fortlow, Mosley reivindica para la comunidad negra a este icono de la cultura occidental blanca. Pero con ello muestra por qué no es posible que un Sócrates moderno sea un ciu dadano americano de la misma forma en que el viejo Sócrates era un ciuda dano de Atenas y del mundo. Sucia Les Fortlow solamente es leal a su pro pio pueblo. El peor de sus crímenes, a sus propios ojos, es el hecho de que
las personas a las que ha asesinado eran negras. El Sócrates de Mosley vive en un mundo que está tan profundamente dividido por razones de raza y de clase que su búsqueda de una sabiduría humana solamente puede ser relevante para él mismo.
Historias alternativas
Resulta difícil no preguntarse qué aspecto hubiera tenido la historia cul tural e intelectual de Occidente si Sócrates hubiera muerto en su cama. ¿Habría sido el récord del mundo respecto a los derechos humanos y a la tolerancia mejor, peor o el mismo? ¿Serían nuestras nociones de razón, ver dad, heroísmo y alma radicalmente diferentes sin la imagen de la muerte de Sócrates? ¿O nuestra cultura ha cambiado tanto desde los tiempos de la antigua Atenas o incluso desde el siglo XVIII, que la muerte de Sócrates ya no nos importa nada?
La futurista novela distópica 334 (1974) de Thomas Disch describe a un joven estudiante universitario a principios del siglo XXI que trata de encon trarle sentido a una reproducción del cuadro de David La muerte de Sócrates. La tarea parece, a primera vista, imposible: 'En medio de la penumbra, con templó el cuadro de Sócrates. Con una mano sostenía una gran copa, y con la otra parecía estar haciendo un gesto grosero a alguien con el dedo. No parecía estar muriendo en absoluto'. La incapacidad del joven para enten der los gestos que aparecen en el cuadro refleja la pobreza del mundo en el que vive, un mundo dominado por el deseo y la agresión ('el dedo'). Pero Sócrates acaba teniendo relevancia incluso en este futuro insulso como re cordatorio de aquello de lo que dicho mundo carece. Las autoridades, en el mundo de Disch, pretenden ser capaces de saberlo todo sobre todo el mun do. Hacen pruebas y elaboran estadísticas para decidir qué ciudadanos pueden tener hijos y cuáles no. Lo que el futuro todavía necesita es la con ciencia socrática de su propia ignorancia. Aunque no entiende la obra de David, el estudiante acaba finalmente llorando al contemplarla: 'Una de sus lágrimas cayó justo encima de la copa que sostenía Sócrates y fue inmedia tamente absorbida por el papel barato'.
Dos novelas de ciencia ficción más recientes sugieren una visión más esperanzada de cómo puede aún Sócrates salvar al mundo. El perdurable dominio de este antiguo filósofo sobre las formas modernas de la imagina ción se revela claramente en estas dos obras, que describen lo que pasaría si se pudiera dar marcha atrás a la historia y Sócrates volviera a la vida en el presente o en el futuro.
In God's Ñame (2001), firmada con el seudónimo de Robert Verly, empie za con Dios dándose cuenta de que nadie en la tierra le entiende realmen te (a Él/Ella/Ello). La solución, por supuesto, es hacer bajar a Sócrates del limbo. Así que Sócrates aparece, de un modo más bien jenofóntico (allí donde Jenofonte se confunde con Benjamín Franklin) y explica que todas las religiones están equivocadas, que los Padres Fundadores Americanos estaban en lo cierto sobre casi todo y que todos deberíamos tener tenden cia a ser menos sentenciosos los unos con los otros. Se siente muy compla cido de poder aprender algunos hechos científicos nuevos acerca de los agujeros negros, por ejemplo, y feliz de haber sido de alguna utilidad, aunque reconoce que 'los cambios beneficiosos que se han producido se deben más a las inevitables tendencias de la historia que a sus propios esfuerzos'. Finalmente su alma -o, más bien, su plasma- será reciclada una vez más.
Un experimento ligeramente menos delirante que también invierte los acontecimientos del año 399 antes de Cristo lo encontramos en la obra de Paul Levinson The Plot to Save Sócrates (2006). Esta novela describe lo que sucede cuando una estudiante universitaria neoyorquina de los años cua renta del siglo XXI descubre parte de un nuevo diálogo platónico anterior al Critón y ya traducido a un inverosímil inglés del siglo XIX, al modo de Benjamín Jowett. La propia estudiante desea que Sócrates hubiera podido permanecer vivo para luchar por un mundo mejor. En el nuevo texto le ofrecen una posibilidad más de escapar de la cárcel y de la muerte. Un clon podría beberse la cicuta en su lugar y él mismo sería llevado al futuro en una máquina del tiempo. Durante el resto de la novela, la estudiante viaja arriba y abajo por el tiempo, de vuelta a la celda de Sócrates en Atenas o bien a Alejandría y al Londres del siglo XIX, siempre en busca de la ver dad. La estudiante comprende que Sócrates tal vez no ha muerto todavía, en realidad.
La premisa principal del libro es fundamentalmente tonta, ya que obvia mente el problema ético de si Sócrates debería haber escapado de la cárcel sigue siendo el mismo tanto si utiliza una máquina del tiempo, como si uti liza la clonación o una cuadriga. Pero el libro suscita interesantes e impor tantes cuestiones. ¿En qué medida la muerte de Sócrates ha cambiado real mente nuestro mundo? ¿Pertenece este hecho solamente a Sócrates o puede ser apropiado y reapropiado por todos nosotros?
La creación platónica del personaje Sócrates, y de la escena de su muer te, puede ser vista como una especie de sustracción de identidad. El mito de la muerte de Sócrates ha sido sustraído tantas veces que a estas alturas no está nada claro a quién pertenece realmente.
Esta idea está sorprendentemente bien expresada en una obra del drama turgo suizo Friedrich Dürrenmatt (1921-90), famoso sobre todo por su obra
La visita, de 1956. El Sócrates de Dürrenmatt es un viejo alegre, gordo y popular, un gran bebedor cuyo único defecto es su tendencia a robar chu cherías de las casas de sus anfitriones cuando todo el mundo menos él está durmiendo la borrachera. Regala el botín que consigue de este modo a una tienda de 'antigüedades' que lleva su mujer, Jantipa. Platón, un 'intelectual introvertido' que ha 'decidido cambiar un mundo que desprecia', convence a Sócrates para que le deje llevar a cabo una clase de robo o de préstamo mucho más serio: Platón 'roba' las conversaciones de Sócrates para crear sus propios diálogos escritos. Hace pasar un texto peligrosamente antide mocrático titulado La República como si fueran las opiniones del pobre Só crates, y Sócrates es llevado a juicio. Sócrates, un hombre tranquilo e indo lente que no tiene ninguna noción de lo que es elaborar una estrategia, ni de que las palabras sean de propiedad privada, es incapaz de aprenderse su propio discurso de defensa, y es condenado a muerte.
Pero, en un giro argumental sorprendente, Aristófanes se ofrece a morir en su lugar. Al fin y al cabo, comenta Aristófanes, sería una pena echar a perder un guión dramático tan bueno como el del Fedón, que ya ha com puesto. Seguro que Sócrates la pifiaría y echaría a perderlo equivocándose en su papel. Aristófanes sugiere que hay dos formas bastante diferentes de morir con integridad. Para él mismo, como dramaturgo, tiene lógica morir como un personaje, en la última gran interpretación de su vida. Para Só crates, por otro lado, todavía hay tiempo de morir como Sócrates, no como la versión platónica de sí mismo. Sócrates es enviado a Siracusa, donde Platón confía que será capaz de convencer al tirano Dión para que se con vierta en un filósofo. 'Desafortunadamente, Dión había jurado que cual quiera que fuera capaz de beber más que él tenía que morir. Y ahora Só crates tenía que beber la cicuta, al fin y al cabo'. Pero Sócrates echa a perder las expectativas que tiene Dión de asistir a un gran espectáculo, muriendo sin decir una sola palabra.
La obra termina con un gran discurso de la mujer de Sócrates, Jantipa, en la que es ella la que pone palabras a la muerte silenciosa de Sócrates. Declara que Sócrates era el único hombre que sabía lo que todas las mujeres saben: cómo ser uno mismo y no jugar simplemente a ser uno mismo. En el lance final de la historia, Jantipa revela que ha comprado al esclavo Platón utili zando las ganancias de la tienda a la que Sócrates abastecía con sus hurtos. Platón, el único personaje de la historia que afirma tener un absoluto cono cimiento de sí mismo y que cree en su inalienable derecho a sus propias palabras y opiniones, se convierte en un objeto de la nueva tienda de Jantipa.
El Platón de Dürrenmatt, que piensa que puede cambiar el mundo, pue de ser poseído por otros. Pero Aristófanes, Sócrates y Jantipa, que no tienen sus mismas pretensiones, son libres de ser ellos mismos, sin histrionismos, sin propiedades o sin hurtos. Jantipa nos cuenta que la muerte de su espo so por medio de la cicuta fue simplemente 'la consecuencia natural de ser tan buen bebedor'. 'Sócrates murió como Sócrates', declara. Jantipa, que tantas veces ha sido excluida de la historia de la muerte de su esposo, es la que tiene finalmente la última palabra.
General
Las traducciones al inglés del griego y del latín, salvo cuando se indica lo contrario, son de la autora. La bibliografía sobre Sócrates es enorme. Las sugerencias que siguen no son exhaustivas, por supuesto, y no reflejan todo lo que he leído mientras escribía este libro.
Hay dos buenas colecciones de textos y citas sobre Sócrates en inglés: The
Socratic Enigma, en edición de H. Spielberg (Indianapolis, Bobbs-Merrill, 1964) y Sócrates: A Source Book, edición de J.Ferguson (Buckingham, Open University Press, 1970). Lamentablemente, ambas están agotadas, pero pue den encontrarse en librerías de ocasión o en bibliotecas.
Una excelente colección de ensayos sobre Sócrates y la tradición socráti ca, A Blackwell Companion to Sócrates, en edición de Sara Ahbel-Rappe y Rachana Kamtekar (Blackwell 2006) apareció justo cuando estaba terminan do este libro.
Una útil visión panorámica de la recepción de Sócrates en la tradición occidental es el libro de James Hulse Sócrates: Reputations of a Gadfly (New York, Lang 1995). También es útil el libro Sócrates: Physiology of a Myth (publicado originalmente en italiano en 1974, con una traducción inglesa no muy buena publicada en Amsterdam, J.C. Gieben, 1981).
Introducción
El epígrafe de este capítulo es de una carta de T. B. Macaulay, escrita desde Calcuta a su amigo Ellis, fechada el 29 de mayo de 1835. Macaulay
responde favorablemente a Platón, pero no a Sócrates, y escribe: "Estoy muy metido en Platón últimamente y tengo intención de leer todas sus obras. Su genio está por encima de cualquier elogio. Incluso cuando es más absurdo -como por ejemplo en el Cratilo - hace gala de una agudeza y de una intensidad intelectual que son un fenómeno en sí mismo. El personaje de Sócrates, en cambio, no me inspira simpatía. Cuanto más leo acerca de él, menos me extraña que le envenenasen. Si me hubiera tratado a mí como dicen que trató a Protágoras, a Hipias y a Gorgias, nunca podría haberle perdonado".
Existe un traducción inglesa de la Alexipharmaca de Nicandro en Nican-
der: The Poems and Poetical Fragments, editada, con traducción y notas, por A. S. F. Gow y A. F. Scholfield (New York, Arno Press, 1979). Sobre los doloro sos síntomas de la cicuta de agua, véase C. Gilí, "The Death of Sócrates",
Classical Quarterly, 23,1973, pp. 225-8. El relato de Gilí es matizado por Enid Bloch, "Hemlock Poisoning and the Death of Sócrates", en el libro de Thomas Brickhouse y Nicholas Smith The Triol and Execution of Sócrates:
Sources and Controversies (Oxford, Oxford University Press, 2002). Sobre el uso de la cicuta comparado con otros métodos de ejecución estatal, véase
Capital Punishment in Ancient Athensf Irving Barkan (Chicago, Chicago University Press, 1936).
1. La filosofía de Sócrates
En general, las fuentes importantes más antiguas aquí utilizadas son: el
Eutifrón, la Apología, el Critón y el Fedón, todos ellos disponibles en inglés en
The Last Days of Sócrates, traducido y editado por Hugh Tredennick y Harold Tarrant (London, Penguin Books, 2003); el Gorgias de Platón, tradu cido por Chris Emlyn-Jones y Walter Hamilton (London, Penguin Books, 2004); y el Protagoras and Meno de Platón, traducido por Adam Beresford, con una introducción de Lesley Brown (London, Penguin Books, 2006). El contraste entre el agua, que puede transferirse de una copa a otra con un poco de lana, y la sabiduría, que no puede transferirse tan fácilmente, es del
Symposium de Platón traducido por Christopher Gilí (London, Penguin Books, 2003). El Symposium también es la fuente más importante para la aparición de Sócrates y para sus relaciones con Alcibíades, que se discuten en el capítulo 2. Las nubes de Aristófanes se encuentra disponible en muchas traducciones inglesas, incluida Lysistrata/The Archarnians/The Clouds, tradu cida por Alan Sommerstein (London, Penguin Books, 1974).
Dover, la más accesible a quienes no puedan leerla en griego.
Sobre la filosofía de Sócrates, véase el libro de Thomas Brickhouse y Nicholas Smith The Philosophy of Sócrates (Boulder, Co., Westview Press, 2000), y el de Gregory Vlastos Sócrates: Ironist and Moral Philosopher (Ithaca, NY, Cornell University Press, 1991). El punto de vista de Vlastos sobre la ironía socrática es cuestionado por otros muchos estudiosos de Platón, incluido Alexander Nehemas (Art ofLiving: Socratic Reflections from Plato to
Foucault (Berkeley, University of California Press, 1988) y Iakovos Vasiliou ("Conditional Irony in the Socratic Dialogues", Classical Quarterly, 49(2), 1988, pp. 456-72).
Robert Nozick discute la ignorancia socrática en Socratic Puzzles (Cambridge MA, Harvard University Press, 1997). Véase también Socratic
Questions: New Essays on the philosophy of Sócrates and its significance, editado por Barry S. Gower y Michael Stokes (Routledge, London, 1992); Essays on
the Philosophy of Sócrates, editado por Hugh H. Benson, Oxford University Press, 1992; y Remembering Sócrates: Philosophical essays, editado por Lindsay Judson y Vassilis Karasmanis (Clarendon, Oxford, 2006), que incluye dos ensayos sobre su recepción.
El ensayo de Mario Vegetti, "The Greeks and their gods" se encuentra en
The Greeks, edición de Jean-Pierre Vernant, traducido al inglés por Charles Lambert y Teresa Lavender Fagan (Chicago, Chicago University Press, 1995, pp. 254-84).
El libro de Leo Strauss The City and the Man (Chicago, Chicago University Press, 1964) se centra en la República de Platón.
Un libro reciente interesante sobre el método filosófico socrático es el de Debra Nail Agora, Academy, and the Conduct of Philosophy (Kluwer, Dordrecht and Boston, 1995). El libro de Charles Kahn Plato and the Socratic Dialogue (Cambridge, Cambridge University Press, 1996) proporciona una introduc ción vigorosa y polémica. Estos libros son una mirada introductoria al pro blema socrático.
Sobre el contexto religioso ateniense del juicio, véase el libro de Robert Garland Introducing New Gods: The Politics of Athenian Religión (Ithaca, NY, Cornell University Press, 1992), y especialmente la magistral visión panorá mica de Robert Parker Athenian Religión: A History (Oxford, Clarendon, 1996). Sobre los puntos de vista religiosos del propio Sócrates, un buen punto de partida para entrar en el debate académico son los artículos reco gidos en la antología de Brickhouse y Smith The Triol and Execution of
Sócrates (véanse especialmente los artículos de M. F. Burnyeat y Mark L. McPherran).
Antiphon and Andocides, traducido al inglés por Michael Gargarin y Douglas