Chapter 4: Overview of Conceptual Framework
4.2. Overview of the proposed AEG system
4.2.2. Essay grading stage
4.2.2.2. Overview of 'Vocabulary' module
4.2.2.2.2. Algorithm for good essays
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GonzAlo CAtAño, quien escribió un documentado ensayo sobre CARRillo lúquez, llenode pequeños aciertos y de grandes despropósitos.
Empecemos por los últimos. Desde el inicio de su escrito CAtAño emplea una
actitud deformadora de la vida de CARRillo lúquez al decir “que en los cafés bogotanos
pasó los mejores momentos de su vida”48; ante tal acertijo, cabe replicar que se trata
de una enormidad, de un infundio, encaminado a enlodar la imagen de un personaje que ya en 1946 nieto ARtetA dijo en una entrevista que CARRillo lúquez “ha publicado
estudios que lo colocan en uno de los primeros lugares de Colombia”49, y CRuz Vélez
al año siguiente lo califica como “una de las principales figuras de la naciente filosofía colombiana”50. En efecto, CARRillo lúquez en todos los tiempos ha sido valorado como
un filósofo emblemático en nuestro país, un hombre que entregó la vida entera al filosofar, al estudio, las ciencias, la investigación, la universidad, la biblioteca. Es en estos espacios del espíritu donde pasó los episodios más sobresalientes de su existencia humana, no en los “cafés bogotanos” como expresó embusteramente CAtAño.
Es cierto que CARRillo lúquez frecuentaba algunas cafeterías que él había
elegido, preferiblemente en el centro de la capital, con el fin de fomentar el diálogo socrático en compañía de sus amigos, colegas, discípulos o de cualquier persona que podía abordarlo para consultas culturales; allí mismo realizaba la lectura ligera del periódico todos los días, como recuerda CAtAño. Tal actividad era una especie de
ejercicio socrático entre el pensador y la ciudad utilizando dos recursos significativos: la realidad diaria registrada por el periódico nacional o extranjero y los diálogos con los interlocutores, sin que los dos hayan sido lo fundamental en la vida de CARRillo
lúquez, repetimos. Lo que quería demostrar CARRillo lúquez era que en todo
tiempo y en todo lugar, en todo o que hacemos y todo lo que practicamos, la vida cotidiana suministra la posibilidad de filosofar, según la pedagogía socrática. Los cafés bogotanos que visitaba CARRillo lúquez no podían escapar a esa visión que CAtAño
estuvo incapacitado para evaluar limitándose a decir que estaban destinados a la “murmuración académica”, que seguramente práctica el sociólogo.
En otra parte, relacionada con CARRillo lúquez, mencionamos la importancia de
los cafés en la vida citadina burguesa; nos remitimos a esos fugaces apuntes fundados en CoseR y unAMuno. Aquí solamente citamos un fragmento: “El café tuvo significación
en la vida del maestro CARRillo, no tanto como la universidad o su biblioteca; pero,
48 GOnzAlO CAtAñO, “El filósofo Rafael Carrillo, en Ideas y Valores”, en: Revista Colombiana de Filosofía, No. 101, Bogotá, Universidad Nacional, 1996, agosto, pág. 3
49 GuillerMO PAyAn ArCHer, “Habla el profesor Luis Eduardo Nieto Arteta”, en El Liberal, Bogotá, noviembre 12 de 1946.
50 DAnilO Cruz vélez, “Ambiente axiológico de la teoría pura del derecho, reseña”, en: Revista Universidad Nacional de Colombia, No. 9, Bogotá, 1947, pág. 258.
Rafael Carrillo Lúquez, entre el socratismo y el ensayo filosófico caPíTulo iii
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allí en el café prolongó su práctica pedagógica siguiendo las enseñanzas de sóCRAtes
que al decir de CiCeRón fue el primero en lograr que la filosofía descendiera del cielo
a la tierra colocándola en las urbes, las casas y obligándola a investigar sobre la vida, las costumbres, las cosas buenas y las malas. Fuera de esta noble y desinteresada práctica docente del maestro CARRillo, el café le permitía aproximarse diariamente
a una pequeña porción del mundo cotidiano, a sus discípulos más allá del campo universitario, y para nosotros tan valiosa experiencia intelectual y afectiva fue determinante para avanzar en el infinito quehacer de la filosofía estimulados por los interrogantes del maestro”51.
No vamos a ocuparnos de todas las minucias bastardas del libelo difamatorio de CAtAño al estilo de pregonar que CARRillo lúquez “almorzaba en restaurantes baratos”,
que no “tenía vivienda propia”, que “vivía en pensiones y apartamentos modestos”, que “sus muebles y enseres eran mínimos”, que “llevaba un control estricto de sus gastos personales rayano en la avaricia”, que “no miraba televisión ni iba al cine ni bebía ni fumaba ni frecuentaba fiestas”, que “nunca se casó ni fue novio alguna vez”, que su “relación con las mujeres fue pobre y no parece haberles permitido ir más allá de la intimidad del contacto físico”, que “consideraba al matrimonio y sus frutos un enemigo soterrado del trabajo intelectual, por lo cual recomendaba los burdeles”, que “tenía escasas exigencias musicales”. De esta sarta de chismes de peluquería al menos se salva que CAtAño reconoce que CARRillo lúquez tenía una gran biblioteca
“sobre los más diversos campos de las ciencias humanas”, aunque critica que no poseía libros de economía ni de “temas colombianos que le eran completamente ajenos”52, otra impostura sin que vayamos a afirmar que sus conocimientos en estos
asuntos tuviesen los alcances del especialista; en todo caso, tampoco los ignoraba por completo de lo cual podemos dar fe cuando en más de una circunstancia los “temas colombianos” de orden literario, científico, artístico, en fin cultural lo preocupaban más de la cuenta, sin que faltasen en su biblioteca los de mayor importancia.
Desde nuestro punto de vista, los superfluos cotilleos citados en lugar de manchar la biografía de CARRillo lúquez demuestran que su existencia humana estuvo signada
por la vida socrática, problema que no pudo comprender CAtAño porque se mantuvo
en el nivel de la simple murmuración. No queremos sustentar que CARRillo lúquez
se hubiese dedicado a copiar servilmente la vida socrática, porque su talante humano no pertenecía a la dependencia incondicional, sino a seguir los pasos ideales de dicha vida como son el desinterés por los bienes materiales, la entrega absoluta a la filosofía en todas partes, sin buscar ganancias pecuniarias, la pobreza, la frugalidad,