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Patrick Cairns 1 , Dr David Moore

5. System Analysis

Roma, septiembre de 1539. (Epp., 1, 148-151)

El 29 de noviembre de 1538 había muerto Martín García, el hermano de Ignacio de Loyola. Para la fecha de esta carta ya le había sucedido su hijo Beltrán en el mayorazgo y casa de Loyola. Por tanto, Ignacio escribe desde Roma a su sobrino, como a señor de la casa, dándole los consejos que cree convenientes a su nueva responsabilidad: mirar por el bien de su pueblo, atendiendo a los bienes que han de durar eternamente, no a los vanos, o de los que haya que arrepentirse después. Le recomienda la reforma de la clerecía y la sede que juzga mejor para los estudios de su hermano Millán (Emiliano). Le comunica que ha sido aprobada la Compañía de Jesús por Paulo III y le pide que se interese por ella. Invita además a otros parientes y conocidos a colaborar en la obra de la Compañía. La misma mano de Ignacio interviene en esta carta para darnos una noticia muy valiosa para todo aquel que se interese por determinar cuándo concibió Ignacio la idea de fundar la Compañía. Ignacio había hablado con su sobrino en 1535 sobre «la Compañía que esperaba».

Jesús

La gracia y amor de Cto. N.S. sea siempre en nuestro favor y en nuestra ayuda; por cuyo amor y reverencia os pido siempre hagáis que mi esperanza no se pierda, pues a Dios N.S. ha placido que las veces que vuestro padre, que sea en gloria, os quedasen en mi fiducia, y esperar en Dios N.S. es, que su divina majestad os ha puesto, guardándoos hasta ahora, para quietar y reformar mayormente la clerecía de ese pueblo, y así haciendo les mostraréis amor verdadero, y de otra manera amor carnal y pernicioso. Otra vez os pido, por amor y reverencia de Dios N.S., os acordéis cuántas veces teníamos esta plática, y pongáis todas vuestras fuerzas en ello; y como nuestros antepasados se

han esforzado en señalarse en otras cosas, y plega a Dios N.S. no hayan sido vanas, vos os queráis señalar en lo que para siempre jamás ha de durar, no poniendo alguna fuerza en lo que después nos hemos de arrepentir. Y porque espero que mi esperanza en el Señor nuestro, y en vos como su instrumento, no se frustrará, su divina gracia cooperando, hago punto en esta parte.

Aquí he sabido del buen ingenio de vuestro hermano Emilián[52], y deseoso de estudiar. Holgaría que mucho miraseis y pensaseis en ello; y si mi juicio tiene algún valor, yo no lo enviaría a otra parte que a París; porque más le haréis aprovechar en pocos años, que en muchos otros en otra universidad; y después es tierra donde más honestidad y virtud guardan los estudiantes, y por lo que de mi parte me toca en desear su mayor provecho, yo querría que esta camino tomase, y lo mismo comunicaseis a su madre, y donde Araoz[53] no fuere para allá, habrá personas de autoridad y buena vida que tendrán mucho cuidado de él.

De lo que acá por nosotros pasa, sabréis que la cosa que en nuestras conciencias y en el Señor nuestro hemos podido juzgar, y muchas veces juzgar, sernos más conveniente y más necesaria para poner firme fundamento y verdaderas raíces para edificar adelante, ha placido a Dios N.S., por la su infinita y suma bondad, quien esperamos por la su inmensa y acostumbrada gracia tener especial providencia de nosotros y de nuestras cosas, o por mejor decir, de las suyas, pues las nuestras no buscamos en esta vida, que ha puesto su santísima mano en ello; y así, ha puesto contra tantas adversidades, contradicciones y juicios varios, ha sido aprobado y confirmado por el vicario de Cristo N.S. todo nuestro modo de proceder, viviendo con orden y concierto, y con facultad entera para hacer constituciones entre nosotros, según que a nuestro modo de vivir juzgáremos ser más conveniente. De lo cual, más a lo largo, y de todo lo demás, podrá dar entera información Antonio de Araoz que esta lleva, como si yo fuese en persona, porque de él no menos cuenta hacemos que de los mismos que en la Compañía somos, y ha estado en nuestra misma casa al pie de diez meses; y ahora, por cosas a él y a nosotros convenientes, le enviamos por esas partes, que después que haga su jornada, vuelva para nosotros. Por tanto, demás de tener en todo crédito, por amor de Dios N.S. pido le mostréis el rostro que a los servidores de la suma majestad acostumbráis siempre mostrar, y aquel mismo que a mí mostraríais, si presente me hallase; a cuya causa, por ser carta viva, no me alargo en esta.

En todas personas vuestras y nuestras devotas pedimos mucho ser visitados, y encomendados en sus oraciones, y ahora más que nunca, por recibir cosa tan ardua sobre nosotros, para la cual llevar adelante ninguna esperanza tenemos en nuestras mismas fuerzas, mas esperando en todo en la suma bondad y virtud divina, con vuestras oraciones y con las de todos los que en su divina majestad nos aman, no esperamos rehusar trabajo alguno, que en su justo y debido servicio sea.

Ceso rogando a la su divina majestad, de nosotros y de todos disponga como más le podamos en todo servir, y en todo dar gloria para siempre jamás.

De Roma, 24 de septiembre 1539.

Hame[54] parecido en el Señor nuestro, que esta empresa, que seré en declarar, debe ser más propia vuestra por muchas razones, que sé las hallaréis cuando más miraseis y más pensaseis ser más verdaderas. Y porque me acuerdo que allá en la tierra me encomendasteis con mucho cuidado os hiciese saber de la Compañía que esperaba, yo también creo que Dios N.S. os esperaba para señalaros en ella, porque otra mejor memoria dejéis que los nuestros han dejado. Y, viniendo al punto de la cosa, yo, aunque indignísimo, he procurado, mediante la gracia divina, de poner fundamentos firmes a esta Compañía de Jesús, la cual hemos así intitulado y por el Papa aprobado. Por tanto, con mucha razón os debo exhortar, y mucho exhortar, para que edifiquéis y labréis sobre los tales fundamentos así puestos, porque no menos mérito tengáis en los edificios que yo en los fundamentos, y todo por mano de Dios N.S.; digo tamen [sin embargo], cuando se os hiciere o fuere tiempo oportuno, asimismo justo y santo os pareciere, y para ello su santísima gracia os diere.

A doña María de Vicuña[55] escribo lo mismo, pareciendo que os podrán ayudar para esto. A doña Magdalena[56], mi hermana, y el señor de Ozaeta[57] les daréis parte, porque en la carta que les escribo me remito a la vuestra. Si viereis otros algunos que querrán contribuir, por Señor harán que sabrá bien satisfacer y pagar. A la señora de casa me mandaréis mucho visitar y encomendar, y esta por suya reciba.

De bondad pobre, Iñigo

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