G. MULTISPECTRAL IMAGING
4. Anomaly Detection
La época clásica del derecho ateniense fue el siglo iv antes de nuestra era. Los oradores del siglo iv (Lisias, Iseo, Esquines y Demóstenes) conservan fragmentos de las antiguas leyes. Pero eran logografos; es decir, componían discursos por encargo, sin responsabilidad personal, defendiendo igualmente el pro o el contra, según el Ínteres de su clien te. Desnaturalizan así las disposiciones de la ley que invocan, aprove chando la ignorancia de los jueces, o las parafrasean, y es imposible discernir el texto que les sirve de base. Por tanto no hay garantía de la autoridad y de la integridad de esos textos citados por ellos.
Los gramáticos de los siglos m y n que analizan los discursos, como Harpocration y Pollux, cometen errores al tratar del derecho que ignoran.
En sus momentos primigenios la ciencia del derecho dependía de la retórica; el respeto a la verdad estaba supeditado al arte del bien hablar. La epigrafía llena las lagunas que los oradores y los gramáticos dejaron.
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Conocemos, gracias a ella, numerosas leyes, tratados y contratos. En tre los textos encontrados, citaba Dareste a comienzos de este siglo, leyes de Dracón sobre el homicidio, ley de la isla de Ceos sobre los funerales, ley de Halicarnase o sobre la transcripción de ventas, ley de Efeso sobre la liquidación de cargas impuestas a la propiedad, y sobre todo la ley civil y criminal de Gortina, llamada también “verdad gortinense”.
Los papiros egipcios contienen defensas de Hipérides y la obra de Aristóteles sobre la República de Atenas.
El derecho griego poco evolucionó: el del siglo IV, que discuten los
oradores atenienses, es el de las viejas leyes de Dracón y Solón. Bajo Nerón, Apolunio de Tiana defendió un proceso ante el Tribunal de los Eforos en Esparta, invocando la legislación de Licurgo. No llega ron los griegos a edificar una teoría del derecho civil, como lo hicieron en el derecho público.
Por otra parte, las inscripciones dan a conocer actos jurídicos y tex tos legislativos, pero solo detalles. Los papiros de Egipto de la época de los Ptolomeos, que ofrecen abundante material, son posteriores en su mayor parte, en varios siglos, al derecho clásico griego.
Perrot expresa que al derecho ático le faltaron el espacio y la dura ción. Se limitó a una ciudad y a un corto período de tiempo. Para él no llego el período de la codificación y la difusión universal.
Fo r m a c i ó n d e l a s l e y e s y d e c r e t o s
En lo que respecta a la formación de las leyes y decretos, recordemos lo estudiado ya sobre organización política para comprender el proce so legislativo. Todo ciudadano tenía derecho a presentar un proyecto de ley, en la primera reunión del año de la Asamblea Popular o Ecclesia.
El proyecto lo examina el senado (Bule) y los 6 arcontes tesmotetas. Si es contrario a la constitución y a los intereses del Estado, se paraliza su tramitación.
Los arcontes tesmotetas tenían atribuciones colectivas, como cole gio o corporación, para revisar todos los años las leyes, por si están en contradicción con las vigentes y para proponer medidas que corrijan los defectos comprobados en la legislación. Forman una comisión per manente encargada del control de la legislación y jurisprudencia. Por decreto de Tisameno, de 403, se establece un procedimiento especial para hacer con rapidez y acierto la revisión general de toda la legisla ción ateniense, y se ponen las leyes bajo la inspección de los tesmotetas y del Areopago. En la práctica ejercían una acción preventiva y de
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información preliminar, defendían las leyes contra las innovaciones inútiles o peligrosas, y proponían todos los años supresiones, adicio nes y enmiendas, sugeridas por la experiencia. Actuaban los tesmotetas en la presidencia de los tribunales e interpretaban el verdadero sentido de la ley al aplicarla. La función del Areopago es represiva: anular el decreto o la sentencia contraria a la ley.
Si el proyecto no es vetado por el senado ni por los tesmotetas, en la primera-sesión del año se somete a votación la cuestión de si se trata o no el asunto. Se explica el contenido y finalidad y se oyen las objecciones. Si la mayoría se manifiesta a favor, se procede a una información mas amplia. Se fija el proyecto al pie de las estatuas de los héroes epónimos. Antes de comenzar las asambleas siguientes, el secretario le da lectura en alta voz.
En la cuarta asamblea se nombra una comisión para considerarlo, formada por mil ciudadanos designados entre los heliastas del año, pero se ignora la forma del nombramiento de estos comisionados. Los nomotetas forman un cuerpo legislativo en quien delega el pueblo una autoridad especial. Entonces se discute si abroga la ley anterior, luego de considerar la nueva. Es justo decir que actúan los nemotetas como un tribunal. Deciden cuestiones de hecho y de derecho, y se brindan la acusación y la defensa del proyecto. Se procede, entonces, a efectuar dos votaciones: para anular la ley anterior y para adoptar la nueva.
Dictada la ley, cualquier ciudadano puede atacar al autor ante los tesmotetas, ejercitando la acción grafé paranomoni (acusación de ilega lidad). Si se interpone, cuando el proyecto se está discutiendo, se para liza la deliberación; si es formalmente aprobada la acción, suspende su efecto. Si la acción no obtiene la quinta parte de los votos en la asam blea, el demandante paga una multa de mil dracmas. Si triunfa, cae la ley con su autor.
Hay que señalar que en el derecho ateniense hubo distinción entre la ley y el decreto, tanto por su naturaleza como por su contenido. La ley era norma abstracta, general y permanente. El decreto, medida con creta en caso particular.
El senado o Bulé, que se reúne diariamente, dicta decretos que se po dían ratificar por la asamblea. A veces esta daba una aprobación general. Al final del año dejaban de tener valor las decisiones del senado que cesaba, en cambio las decisiones de la Asamblea del Pueblo,^ no tienen límite de duración. Demóstenes señaló como regla que ningún decreto, sea del senado, sea del pueblo, podía prevalecer contra una ley.
La democracia griega iba a tener un enlace historico con el mundo romano posterior y, en el gran vuelo de los siglos,^ iba a ser capaz de sintetizar y apretar en un cinturón de cultura y política los viejos lega-
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dos orientales y sus aportes humanistas. Roma podría entonces ser here dera y depositaría de ese mundo, justamente denominado helenístico, que como tal iba a quedar configurado a partir de Alejandro Magno.
Los fracasos materiales de la Segunda Liga ateniense, organizada en el 378, marcaron el inicio de una liquidación completa de los términos en debate dentro de las antiguas polis-estados. Ya el dilema no era el simple de Atenas versus Esparta, esto es, democracia contra aristocra cia. La economía mediterránea ha sufrido ensanchamientos que ya des bordan los límites del planteamiento político original. El mundo oriental, siempre una sombra latente sobre Grecia, ahora pesa aún más como fuerza económica que ya no es posible desconocer. Al norte, en tierras áridas de rispidas montañas casi siempre heladas, habíase desa rrollado un fuerte reino a cuya cabeza resplandecía el genio de una nueva era: Filipo.
En efecto, Macedonia había gozado hasta el siglo iv antes de nuestra era de todos los beneficios del anonimato histórico, cuando la historia era precisamente una conflagración que llamaba a la liquidación de los elementos en pugna. Alejada de la controversia política entre Atenas y Esparta, había aprovechado de ella solo sus ventajas económicas. Pue blo griego en fin, había aprendido de la lucha contra el Oriente dos grandes experiencias: una de orden militar, que se traducía ahora en una superioridad técnica incontrovertible; otra de orden espiritual. Los macedonios habían reafirmado su “grecidad” frente a los persas, pero habían aprendido a ver a esos pueblos como meta asequible. El terror y el mito de los barbaros persas” no les había calado demasiado.
El nuevo poder que surgiera debía consagrar vertientes históricas que el cauce de los hechos hacia insoslayables: el viejo mundo limitado de las polis-estados debía sucumbir ante un nuevo poder mediterráneo que fuera expresión de una economía de esa magnitud. Ya no se trata ba de la eventual supremacía de alguna polis con su economía limitada, sino del surgimiento de una potencia panhelénica, portadora de las nue vas fuerzas económicas. Solo Macedonia era apta para la gran misión.
Filipo daría los primeros pasos, que tendrían hitos fundamentales en la batalla de Queronea y la conferencia de Corinto. La gran misión le cumpliría culminarla a su hijo Alejandro.
Así Macedonia cubría una necesidad histórica desde el punto de vis ta material: economico, militar, político y jurídico. En el orden de las ideas, de la cultura, incluso en buena parte de las ideas políticas, la victoria correspondería a Atenas. Ciertamente, detrás del poder de Alejandro, por sobre sus falanges, en el seno de su peculiar organiza ción estatal, estaría siempre el genio ateniense alumbrando incluso con caracter personal en la palabra de su maestro Aristóteles.
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Aun aniquilada materialmente, Atenas sería el modelo ideal, y por la boca de sus ideólogos hablarían siempre siglos que evocar con respe to y unción. Isócrates es el primer abanderado de esta nueva ideología que, con mucho, rebasaba los estrechos marcos de las polis antes en pugna. Atenas era grande, porque había dado al hombre una dimen sión absoluta, erigiéndolo invencible sobre su razón augusta. Atenas era grande, porque había provisto a ese hombre de mstmmentos ído- neos para su gobierno. Atenas era grande, porque había alumbrado con sus ideas. Incluso los viejos años de la lucha entre polis se idealiza ron, y cual justamente apunta Attilio Levi, “para la nueva historiografía, los atenienses del siglo v, los hombres de la revolución, se convirtieron casi en figuras místicas, que sirvieron a los griegos sin hybris, manda ron sin hacerse tiranos, fueron jefes pero no amos, salvadores, pero no déspotas, capaces de ganarse la amistad de los demas griegos con los
beneficios, no con la fuerza”.52 . , , ,
De tal modo, el problema frente a los barbaros orientales debía replantearse siempre por sus fundamentos economicos, de modo inex cusable solo que soportado ahora sobre distintos planteamientos mo rales, filosóficos. El bárbaro persa o asirio no es solo el enemigo en cuanto cultor de otras religiones, ni el devastador depredador que holla la tierra griega. Era común, sin embargo, por todo lo demas, idéntico al griego en todo lo restante. Ahora el barbaro oriental es, fundamen talmente, no el peligro económico o religioso, sino el hombre que no sabe gobernarse, el ser enajenado que obedece ciegas potencias obsoletas, el retrógrado representativo de estadios vencidos para siempre. La cul tura y la civilización deben barrer y absorber a este barbaro.
El ejecutor es Alejandro. Fulminantemente, cabalgando sobre la ra cha histórica, hace caer a persas, sirios, egipcios, babilónicos, y con ello lleva la llama griega a todos los confines del mundo. Funda por prime ra vez una dimensión que ya no se separara de la historia antigua y que Roma recibirá como principal herencia.
El Imperio alejandrino, desde el punto de vista de su estructura exte rior, representa la síntesis política de su naturaleza cultural y económi ca. Es el agregado de dos concepciones, de dos medios desemejantes, de
dos culturas en fin. .
Alejandro, y con él Grecia, solo podrían subsistir sobre el Oriente en tanto brindaran al hombre persa o egipcio una fácil continuación de sus tradiciones. De ahí que el Imperio alejandrino no borre os viejos moldes de poder local, sino que los aproveche y los ponga al servicio de un nuevo soberano: el rey de Macedonia.
52 A ttilio Levi: L a lucha política en el mundo antiguo, Editorial Revista de Occidente, Madrid, 1967.
En Egipto seguirá habiendo un faraón y en Persia sátrapas y hasta monarcas, pero sobre todos aparecerá el soberano de un nuevo reino. Hubo que conservar la religión local, las formas administrativas, los aparatos anteriores Incluso es preciso incorporar la prvskunesis, esto es, el habito oriental de prosternarse ante el soberano e hincar la frente en tierra.
Claro que todo ello porta una contradicción flagrante: Grecia, al iluminar al Oriente, estaba llamada a oscurecerse con sus tinieblas.
En efecto, desde el punto de vista político, formalmente estatal, el remo alejandrino es más oriental que griego, pero desde el punto de vista cultural, Grecia vence al producirse el helenismo. El Estado alejandrino fue posible por el antecedente persa que supo conjugar su poder y el de los medos. Alejandro adoptó en buena medida ese mol de. Por sobre los poderes locales se elevó el poder soberano, investido con profundos matices orientales. Cada principado, cada reino anti guo devino simple dependencia administrativa del poderío macedónico.
J ^ to, a cac^a s°berano local, junto al gran soberano macedónico, prolirero una capa de colaboradores, de oficiantes, de consejeros, un verdadero engendro burocrático que no siempre tuvo la eficacia de los viejos funcionarios del primitivismo político oriental y que constitu yeron los hetairoi o au likoi del réy. Todo vestía y se organizaba al modo de Oriente; pero siempre detrás de Alejandro cabalgaba el espí ritu aristotélico.
El formato exterior del Imperio macedónico lo aproxima a los vie jos reinos despóticos orientales. Así, monarquía centralizada sobre poderes locales semiautonomos; pompa y fasto palatino, corte profe sional, cultos religiosos calando y animando el quehacer político, pirá mide burocrática de funcionarios estatales, etc. Esto ha hecho pensar a muchos en una vuelta al pasado oriental. Sin embargo, la historia es irreversible; ahora se trata de una forma semejante que viste a un con tenido distinto. Lejos del conocido como “modo de producción asiáti co”, aquí hay un ensanchamiento esclavista mercantil que alcanza a todo el mundo que bordea al Mediterráneo y es heredero de la ante rior talasocracia ateniense y prolegómeno de un nuevo desarrollo, cuya ejecutoria solo podrían disponer dos nuevos protagonistas que desde entonces se discutirán el proscenio de la Antigüedad: Roma o Cartago.
Pero, como antes dijimos, Grecia venció en la cultura. Las antiguas polis-estados fueron estranguladas por el ensanchamiento económico, una nueva clase media, que ya tenía escaso o ningún contacto con la anterior talasocracia del siglo v, se esparció rumorosa por todo el mun do mediterráneo y se fundió culturalmente en los más apartados rinco nes, hasta los que llegó el poder de Alejandro. Esos hombres, agentes
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de una economía, lo eran también de una cultura, y donde quiera sem braron la semilla de sus viejas ideas y de sus liberales ancestros. El helenis mo sería el sello cultural de ese momento, Alejandría su materialización
más alta. ,
El Imperio de Alejandro, demasiado complejo en el detalle, es sin embargo, en líneas muy generales, esto que acabamos de pincelar. ^ Bas te solo como boceto para comprender su alcance y su caracter transicional hacia los nuevos tiempos que estarían presididos por Roma.
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