Es una evidencia que las variables autoeficacia y optimismo/pesimismo están estrechamente relacionadas. Cuando un individuo se siente competente, se muestra más optimista y más autoeficaz, por el contrario si este se siente menos autoeficaz
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también será más pesimista (Bong, 2001; Huertas, 1997). No obstante, los sujetos corren el riesgo de confiar de manera excesiva en sus posibilidades, haciendo una sobreestimación que resultaría contraproducente (Pajares, 1996). Lo ideal, según Bandura (1996) y Pajares (1996) sería percibir una autoeficacia sólo un poco superior a la eficacia verdadera, ya que provocaría que los sujetos perseveraran en la consecución de metas y se esforzaran adecuadamente.
Por su parte, Fernández y Bermúdez (2001) llevaron a cabo un estudio con 80 estudiantes de 1º de Psicología de la UNED con el objetivo de comprender mejor las expectativas, entendidas como estrategias cognitivas, de los alumnos optimistas frente a las de aquellos considerados pesimistas defensivos. La muestra estaba compuesta por 40 hombres y 40 mujeres que tenían entre 18 y 44 años, siendo la media de edad de 27 años. Los instrumentos pasados fueron el Life Orientation Test (LOT-R) (Sheier y Carver 1985; y Sheier, Carver y Bridges, 1994) y el Optimism-Pesimism Questionaire (OPQ) (Norem y Cantor, 1986) partiendo de una muestra global mayor de 425 individuos. Se utiliza un diseño factorial 2x2 (grupo de pesimistas defensivos y optimistas por un lado y control situacional alto y bajo por otro) observando la influencia de las expectativas de los sujetos en su creencia de grado de control y otras variables como la ansiedad y el rendimiento. A la vista de los resultados se concluyó que existe una influencia directa del control situacional en la activación de estrategias y que los distintos tipos de expectativas tienen diferentes funciones (defensivas, indicadores adaptativos) en el mismo grupo (pesimistas defensivos congruentes) y en diferentes grupos.
Asimismo, Chico (2002) comprobó la validez del Test de Orientación Vital en una investigación en la que participaron 415 personas y se llegó a la conclusión de que aun controlando la influencia del neuroticismo y de la afectividad negativa, el optimismo disposicional predice significativamente las estrategias de afrontamiento.
Por su parte, Anadón (2006) realiza un trabajo en el que participan 102 estudiantes de la carrera de Magisterio de Lengua e Inglés en Zaragoza y en el que se medía inteligencia emocional percibida (IEP) con la Trait Meta-Mood Scale (TMMS) y el optimismo disposicional con el Life Orientation Test (LOT-R). Tras analizar los datos se
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concluye que las personas con mayor resiliencia (con más capacidad para recuperarse de los estados emotivamente negativos) tienen un optimismo mayor.
La autoeficacia percibida no sólo es de naturaleza específica de la tarea, sino que también puede identificarse a un nivel más general de funcionamiento. La autoeficacia general (GSE) es la creencia en la capacidad de uno para abordar tareas nuevas y para hacer frente a la adversidad en una amplia gama de encuentros estresantes o desafiantes, en contraposición a la autoeficacia específica, que está limitada a una tarea particular. Se llevó a cabo un estudio con el objetivo de explorar las relaciones entre la GSE y una variedad de otros constructos psicológicos en varios países. Concretamente, se examinaron las relaciones entre la autoeficacia general y la personalidad, el bienestar, las evaluaciones del estrés, las relaciones sociales y los logros entre 8796 participantes de Costa Rica, Alemania, Polonia, Turquía y los Estados Unidos. Los instrumentos empleados fueron: Dispositional Optimism (LOT–R), Self- esteem scale, Future orientedness, Self-regulation, Scale of Social Comparison Orientation y Positive and negative affect Anxiety and Depression (Hopkins Symptoms Checklist; Gutiérrez-Doña, 2003) Negative and Positive affect (PANAS; Watson, Clark, y Tellegen, 1988) Anger, Stress perception (Schwarzer y Jerusalem, 1995) Quality of life (psychological aspect; QoL–BREF) Life satisfaction and Social relationships/work (The Satisfaction with Life Scale;Diener, Emmons, Larsen, y Griffin, 1985).
En todos los países, los resultados proporcionan evidencia de asociaciones entre la autoeficacia general percibida y las variables seleccionadas. Las asociaciones positivas más altas fueron con optimismo, autorregulación y autoestima, mientras que las asociaciones negativas más altas emergieron con depresión y ansiedad. El desempeño académico también se asocia con la autoeficacia según la hipótesis. La repetición entre lenguas o culturas añade significación a estos hallazgos. Las relaciones entre la autoeficacia y otras medidas de la personalidad se mantuvieron estables entre culturas y muestras. Así, la autoeficacia general percibida parece ser una construcción universal que produce relaciones significativas con otros constructos psicológicos (Luszczynska, Gutiérrez y Schwarzer, 2005).
Por otra parte, Reyes del Paso, García, Martínez y González (2006) encontraron que los problemas de salud física se relacionan más con el pesimismo que con el
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optimismo. En este sentido, se lleva a cabo una investigación con 200 universitarios en la que encuentran una relación positiva entre pesimismo y síntomas físicos y negativa entre pesimismo y quejas somáticas; y la autocrítica siendo una variable pesimista si es utilizada como estrategia para afrontar las situaciones estresantes, actúa como mediadora en la relación.
En base a estos estudios, Barraza (2010) realizó una investigación con una muestra de 657 alumnos de educación media superior, superior y de postgrado. Se planteaban observar la fiabilidad y la validez del Inventario de Expectativas de Autoeficacia Académica. Se encontraron relaciones entre la alta autoeficacia académica con el optimismo y la baja autoeficacia con el pesimismo. Se subraya la importancia de realizar nuevas fórmulas predictivas, empleando además de este inventario la Escala de Autoeficacia General (en Bassler y Schwarzer, 1996; y San Juan, Pérez y Bermúdez, 2000) teniendo también presente el rendimiento escolar de los estudiantes.
En base a estos estudios, Salamanca, Londoño y Castañeda (2014) validaron el Cuestionario de Optimismo Disposicional, analizando las respuestas de 608 personas con edades comprendidas entre 16 y 60 años, de distintos niveles educativos, de diferente sexo en Bogotá. Para ello emplearon la metodología ANGOFF y el modelo de Rasch.
Por su parte, Londoño (2015) llevó a cabo una investigación con el fin de identificar el papel del optimismo y la salud positiva como predictores del nivel de adaptación de nuevos estudiantes de psicología. Participaron 77 estudiantes de ambos sexos, con edades entre los 17 y 26 años de edad. Los instrumentos empleados fueron el Test de Orientación Vital (LOT) (Ferrando, Chico y Tous, 2002), la Escala de Optimismo (Seligman, 2003) el Cuestionario de Salud Mental Positiva (Lluch, 2000), la Escala de Satisfacción General (Diener et al. 1985), junto a una ficha de registro de información académica. Se realizó una primera evaluación cuando los alumnos entraron a la universidad y dos años más tarde. Se llevó a cabo un análisis multivariado para determinar el nivel predictivo de cada una de las variables y de su interacción sobre la adaptación. Los resultados señalan que el optimismo resulta determinante en
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la permanencia en los estudios, además de predecir la cancelación y repetición de asignaturas, consideradas ambas señales de riesgo para la deserción.
Así, Fernández, González y Trianes, (2015) realizan una investigación con 123 estudiantes de 3º de psicología de la Universidad de Málaga con el objetivo de analizar el efecto de variables como optimismo, pesimismo, autoestima y apoyo social sobre el estrés académico. La muestra se distribuye por sexo (93 mujeres y 30 hombres) y por edad (de 20 a 31 años, siendo la media de 21,4 años). Los instrumentos empleados fueron: la escala de autoestima de Rosenberg (EAR; Rosenberg 1965; Schmitt y Allik, 2005) en su adaptación al castellano (Baños y Guillén, 2000), el cuestionario de optimismo Life Orientation Test (LOT-R) (Sheier y Carver 1985; y Sheier, Carver y Bridges, 1994) en su versión española (Ferrando, Chico y Tous, 2002), el Cuestionario de Frecuencia y Satisfacción con el Apoyo Social (Hombrados, et al, 2012) y la Escala de Manifestaciones de Estrés del Student Stress Inventory (Fimian et al. 1989). Se llevaron a cabo tres análisis de regresión lineal, empleando en cada uno una variable dependiente distinta (manifestaciones de estrés fisiológicas, emocionales o conductuales) siendo las variables predictoras el optimismo, pesimismo, autoestima y satisfacción con el apoyo social (emocional, instrumental e informacional). En los resultados se encontró que la autoestima no tenía un efecto significativo y las manifestaciones de estrés iban en función del tipo: las manifestaciones fisiológicas del estrés no se pueden predecir con las variables escogidas; sí se han encontrado relaciones significativas entre las manifestaciones de estrés conductual, el apoyo social instrumental y el optimismo; así como se encuentra relación entre manifestaciones emocionales de estrés, optimismo y pesimismo. Por último tras realizar un MANOVA se encontraron efectos principales del optimismo, satisfacción con el apoyo instrumental, edad y sexo.
En suma, el optimismo y el pesimismo se relacionan totalmente con la percepción de autoeficacia ya que aquellas personas optimistas pensarán que en el futuro obtendrán éxito con mayor probabilidad porque sienten la eficacia adecuada para afrontar los retos. Es por ello que el optimismo y el pesimismo determinan el hecho de que un alumno continúe sus estudios o no. Aquellos más optimistas se
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muestran más perseverantes y a largo plazo tendrán más oportunidades de conseguir que esa autoeficacia sea real.