Pocos espectáculos del mundo animal alcanzan la belleza y elegancia que exhiben los pavos reales machos durante el cortejo de las hembras, cuando un abanico de plumas verdosas de brillantes reflejos salpicadas de círculos azulados se despliega en un singular alarde de colorido y armonía. Originarios de la India y Sri Lanka, estos animales fueron introducidos en épocas remotas en Europa y simbolizaron a la diosa Juno entre los romanos.
El pavo real (Pavus cristatus) es un ave de la familia de las fasiánidas que alcanza unas notables dimensiones, ya que los machos pueden medir más de un metro de longitud, excluida la cola, la cual es más larga que el cuerpo. La cabeza, el cuello y la parte superior del pecho son azules, con reflejos verdosos; las alas presentan un color blanco con una serie de franjas oscuras y las zonas verticales son negras; los tonos de la hembra son más apagados. La cola de los machos se compone de plumas estilizadas y muy largas, verdes, con las barbas unidas en su extremo de manera que forman un conjunto de discos u ocelos en cuyo interior resalta una mancha azulada. Al llegar la época del celo, dicha cola se abre y se yergue constituyendo un enorme abanico que los machos exhiben dando vueltas alrededor de las hembras en un movimiento giratorio característico. El hábitat de los pavos reales son los bosques situados en las regiones montañosas de la India, donde en otro tiempo formaban bandadas muy numerosas que recorrían la foresta alimentándose de semillas, brotes e insectos, principalmente. Pasan la noche resguardados en las ramas de los árboles. La puesta se compone de unos diez huevos, que tardan treinta días en incubarse.
Peces
Los primeros vertebrados que aparecieron en el curso de la evolución y que tuvieron su origen, como los restantes grandes grupos de animales, en el agua fueron los peces. Desde los
temibles escualos o las singulares rayas a las comunes carpas, percas o ciprinos, pasando por los curiosos peces pulmonados, una notable diversidad de especies integran esta clase, de gran importancia no solo científica o ecológica sino también económica.
Los peces son animales vertebrados, adaptados a la vida acuática, de temperatura corporal variable según las oscilaciones térmicas del entorno, con el cuerpo cubierto de escamas y dotados de una serie de apéndices natatorios, las aletas, con las que se desplazan en el agua. Caracteres generales
Se conocen unas treinta mil especies de peces, la mayor parte de las cuales viven en el mar y un número relativamente reducido en agua dulce. El cuerpo suele tener forma fusiforme, es decir, de huso, pues es la más eficaz desde el punto de vista hidrodinámico al presentar mínima resistencia al desplazamiento en el medio acuático. No obstante, existe una gran variedad de formas según los distintos grupos, que van desde las alargadas y con aspecto de serpiente de las anguilas o morenas y las aplanadas, como es el caso de los rodaballos o rayas, a las completamente atípicas de los hipocampos o caballitos de mar. Las aletas son
expansiones membranosas sostenidas por un soporte de varillas dérmicas y algunas de ellas están relacionadas con el esqueleto. Pueden ser: pares, bien situadas detrás de la cabeza, como las pectorales, bien ubicadas en la región ventral, más o menos adelantadas según la especie, como las pélvicas; e impares, como la caudal o cola, la anal y la dorsal. La caudal impulsa al pez, la anal y la dorsal se utilizan como elementos estabilizadores y las pares constituyen una suerte de timones que encauzan la dirección del animal.
El cuerpo está cubierto por un tegumento que posee numerosas mucosas, lo que le confiere su cualidad resbaladiza típica y facilita la locomoción en el agua al disminuir la resistencia.
Algunos, como las escorpenas y las rayas, presentan también glándulas venenosas a las que van unidas espinas. La dermis produce unas formaciones características denominadas escamas, constituidas por materiales duros que protegen el tegumento; entre estas, las placoides de los peces de esqueleto cartilaginoso se componen de una capa ósea y dentina, mientras que las de la mayoría de los peces más comunes están constituidas por una doble capa, fibrosa y ósea, y se conocen como ctenoides.
El esqueleto lo integran principalmente los huesos del cráneo y la columna vertebral. En el caso de los condrictios (tiburones, rayas, etc.) carece de osificación y es cartilaginoso; los osteictios (la gran mayoría de las especies) presentan esqueleto óseo, originado por el depósito de sales de fósforo y de calcio además de sustancias proteicas.
La mayor parte de la masa muscular la componen los llamados músculos somáticos, sobre todo los que constituyen el tronco, tanto en su zona dorsal (músculos epiaxiales) como ventral (hipoaxiales), separadas ambas regiones por un tabique longitudinal de tejido conjuntivo, el denominado septo horizontal. Otros elementos musculares se disponen en la cabeza (músculos oculares e hipobranquiales), en las aletas o en torno a las vísceras.
Los dientes de los peces suelen ser crónicos y cuando unos se desgastan surgen otros nuevos en unas sucesión indefinida; se dice por ello que los peces son polifiodontes, es decir, que presenta numerosas denticiones. Algunas especies, como el caballito de mar, carecen de piezas dentarias en la etapa adulta, mientras que otras, como los tiburones, presentan varias filas de dientes, muy aguzados y robustos, lo que convierte a muchos escualos en temibles depredadores. El aparato digestivo, que se inicia en la cavidad bucal, se continúa por la faringe, el esófago (muy corto), el estómago (en la mayor parte de los peces se confunde con el
esófago) y el intestino. Muchas especies disponen de una serie de prolongaciones unidas al tramo intestinal anterior, los llamados ciegos pilóricos, que a veces se agrupan en masas densas por medio de tejido conjuntivo y que aumentan la capacidad almacenadora del tubo digestivo. Poseen asimismo un hígado y un páncreas bien desarrollados. En los tiburones y otros peces cartilaginosos atraviesa el intestino un repliegue que forma numerosas vueltas similares a las de una escalera de caracol: es la válvula espiral, que incrementa
considerablemente la superficie de absorción de las paredes intestinales.
La respiración se realiza por medio de branquias, estructuras localizadas en la parte posterior de la cabeza y formadas por un conjunto de laminillas con abundante riego sanguíneo en las que tiene lugar el intercambio gaseoso con el medio y la absorción de oxígeno disuelto en el agua. Ésta entra por la boca, atraviesa la faringe, llega a las branquias y sale por una serie de orificios branquiales o por una gran apertura posterior junto al operáculo. Los diponoos o peces pulmonados presentan también una cavidad a modo de saco que comunica con el esófago y que desempeña la función del pulmón. Este órgano se considera homólogo a la vejiga natatoria de los restantes peces, órgano regulador del flujo y la presión de los líquidos del organismo. El sistema circulatorio es sencillo, con un único circuito que conduce la sangre hasta las branquias, donde la misma se oxigena, y que recorre a continuación las restantes vísceras y tejidos del cuerpo. Componen dicho sistema: el corazón, formado por dos cámaras, una aurícula y un ventrículo; el sistema arterial, integrado básicamente por una aorta ventral, otra dorsal y un conjunto de vasos secundarios; y el sistema venoso, que drena el organismo y hacer retornar la sangre a las branquias.
Por su parte el sistema nervioso consta, como ocurre con los restantes vertebrados, de dos unidades principales: el encéfalo, contenido en el cráneo y la médula espinal, de la que derivan los nervios que se extienden por todo el cuerpo. El olfato está muy desarrollado, como indica la presencia de dos prominentes lóbulos olfatorios encefálicos. Los ojos perciben con gran precisión cualquier movimiento que se produzca en el entorno, pero su captación de las formas de los objetos es más bien deficiente. Como órgano sensorial específico, los peces poseen la llamada línea lateral, que recorre longitudinalmente el cuerpo en sus dos flancos en forma de franja y comunica con el medio por una serie de orificios o fosetas. En éstas hay una serie de células especializadas que captan los cambios de presión del agua.
Los sexos se hallan separados, no hay especies hermafroditas y la fecundación suele ser externa. En muchas especies, la puesta es muy numerosa y el número de huevos alcanza en algunos casos cifras elevadas, de hasta varios millones de unidades. Tan alta fecundidad sirve para compensar la gran mortalidad sufrida por estos animales en sus primeros estadios de desarrollo. La mayor parte de las especies abandonan la puesta a su suerte, pero algunas protegen los huevos, bien resguardándolos en lugares cobijados, depresiones de arena,
cavidades, etc., bien incubándolos en su cuerpo, como sucede en el caballito de mar (el que realiza la incubación en este caso es el macho). En las tilapias y otras especies, las crías, apenas salidas del huevo, se refugian en la boca del padre cuando se sienten amenazadas.
Biología de los peces
La mayor parte de los peces son marinos y viven bien en pleno océano, en algunos casos relativamente cerca de la superficie y en otros a gran profundidad, bien en las zonas cercanas a la costa o en las oscuras regiones abisales. Su alimentación es muy variada; hay especies que se nutren de algas y otros vegetales, muchas consumen invertebrados y pequeños animales y también los hay que son temibles depredadores, como los escualos entre los condrictios y las barracudas, lucios y otros entre los osteictios. De las especies que pueblan los ríos y otras masas de agua dulce, son muy conocidos los barbos, carpas, percas y truchas. Algunos, como los salmones, acuden a los ríos a desovar y una vez que los huevos eclosionan y los individuos alcanzan el estado juvenil, éstos regresan al mar para volver cuando lleguen a la madurez y cerrar así el ciclo de la especie. En otros casos, como sucede en las anguilas, la migración se produce a la inversa: estos peces nacen en el mar, pasan su vida en los ríos y retornan a su lugar de origen en el océano para efectuar la puesta. En estos recorridos, de millares de kilómetros en ocasiones, se guían por un cúmulo de estímulos sensoriales, entre los que destacan los olfativos, gustativos y térmicos.
Curioso es el caso de los peces pulmonados, que viven en medios dulceacuícolas en el interior de los continentes en los que periódicamente se producen sequías y desecaciones, por lo que se han adaptado a tan duras condiciones desarrollando cavidades a modo de pulmones con las que respiran el oxígeno del aire y pueden así sobrevivir. Algunos de estos, como el
Protopterus, de África, experimentan un letargo en la estación cálida, letargo que pasan enterrados en el fango, en una oqueadad que han formado con barro y fango y que tiene un orificio que comunica por el exterior y por el cual llega hasta ellos el aire que necesitan. Adaptaciones asimismo muy complejas son las que han surgido los peces abisales, que habitan en las profundidades de los océanos y están dotados en muchos casos de extraños apéndices y de órganos bioluminiscentes. Los peces planos, como el lenguado o el rodaballo, habitan semienterrados en zonas arenosas próximas al litoral y presentan como consecuencia de su peculiar modo de vida los dos ojos juntos, en un mismo lado del cuerpo, el derecho o el izquierdo según las especies.
Entre los peces, hay algunos que exhiben un comportamiento territorial, como ocurre con el espinoso, y otros en los que tiene lugar una ceremonia a modo de cortejo en el transcurso de la cual los machos atraen la atención de la hembras mediante la ejecución de una serie de movimientos estereotipados con el fin de inducir el acoplamiento.
Ordenación sistemática
Los peces, como ya se ha dicho, se subdividen en dos grandes grupos: el de los condrictios, cuyo esqueleto es de naturaleza cartilaginosa; y el de los osteictios, de soporte esquelético osificado. Entre los primeros se incluyen los selacios o elasmobranquios, integrados entre otros por los escualos o tiburones, el pez torpedo, el pez martillo y las rayas, y que se
entre cinco y siete pares. También se diferencian los halocéfalos con cuatro pares de branquias y sin espirales.
Los osteictios, a su vez, incluyen a tres grandes grupos: el de los dipnoos o peces pulmonados, con tres únicos géneros, el Protopterus, africano, el Lepidosiren, sudamericano, y el
Neoceratodus, australiano; el de los crosopterigios, de aletas lobuladas, como el famoso celacanto (Latimeria chalumnae), verdadero fósil viviente descubierto en 1938, cuando se pensaba que el grupo al que pertenecía se había extinguido en el período cretácico; y el de los actinopterigios, de aletas con radios en el que se incluyen la mayoría de las especies actuales. Numerosos son los órdenes que abarcan los teleósteos, y entre los más importantes se hallan los clupeiformes, los cipriniformes, los anguiliformes, los signatiformes, los gadiformes, los esociformes, los perciformes, los pleuronectiformes y los tetraodontiformes.
Los clupeiformes son un grupo primitivo y muy interesante en el aspecto económico, ya que cuenta con especies como la sardina (Sardina pilchardus), el arenque (Clupea harengus), la anchoa (Engraulis encrasicholus), todos ellos marinos, y el salmón (Salmo salar) y la trucha (Salmo trutta), el primero que reparte su ciclo vital entre el mar y los ríos y el segundo, propio del medio fluvial. A los cipriniformes pertenecen la carpa (Cirpinus carpio), el barbo (Barbus barbus) o el pez rojo de acuario (Carassius auratus).
Los anguiliformes se caracterizan por su aspecto alargado y sepentiforme y destacan la anguila común (Anguilla anguilla) y las morenas, del genero Murena; algunas de estas últimas superan los tres metros de longitud. Los signatiformes son los hipocampos, también conocidos como caballitos de mar, de los cuales el más popular es la especie Hippocampus guttulatus. Además de la curiosa forma de estos animales, insólita para un pez, destaca en ellos la existencia de una serie de placas óseas que recubren el cuerpo; mantienen una posición vertical mientras nadan y la cola es prensil.
Los gadiformes incluyen, entre otros, a la pescada merluza (Merluccius merluccius) y el bacalao (Gadus morhua), de gran importancia económica. Los esociformes son el grupo al que
pertenece el lucio (Esox lucius), pez de agua dulce e insaciable devorador de otras especies menores. Los perciformes forman un orden particularmente numeroso entre cuyas especies se cuentan el besugo (Pagellus centrodontus), la perca (Perca fluviatilis), la caballa (Scomber scombrus), la dorada (Sparus aurata) y el atún (Thunnus thynnus).
Los pleuronectiformes o peces planos incluyen especies como el rodaballo (Scophthalmus maximus) y el lenguado (Solea solea), que viven semiocultos en los fondos arenosos y en los cuales uno de los ojos ha emigrado, en el curso de la evolución, al flanco contrario. Por último, en el orden de los tetraodontiformes se halla el pez luna (Mola mola), que sufre en sus estados larvarios un proceso metamórfico por el cual el cuerpo se acorta y ensancha y la cola se atrofia hasta adquirir la forma típica del adulto.
Otras muchas especies revisten interés por lo notable de su comportamiento o por su aspecto peculiar. Así sucede, por ejemplo, con el pez erizo o pez globo (Diodon hystrix), que se infla cuando se halla alarmado y se convierte literalmente en un globo erizado de espinas; con las rémoras (Echeneis remora), que poseen una ventosa cefálica con la que se pegan al cuerpo de
otros peces y son así transportados de un lugar a otro; con el curioso pez arquero, del género Toxotus, que lanza, como si de proyectiles se tratara, gotas de agua sobre los insectos que se posan en ramas cercanas a la superficie de los cursos fluviales donde habita; o con los peces cofre, de los géneros Acanthostracion y Ostracion, así denominados por tener el cuerpo cubierto por un caparazón de placas óseas que les confiere un aspecto de cajas.