No comunicamos a los demás las cosas reales, sino discursos, que son una realidad distinta de las cosas de las que se habla
Gorgias de Leontinos, Sobre la naturaleza,
o sea, sobre el no-ser
El Discurso del Método bien se podría haber llamado Tratado del Método si en vez de hablar de él Descartes nos lo hubiese mostrado sin más, sin preámbulos, sin el prólogo al Método que es el Discurso. Sin embargo, el
Discurso, que estaba dirigido a un público más amplio y no solo al grupo de
especialistas hablando latín, cherche l’effet, busca llegar al lector:
«Un homme va parler à d’autres hommes; il exposera sa philosophie comme on raconte une aventure personnelle, disant ses espoirs et ses embarras; l’ouvrage entier est écrit sur le ton de la confidence.» (Gouhier 1999: 85)
En él, Descartes cuenta su cautela, su tiento a la hora de encaminarse por el campo matemático1, único lugar donde podría echar raíces su metafísica
1 Al hablar aquí de campo matemático nos referimos a los dominios de la mathesis
universalis o ciencia general fraguada por Descartes en las Regulae, que nosotros hacemos extensiva a toda metafísica que apuesta por lo que venimos llamando en esta tesis, atendiendo a los argumentos de Perelman, una raison contraignante, una raison eternelle, démonstrative (Cfr.«Raison éternelle, raison historique», 1952), en aras de un conocimiento absoluto y universal :
«Avant Descartes, la mathesis universalis désignait la science de la quantité divisée en quantité discrète (l’arithmétique) et en quantité continue (la géométrie). Ce n’est pas cette conception que Descartes retient: ce qui, à ses
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y podrían crecer fuertes y firmes el tronco (física) y las ramas de todas las ciencias, incluida la de la ciencia moral dando sus frutos2. Un discurso a fin de cuentas “retórico”3 aunque en él aflore su más consumada antirretórica.
Prueba de la consumada “antirretórica” cartesiana se halla – tercera parte del Discurso- en pensar que es posible incluso aplicar el método a la moral, la más alta rama del árbol de la ciencia. Descartes distingue dos facultades del pensamiento netamente separadas: el entendimiento y la voluntad, correspondientes respectivamente al orden de la especulación y al de la acción. De este modo se puede seguir una moral razonable aunque sea
yeux, caractérise la mathesis universalis, ce n’est pas la généralité indéterminée de son objet mais l’unité de la méthode par laquelle chaque discipline mathématique examine ses objets propres. Le centre de l’universalité n’est donc plus, comme chez Aristote, l’ousia mais l’humana universalis sapientia. Le cogito : tel sera le nom du principe unique de ce savoir universel. La révolution est radicale. Avec Montaigne, le sujet était encore un théâtre, une scène traversée par une multitude de personnages et d’événements, avec Descartes, il devient une assise.» ( Godin 1998: 241)
2 En Les Principes de la Philosophie, Descartes utiliza la analogía del árbol del
conocimiento para hablar de su proyecto unitario de las ciencias, todas ellas utilizando el método. Por otro lado, la analogía célebre del árbol también le sirve a Descartes para hablar del alcance del conocimiento en el Discurso, en el que dice claramente que la filosofía no se halla en las raíces ni en las ramas sino que ella, la Filosofía, está en el árbol entero:
«Dès sa jeunesse, le futur auteur du traité Du monde pensait que la philosophie doit parler de tout à tous, et que la scolastique a failli à cette mission. L’image célèbre de l’arbre dans le Discours de la Méthode dit clairement que la philosophie n’est pas dans las racines ni dans les branches, elle est dans l’arbre de la connaissance tout entier.» (Godin 1998: 237)
3 Descartes no presenta sin más su método sino que lo justifica, lo motiva (la primera
parte comienza con un tono autobiográfico), da razones de por qué ha pensado en un método que unifique todas las ciencias (árbol de las ciencias). Perelman sostiene que la argumentación que toma por objeto a la demostración – y éste sería el caso del Discurso- nunca será en absoluto una demostración sino que se desarrollará en el terreno argumentativo, en el cual encontraremos precisamente los argumentos retóricos (TA: 255). Luego, paradójicamente, Perelman pone en evidencia la antirretórica de Descartes analizando precisamente sus argumentos retóricos. Sin embargo, cuando Perelman habla de Descartes al presentarlo como máximo exponente de una razón mathetica, lo sitúa al margen de una razón argumentativa, expulsándolo pues de los dominios de la Retórica. Nosotros, en cambio, que no concebimos ninguna filosofía sin retórica, pensamos que en filosofía tan retórica es la Retórica como la Filosofía antirretórica.
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provisional4 - a Descartes no le dio tiempo de aplicar el método a la moral- mientras el pensamiento permanece puramente racional utilizando el recto lenguaje du vrai. Toda mirada oblicua, impropia de la razón apartándose de lo evidente y de la certeza de la deducción, no sería propia de lo racional sino de lo retórico. Sin embargo, tal como sostiene H. Gouhier, ningún estilo filosófico es tan figurado como el cartesiano:
«…et pourtant aucun style philosophique n’est plus imagé que celui de Descartes…» (Gouhier 1999(1962): 89)
No obstante, el adjetivo “retórico” referido al Discurso cartesiano hay que entenderlo en el sentido que para Perelman tiene en la NR, es decir, no como sinónimo sino como heterónimo de argumentativo. De ahí que Descartes sea tomado en ocasiones como ejemplo, a la hora de ilustrar el análisis teórico de las técnicas argumentativas que Perelman se propone hacer en el TA:
«Ce que nous désirons analyser dans les chapitres qui suivent, ce sont des schèmes d’arguments5 pour lesquels les cas particuliers examinés ne servent que d’exemples, que l’ont aurait pu remplacer par mille autres. Nous les avons empruntés à des textes que nous croyons connaître suffisamment pour réduire le risque d’incompréhension. Nous sommes cependant convaincus que ces mêmes énoncés argumentatifs pourraient être autrement analysés, selon d’autres plans de clivage (…) Situés hors d’un contexte réel où tous les éléments de l’action oratoire se confondent, ils (los argumentos) apparaissent avec plus de netteté. Nous pouvons être par ailleurs assurés que si nous les reconnaissons comme arguments, c’est qu’ils correspondent bien à des structures familières.» (TA: 252)
Paradójicamente, tal como hemos apuntado en la tercera nota a pie de página de este capítulo, el discurso del Discurso, que presenta las excelencias del pensamiento more geometrico, de la demostración, solo podía hacerse
4A la espera de una certeza filosófica (lorsqu’il n’est pas en notre pouvoir de discerner les plus vraies opinions) también para la moral, Descartes se conforma con los valores, las opiniones (les plus probables), precarias pero indispensables:
«En effet, ce qu’il qualifie de raison très varié et très certaine, c’est, en attendant une certitude philosophique, la valeur apparemment incontestable qui s’attache à une conduite humaine.» (TA: 100)
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desde la argumentación. Pero no con el propósito retórico de impresionar al lector con objeto de conseguir su adhesión más o menos firme sino con la certeza de que, expuesto su pensamiento, lo convencerá seguro. Perelman expone en «Une théorie philosophique de l’argumentation»(1968) (Rh: 248) el pasaje en el que Descartes afirma que si dos savants sostienen juicios opuestos respecto de lo mismo seguro que uno de los dos se equivoca. Es más, ninguno tendría la verdad, porque si fuese así, al exponérsela a su contrincante en la contienda argumentativa lo convencería. Si la adhesión puede ser más o menos fuerte, la convicción, por el contrario, no admite grados: Descartes no entendería la expresión “estar convencido a medias”. O se tiene o no se tiene razón, pero cuando se tiene la Razón no se tiene razón a medias. Sin embargo, desde la perspectiva retórica de Perelman, los dos
savants podrían tener igualmente razón. Ninguno de los dos se equivocaría. La
clave estaría, siguiendo a Perelman, en no ligar la idea de razón a la idea de verdad. La disociación de estas dos nociones, razón y verdad, es indispensable para que tenga lugar el buen entendimiento en el momento de decidir qué es lo más razonable, lo más conveniente; y no dé lugar a la genuflexión servil delante de una supuesta6 verdad:
«(…) il ne faut pas lier l’idée de la raison à celle de vérité. La dissociation de ces deux notions est d’ailleurs indispensable pour que l’idée d’une décision raisonnable ait un sens (…) Devant la vérité, on doit s’incliner, on n’a pas à décider.» (DMP: 201)
Deja claro Descartes en su Discurso la necesidad, inspirada en la lógica y en las matemáticas -en cuyos dominios el desacuerdo no tiene cabida, si acaso solo a título de error- de seguir un camino, une méthode, que le llevara al establecimiento de un conocimiento, en cualquiera de las ciencias, firme y seguro. Una vez hallado el camino, siempre el mismo, sin errar7 por (en) él.
6Está claro que para el cartesianismo la verdad nunca se supone, y menos aún, se
presupone sino que por sí misma se impone.
7 Recogemos aquí las dos acepciones del verbo “errar” que el método cartesiano
pretende evitar; el de no saber el camino y el de equivocarse. En relación a la metáfora del “camino”, cfr. “Descartes’s rhetoric: Roads, foundations, and difficulties in the method”, Bicknell (2003: 22-38).
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Los caminos los suelen trazar los hombres con el propósito de llegar a algún sitio. Sea sinuoso y pedregoso, como un camino rural, o ya sea la línea compacta de una autopista, un camino, una vía, no deja de ser un trayecto trazado entre dos puntos. Una “vía” -hodós - que ya está ahí y podemos sin más, recorrer. Sin embargo, tal como señala Ortega, había que intensificar el término, no era suficiente con expresar la idea inerte de camino ya trazado sino que habría de “ir más allá” –meta-, de avance en la ruta y de seguridad del
avance (Ortega 1971 (1935): 117). No es original resaltar que método significa
camino al referirnos al método cartesiano8: un camino seguro a seguir en la fundamentación de los primeros principios:
«La méthode, ou la manière à suivre pour acquérir des connaissances, est comparé d’ordinaire à un chemin, mais la manière d’utiliser ce phore pour mettre en évidence telle ou telle perspective, sera chaque fois caractéristique des préoccupations de l’auteur.
On connaît la célèbre image dont Descartes se sert dans la deuxième partie du Discours de la Méthode : ‘Comme un homme qui marche9 seul et dans les ténèbres, je me résolus d’aller si lentement et d’user de tant de circonspection en toutes choses, que si je n’avançais que fort peu, je me garderais bien au moins de tomber.» (Rh: 403- 404) Lo que sí supone un hallazgo es que si profundizamos aún más en el análisis etimológico, tal como nos sugiere Orterga, hallamos que además de camino hollado, vía, la palabra “métodos“ revive lo esencial del antiguo sentido de poros. Poros es “por-ta” y “por-tus” en el sentido este de ‘monte, puerta o vado’”. Y en este sentido ya no es un “camino” cualquiera, trazado de antemano y que un número de pasos determinados (cuatro son los pasos marcados por el rigor cartesiano) recorre para llegar a su destino (la certeza en
8 Th. Spoerri, “La puissance métaphorique de Descartes” en Descartes, pese a lo
explícito del título lo cierto es que, tal como señala Henri Gouhier (Cfr. La pensée métaphysique de Descartes, p.89), se trata más bien de comparaciones, es decir, analogías antes que metáforas; y entre ellas se encontraría la de “camino” para hablar del método. Georges Poulet; G. Nador, Métaphores de chemins et de labyrinthes chez Descartes.
9La traducción de « marcher » por « caminar » está sacada de la traducción que del
texto perelmaniano “Analogie et métaphore en science, poésie et philosophie” (1969) hace Diego Antonio Pineda R. para la Revista de Estudios Sociales, nº 44, 2012: “como un hombre que camina solo (comme un homme qui marche seul) (…) resolví caminar tan lentamente (je me résolus d’aller si lentement”).
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el conocimiento) sino que estamos ante un paso, un puerto, una salida, una apertura que de ningún modo traza un camino fijo.
Siguiendo la estela que nos proporciona la analogía del camino con los modos de razonamiento, podemos decir que así como el método cartesiano establece el cerco de un solo camino10 para la razón demostrativa, capaz de deducir conclusiones a partir de unas determinadas premisas, el método perelmaniano, no obstante, muestra múltiples caminos abiertos para una razón argumentativa, capaz de argumentar a partir de ideas que nunca son del todo “claras y distintas”11. Pensar en un método al modo cartesiano12 para los
10 La etimología de “método” y con ella la analogía del camino, nos sirve para
argumentar sobre la diferencia entre la razón demostrativa (raison contraignante) y la razón argumentativa (raison élargie). El sema que destacamos del foro (camino) en relación con el tema (demostración formal) es la idea de “trazado”, hecho para ser recorrido. Perelman, refiriéndose a la analogía del camino utilizada en sus argumentaciones sobre Descartes y Leibniz hace mención a esa característica sobre la cual nosotros ponemos el foco a la hora de distinguir la estrechez del método cartesiano de la “ausencia de método” de la teoría de la argumentación perelmaniana:
«Pour ces deux penseurs (Descartes y Leibniz), malgré leurs divergentes, la science existe parfaite dans le esprit de Dieu, il suffit de la retrouver: le chemin es là, il suffit de le parcourir.» (Rh: 404)
11 Con ideas que no son “claras y distintas” nos referimos a las notions confuses
propias de la argumentación que más adelante, en el apartado 4.2 de este capítulo analizaremos, en relación con el “método” argumentativo :
« (…)des notions.clés des sciences politiques et sociales (…) elles renvoient à des idées floues, dont la définition ne fait jamais l’unanimité » (Hardy, H. «Ébauche d’un cadre théorique pour l’étude argumentative de l’histoire de la pensée juridique», 5, citado por M. Angenot (2012 : 30))
12Decimos “al modo cartesiano” y no simplemente “cartesiano” porque quizá hoy, tal
como sostiene M. Meyer, sea poco probable que una nueva metafísica pueda olvidarse (“olvidar” es la traducción que proponemos aquí para “écarter”) de nuevo de la retórica y reviva (faire revivre) – aunque quizá no esté del todo muerta al menos en tanto y en cuanto que discurso monolítico y unívoco propio de todo pensamiento absoluto- la necesidad matemática como modelo de discurso y de pensamiento. Se supone que una de las características del pensamiento contemporáneo es el reconocimiento de la dimensión problemática de los valores. Incluso la ciencia ha dejado de ser analizada como una sucesión de resultados que se van acumulando de manera progresiva, no hablemos ya de los valores morales:
«Aujourd’hui, il est peu probable qu’une nouvelle métaphysique puisse écarter à nouveau la rhétorique et faire revivre la nécessité mathématique comme modèle de discours et de pensée. Une des caractéristiques de la pensée contemporaine est la reconnaissance de la dimension problématique de l’existence comme des valeurs. Même la science a cessé d’être analysée
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entresijos de la argumentación, sería como poner puertas al campo (le champ
rhétorique). No sirve.
Cuando argumentamos sobre un asunto lo hacemos siempre13 desde un discurso con el fin, en principio, de sostener un punto de vista, una opinión, una comme une suite de résultats qui s’accumulent de façon progressive.» (Meyer 1993: 8-9)
Por otro lado, Michael Leff también ve lejana la posición de Perelman en relación a lo que supone su NR, «une rupture avec une conception de la raison et du raisonnement, issue de Descartes, qui a marqué de son sceau la philosophie occidentale des trois derniers siècles »(TA :1). Una afirmación por parte de Perelman que si bien Leff considera comprensible en el momento – había que arremeter contra Descartes y ses compagnons des Lumières- hace ya más de cincuenta años que fue proferida:
« La force de cette affirmation (la de la ruptura con una concepción de razón y de razonamiento salidos de Descartes) sans ambiguïté n’échappe aujourd’hui à personne, mais il est nécessaire, pour comprendre à quel point elle était radicale lors de la parution de l’ouvrage (TA), de se replacer dans son contexte historique. La révolution contre Descartes et ses compagnons des Lumières avait alors à peine commencé. De nos jours, bien que la rhétorique n’ait pas encore perdu toutes ses connotations péjoratives, des chercheurs réputés l’invoquent régulièrement sans causer pour autant de scandale. Ce n’était pas le cas il y a cinquante ans, et la pensée qu’un philosophe respectable puisse répudier l’héritage cartésien et sympathiser avec des rhétoriciens (fût-ce des rhétoriciens grecs) paraissait alors non moins scandaleuse que l’idée de Mamie Eisenhower, l’épouse exemplaire du président des Etats-Unis, maculant ses gants blancs, divorçant de son mari et rejoignant un gang de hors-la-loi à moto.» (M. Leff, « Perelman, argument ad hominen et ethos rhétorique », AADD, 2 (2009))
13La argumentación, tal como la entiende Perelman, siempre se da en un discurso,
otra cosa es que consigamos persuadir o convencer sin argumentos. Según M. Meyer, -que distingue entre la argumentación que hace explícita la cuestión que es fuente de conflicto; y la retórica, que procede como si la cuestión estuviese de hecho resuelta-; la obra de Perelman –que no distingue entre retórica y argumentación por considerarlas lo mismo- sistematiza los medios racionales de convencer, es decir, como si el logos, el discurso, fuese el único lugar para convencernos :
« Argumenter, c’est aborder la question à partir d’elle-même, comme au tribunal où l’on voit le pour et le contre s’affronter devant des jurés. La question qui est source de conflit est explicite. La rhétorique procède autrement, elle fait comme si la question était de facto résolue, en offrant ce qui doit passer comme réponse. Les évidences exigent du style, de l’élégance, parfois de la manipulation, pour ainsi faire croire que plus aucun problème ne se pose. La publicité est fondée sur cette démarche. Souvenez-vous : dans la publicité de Channel nº 5, on voit un chaperon rouge, parfumé, qui dompte des loups qu’il emmène à la conquête de Paris. L’idée sous-jacente est de faire croire qu’avec ce parfum, tous les problèmes sont résolus, parce que tout devient magique. Génial, no ? (si nos lanzamos a por el perfume después de ver el anuncio no
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tesis, es decir, una determinada toma de posición en respuesta a una cuestión, a algo que es puesto en entredicho, que se cuestiona. Solo si hay un propósito argumentativo en nuestro discurso estaremos, según Perelman, hablando de argumentación. Y para ello hay múltiples formas de argumentar, más o menos elegantes, con más o menos florituras. Cuando entra en acción la argumentación hasta las figuras retóricas dejan de ser figuras de estilo, adornos, mera forma. Y a la inversa, fuera de la situación argumentativa, descontextualizadas, como flores disecadas en un herbolario, al perder de vista su vitalidad, todas ellas acaban en inertes fleurs de style que pueden suscitar la admiración de su forma pero que en el fondo no dicen nada14:
«En examinant les figures hors de leur contexte, comme des fleurs desséchées dans un herbier, on perd de vue le rôle dynamique des figures : elles deviennent toutes des figures de style.
Si elles ne sont pas intégrées dans une rhétorique conçue comme l’art de persuader et de convaincre, elles cessent d’être des figures de rhétorique et deviennent des ornements15 concernant seulement la forme será seguramente por lo racional del discurso argumentativo)» (Esprit Libre,