4.4. The principle of equity
4.4.6 The application of equity
La violencia tiene siempre una asociación con el daño físico, donde su máxima expresión será la muerte. Según Martínez Guzmán (2001: 127): ‹‹La violencia aparece como una patología social, como una manera enferma de encauzar nuestras pasiones, afectos, sentimientos y las razones que nos damos unas y unos a otros y a otras››.
En este sentido la violencia es ‹‹lo que se hace›› a partir de lo que se siente, piensa o experimenta. Estos modos, son de algún modo, desde la perspectiva de performatividad ‹‹una construcción social, una forma de cultivar las relaciones entre los seres humanos y con la naturaleza›› (Martínez Guzmán, 2001: 127)
Esta dimensión performativa nos remite a teoría de los actos de habla donde ‹‹decir algo es hacer algo›› Austin(1987). Esta comprensión nos permite pedirnos cuenta de lo que nos decimos y de las consecuencias de nuestras palabras (Martínez Guzmán, 2001: 199). Dado que según este autor esta misma estructura performativa se otorga al resto de nuestros actos debemos actuar con conciencia del impacto de todo aquello que comunica y tiene la capacidad de incidir en otros.
Retomando, podemos dar cuenta que la palabra ‹‹violencia›› la cual tiene un origen indoeuropeo relacionado con el ideal de fuerza vital, la raíz vis significa
120 ‹‹fuerza›› y el sufijo lent marca o intensifica la raíz que acompaña. En este sentido la palabra significaría algo así como fuerza intensa o fuerza total. Sin embargo si esta fuerza inflinge daño sus posibilidades positivas han desaparecido.
En este sentido, Galtung (1998: 14) expresará que el conflicto tiene una energía y la violencia será el fracaso del uso de dicha energía para logros constructivos, y explica que este fallo en el uso de la energía del conflicto puede ser deliberado o ‹‹accidental›› fruto de la desesperación o la frustración.
Estos son elementos importantes para identificar los focos de trabajo pues en muchas ocasiones no se trata de hacer énfasis en ‹‹no ser violento››, sino en saber canalizar y enfocar las emociones y pulsiones agresivas con que todos y todas contamos.
Aunque nuevamente, en este punto daría la posibilidad de definir la violencia como un asunto que solo corresponde cuidar a los sujetos, es claro que también la estructura también provoca la violencia.
La definición de violencia de Galtung(1995) citada por Martínez Guzmán ilustra de manera clara lo anterior cuando dice que: ‹‹[la violencia es el] desajuste entre la realización potencial y la realización efectiva de las necesidades humanas básicas›› (Martínez Guzmán, 2001: 32).
Precisamente es a partir de los conceptos presentados por Galtung que la violencia empieza a estimarse ya no solo como un posible daño corporal, sino como una violencia mucho más extendida en órdenes diversos como son la estructura y la cultura.
El siguiente esquema, correspondiente a su texto, Tras la Violencia 3R: Reconstrucción, reconciliación, resolución, da cuenta de los elementos encontrados por el autor con relación a las violencias:
121 Figura 1. Las violencias
Fuente: Galtung, 1998: 15
Violencia Directa: los daños visibles
Galtung, (1998: 16) explica que esta violencia se origina en la violencia cultural y estructural. Sus efectos visibles serán: los muertos, heridos, desplazados, población civil vulnerada y daños materiales. Así mismo enumerará unos daños invisibles como son: el odio generalizado, la adicción a la venganza y la adicción al poder y la victoria. Pueden hallarse como indicadores de esta violencia los números de afligidos, número de traumatizados, así como la apatía y la depresión generalizada.
Lederach (2007a) explica que lo anterior hace que una sociedad enferme, por tanto se cambie todas las posibilidades de cohesión, por temor, se cierran las identidades para protegerse y solo se comparte con personas cercanas para así poder tener control de las situaciones, dado que se exacerba la desconfianza.
Para modificar la violencia directa no solo se debe trabajar sobre la violencia misma sino sobre lo que la sustenta, ya que las violencias están relacionadas retroalimentándose y dependendiendo unas de otras. Un ejemplo de esto sería cuando se confunde el ‹‹alto al fuego›› con el final de un conflicto armado cuando es evidente que esta firma de acuerdos no basta ya que si no hay ningún trabajo más allá, con la sociedad y condiciones de equidad, pronto vuelven los conflictos (Galtung, 1998: 24).
122 Lo anterior sucede porque no se abordan las razones por las cuales se llegó a dicha situación, es entonces cuando comprendemos que la violencia armada, que produce daño físico, es la expresión de algo más profundo, el síntoma de un malestar que no es visible.
Violencia Cultural: el marco simbólico
Cuando nos referimos a la violencia cultural nos estamos refiriendo a ‹‹la suma total de todos los mitos de gloria y trauma y demás, que sirven para justificar la violencia directa›› (Galtung, 1998: 16). Esto puede materializarse en los discursos, los chistes, las canciones, las religiones, la política, etc. Todo marco que subyace a las acciones dándoles aprobación y legitimando el sufrimiento, la marginalización, la exclusión o el señalamiento de personas o colectivos humanos.
Los daños de esta violencia, explica Galtung (1998: 28) serán contar con una cultura violenta que está constantemente entre el trauma y la gloria, lo cual con el tiempo genera un deterioro en la capacidad de resolver y transformar los conflictos.
Estas pérdidas en las capacidades comunicativas y de transformación de los conflictos que se han identificado generan en las personas pautas donde rápidamente pasan del desacuerdo al antagonismo y de ahí a la hostilidad, o el cerramiento del grupo.
Lo anterior deja ver la importancia que tienen los elementos no racionales en los procesos de configuración y reconfiguración social. Con respecto a esto dirá Lederach que:
Los conflictos en el mundo después de la guerra fría […] se caracterizan por viejas hostilidades profundamente arraigadas y reforzadas por altos niveles de violencia y experiencias directas de atrocidades. En virtud de esto, las características psicológicas, e incluso culturales, a menudo impulsan y mantienen el conflicto más que los problemas sustantivos (Lederach, 2007a: 48).
123 Podemos dar cuenta entonces, del peso de los elementos no racionales en los procesos de violencia, muchos de los cuales están insertos en la cultura. Lederach (2007a: 45) llamará a esto la dinámica de causalidad recíproca, explicando que las percepciones sociopsicológicas, las emociones y las experiencias subjetivas son las que sostienen las respuestas dentro del ciclo de violencia y contraviolencia y que se convierten en el motor para continuar el conflicto.
En este sentido, tal y como lo decíamos antes, tratar de frenar la violencia solo trabajando en el área de la violencia directa, puede dejar por fuera no solo las verdaderas causas, sino motivaciones de los hechos.
Violencia Estructural: Las condiciones
La tercera y última de las violencias categorizadas por Galtung es la violencia estructural la cual define como: ‹‹La suma total de todos los choques incrustados en las estructuras sociales y mundiales, y cementados, solidificados, de tal forma que los resultados injustos, desiguales, son casi inmutables›› (Galtung, 1998: 16).
Estos choques se evidencian en las instituciones, en las políticas, en los gobiernos. Explica Galtung que pueden tenerse como indicadores el orden público y los derechos humanos, los procesos de atomización social y el debilitamiento del Estado; desafortunadamente se concretará de una manera muy clara en las políticas y poderes políticos que perpetúan las desigualdades, que mantienen el desequilibrio (Martínez Guzmán, 2001)
Este es un elemento muy importante de análisis pues coloca el foco sobre otros responsables de las situaciones sociales indeseables. Muchas de las tensiones sociales se originan en la frustración de los individuos respecto a sus posibilidades de obtener una vida digna. En el neoliberalismo se promulga que lo único que requiere el individuo, para desarrollarse humana y económicamente, es liberarse de los obstáculos que el
124 Estado le coloca o que él mismo se coloca y ejercer así su plena capacidad. Sinembargo como lo expresa Castel (2003: 12) ‹‹un individuo no existe como una substancia, para existir como individuo necesita tener ‹‹soportes››, y por lo tanto debemos indagarnos sobre lo que hay ‹‹detrás›› del individuo para permitirle existir como tal››.
Esta mirada implica reconocer la necesidad de condiciones para que los individuos se desarrollen, pues generalmente la condición de pobreza parece ser extensible más allá de la carencia económica a todos los aspectos vitales del sujeto, siendo pobre, en todo el sentido de la palabra. De esta manera la condición de pobreza atraviesa a los sujetos y los presenta estigmatizados, rotulados y por tanto limitados en toda su existencia. Como lo explica Bottomore (1992: 107), la categoría ‹‹pobres›› no sólo tiene una carga ideológica sino moral y, ‹‹siguiendo la antigua mentalidad decimonónica, les atribuye la culpabilidad de la situación››.
Moreno (2000: 143) explica que existen dos formas de leer la condición de pobreza: desde la visión neoliberal, o desde el estructuralismo, la cual coincidiría con la de Galtung. La primera remite a la mirada de los sujetos como responsables de superar por sí mismos sus propias dificultades, considerando a la autosuficiencia como un valor fundamental en este credo liberal. Y el estructuralismo reconoce la pobreza como un resultado de las contradicciones de la sociedad, y muy especialmente del reparto desigual de los recursos materiales y poder, entre la distintas clases y colectivos sociales.
En este sentido el concepto de Violencia Estructural de Galtung recoge esta necesidad de liberar a los sujetos de la responsabilidad de su situación, ya sea económica, social, socio-política y dar cuenta de los marcos, redes y estructuras que pueden estar siendo origen de sus dificultades.
125 Un ejemplo de esto, es cuando a la población que ha sido desplazada de manera forzada en Colombia se le denomina el problema de los desplazados, como si los sujetos fuesen responsables en algún grado de su situación, invisibilizando de esta manera todo el aparato económico y político que les ha obligado a huir, de esta manera al no reconocer la estructura se re-victimiza a las poblaciones y se olvida la búsqueda de la verdad y a sus responsables.