CHAPTER 4 SHARED MENTAL MODEL AND VISUALIZATION
4.2 Theoretical Concept of Shared Mental Model
4.2.4 Aspects of Shared Mental Model
En el proceso de hominización, el hombre se valió de sus capacidades biológicas, su instinto, sus necesidades de sobrevivencia y potencialidades culturales desarrolladas en la vida diaria deviniendo así la comunicación. Entonces el hombre, y, por ende, la sociedad, es inconcebible al margen de la comunicación, y viceversa. Así, el contexto constituye un factor importante en el proceso de comunicación ya que ambos se encuentran estrechamente vinculados desde hace mucho tiempo atrás.
El contexto comprende así un conjunto de circunstancias en las cuales tiene lugar la comunicación, dichas circunstancias están relacionadas, sobre todo, a la capacidad del hombre para dotar de sentido al mundo, es por eso que no existe un solo contexto, sino varios, ya que las sociedades tienen modos particulares de construir sentidos, articulando significados y símbolos.
El ser humano es, por consiguiente, no solo un simbolizador o un lector de símbolos, sino alguien que produce una realidad intermedia compleja e históricamente determinada hecha de representaciones significativas que le sirve como escenario de su cotidianidad. El hombre es pues un animal comunicante que
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despliega gran parte de su vida, si no la mayor, en ese espacio simbólico artificial. (Beltrán et al, 2008, p. 35)
Del mismo modo, las culturas que conviven en nuestro país entienden, aprenden, y construyen el universo de distintas maneras, a través de la comunicación, entonces existen muchas lógica culturales. Por ejemplo en la siguiente cita se presenta un testimonio, que fue registrada en la zona sur andina del Perú, en el cual se puede observar que las lógicas culturales de un contexto influyen directamente sobre la situación comunicativa.
(…) después de la conversación en quechua [en el salón de clases sobre el tema agua], salieron [la profesora] con sus niños rumbo al río a realizar una actividad experimental. La sorpresa de esta docente fue grande cuando descubrió en un rincón del río a una alumna que se había negado a participar de la actividad. Ella estaba meditando. Al acercarse la docente se dio cuenta que en realidad estaba agradeciendo a la tierra, al agua. Esta niña no concebía ninguna actividad experimental sin antes solicitar el permiso necesario a estos seres que para ella tienen vida. (Gutiérrez, 2012, a, pp. 14-15)
Esta niña no concebía la actividad experimental que le proponía la profesora, sin antes establecer relación con sus deidades, en este caso el agua14. Este tipo de experiencias
nos acercan a comprender que las situaciones comunicativas pueden resultar conflictivas, si no son abordadas y comprendidas desde el contexto y las lógicas culturales que las han construido.
3.1.4.2. El lenguaje y la lengua
El lenguaje es el medio principal por el cual las personas se comunican desde inicios de la humanidad, es un «sistema de múltiples tipos de signos útiles para la comunicación, generados y empleados por un grupo humano en un contexto sociocultural dado»
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(Beltrán et al, 2008, p. 38). Además, a través del lenguaje se adquiere y transmite conocimientos, se apropia y representa el mundo, asimismo, mediante este se construye la identidad de los sujetos personales y colectivos.
Un componente del lenguaje es la lengua. Todas las personas poseen la capacidad de aprender y usar una lengua, por ejemplo los niños desde bebes tienen contacto con los sonidos que constituyen su lengua materna y aprenden a usar esta a través de la imitación y socialización, en este proceso, de apropiación de la lengua materna, también se apropian de los patrones culturales del entorno que lo rodea, además construyen lazos de identidad y sentido de pertenencia.
En nuestro país, actualmente se hablan 47 lenguas (MINEDU, 2013), todas ellas constituyen principales vehículos de comunicación y depositarias de la sabiduría y sentimientos de los pueblos. A través de su uso las comunidades conservar y transmiten sus afectos, tradiciones, valores, cosmovisión, técnicas, etc. de generación a generación, por lo tanto la lengua constituyen parte esencial de la identidad cultural.
Sin embargo, en los últimos siglos se han extinguido 34 lenguas originarias y con estas también conocimientos. Uno de los motivos de este problema es la discriminación de la cual son víctimas las personas que usan una lengua distinta a la castellana. Por eso actualmente, de acuerdo a la Ley de Lenguas (LEY N° 297345), se viene impulsando la atención en lenguas indígenas en diversos niveles del gobierno, instituciones y organismos públicos en diversas zonas andinas y amazónicas de nuestro país, y se promueve el derecho de uso de la lengua materna en cualquier espacio.
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Además de la lengua, existen otros o modos a través de los cuales las personas se expresan y vinculan, entonces «la comunicación presupone lenguajes, en plural, que (...) comprende una gama de formas de representación que acuden a múltiples tipos de soportes, recursos técnicas para inscribir sus contenidos» (Beltrán et al, 2008, p. 38). Por ejemplo, los niños y niñas expresan mensajes a través de gestos y mímicas, de dibujos, música o el juego; de la misma manera las mujeres de la amazonia peruana se expresan a través de los trazos geométricos dibujados en sus rostros, ya sea para señalar jerarquía, condición social etc. Asimismo, los diseños que se observan en las vasijas que elaboran las mujeres de la amazonia están cargados de significados y representan la expresión propia su cultura. En la siguiente cita una mujer de la cultura Shipiba explica el significado de los diseños que realiza en sus trabajos en cerámica.
El diseño con curvas es porque las muchachas y los muchachos solteros van dando vueltas y vueltas buscando de todo. (…) De igual manera nuestro río no va derechito sino serpenteando, unas curvas son grandes y otras pequeñas. (…) esas curvas nosotras las diseñamos. Los diseños pequeñitos representan la gran cantidad de gente que asistía invitada al Ani Sheati. Los adornos en forma de ojo representan a nuestras comunidades. (Valenzuela & Valera, 2004, p. 79)