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Al analizar la información obtenida en relación con las prácticas administrativas institucionales para la evaluación del desempeño docente en el Colegio México; podemos apreciar que es importante que exista acercamiento entre los elementos que integran el equipo de trabajo, de tal forma que no se pierda el logro de la misión y la

visión de la escuela. No tendría caso evaluar sin considerarlas, ya que estas son las creencias sobre las que se finca el Modelo Educativo de la Institución.

Se aprecia que en las prácticas administrativas para la evaluación del desempeño docente, evaluar las normas y comportamiento entre colegas y autoridades es una acción importante ya que estas serán el fundamento del trabajo que se realice y aunque no todo el equipo piense igual, pero respetar las normas y cuidar el comportamiento personal y grupal ayudará que el trabajo se desarrolle de manera exitosa, transformando las

destrezas en pensamiento colectivo. Las normas deben llevar al equipo a pensar como un sistema ya que “la disciplina de pensar en sistemas ofrece una manera distinta de ver los problemas y las metas: no como hechos aislados, sino como componentes de

estructuras más grandes” (Senge, 2006, p. 92). Por tanto las normas y comportamientos entre colegas y autoridades, deben estar regidas por una visión común.

En el Colegio México, las normas de los docentes y directivos son evaluadas permanentemente a través de la interacción que se tiene dentro del trabajo. Los docentes cumplen con las normas instituidas y las respetan por convicción personal, sin

imposición ya que tiene muy claro que el respeto de las normas genera éxito en el desempeño y las buenas relaciones del equipo de trabajo.

Los saberes y las prácticas de enseñanza han de ser evaluados de acuerdo a los lineamientos que el modelo educativo de la institución marca y que sean afines con el trabajo que oficialmente el Sistema Educativo Nacional tiene marcado.

La evaluación de los saberes de los docentes está determinada desde el momento de la planeación, que debe ser un proceso reflexivo, buscando establecer un estilo que

lleve a la innovación y que se manifieste dentro del salón de clases a través de estrategias que permitan lograr el proceso de aprendizaje.

El fin de la evaluación está supeditado a los fines de las personas, y la evaluación de un proceso educativo nos cuestiona sobre el grado en el que este proceso nos ayuda a lograr las metas que tenemos como persona. O sea, la evaluación educativa nos sitúa ente la comparación, esto es lo que me propuse y esto es lo que he logrado (Valenzuela, 2004, p. 15)

Por tanto el directivo es agente encargado de vigilar que el proceso de evaluación de los saberes y la práctica de la enseñanza se lleve a cabo de la mejor manera. Esto ha de lograrse a través de la observación y reflexión conjunta con el docente, a fin de que este pueda crear una autoevaluación de sus saberes y prácticas; buscando las áreas de mejora hacia las que se debe encausar.

“Crean una sensación de vínculo común que impregna la organización y brinda coherencia a actividades impares” (Senge, 2005, p. 261). Las razones de cuidar y evaluar los estilos de relación van hacia el funcionamiento óptimo de la labor educativa. En la Institución en observación se establecen buenas relaciones de compañerismo y de amistad, situación que lleva a la alta el logro del trabajo en equipo. En la Institución la evaluación de los saberes y la práctica se realiza a partir de la observación, entrevistas, diferentes tipos de reuniones, a través de la planeación, etc. Evaluar de manera constante los saberes y prácticas de enseñanza docente, encausa a la institución hacia un

desempeño docente asertivo.

Las relaciones de trabajo entre los elementos integradores son evaluados a fin de que exista el ambiente adecuado para el trabajo colaborativo, de lo contrario la visión

compartida se vería afectada y los objetivos no se lograrán. Una visión compartida es respuesta a la pregunta ¿Qué deseamos crear? Así como las visiones personales son imágenes que la gente lleva en la cabeza y en el corazón, las visiones compartidas son imágenes que lleva la gente de una organización.

Por otro lado, las gestiones que se realizan en la Institución Colegio México, llevan al desarrollo de competencias tanto a los alumnos como a los docentes; alentadas por la visión personal pero para desembocar finalmente en una visión compartida.

Las gestiones deben girar alrededor de la construcción y funcionamiento de la visión compartida, sin esperar que “su visión” de cada integrante constituya

automáticamente la “visión de la organización” (Senge, 2005, p. 2)

En los modelos de gestión el director tiene una función importante, pero el docente participa aportando también desde su propia experiencia y vivencias.

Esta experiencia y riqueza de la práctica puede ser expuesta en espacios de participación, es decir en las reuniones donde la reflexión, el diálogo, las buenas relaciones y los acuerdos favorables, sean el estilo de comunicación que predomine. Reuniones de este tipo son parte de la gestión del Colegio México, ya que a partir de estar reuniones se puede establecer una comunicación directa y fluida entre el personal y el directivo. Se busca que esta comunicación sea la pauta a la resolución de conflictos, sea el eslabón del funcionamiento óptimo de las acciones docentes, que sea un nexo entre docentes y directivos, quienes a través de una visión compartida puedan establecer un permanente proceso de reflexión, de autoevaluación y de establecimiento de mejoras del proceso educativo.

4.3 Relaciones Existentes entre las Prácticas Reflexivas del Docente y las Prácticas