La gestión de Lula (2002-2006 y 2006 en adelante) ha mostrado, hasta 2008, un mix de políticas entre algunos aspectos del neoliberalismo del CW y la preeminencia de muchos elementos del desarrollismo nacional. Esta nueva inclinación hacia la visión desarrollista ha incluído un cambio en la exclusividad “industrial manufacturera” hacia una importancia compartida con los sectores empresariales productores de cadenas agroalimenticias y algunos servicios de alta tecnología, en lo que algunos autores han definido como el Neodesarrollismo brasileño.
En números macroeconómicos, el crecimiento del PIB entre 2005 y 2008 fue de 4.3% promedio anual. De esta manera, en los últimos años la economía ha mostrado nuevamente un mayor dinamismo, después de años de bajo crecimiento. Así, el PIB ha llegado a USD 1.460 billones. El sector externo ha sido el motor de este crecimiento, ante el nuevo contexto de mayor demanda y precios de commodities en continuos máximos por la demanda de China, y las políticas brasileñas han contribuído de manera notable.
La política monetaria y fiscal privilegió el superávit primario alto, llegando a 4.23% del PIB en 2007, sobre una meta oficial de 3.8%, para consolidar expectativas favorables, ante un déficit nominal de 2.2% (año 2007). La política monetaria siguió en los ‘2000 los lineamientos del inflation targeting, usando la tasa de interés hasta donde fuera necesario para coordinar expectativas anti-inflacionarias. La meta de inflación es menor a 4.5% en 2007. La tasa SELIC (referencia del Banco Central) fue llevada hasta máximos del 27% anual en 2003 para frenar la inflación, y en 2008 promedió 11.75% anual. Este nivel la hace muy alta en términos reales, y si bien deprime la inflación,
alienta la entrada de capitales financieros y la apreciación del real, y reduce el consumo interno.
De todos modos, la tasa de interés no es considerada un instrumento de crecimiento por parte de los brasileños; el BNDES y otros organismos públicos financian a tasas competitivas el desarrollo de la producción, mientras que la tasa de interés SELIC sirve como instrumento para cumplir la política de metas de inflación.
La dinámica de la deuda se ha normalizado. El proceso deliberado de cambio de deuda externa por interna, y, a su vez, de desdolarización de la deuda interna, permitió una reducción de la deuda pública y mejoró el perfil de vencimientos. Brasil saldó sus compromisos de capital con el FMI. El riesgo país se ubica muy lejos del máximo de 1.439 pb de fines de 2002, con 200 pb promedio en 2008, habiendo logrado el Investment Grade.
El superávit comercial de Brasil en 2007 fue de apenas 0,27 % del PIB, contra el 1,27 % en 2006, y esta explicado fundamentalmente por la recuperación de las importaciones, mientras que el boom de exportaciones, aprovechado por la oferta de bienes y servicios de Brasil, y apuntalado por las políticas industrial y comercial, sufre la tendencia a la apreciación del real desde 2005 a la actualidad. Las exportaciones llegaron a USD 160.600 M (12.4% del PIB) en 2007, y si se consideran las importaciones, por USD 120.600 M, el grado de apertura es de 25.5%, siendo aún bajo en las comparaciones con la mayoría de los países de la OECD. No obstante, cabe consignar que en el año 2000 las exportaciones brasileñas de bienes habían alcanzado USD 55.1 billones, creciendo 191.6% entre 2000 y 2007, aún a pesar del tipo de cambio apreciado (Gráfico B.11). Con respecto al comercio global, que alcanzó USD 13.581 billones (sólo bienes), el
market share de Brasil alcanzó el 1.18%, frente al 0.87% que tenía en 2000 (las exportaciones argentinas crecieron 106.3% en el mismo período, y con un tipo de
cambio depreciado, apenas manteniendo el market share).
La IED entrante a Brasil ha crecido en los últimos años, mostrando el interés tanto de los inversores extranjeros como del propio Brasil en abrirse al mundo. Si bien entre 1997 y 2000 se registraron los mayores montos, por las privatizaciones, el promedio 2004-2007 ronda los UDS 17.000 M anuales, ubicándose como líder en América Latina
(Gráfico B.12). El grueso de la IED entrante tiene su origen en países de la OECD, implicando una transferencia de alta tecnología Desde los ’90 hasta la actualidad, se observó, con respecto a la IED entrante a Brasil, un patrón algo distinto al de la Argentina, pues se orientó a sectores intensivos en tecnología y en servicios, pero ingresó muy poco en ramas estratégicas como el petróleo y los recursos naturales, y los agroalimentos (Gráfico B.13).
Desde un punto de vista sectorial, Brasil ha impulsado desde los ’90 pero con énfasis en la presente década, una inserción global como oferente de agroalimentos. Para el
Neodesarrollismo, los “recursos naturales ampliados” desempeñan un rol central. El
agronegocio ya es el 34% del PIB nacional, 37% del empleo y genera el 43% de las exportaciones, según datos oficiales. La previsión del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento es que a los actuales 62 millones de hectáreas cultivadas se sumarán otros 30 millones de hectáreas en los próximos 15 años, cedidos por áreas de pastos, gracias al desarrollo tecnológico de la ganadería de carne y leche. La producción de granos alcanzó a 140 millones de toneladas en la cosecha 2007/08. Se ha anuciado en 2009 la expansión de la frontera agrícola hacia el Amazonas, en el Estado de Matto Grosso, en un modelo de expansión territorial e integración, donde las cadenas agroalimentarias desempeñan un rol integrador decisivo. Se trata de crear las condiciones, incluyendo la infraestructura de transporte, para que nuevas hectáresas sean incorporadas a la nueva producción de soja, maíz y otros cultivos, con el fin de aumentar sustancialmente la oferta de agroalimentos y biocombustibles brasileños en el país y en el mundo.
Así, los “recursos naturales ampliados” son claves para la economía brasileña. Los
complejos cárnico-vacuno (primer exportador mundial), sojero, avícola (líder global en pollos, primer exportador mundial), lácteo, de azúcar-alcohol para bioetanol, entre otros, son muy dinámicos. Su participación en el mercado mundial de carne vacuna pasó del 7% al 25% entre 1999 y 2008 (Gráfico B.14). Por el lado de la soja, China es el principal comprador mundial y EE.UU.el primer productor mundial. En tanto, América del Sur produce 118 millones de tn, de las cuales, Brasil, con 60 M, es el segundo
productor mundial, teniendo el 52% de la oferta sudamericana. Su exportación generó
USD 11.300 M en 200740.
Siguiendo con los “RR.NN. ampliados”, las cumbres EE.UU.-Brasil están impulsando
la producción brasileña de biocombustibles, particularmente del etanol y el biodiésel. Esta opción energética ocupa un lugar central en Brasil, un país que obtiene más del 60% de su energía eléctrica de fuentes hídricas y que necesita importar gas, sobre todo de Bolivia. Pero ya se habría asegurado el autoabastecimiento energético, al haber hallado dos megayacimientos submarinos de petróleo, en 2007 y 2008, que aumentarían drásticamente las reservas.
En este contexto se explica la expansión de la IED brasileña en Sudamérica. En los últimos años las empresas brasileñas han adquirido firmas argentinas y uruguayas, fundamentalmente de agroalimentos, para aprovechar economías de escala a nivel global, que se desarrollaron con una agresiva política exportadora. Agroindustrias, biocombustibles, aviones, petróleo, industrias manufactureras de exportación son una oferta diversificada y de alta masa crítica. El turismo, otra actividad vinculada a los
“recursos naturales ampliados”, es la industria que más crece en el mundo y una alternativa más para Brasil. La entrada de turistas alcanza a 5 millones (2006), con una generación de divisas de US$ 3,3 billones.
En materia de inserción internacional Brasil tiene una relación multipolar. El Mercosur y la constitución de la Comunidad Sudamericana de Naciones han sido sus ejes regionales, pero con mucho menor énfasis en los hechos que en los protocolos. Brasil volvió a aproximarse a Africa y al mundo árabe, y fortaleció los lazos Sur-Sur, sobre
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El desarrollo genético de semillas adaptables a climas subtropicales y tropicales permitió la mayor producción desde los ‘2000 en regiones como el Matto Grosso y Goiás. El modelo de producción de agronegocio favorece la concentración de la propiedad de la tierra y la deforestación y consecuente estabilidad del ecosistema, generando críticas ambientalistas y del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST). La invasión de tierras públicas por parte de productores sojeros es otro problema. A pesar de un elevado debate medioambiental, Brasil sigue con incrementos en la producción de soja, en un proceso de expansión de la frontera agrícola que genera importantes cuasirentas.
todo con China, India y Sudáfrica en los últimos años. Un objetivo es la salida al Pacífico, de cara a los mejores mercados del siglo XXI. Los caminos pueden pasar por la larga ruta del MERCOSUR y los pasos fronterizos Argentina-Chile, o, por Perú, otra nación que se está orientando a Asia Pacífico, integra la ASEAN y está realizando una agresiva inserción global.
El 74% de los bienes exportados son manufacturas o semimanufacturas, incluyendo agroindustria. Los mayores socios comerciales son la Unión Europea (26%), EE.UU. (24%), Mercosur y Latinoamérica (21%) y Asia (12%). Pocas concentraciones y un 62% del comercio hacia países desarrollados. Pese a tener una restricción de tipo de cambio apreciado sus exportaciones no han dejado de crecer en los últimos años, ganando market share global, llegando a abastecer el 1.18% de la demanda global.