De la mano del centralismo polí tico, econo mico y simbo lico, se ha ejercido en el paí s una suerte de “centralismo historiogra fico” (Osante, 2015, p. 51) que, desde los inicios del siglo XX, ignora los procesos histo ricos locales o los considera so lo en tanto aportan al relato nacional. En esta tradicio n historiogra fica, el noreste de Me xico suele tomarse en cuenta u nicamente cuando se trata de estudiar su participacio n en la formacio n del Estado-nacio n, sobre todo desde que Nuevo Leo n, Coahuila y Tamaulipas se transformaron en frontera.
Aunque una parte de la propia historiografí a de Nuevo Leo n sigue reproduciendo esa tradicio n (Cfr. Rivas et. al., 2016, p. 110), desde fines de la tercera de cada del siglo XX dicha historiografí a dio un giro regionalista notable con base en el cual se recuperaron las afirmaciones regionalistas de la segunda mitad del siglo XIX (con Vidaurri a la cabeza) y se
70
dio forma a las narrativas de excepcionalidad. A partir de esa de cada, la historiografí a neoleonesa (producida, en buena medida, desde y para Monterrey) empezo a girar del positivismo y la memoria nacional hacia el historicismo y la afirmacio n de lo local, en parte como respuesta el nacionalismo posrevolucionario (Ceballos Ramí rez, 1998; Espinosa Martí nez, 2007; Morado Mací as, 2001).
Así , a la par del despliegue de sus potencialidades econo micas y polí ticas, la alteridad regiomontana ha producido desde fines de los treinta (aunque, insisto, con importantes antecedentes desde la segunda mitad del siglo XIX) una serie de narrativas de sí que tienden a esencializar su diferencia con el resto de la nacio n; es decir, a explicar su peculiar desarrollo comercial e industrial no como resultado de un proceso histo rico de acumulacio n (en el que ocupa un lugar clave su posicio n en la geografí a colonial y nacional, así como el tejido de sus relaciones econo micas locales), sino como producto de un ethos inmutable, congelado en el tiempo, que proviene de su peculiar mezcla e tnica y de sus relaciones con el medio ambiente hostil; una consecuencia de la lucha en mu ltiples frentes: contra los indios no madas, contra la naturaleza, contra el centralismo, contra los anhelos expansionistas norteamericanos.
Mientras en el centro del paí s se consolidaba el nacionalismo posrevolucionario que habí a heredado (con continuidades y discontinuidades) elementos del patriotismo criollo, en el margen interno regiomontano se potenciaban narrativas de excepcionalidad que erosionaban dicho nacionalismo, aunque sin apartarse del todo de e l. Grosso modo, esas narrativas de sí se caracterizan por oponerse a las fijaciones centralistas de la nacio n a trave s de su trabajo con tres imaginarios: e tnico-comunitario (nosotros versus ellos), econo mico- polí tico (lo comu n versus lo ajeno; el trabajo, la empresa y el Estado) y socio-espacial (adentro versus afuera).
El “nosotros” regiomontano y sus fundamentos econo mico-polí ticos son demarcados por la familia, la industria, la laboriosidad, la disciplina, la cultura del trabajo y el origen chichimeca-tlaxcalteca-hispano-(cripto)judí o61; esto en oposicio n al “ellos” centralista,
61 Abelardo Leal, Sr. afirma: “Si los judí os de Israel han hecho un emporio de riqueza con un gotero en el desierto
del Sinaí , los nuevoleoneses como buenos judí os ‘de las tres mitades’: mitad chichimecos, mitad caldeos y mitad cristianos, simplemente agarrados de la brocha trataremos de hacer de este pen asco de Nuevo Leo n un estado sin impuestos” (Leal, 1982, p. 136).
71
huevo n, cao tico, soberbio, corrupto, ineficiente, proteccionista, autoritario, y originado en lo azteca/mexica. A su vez, en el imaginario socio-espacial destacan dos campos clave: los geosí mbolos (el signo en clave espacial local) y las escalas. A la ausencia de geosí mbolos regios en el imaginario central (la nacio n es Popocate petl, Iztaccí huatl, Pico de Orizaba), se le contrapone el Cerro de la Silla como referente que aglutina las ma s variadas afirmaciones identitarias (podemos recorrer todo el continuum y encontrar ahí , en el centro de la representacio n, a la Silla). En cuanto a las escalas, son tres las que esta n en juego en la pugna de imaginarios, en la tensio n entre oposicio n y complementariedad entre ellos y en la consecuente imposicio n de intereses: Monterrey, Nuevo Leo n, Noreste. El despliegue de estas escalas no es lineal ni unidireccional (de ahí la necesidad de leerlo desde el continuum), así Monterrey puede desplegarse como sine cdoque de Nuevo Leo n (y e ste en sine cdoque del Noreste), o bien, como sine cdoque de la nacio n. Esta tensio n de escalas nos deja ver que las narrativas de excepcionalidad no se oponen al centralismo como lo gica polí tica, sino al centralismo de la ciudad de Me xico como contenido histo rico de la totalidad nacional. Posiblemente no haya estado en el paí s que sea ma s centralista que Nuevo Leo n (Cfr. Nuncio, 2016, p. 123), y su centralidad llega al noreste como un todo y, en sus variantes de regionalismo sinecdo quico, a la nacio n misma. Todos los tipos de regionalismo construidos desde la alteridad regiomontana suelen ser, en este sentido, altamente centralistas.
En este apartado presentare el corpus que corresponde a las narrativas de excepcionalidad de los promotores cí vicos centrales (como parte del giro regionalista de la historiografí a local), y en el siguiente apartado hare lo propio con el corpus de espacios de replicacio n digital de los promotores cí vicos limí trofes.
Con base en el trabajo de campo que realice en Monterrey entre enero del 2016 y julio del 2017 obtuve un universo de ma s de 300 textos regionalistas que van desde libros acade micos y literarios hasta transcripciones de programas radiofo nicos, documentos programa ticos de corte empresarial y libros de texto para educacio n ba sica62. De ese
62 Como parte de dicho trabajo de campo entreviste a acade micos especializados en la historia del noreste para
mapear tensiones y ubicar textos, realice el registro fotogra fico del MUNE y de la red de museos con los que se relaciona, revise las bibliotecas y acervos documentales de la ciudad, y prepare un registro hemerogra fico dirigido (organizado por fechas clave segu n coyunturas locales) en los perio dicos El Norte y El Porvenir, los cuales servira n para contextualizar, en cada capí tulo, el corpus que aquí presento.
72
universo, seleccione un corpus de 18 textos escritos entre 1938 y 2017. Realice esa seleccio n con base en tres criterios. En primer lugar, tení an que ser textos representativos de las fijaciones de sentido de las narrativas de excepcionalidad regiomontana, en te rminos de los referentes de unidad y oposicio n, y de las centralidades tema ticas. Esta representatividad no significa necesariamente popularidad del texto (aunque en algunos casos van de la mano), sino capacidad de sintetizar (aunque e sa no haya sido, por supuesto, su intencio n) los elementos clave de dichas fijaciones. En algunos casos, esos textos no so lo han sido representativos y populares, sino que se convirtieron en referencia obligada para pensar “lo regio”. El segundo criterio fue que los textos hubieran sido escritos por promotores cí vicos centrales, es decir, actores cercanos a la e lite polí tico-empresarial y con las caracterí sticas antes mencionadas. Como se vera en su momento, los textos que seleccione son parte clave de la obra de actores de la alteridad regiomontana que tuvieron ví nculos directos con el sector empresarial (ya sea como empresarios, consultores o asesores), algunos tambie n estuvieron involucrados en la polí tica en cargos de eleccio n popular, y la mayorí a tuvo una presencia relativamente importante en medios locales, en particular en El Norte y El Porvenir. El tercer criterio fue que los textos tuvieran un cara cter apologe tico o e pico, es decir, que trabajaran (como totalidad o en algunas de sus partes) alrededor de la “grandeza”, el “e xito” o el “milagro” de Monterrey / Nuevo Leo n / Noreste.
Desde el inicio, procure que este corpus tuviera un cara cter fluido, motivo por el cual decidí no delimitarlo de manera definitiva hasta ya terminada la fase analí tica, siempre dejando abierta la posibilidad a que salieran o entraran textos segu n las necesidades de la tesis y, adema s, a que cupieran en e l otros textos clave que, aunque no cumplen alguna de esas tres condiciones, aportan como sí ntesis o como expansio n63. En la siguiente tabla
muestro dicho corpus (ordenado alfabe ticamente):
63 Pienso, por ejemplo, en Tuyo es el Reyno, de Pedro de Isla (2016), novela que narra la historia de un
movimiento que, a fines del siglo XX, quiere separar a Nuevo Leo n del resto de Me xico. Como veremos en el capí tulo VI, en esa novela Pedro de Isla sintetiza aspectos clave de lo que aquí he llamado las narrativas de excepcionalidad regiomontana.
73
Tabla 3. Corpus de narrativas de excepcionalidad Amores, Jose Emilio (2007). Monterrey: una cultura propia
Arreola, Federico (s.f.). ¿Por que Monterrey?
Basave del Castillo, Agustí n (1945). Constructores de Monterrey
De Leo n, Myriam (1996). Monterrey 400 an os: la estirpe de un pueblo, 1596-1996 De Leo n, Myriam (2007). Orgullosamente ba rbaros. Para revalorar el ser y quehacer del norestense
Elizondo Elizondo, Ricardo (1987) Los sefarditas en Nuevo Leo n: reminiscencias en el folklore Garcí a Naranjo, Nemesio (1990 / 1955). Una industria en marcha
Herna ndez, Timoteo L. (1969). Geografí a del Estado de Nuevo Leo n Leal, Abelardo (1982). El Nuevo Reyno de Leo n. Un Estado sin impuestos
Novo, Salvador (1965). Cro nica regiomontana. Breve historia de un gran esfuerzo Rangel Frí as, Rau l (1988 / 1964). Teorema de Nuevo Leo n
Recio Cavazos, Gabriela (2017). Don Eugenio Garza Sada. Ideas, accio n, legado
Rodrí guez Muro, Jesu s (1965). Geografí a polí tica, fí sica y econo mica del estado de Nuevo Leo n Roel, Santiago. (1977/1938). Nuevo Leo n, apuntes histo ricos
Saldan a, Jose P. (1955). Episodios Contempora neos
Saldan a, Jose P. (1973 / 1968). Grandeza de Monterrey y estampas antiguas de la ciudad Tijerina Almaguer, Luis (1943). Canto al Escudo de Nuevo Leo n
Zapata Novoa, Juan (1993). Tercos y triunfadores de Monterrey: Los retos de Monterrey en el siglo XX
Para efectos de argumentacio n, no describire aquí cada uno de los textos del corpus y los lugares de enunciacio n de los promotores cí vicos nucleares que los produjeron. He preferido realizar dicha descripcio n en cada apartado, segu n se requiere en cada caso. So lo dire , por el momento, que todos los textos (escritos entre 1938 y 2017) comparten, en
74
mayor o menor grado, los componentes discursivos de las narrativas de excepcionalidad. Es decir, en ellos, los promotores de la excepcionalidad presentan al “mestizo fronterizo” (o alguna de sus figuras de subjetivacio n) como sujeto de la alteridad, fundamentan sus narrativas en las mismas estrategias discursivas (esencializacio n, eternalizacio n, mitificacio n, retroaccio n, produccio n de coherencia), comparten relatos (adversidad como obsta culo productivo, cultura del trabajo y el esfuerzo) y centralidades tema ticas (hispanidad, trabajo, Monterrey como eje socioespacial, individualismo). Como veremos en el pro ximo apartado, estos componentes discursivos (o algunos de sus fragmentos) son, a su vez, replicados en los grupos y pa ginas de Facebook.
75
2.2 Imaginación política en el país digital: radicalización de las narrativas de