CHAPTER 2: LITERATURE REVIEW
2.3 ATSC Based on Deep Reinforcement Learning
El asunto quedó en suspenso hasta que Stott lo hablara con Calor. En efecto, ninguno de los implicados (el HSE, ICL y, como veremos más adelante, otra empresa privada, Calor) tomó con mucha seriedad el capital cultural del inspector especializado del HSE (sus recomendaciones), tal vez por considerar que «restringían las libertades de ICL». Lo que es más, al permitir que ICL tuviera un acercamiento con Calor, el capital simbólico de Calor adquirió mayor importancia, por encima del especialista del HSE.
Stott se puso en contacto con Calor. Habló con un tal Coville, al que Ives conocía bien. La investigación oficial puso en evidencia que, entre las empresas, parte del habitus del cam- po consistía en ponerse en contacto con Calor si había problemas con el HSE. La investi- gación afirmó que «(Ives) y Coville habían tenido contacto habitual cuando la gente que tenía instalaciones de gas licuado necesitaba orientación o tenían que resolver alguna dificultad con respecto a las instalaciones. Cuando ocurría algún incidente, trabajaban jun- tos para tratar de mejorar las prácticas».
Coville (que era empleado de Calor, pero lo hacía en nombre de ICL) escribió a Ives el 4 de enero de 1989 que:
…En nombre de ICL Technical Plastics Ltd y tras la conversación telefónica que man- tuve con usted el 23 de diciembre de 1988, la propuesta que adjunto sugiere algu- nas medidas apropiadas de subsanación, de las que se encargará Calor Gas Limited, a fin de cumplir con las recomendaciones formuladas en los párrafos 1, 2, 3 y 4 de su carta de referencia… Confío en que considere estas medidas como una respuesta aceptable a las recomendaciones que nos plantearon...” (Gill, 2009, pág. 69)
De hecho, las propuestas de Calor se referían principalmente a la instalación de un tanque de gas licuado más pequeño y el requisito de mantener una cierta distancia entre el tan- que y el edificio. Una de las recomendaciones de Tyldesley había sido que ICL reemplaza- ra el tanque de 4.000 litros por uno más pequeño de 250 kg. Aparentemente, Calor no podía suministrar tanques de ese tamaño y las contrapropuestas hablaban de la instala- ción de un tanque de 2.000 litros. A Calor, como participante en el campo económico, le preocupaba conservar a sus clientes. Si el HSE les creaba demasiados problemas, era posible que decidieran pasarse a otra fuente de energía. Un cliente, como ICL, segura- mente prefería gastar el menor volumen posible de capital económico en implantar un nue- vo sistema.
Tyldesley recibió las «contrapropuestas» de Ives y Colville. En un memorando de fecha 17 de enero de 1989, éste contestó a la contrapropuesta diciendo que la instalación de gas licuado sería satisfactoria si ICL colocaba el tanque en algún solar cercano. Dijo además que esperaba «que se tomaran las medidas adecuadas de cumplimiento de la ley para garan- tizar la mejora de la instalación sin demora» (Gill, 2009, pág. 72). Tyldesley tenía claro que había presentado sus recomendaciones como un todo y que no cabía cumplir unas sí y otras no. Si ICL/ Calor hubiera optado por instalar un tanque más pequeño, en lugar de reubi- carlo en una zona más alejada, se hubiera tenido que interrumpir el suministro y en ese tiem-
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LA RENDICIÓN DE CUENTAS Y LOS DERECHOS HUMANOS: PRÁCTICAS DÓXICAS DE SALUD Y SEGURIDAD Y LA LECCIÓN DE ICL
po podrían haberse inspeccionado las condiciones de las tuberías subterráneas. Tyldesley creía que Coville/ Calor, como «personas competentes», comprenderían la necesidad de inspeccionar las tuberías.
Dadas las circunstancias, Ives aprovechó su superioridad sobre Tyldesley y le respondió el 20 de enero de 1989. Incluiremos el texto entero, dado que es importante comprender el habitus del HSE:
Me gustaría recordarle que me corresponde a mí la política de cumplimiento en este asunto y tomaré las medidas que estime oportunas al respecto.
El problema que ha surgido es que Calor Gas nos comunica al ocupante y a mí mis- mo que no fabrican tanques para grandes cantidades de gas licuado que cumplan las normas señaladas en su informe original. Dicho de otro modo, si tuvieran que cum- plir con lo que dice en su informe al pie de la letra, tendrían que dejar de utilizar gas licuado. En estas circunstancias, creo que es mejor que tratemos de alcanzar un compromiso y una solución razonables, en lugar de emprender a lo loco medidas lega- les que podrían ser contraproducentes. En vista de las afirmaciones de Calor, tal vez pudiera confirmar con ellos si es posible que suministren tanques cuyo volumen no exceda los 250 kg.25
Está claro que la sumisión dóxica a las necesidades de acumulación de capital económico por parte del HSE fue decisiva para las acciones de Ives. A éste parecía preocuparle que ICL pudiera seguir utilizando gas licuado. La estrategia de los actores aseguró la preferencia de las necesidades de capital por encima de las condiciones de salud y seguridad en el trabajo. El poder simbólico del HSE deriva de su afirmación de que actúa para proteger la salud y la segu- ridad de los trabajadores, pero aún así, parece que está dispuesto a transigir.
Hubo, sin embargo, otro factor en juego en relación con las acciones de Ives. En la investi- gación oficial, Lord Gill (Gill, 2009, pág. 94) dijo que «queda claro a partir de las pruebas del Sr. Ives en relación con la contrapropuesta de Calor que su decisión de aceptarla esta- ba influida, al menos en parte, por su miedo a las consecuencias si la rechazaba. El Ins- pectorado era muy consciente de que Calor ya venía oponiéndose a las notificaciones de cumplimiento del HSE desde hacía tiempo». Así funciona el campo del poder. El capital eco- nómico de Calor y su capacidad de pagar por el capital cultural de los mejores abogados lo convertían en un adversario mucho más poderoso ante el HSE que ICL. Gill (Gill, 2009, pág. 94) continúa diciendo que «Calor cree tener una relación constructiva con el HSE y rechaza cualquier atisbo de que se intimida al HSE cuando tratan, ocasionalmente, de ayudar a sus clientes a resolver problemas planteados por una notificación de cumpli- miento. Yo por mi parte no lo hago».
Calor estuvo asistido legalmente a lo largo de todo el proceso de investigación. Parecían muy dispuestos a reivindicar que las contrapropuestas enviadas a Tyldesley cumplían la nor- ma HS(G)3426, algo que otros testigos ponían en duda. Gill escribió que (Gill, 2009, pág.
99) «desde mi punto de vista, mientras Calor no aceptara responsabilidad alguna por las tuberías más allá de la válvula de calentamiento, era como mínimo justificable que dijeran
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Las políticas de la
economía social
que éstas eran problema únicamente del usuario. Sin embargo, no podían mantener esta postura cuando acordaron asesorar y representar a ICL en las negociaciones con el HSE». Es cierto que la industria del gas licuado se autorregula. La amenaza de que Calor empren- diera acciones legales contra Ives debería entenderse como parte de la lucha del capital económico por hacerse con un poco de poder sobre el Estado.
En 1989, el protocolo del HSE dictaba que toda acción y correspondencia debía pasar por un inspector general. Conforme a esto, Tyldesley no hubiera sabido si sus recomendacio- nes estaban siendo aplicadas o no. En este caso, Ives no estaba cumpliendo con la reco- mendación 11, pero sí estaba tramitando la reubicación del tanque, lo que exigía que ICL adquiriera terrenos en los alrededores.
Stott escribió al HSE el 25 de enero de 1989 para «confirmarles que tenemos los terrenos que se encuentran fuera de las puertas principales de la fábrica...». La carta aportaba tam- bién otros detalles sobre la reubicación del aparcamiento y similares. En la investigación ofi- cial se comprobó que el contenido de la carta de Stott era totalmente falso y que su intención era conducir a error. Ninguna de las empresas de ICL de entonces o en la actua- lidad han poseído esos terrenos. Colville hizo una visita a ICL en diciembre de 1989 y dise- ñó otro plan, probablemente después de que le dijeran que ICL había adquirido los terre- nos. En enero de 1990, Colville habló con Ives. Ives le informó de que la nueva propuesta parecía satisfactoria. Una visita de inspección que debía haberse llevado a cabo en marzo de 1990 no se realizó nunca. Casi 18 meses después, en junio de 1991, Calor sustituyó el tanque de dos toneladas (4.000 litros) por dos tanques de una tonelada. En el momento de la explosión, parte del compromiso de Ives y Coville seguía sin cumplirse.