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3. Methodology

3.2 Automatic Mid-ventricular Initialization

“El hombre, si se lo propone, puede ser el escultor de su propio cerebro.”

Nuestro cerebro actual es el resultado de millones de años de evolución y de adaptaciones necesarias para nuestra supervivencia en la vida de esta hermosa Tierra en la que habitamos.

Todos procedemos de esa historia evolutiva; por esa razón, nuestras estruc- turas nerviosas y secreciones internas, son similares para afrontar la vida que se nos presenta día con día.

Los seres humanos utilizamos ese mismo cerebro para recoger las percep- ciones, pensar, relacionarnos con nuestro entorno y afrontar los desafíos en la búsqueda de nuestras metas.

Durante la etapa intrauterina, el crecimiento de nuestras neuronas es in- creíblemente rápido alcanzando un número de cientos de miles por minuto y creando más de 40 mil sinapsis por segundo en cada centímetro cuadrado de la corteza cerebral.

Se estima que el cerebro humano, al nacer, tiene unos 100 mil millones de neu- ronas o células nerviosas y pesa aproximadamente unos 350 gramos, tan sólo entre el 20 y 25 por ciento del volumen del cerebro adulto. Este crecimiento nervioso en la niñez y adolescencia se produce no sólo por el aumento del tamaño de las neuronas sino por el desarrollo de axones y dendritas que son ramificaciones del cuerpo neuronal que se multiplican e interconectan unas con otras, facilitando así la comunicación nerviosa –o sinapsis– y el intercambio de información entre esa red neuronal y la formación de la mielina, que es una sustancia que recubre los axones o terminaciones nerviosas. Así, el peso pro- medio del cerebro adulto es de 1.4 kg a la edad de 18 años y suele mantenerse hasta los 50 años aproximadamente, donde empezarán los cambios.

En la primera etapa del niño el proceso evolutivo es muy alentador, ya que el cerebro alcanza el volumen del adulto casi al fin de la primera década de vida. Tras comprobaciones realizadas por científicos, se observa prácti- camente una inexistente conexión neuronal al nacer y cómo la densidad de estas conexiones se desarrolla en el curso de los primeros años de vida. Para conseguir un desarrollo cerebral adecuado y saludable, es imprescin- dible su estimulación temprana desde el nacimiento. Todos sabemos que

los bebés que crecen privados de afecto, abandonados o sin tener cubier- tas sus necesidades básicas, se desarrollan con más lentitud y con un nivel de ansiedad mayor que los bebés atendidos correctamente en un entorno protegido y amoroso. Este menor desarrollo psicomotor es consecuencia de una deficiente estimulación de la neuroplasticidad, siempre que no haya lesiones cerebrales.

Se puede definir la neuroplasticidad como la capacidad del sistema nervio- so para aumentar –regeneración neuronal– o disminuir el número de ra- mificaciones neuronales y sinapsis –conexión entre dos neuronas– a partir del estímulo sobre el córtex cerebral mediante la llegada de potenciales de acción a las neuronas. Estos potenciales de acción pueden mejorar nuestro rendimiento intelectual o por el contrario, reducirlo. Durante el desarrollo intrauterino y después, tras el nacimiento y en los primeros años de vida, se pueden crear de 30 mil a 50 mil sinapsis por segundo en cada centímetro cuadrado de la corteza cerebral (la corteza cerebral adulta tiene unos 2 mil 200 cm cuadrados).

Pero no vamos a profundizar sobre ello, ya que nos sacaría de la intención de este libro; sólo mencionaremos que la neuroplasticidad es la base estructural del aprendizaje y si bien es cierto que con la edad disminuye la capacidad neuroplástica del cerebro, también lo es que la forma de evitar su deterioro precoz es a través del estudio, la lectura, la creación, la invención y la relación de conocimientos. Ejercitando nuestro cerebro de todos los modos posibles, conseguiremos mantenerlo joven e inquieto; es decir, ágil.

Comenzaremos hablando de la neurona o célula nerviosa cuya función es la transmisión de información a través de nuestro sistema nervioso mediante impulsos eléctricos. La neurona se compone de cuatro partes especializa- das: el cuerpo neuronal, el axón, las dendritas y las terminaciones sinápti- cas. El cuerpo neuronal contiene lo necesario para su mantenimiento; es decir, su nutrición, producción de energía, síntesis de moléculas, etcétera. También contiene el núcleo que es como una bolsa porosa donde se en- cuentra el material genético –ADN–. De este cuerpo neuronal emergen dos prolongaciones distintas: las dendritas, que son prolongaciones pequeñas, numerosas y cortas. Tienen unas protuberancias denominadas espinas den- dríticas, y el axón es único y largo –algunos llegan a medir hasta un metro de longitud–. El extremo del axón se dilata formando las terminaciones si- nápticas (podemos imaginar que son como unas ventosas que se adhieren a las espinas dendríticas de las neuronas vecinas, constituyendo así las zonas de contacto o sinapsis).

Para que el impulso eléctrico transmita información a través de estas redes neuronales, es necesaria la participación de mensajeros químicos o neu- rotransmisores; éstos son pequeñas moléculas químicas que actúan en las zonas de contacto o sinapsis. El axón funciona como un cable eléctrico que conduce el impulso hasta las terminaciones sinápticas donde provocará la liberación química del neurotransmisor que sale hasta llegar a la dendrita de la neurona siguiente.

Las neuronas secretan diferentes neurotransmisores, dependiendo de su localización en el sistema nervioso y de su función dentro de esa red neuro- nal. Se han identificado más de cincuenta y la mayoría de los fármacos que se utilizan en psiquiatría y neurología van dirigidos a modular las sinapsis, aumentando o inhibiendo determinados neurotransmisores o sus recepto- res con el fin de reequilibrar la bioquímica nerviosa.

He seleccionado siete neurotransmisores con sus características brevemente resumidas por si algún lector está interesado en ellos:

Acetilcolina: fue el primero que se descubrió. Permite el movimiento 

muscular. Importante en procesos como la atención, el aprendizaje o la memoria. Se han observado niveles bajos en enfermos de Alzheimer. Serotonina: asociado al bienestar, disminuye la ansiedad y eleva nues- 

tro estado de ánimo. Los fármacos antidepresivos y plantas como el Hypericum Perforatum –hierba de San Juan o Hipérico–, actúan sobre él potenciando su acción. Importante su acción en ciclos como vigilia y sueño, el dolor o el apetito.

Dopamina: implicado en la respuesta física y su motivación. Es poten- 

ciada por el alcohol y la cocaína. Se han observado niveles altos en enfermos esquizofrénicos, comprobándose que en exceso puede pro- ducir alucinaciones. Sin embargo, en enfermos de Parkinson hay bajos niveles, causando un deterioro del movimiento.

Encefalinas: son opiáceos del propio organismo. Reducen la tensión 

nerviosa, relajan y son reguladores del dolor. Se potencian con fárma- cos derivados de la morfina y drogas como la heroína.

GABA: es el inhibidor más importante ya que produce inhibición en la 

neurona receptora. Es el principal modulador de la actividad cerebral. Los fármacos tranquilizantes potencian su acción.

Noradrenalina: modula la capacidad de respuesta física y mental en 

situaciones de alarma. Participa en los cambios del nivel de atención. En el sueño su actividad es baja y se potencia con las anfetaminas. Glutamato: es el más extendido en el córtex cerebral. Es indispensable 

para el desarrollo cerebral, aprendizaje y memoria a largo plazo. Además de neuronas, nuestro cerebro tiene otro tipo de células llamadas

células de glía –o neuroglía–, que en griego significa pegamento, ya que se pensaba que su acción era dar firmeza a las neuronas. Son entre 10 y 50 veces más numerosas que las neuronas. Éstas no pueden transmitir el im- pulso nervioso pero contribuyen al desarrollo del sistema nervioso, le dan firmeza, controlan el flujo sanguíneo e incrementan la rapidez del impulso nervioso por el revestimiento de los axones con mielina, que es como un protector aislante en ese cableado; también controlan los niveles de los neurotransmisores y fagocitan restos de neuronas degeneradas en condi- ciones patológicas, restituyendo la integridad del sistema nervioso.

El sistema nervioso humano se compone del Sistema Nervioso Central formado por la médula espinal y el encéfalo, y el Sistema Nervioso Periférico está com- puesto por los ganglios e infinidad de nervios que recorren nuestro cuerpo. Haremos un repaso del Sistema Nervioso Central mencionando que la mé-

nuestra columna vertebral; de ella salen nervios que trasladan información a las extremidades y vísceras. Por esta razón, una lesión o ruptura puede ocasionar pérdida de sensibilidad y falta de respuesta en el movimiento. El encéfalo está situado en el interior del cráneo y está formado por el tronco, cerebelo y cerebro. El tronco conecta la médula espinal con el cerebro, trans- portando la información desde nuestro cuerpo al cerebro y al contrario; es “el corre ve y dile”. Tiene otras importantes misiones como regular la respiración, la capacidad para tragar alimentos, la sensibilidad de la cara, los movimientos de los ojos, los latidos del corazón o la presión sanguínea. El cerebelo se encuentra detrás del tronco encefálico y es el que se encarga de la postura del cuerpo, su equilibrio y la ejecución y coordinación de los movimientos voluntarios. Evoluti- vamente el tronco encefálico y el cerebelo son las partes más antiguas y constitu- yen el 15 por ciento del peso, el 85 por ciento restante corresponde al cerebro. A pesar de las muchas investigaciones que se han realizado sobre el cere- bro, éste sigue siendo la estructura más maravillosa y misteriosa del Uni- verso, ya que aún hay infinidad de cosas del mismo que son desconocidas para la ciencia en la actualidad. Se sabe que es la computadora más grande y completa que jamás se haya creado, pero se desconoce su capacidad real de almacenaje y la memoria que pueda tener.

A diferencia de cualquier computadora creada por la mano de los humanos, que no puede soñar ni procesar pensamientos o generar emociones, y que cuando se desenchufan los cables de la corriente eléctrica deja de trabajar, el cerebro es capaz de generar todo esto y nunca se desconecta, ni siquiera cuando estamos durmiendo; sigue enviando señales a través de más de un trillón de conexiones neuronales. Además de ese entramado sostenido y ali- mentado por unas doscientas mil millones de neuroglias –tejido que forma la sustancia de sostén de los centros nerviosos compuestos por una finísima red en las que están incluidas células especiales muy ramificadas–, entra en juego otro factor, ya que dependiendo de los distintos niveles de ondas cerebrales en las que nos encontremos en diferentes momentos, sus posibilidades son ilimitadas, percibiendo la realidad desde diferentes ángulos de conciencia. Se dice que normalmente podemos estar utilizando entre el uno y el cin- co por ciento de su capacidad real, aunque algunos investigadores lo han llegado a comparar con un grano de arena en relación a toda una playa. La realidad es que conocemos muy poco del mismo pero en verdad es algo maravilloso que nos deja fascinados.

Actualmente se conoce que el cerebro es el Director de Orquesta que dirige el resto de nuestros órganos, y que en función de cómo mueve su batuta, regula el flujo de información que llega a todo nuestro organismo.

El cerebro está dividido en dos hemisferios: el izquierdo y el derecho, separados por una fisura longitudinal, de adelante hacia atrás. Aparente- mente son iguales, simétricos como si fueran las dos partes de una nuez; sin embargo, funcionalmente son distintos. En diferentes intervenciones quirúrgicas para intentar frenar los ataques epilépticos, se pudo compro- bar cómo al seccionar el cuerpo calloso y las conexiones nerviosas que sirven de unión entre los dos hemisferios, realizaban ciertas funciones de manera independiente el uno del otro. A través de estos experimentos, hoy en día sabemos que estos hemisferios tienen dos formas diferentes de adquirir y procesar la información, y por tanto los conocimientos. Son distintos y complementarios, funcionando como si de uno sólo se trata- ra, gracias a ese cuerpo calloso que los une mediante un haz de axones que transmiten e intercambian constante información entre los dos he- misferios. También se ha comprobado científicamente que cuando un hemisferio está más activo, el otro permanece en un estado más pasivo de funcionamiento.

Parece una nuez y es debido a los surcos que forman el córtex cerebral que constituye la parte externa que envuelve núcleos más internos como el tá- lamo, los núcleos basales, el hipotálamo, el hipocampo y la amígdala. El córtex ocupa la mayor parte de nuestro cerebro, tiene mucho qué ver con las capacidades cognitivas: la conciencia, la personalidad, el lenguaje y el pensamiento abstracto –todo lo que nos diferencia del resto de mamífe- ros–, y también es responsable de otras funciones motoras y sensoriales. Se divide en cuatro lóbulos: frontal, parietal, occipital y temporal. En ellos hay áreas diferenciadas que procesan la información que nos proporcionan los cinco sentidos sobre el medio que nos rodea, así como áreas como el habla o la memoria. No entraremos en detalles sobre estas áreas, sólo las mencio- naré sabiendo que tenemos zonas cerebrales dedicadas a cada uno de los sentidos. La información recibida en cualquier parte del cuerpo, viaja por los nervios, entra en la médula espinal y pasa por el tálamo antes de llegar al córtex sensorial primario del hemisferio opuesto. Por ejemplo, la presión que notamos cuando saludamos con un apretón de manos con la derecha, es detectada por el hemisferio cerebral izquierdo.

Así, el hemisferio izquierdo rige la parte derecha del cuerpo y trabaja en el mundo físico, percibe de manera objetiva y es capaz de distinguir y ha- cer una separación entre “dentro” y “fuera”, entre el “yo” y “el otro”, y es responsable de la capacidad analítica; es lógico, razona, contrasta hechos, procesa la información por pasos, es lineal e interpreta y enjuicia, estando constantemente alerta y en permanente vigilancia de todo lo que ocurre en el exterior de nosotros. Es cuantitativo y en él se da la destreza manual, el cálculo y la numeración, además de crear la estructura del lenguaje verbal y escrito. Trabajamos más con este hemisferio cuando estamos en bandas de ritmos rápidos de frecuencias cerebrales –Beta/Gamma–, y suele ser el hemisferio más dominante de la población –alrededor del 90 por ciento– a partir de los siete y hasta los 10 años de edad, dado el sistema establecido de sociedad en que vivimos –principalmente la occidental–, en el que todo gira a través del método, análisis, reflexión, intereses personales, competi- tividad y un continuo “mantenerte alerta y despierto”, etcétera, dejando poco espacio para el altruismo o la creación de ideales y sueño.

Las fantasías procedentes de las quimeras internas se permiten en edades tempranas; sin embargo al adolescente y con mayor presión aún al adulto, se le exige una atención centrada en esa parte productiva y analítica propia del hemisferio izquierdo. Esto a su vez hace que este sistema de vida nos genere mucha más carga de responsabilidad, y por lo tanto mucho más estrés y tensión que a veces nos resulta imposible desprender de nuestro cuerpo, ni siquiera a través de la vía de escape de los sueños, ya que en muchas ocasiones tampoco éstos resultan reparadores. Hasta nuestro plan educativo de enseñanza, está principalmente focalizado en potenciar el he- misferio izquierdo a través de un sistema formativo demasiado lineal y sis- tematizado, donde la imaginación es, a mi juicio, escasamente estimulada. El hemisferio derecho, por otra parte, rige la parte izquierda del cuerpo y trabaja en el mundo no físico; percibe de manera subjetiva y en función de cuanto más ritmos de frecuencias de banda baja se encuentre –Alfa/Theta/ Delta– la separación y distinción entre el “yo” y “el resto” o “dentro”, “fue- ra”, la hacen más compleja. Se mueve por analogías, por metáforas y por la intuición, utilizando como hilo conductor las emociones y los sentimientos, creando imágenes, símbolos y arquetipos. En él no existe el espacio ni el tiempo, pero sí la globalidad, la fantasía, la creatividad y la capacidad de percibir, sentir y apreciar la música y hacer los matices de diferenciación de los colores. Este hemisferio está más desarrollado en el neonato y hasta que alcanzamos la edad de entre siete y 10 años, que es cuando empieza a potenciarse más el análisis. Es el hemisferio que utilizamos para ir creando nuestras estructuras mentales.

A veces hay personas que me preguntan si es mejor desarrollar más nues- tro hemisferio derecho o si es malo tener más adiestrado el izquierdo. Mi respuesta es siempre la misma: Los dos hemisferios son igual de impor- tantes para nuestra adaptación y evolución, y aunque uno predomine más que otro en función de la actividad que en cada momento estamos desarrollando, es imprescindible tener una equilibrada y correcta comuni- cación entre ambos, a la vez que fomentamos la capacidad de cada uno de ellos. Sería impensable creer que en una sociedad como la nuestra, alguien podría sobrevivir por mucho tiempo sólo funcionando con hemis- ferio derecho y se moviera exclusivamente por la intuición o por lo que le dicta su corazón de manera totalmente abierta y sin restricciones. Esto sólo conllevaría muchos tropiezos y cada vez más dificultades de sobre- ponerse; pero tampoco podemos dejar que nuestra vida esté conducida exclusivamente por un hemisferio frío y calculador, que en todo momento sólo busca encontrar sentido a todo lo que le rodea de manera totalmen- te analítica y material. Lo ideal, como todas las cosas en la vida, es poder estar en el punto medio y aprovechar la sinergia producida por nuestros dos hemisferios trabajando en paralelo y con el mismo objetivo: poder de- sarrollarnos al máximo posible de la manera más feliz y reparadora para cada uno de nosotros.

Al fenómeno de dominancia de un hemisferio cerebral para determinadas funciones se le denomina lateralidad, siempre teniendo en cuenta que aun- que ésta exista, los dos hemisferios actúan de forma coordinada gracias al cuerpo calloso que conecta las neuronas de un hemisferio con las del otro a través de millones de axones. Esto permite la interrelación de las funciones lateralizadas, por ejemplo incorporar las emociones en el habla o el pensa- miento. Una anécdota es que el cuerpo calloso es comparativamente más grueso en mujeres que en hombres, y puede que esta diferencia marque la facilidad de las mujeres para expresar sus emociones.

La zona del lenguaje se encuentra en el hemisferio izquierdo y está for- mada por dos áreas: el área de Broca que es la zona capaz de convertir y expresar nuestros pensamientos en palabras, y el área de Wernicke que es la parte responsable de la comprensión oral y escrita del lenguaje.

Con la vista ocurre que la información del ojo derecho llega al córtex visual del hemisferio izquierdo y viceversa. Las distintas áreas del córtex visual reciben esta información y la envían a la asociación visual donde se vincula con información subjetiva y emocional, dando como resultado la percep- ción consciente final del objeto.

Por ejemplo, si miramos un ramo de flores blancas, una parte del córtex visual está percibiendo su forma tridimensional, otra su color y otra su po-

sición, pero según nuestro estado de ánimo o experiencias vividas ante- riormente que incluyan un ramo de flores blancas, el estímulo visual será interpretado como estimulante o deprimente, dependiendo de las asocia- ciones mentales preexistentes con ese mismo objeto, en este caso el ramo