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7.2 Methods

7.3.12 Average molecular discrepancies

La actividad constructiva de signos comprende un proceso transformador en cada objeto a diseñar, por ejemplo la Gestalt (Ver anexo 1) determina leyes y principios, que estructuran las formas de creación dentro la actividad del diseño de comunicación visual. Sin embargo esto no es lo único relevante a tomar en cuenta, pues también depende de la metodología asumida y del propio proceso de diseño que contribuirá al resultado final.

Por lo tanto se debe estar consciente de que el diseño establece una relación entre el ambiente que nos circunda y nosotros. Como expone Costa (2014) los productos del diseño forman parte de nuestra cultura.

El autor argumenta que la especificidad misma del diseño gráfico en su dimensión de comunicación visual, está en un conjunto de sistemas de lenguaje apoyados en la psicología de la percepción o teoría de la forma, por lo que plantea que se debe sustituir la dualidad esencial del diseño industrial forma/función por la nueva simbiosis forma/información. En el diseño de comunicación la forma no deviene de la función, sino al revés: la forma informa, aporta conocimiento. Como resultado expresa que la misión del diseño de comunicación visual no tiene otra vía que la cultura (Costa, 2014).

Cada producto creado forma parte de la vida cotidiana, así como el diseño industrial facilita la interacción de los productos con el individuo, el diseño de comunicación facilita la inteligibilidad, la comunicación y la información para la sociedad de la información en que se vive. Como comprende Frascara (1988) “el aspecto más esencial de la profesión, no es el de crear formas, sino el de crear comunicaciones”.

Por lo tanto, si se comprende que la función básica del diseño, en este caso, es la de comunicar; hay que tomar en cuenta dentro del proceso de diseño, aspectos del proceso comunicativo. El mensaje a transmitir debe ser claro en relación a los elementos que convivirán con él para su mejor interpretación.

Pero también hay que tener en cuenta al receptor y sus características, así como los medios soportes del mensaje final. Al respecto Frascara (1988) comprende que la organización de los

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componentes en un diseño tiene la función de establecer claras relaciones de jerarquía, inclusión, conexión, secuencia y dependencia entre esos componentes, y, consecuentemente, la de facilitar la construcción de un significado.

Estos significados van a depender en gran medida de los símbolos que se utilicen en la relación de todos los elementos, que si bien los determina el diseñador también los establece la sociedad, el problema por el que surge el diseño o simplemente las condicionantes impuestas. Son varios los factores que interactúan dentro del proceso de diseño por lo que ninguno es igual a otro en la construcción del producto final.

En relación a lo anterior Del Carmen (2000) propone: “para que funcione el proceso, el diseñador como productor de ideas ha de recoger informaciones diversas con las que trabaja para solucionar un problema de diseño, donde junto a la capacidad de seleccionar informaciones y usarlas en diversas situaciones se precisan facultades creativas”.

Domínguez (s.f., pp. 110-111) a su vez, plantea una serie de especificaciones según las necesidades que pueden acudir al diseñador en todo el proceso: desde el planteamiento del problema de diseño se han de discutir interrogantes que nos lleven a delimitar muy bien la situación que causa el problema. Se debe saber en qué condiciones surge y qué objetivos se persiguen con las posibles soluciones. Es necesario tener a la investigación documental y de campo como recursos importantes para despejar las incógnitas necesarias acerca del problema y los temas que intervienen en la posible solución.

El académico postula que para la detección de necesidades es importante conocer el destinatario de nuestro mensaje gráfico: a quién va dirigido, dónde vive, cuál es su nivel socioeconómico, cuál es su nivel cultural, quién patrocina el proyecto, dónde se difundirá el diseño y en qué lapso se han de hacer precisiones de tiempo en un cronograma de trabajo. Además para la etapa del proyecto comprende que aquí entra en acción la creatividad. En esta fase el diseñador configura la forma de los productos o soportes, teniendo en cuenta que estos satisfacen necesidades por medio de cierta función. Por la complejidad en esta fase también se han de precisar los materiales y técnicas con que se dispone para diseñar. Domínguez (s.f., pp. 110-111)

“Sabemos que no es posible encontrar requerimientos totalmente independientes. Si esto fuera posible, también sería posible solucionarlos uno por uno, sin generar conflictos. El problema del

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diseño se basa en las múltiples relaciones implicadas en la interacción forma-concepto”. (Christopher, 1980)

Resulta muy difícil acogerse a una metodología o a una serie de pasos específicos para el diseño que se esté desarrollando, pues solo existen comprensiones generales del asunto pues cada encargo de diseño es diferente, así como su solución. La secuencia de pasos para llegar al resultado depende de características inestables.

En este sentido Peña (2011) es uno de los autores que ofrece una metodología para el proceso de diseño de comunicación visual aterrizada al contexto cubano y comprende que:

“El método de diseño permite: planificar, organizar el proceso creativo. Estructurar el avance del proyecto. Prever el alcance y los resultados de cada etapa en contenido y tiempo. Resolver todos los factores del diseño en el producto. Garantizar el cumplimiento de todos los requisitos, y así la eficiencia del producto y su impacto social y ambiental. Tiene el objetivo de articular y estructurar el proceso de trabajo, siendo imprescindible cuando nos enfrentamos a proyectos dentro de una complejidad y diversidad crecientes. Un error en el proceso se convierte en un problema de diseño en la solución”

La actual investigación se acoge a la metodología ofrecida por Peña (2011) pues de manera general recoge una serie de elementos necesarios para el proceso de diseño de acuerdo a la problemática de investigación asumida.

Esta metodología (Ver anexo 2) asume los siguientes pasos:

1. Necesidad: consiste en detectar una necesidad y describirla en términos de problema de diseño. Validarla mediante una fundamentación social, económica y de sostenibilidad del impacto de la solución. Luego se determinan condicionantes, se esclarece la finalidad útil, se describe las particularidades del cliente, se establecen los usuarios y el contexto y por último se traza una estrategia de gestión de diseño para la solución, definiendo recursos y tiempo para su desarrollo y posterior implementación

2. Problema de diseño: se traduce la información proveniente del encargo a un problema de diseño. Se especifican los objetivos del proyecto, dejando claro las metas esperadas y las prioridades a observar en los resultados. Se establecen factores y requisitos de diseño

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3. Concepto: es la representación visible de la idea que promueve una solución visual coherente. Se definen premisas y alternativas conceptuales, así como tambien los atributos y rasgos de estilos que se utilizan para generar las variantes conceptuales. 4. Desarrollo: se realiza el diseño y las versiones del mismo, teniéndose en cuenta las

diferentes aplicaciones y medios de soporte establecidos para el diseño. 5. Implementación

En la medida en que el significado de una pieza de diseño es el producto de la interpretación del mensaje por parte del receptor, es indispensable mantener presente la importancia de evaluar la eficacia de los mensajes mediante técnicas que permitan, de una manera o de otra, medir su claridad y efectividad comunicacional (Frascara, 1988).

Para ello hay que centrarse en el caso específico de la evaluación del diseño de identidad, pues no todo diseño debe evaluarse igual, sino de acuerdo a su función y finalidad. En este sentido Costa (2007) propone un sistema de indicadores para la evaluación de las identidades corporativas en aras de analizar su rendimiento gráfico. Los siete indicadores propuestos son: coherencia integral; coherencia de forma y contenido; funcionalidad; viabilidad de la gama cromática; posibilidades de reproducción y ámbitos; organicidad y análisis de semejanza. Mediante estos parámetros se puede constatar que el diseño realizado se compone de una correlación entre signos empleados, posibles soportes, utilidades y funciones a desempeñar. Advierte una sentencia a tomar en cuenta para su gestión posterior y sobre la relación o complicidad que admitirá en la relación público-organización.

1.4. Significación de la gestión de la identidad visual para las instituciones del sector de