• No results found

B Appendix: Proofs for TTC

In document Constrained School Choice (Page 33-44)

1.2.1. El deseo de una casa

Desde siempre tuviste el deseo de la casa, tú casa, envolviéndote para el ocio y la tarea en una atmósfera amiga. Más primero no supiste (porque eso lo aprenderás luego, a fuerza de vivir entre extraños) que tras tu deseo, mezclado con él, estaba otro: el de un refugio con la amistad de las cosas. Afuera aguardaría lo demás, pero adentro estarías tú y lo tuyo. Un día, cuando ya habías comenzado a rodar por el mundo, soñando tu casa, pero sin ella, un acontecer inesperado te deparó al fin la ocasión de tenerla. Y fuiste levantando en torno a ti, sencilla, clara, propicia: la mesa, el diván, los libros, la lámpara –atmósfera que llenaban con su color algunas flores de la temporada.

(…)

Sólo cuatro paredes, espacio reducido como la cabina de un barco, pero tuyo y con lo tuyo…20

Dentro del texto titulado “La casa” escrito por Luís Cernuda, encontramos una primera definición de la condición doméstica: «en lo tuyo y con lo tuyo». La casa que comienza como un deseo, es un modo de interpretar un afuera y un adentro, puede construirse materialmente, pero esencialmente es

20

condición: es una forma de interpretar el mundo. Pallasma en "Identity, Intimacy and Domicile. Notes on the Phenomenology of home" nos muestra ese carácter: “Es evidente que el hogar no es un objeto o un edificio, sino una condición difusa y compleja, que integra recuerdos e imágenes, deseos y temores, el pasado y el presente."21 Tomamos esta definición de «condición difusa y compleja» que Pallasmaa otorga al hogar para reflexionar sobre el modo que tiene de integrar los «recuerdos», los «deseos» y los «temores», con el tiempo «pasado y presente» y también con el futuro.

En este análisis de la experiencia de la casa nos dice más adelante: “Un hogar no puede construirse de golpe; tiene una dimensión temporal y continua, y es un producto gradual de la adaptación al mundo de la familia y del individuo.” Aquí se vuelve a marcar su carácter esencialmente temporal: si la vivienda como edificación es una caracterización espacial, su experiencia a través del tiempo constituirá el hecho mismo de habitar. Max Frisch escritor y arquitecto, desde el discurso literario expone en "Homo Faber” como la ausencia de esta condición aboca a una identidad inconclusa. El protagonista de la novela, errante, que maldice el hogar; pese a su deseo de racionalizar el mundo, no ha alcanzado una verdadera estabilidad, en el transcurso del relato va desgranando poco a poco ese desdeño que siente:

No había contado con volver a ver a Ivy, y menos aún en aquel piso que ella llamaba «nuestro» piso.22

21

Pallasmaa, J. "Identity, intimacy and domicile. notes on the phenomenology of home" . http://www.uiah.fi/studies/history2/pallas.htm Sin paginar.

22

… odiaba todo el tiempo que había pasado en aquel Manhattan, pero sobre todo odiaba mi piso.23

Yo estaba sentado encima de la cama limpia, como se sienta la gente en los bancos de los parques públicos cuando duermen, los que no tienen casa.24

Hombre escrupulosamente lógico, sin espacio en su vida para lo que él denomina un «sentimiento constante», en un momento de desesperación telefonea a su domicilio sin saber muy bien por qué o para qué, inesperadamente alguien descuelga el teléfono pero su interlocutor no le reconoce, en su propia casa no le conocen, una y otra vez comprueba que no ha equivocado el teléfono ni la dirección del apartamento. A fuerza de detestar la condición doméstica, ha perdido hasta su ubicación; y debido a esta perdida de identidad descubre, demasiado tarde, que la mujer con la que se ha casado y que ha muerto por su negligencia, era su propia hija; en su desesperación reflexiona:

Mi error consiste en que nosotros, los técnicos, intentamos vivir sin la muerte. Literalmente: tú no consideras la vida como una figura, sino como una mera suma; por eso no guarda relación con el tiempo, porque tampoco la guarda con la muerte. La vida, dice, es la figura del tiempo.25

23

Frisch, M. Op. Cit. p. 80 24

Frisch, M. Op. Cit. p. 188 25

Así pues, es la propia vida la que exige al habitante asumir su temporalidad. A este respecto dice Gomá: “Solo el hombre es tiempo, porque solo él, entre todos los entes dados, es individuo finito, en contraste con una roca o con un dios.”26El protagonista de "Homo Faber” intenta vivir sin casa y sin tiempo, y sin la condición doméstica que conjuntamente comportan. Por eso Frisch lo condena al sinsentido, al fracaso más absoluto; el hombre sin hogar se encuentra desamparado, no tiene identidad y por lo tanto carece de un origen estable.

Para pensar el hogar es importante analizar el sentido de lo propio, estás en tu casa «en lo tuyo y con lo tuyo», evidentemente esta pertenencia no se refiere a una pertenencia material, o no exclusivamente material. Continúa diciendo Pallasmaa: "El hogar es también un conjunto de rituales, ritmos personales y rutinas cotidianas."27 Aquí, la vida de cada individuo está protegida y su tiempo se mantiene al resguardo de las perturbaciones; el hombre puede salir a un exterior impredecible, porque sabe que puede retornar a un interior- estable, a una ubicación permanente a la que pertenece. A partir de la casa se generan unas coordenadas que permiten explorar el mundo, todo un sistema de relaciones se estructura desde este punto fijo, el espacio se despliega siempre comenzando por un origen.28

Uno de los aspectos más relevantes de la vivienda dentro de este carácter protector es su cualidad de filtro; la condición doméstica no es refractaria al mundo exterior, como decíamos anteriormente, es más bien una manera de articular la intimidad del individuo con su carácter social. La casa filtra el

26

Gomá, J. Aquiles en el gineceo. Valencia: Pre-textos; 2007 p. 115 27

Pallasnaa, J. Op. Cit. 28

"El hombre es un ser espacial es decir, que crea espacio, que lo despliega a su alrededor. Y esto es a su vez el sentido bien comprendido de la tesis kantiana de la “identidad trascendente” del espacio." (Bollnow, O. F. Hombre y espacio. Barcelona: Labor; 1969 p. 29)

exterior, permite el paso de determinada actividad de fuera y le cierra las puertas a otra, así como un complejo tamiz de lo público, la casa marca una temporalización. Deja pasar un tipo de imágenes y de ritmos, centra la atención de los habitantes en determinadas prácticas, selecciona estímulos, construye un complejo programa de percepción-acción que controla la información recibida y los hábitos que en ella se generan, es un marco cognitivo en continua transformación.

1.2.2. Los tres momentos de la condición doméstica: Permanencia, Pertenencia y Hospitalidad.

Pero además de entender el habitar como una adquisición de conocimientos conducentes a la transformación el mundo exterior, debemos analizar la capacidad que tiene para transformar al propio individuo; por lo tanto la experiencia de habitar modifica tanto el mundo como al habitante. Para entender esta transformación interna, el concepto de «experiencia de la vida» nos resulta de especial relevancia, siguiendo la definición que Javier Gomá hace en su libro “Imitación y experiencia” diremos que es: “el repertorio de ejemplos y antiejemplos concretos que un hombre acumula en su conciencia con el paso del tiempo y que le sirven para adaptar la novedad de una situación presente a lo ya vivido y experimentado con el pasado con el fin de repetir el éxito o evitar el fracaso de una acción anterior."29 Es a través de esa doble transformación: interior-exterior, habitante-construcción – insistimos, sin

29

posibilidad de disgregación – como vamos a analizar en esta tesis la secuencia del habitar.

Por otro lado, cuando hablamos de lo concreto de la existencia siempre lo hacemos en un horizonte espacio-temporal, desde la experiencia del habitante la espacialidad no puede ser disociada de su temporalidad. A través de esta interdependencia vamos a dar respuesta al vínculo que el individuo establece con su «sí mismo», con el «mundo» y con los «otros», y estas relaciones nos ofrecen tres momentos distintos de la domesticidad a partir de los cuales se ordenarán los diferentes modos de habitar:

En la Pertenencia analizaremos la relación que instaura el hombre consigo mismo. Pardo establece tres momentos de la intimidad y del primero de ellos dice: “Las célebres expresiones clásicas: "llega a ser lo que eres", "ocúpate de ti mismo" o "conócete a ti mismo" serían incomprensibles de no mediar esta distancia – espacio y tiempo que condicionan la posibilidad de la repetición – que separa a cada uno de sí mismo.”30Es por tanto en el espacio y en el tiempo donde el individuo puede ocuparse de sí mismo, la intimidad en este primer momento puede estar garantizada por un espacio que no soy yo, pero en el cual me reflejo. El hogar es un ámbito en el que el hombre se puede proyectar, un espacio en el que se refleja su voz, su forma de ser y por lo tanto en el que se reconoce.

La identificación entre el hombre y el hogar, cuando se da, lo hace fundando un tiempo nuevo, el individuo se proyecta en la morada generando un patrón desde donde medir el tiempo; de igual manera que crea una referencia espacial, un lugar fijo a partir del cual se comprende el espacio;

30

Poco más adelante utiliza el ejemplo del eco para describir este fenómeno: “Puedo gritar porque tengo garganta, pero sólo porque mi voz choca contra un obstáculo (que no soy yo), sólo porque se refleja contra una pared puedo llegar a oírla,” (Pardo, J. L. La intimidad. Valencia: Pre- Textos; 2004 p.154)

también crea una referencia cronológica estable. Este origen temporal no es un punto cero desde donde se empieza a contabilizar el tiempo objetivo, es un modo de medir la duración distinto al de los relojes, la vivienda no solo se establece en el lugar; la casa también se funda en el tiempo.

Instaurado en el tiempo, el siguiente estadio en el que se constituye la condición doméstica, es la Permanencia. El habitante se relaciona con el mundo en la temporalidad, hemos tomado posesión del espacio, de nuestras cosas, pero no hemos tomado posesión del tiempo ya que este no se posee, se vive; la experiencia ahora se desarrolla como «duración». La vida cotidiana se despliega en el mundo, nos vinculamos con él a través de los objetos; aun así el hogar no es un objeto más, sino que es una ubicación; habitamos en las relaciones entre los objetos, y por ello, el conjunto de esos vínculos configura la condición doméstica. Nos distanciamos, entonces, del concepto de la habitación como utensilio; el fin de la morada no es un fin práctico, el fin de la morada es la propia existencia, la casa no es un utensilio en el que se vive, es el modo en el que la vida se actualiza.

La casa, que es producto de la vida, a la vez la sustenta. Nos detendremos especialmente en la idea de habitar la casa como gozo, este se desarrolla en un presente continuo, en la duración de la Permanencia.

Pero la buena vida no agota el potencial del hogar; la duración desplegada en forma de gozo mantiene al individuo apartado; y es otra vez a través del tiempo como encontramos la salida de esta incomunicación. Esta existencia aboca a la soledad y a la monotonía cuando se toma conciencia del tiempo; y pensar el tiempo es pensar el futuro, el horizonte de la especulación temporal

es el porvenir.31 Por ello el último estadio de la condición doméstica se asienta en un futuro que nos es absolutamente ajeno, su distancia con respecto al presente no tiene nada que ver con la distancia del afuera respecto al adentro. Esta distancia no puede ser abordada por un individuo aislado, y así, empuja a la condición doméstica a salir de su incomunicación. La construcción de un tiempo más allá de una existencia presente, reclama la intersubjetividad, la experiencia de duración de un solo individuo no ofrece una medida razonable del porvenir, aquello que se le escapa al individuo aislado, necesita de otras secuencias temporales para hacerlo inteligible, Levinas dice: "El porvenir es lo otro. La relación con el porvenir es la relación misma con lo otro. Hablar del tiempo a partir de un sujeto solo, de una duración puramente personal, es algo que nos parece imposible."32La condición doméstica debe procurar un porvenir a sus habitantes, por tanto su temporalización está volcada hacia el futuro. En último término la construcción del tiempo de la morada es una construcción compartida, es una Hospitalidad.

1.2.3. Lo interior

La interioridad se encuentra muy vinculada al concepto de intimidad, pero a diferencia de este, aquel siempre remite a un sustrato espacial. La interioridad, para nuestra tesis, será la espacialidad de la intimidad, y

31

“La anticipación al porvenir, la proyección al futuro, acreditadas como lo esencial del tiempo en todas las teorías, desde Bergson hasta Sartre, no constituyen más que el presente del porvenir, no el porvenir auténtico; el porvenir es aquello que no se capta, aquello que cae sobre nosotros y se apodera de nosotros.” Levinas, E. El tiempo y el Otro. p. 117

32

concretamente cuando esta se localiza en la vivienda. La interioridad se va construyendo a lo largo de la vida de los habitantes y aunque la edificación permanezca inalterada no sucede lo mismo con ella ya que depende de las actividades que allí se generan, de los hábitos y de las prácticas cotidianas. Diremos entonces que la interioridad es el lugar donde nos podemos desplegar tal cual somos, la vivienda podrá ser ese soporte material en el que registrar la vida para contárnosla a nosotros mismos y a través de esos relatos a los demás. 33

Para entender la interioridad en el ámbito puramente arquitectónico recurriremos a Beatriz Colomina que reflexionando sobre la arquitectura y su imagen, dice: "El interior es aquello que no puede ser fotografiado"34, es decir, que no puede ser expresado por la imagen o no sólo por la imagen. También para Loos la imagen no formaba parte de la experiencia del interior de sus viviendas y así decía: "Los habitantes de mis interiores no reconocen en foto sus propias viviendas."35Pero si no se capta a través de la percepción visual, ¿cómo se puede hacer inteligible? Intentaremos dar respuesta a esta pregunta con el apoyo de ilustraciones provenientes de la literatura, pero por ahora solo queremos dejar planteada la idea según la cual la interioridad no se comprende solo a través de la mirada.

El tiempo propio surge cuando el espacio de la vivienda se llena de vida; la arquitectura puede favorecer o perjudicar esta operación, pero el espacio de la interioridad siempre depende de sus habitantes. Los ocupantes seleccionan imágenes, experiencias, deseos y recuerdos que sustraen del flujo del tiempo

33

"La intimidad está ligada al arte de contar la vida (y no, como suele creerse, a la astucia de no contar nada, no sea que luego vayan contando por ahí...), que, dicho sea de paso, es, sin más, el arte." Pardo, J. L. La Intimidad. p. 29

34

Colomina, B. Privacidad y publicidad. la arquitectura moderna como medio de comunicación de masas. Madrid: Cendeac; 2010 p. 39

35

objetivo para protegerlos y dotarlos de un significado personal. Los esquimales netsilik lo definen así: "Estar rodeado por los olores de las cosas de uno."36 Esta conversión hacia el olfato podría también hacerse hacia los otros sentidos; el hecho relevante de la interioridad, desde el punto de vista de su aprehensión, es que no tiene un origen concreto, nos envuelve, tenemos claro lo que percibimos pero no de dónde surge esa información, no tiene una fuente única ni mucho menos concreta y afecta a todas las modalidades sensoriales a la vez.

Sin embargo esta argumentación deja, aparentemente fuera de la condición doméstica a las personas que no tienen una casa propia. Antes de nada recordar que no es necesario la materialidad de la vivienda para que esta se dé, y por otra parte la casa como objeto tampoco es por sí sola su desencadenante; Colomina advierte de una pérdida generalizada de la domesticidad en el mundo actual. Pero en las sociedades actúales el gravísimo problema de los sin-techo se nos presenta desde esta nueva perspectiva,37 estos nuevos pobres son personas que no tienen tampoco la posibilidad de tener un lugar para la interioridad y al problema de la pobreza se le une el no menor del anonimato, el de no poder construir su identidad desde un lugar y el

36

Lynch, K. La imagen de la ciudad. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, SL; 1998 p. 49 37

A este respecto plantea Pardo que estas personas sin hogar presentan el grave problema de las clases medias sin intimidad: "Los nuevos pobres de nuestros días son, en efecto, la gente sin hogar. Pero los vagabundos que envuelven sus cuerpos en papel de periódico en los parques o en los túneles suburbanos, además de representar un tipo de pobreza ya muy antigua, no son sino la expresión extrema de esa nueva miseria que alcanza a toda la ilimitada "clase media" (o, como también se dice, a las "nuevas clases medias", eufemismo para referirse a aquellos que piensan que ya no son pobres), a todos aquellos que "envuelve su existencia con periódicos" (y telediarios, y programas radiofónicos o informáticos), es decir, aquellos que no tienen más información en la que le suministran los (así llamados) medios de comunicación de masas (información pública que se convierte en basura a medida que se produce), aquellos cuyo hogar -desde la fachada externa de sus viviendas uniformadas hasta el corazón nuclear de su sala de estar presidida por la televisión- ha sido destruido y sustituido por un envoltorio publicitario, una jerga de cristal transparente convertida toda ella en información (¡y todavía hay quien llama a esto "cosmopolis" y ve en ello la realización perfecta de la libertad republicana!)." Pardo, J. L. Op. Cit. p. 91

de no tener un punto de referencia estable. Cuando se habla de "una vivienda digna" por parte de los poderes públicos, las más de las veces no saben bien lo que están diciendo.

Es esclarecedor la reflexión que hace Yatin Pandya sobre el chabolismo en Ahmadabad: "Estos asentamientos informales constituyen en cierto modo un stock espontáneo de vivienda. La autoconstrucción permite que sus habitantes adecuen las viviendas a su modo de vida, a su sistema de valores, cultura y a muchas de sus necesidades. A su vez los habitantes de los AHP (Asentamientos Humanos Precarios), ofrecen mano de obra, servicios y productos para construcciones en la zona, industrias y actividades cercanas. Los slums no deberían ser considerados como una lacra para la ciudad. La no tenencia del suelo disuade a la gente para invertir en sus viviendas; esto ralentiza o bloquea el proceso de mejora de las viviendas. El derecho a la propiedad del suelo es uno de los factores determinantes para asegurar el sentimiento de pertenencia de las personas a un lugar y de facilitarles tomar ellos mismos las riendas de su propio desarrollo por medio de sus recursos."38 No podemos estar más de

In document Constrained School Choice (Page 33-44)

Related documents