Science of the Total Environment (2018) 622: 282-
4.4 Background element content as an interpretative tool in biomonitoring application
En los años entre 1920 y 1940, Jung se ocupó con numerosos textos clásicos hindúes, chinos y budistas acerca de yoga y meditación. En ese tiempo él también comenzó a agregar algunos de los conceptos representados en esos escritos a su ya madura propia visión de la psicología, que consideraba tanto el lado personal como suprapersonal de la psiquis. Lo más importante en ese contexto es la idea que él sostenía acerca del Ser, como una imagen trascendental de lo divino que vive en cada uno de nosotros. La introducción de ese concepto estaba inspirada por la idea hinduista del atman, un concepto que a veces ha sido traducido por otros eruditos como "Ser supremo", Ser infinito" o "Supraalma". Jung desarrolló por primera vez el concepto del Ser en su trabajo Tipos psicológicos (1921).
Entre 1932 y 1940, Jung organizó regularmente seminarios en la Universidad Confederada de Zürich. En 1933 no sólo trataba sus propias ideas psicológicas en sus conferencias, sino también el yoga Kundalini. En 1938/39 él se dedicó a diversos textos orientales, entre ellos el Yoga del
Patañjali Sutra, que se consideran como la primera fijación escrita de la doctrina yoga. En esas
conferencias se incluían muchas de sus reflexiones sobre el asunto del karma, de las klesas y de los samsaras, como también reflexiones acerca de la dificultad de traducir adecuadamente esos conceptos extraños al equivalente occidental. Se dice que en su primera conferencia acerca del yoga Kundalini, Jung dijo:
La psiquis de un niño... no es en ningún caso tabula rasa. En el inconsciente vive un rico mundo de imágenes arquetípicas, y los arquetipos son condiciones, leyes o categorías de la fantasía creativa; por eso, se les podría designar como equivalentes psicológicos de los samsaras.
Él agregó, además, que el pensamiento oriental probablemente interpreta esa doctrina en forma totalmente diferente, y no hizo más observaciones al respecto. El mismo cuidado tuvo en su comentario, citado ya varias veces, del Libro Tibetano de la muerte:
Por lo tanto, se puede aceptar cuidadosamente el concepto de karma, sólo en la medida en que es entendido en un amplio sentido como herencia psíquica en general, es decir, como herencia de particularidades psíquicas, como disposiciones a enfermedades, rasgos características, aptitudes, etcétera.
A pesar de ese acercamiento extremo de la teoría junguiana a la concepción yoga de los samsaras, nunca se ha construido realmente un puente entre la psicología oriental y la occidental. Jung insistía, además, que los arquetipos no tenían un contenido determinado, sino solamente eran principios formativos, lechos secos de ríos sin ríos, por así decirlo. En su teoría de los samsaras no tenían lugar los vasanas y los klesas, es decir, rastros concretos de memoria. Y así explicó él en el mismo comentario:
Hasta donde yo sé, no existen herencias individuales prenatales de recuerdos, pero hay arquetipos heredados que, sin embargo, están vacíos, ya que en primer lugar no contienen ninguna experiencia subjetiva Llegan a la consciencia, como ya se ha dicho, sólo una vez que experiencias personales los han puesto de manifiesto.
En 1942 Jung había modificado un poco su posición y reconoció entonces la actividad de un "factor kármico" en los arquetipos. Además, él aseguró que ese factor se expresaba en imágenes míticas:
Arriba mencionamos el hecho que el inconsciente contiene en cierto modo dos capas: la personal y la colectiva La personal llega a su fin con los recuerdos más remotos de la infancia; la colectiva, en cambio, contiene el tiempo preinfantíl, es decir, el resto de la vida de los antepasados. Mientras las imágenes del inconsciente personal son de algún modo completas, porque son imágenes vividas, los arquetipos del inconsciente colectivo son incompletas, porque no son formas vividas por el individuo personalmente. Cuando, en cambio, la regresión de la energía psíquica irrumpe en los rastros o en los legados de la vida de los antepasados, sobrepasando incluso el tiempo preinfantü, entonces despiertan imágenes mitológicas: los arquetipos. Un mundo espiritual interior, del que antes no teníamos idea, se abre y aparecen contenidos que tal vez estén en el más severo contraste con nuestras opiniones actuales.
En una especie de apéndice de esas ideas, Jung escribió entonces en una nota al píe de ese pasaje:
El lector se dará cuenta que aquí se inmiscuye en el concepto de los arquetipos un nuevo elemento que no ha sido mencionado antes. Esa mezcla no significa una falta de claridad involuntaria, sino una ampliación intencional del arquetipo por medio del factor kármico, tan importante en la filosofía hindú. El aspecto del karma es imprescindible para una comprensión profunda de la esencia de un arquetipo.
Sin embargo, permanece una diferencia notoria entre experiencias preexistenciales e imágenes arquetípicas o míticas. Jung tampoco explica en ninguna parte cómo el "factor kármico" se impone en realidad en los arquetipos.
Jung aceptó bien algo así como recuerdos preexistenciales efectivos, tan sólo en su último decenio de vida. Pero incluso en ese tiempo, sus declaraciones eran extremadamente reservadas. E rio van Waveren, un colega al que el mismo Jung le había dado formación profesional, lo confrontó con una serie de sueños en los que se podían comprobar claramente la existencia de recuerdos preexistenciales. Durante las sesiones que tuvieron juntos, Jung expuso abiertamente frente a van Waveren muchas de sus propias experiencias.
En nuestra entrevista él fue tan abierto y franco como nunca lo había visto. Nuestra conversación fue tan íntima, que al día siguiente le solicitó a su esposa que hablara conmigo en el Instituto Jung y me pidiera no hablar con nadie acerca de aquella conversación. En nuestro mundo occidental las ideas orientales se aceptan más fácilmente si son expuestas de manera más o menos científica. El Profesor Jung era un maestro extraordinario en ese campo. Cuando conversaba conmigo sobre el asunto de una determinada encarnación, hablaba de un antecesor, o de "componentes heredados", "antecesores psíquicos", "almas antecesoras". El Profesor Jung usaba todos esos diversos conceptos para referirse a la idea de la metamorfosis...
Las reservas científicas de Jung se han reflejado también en Recuerdos, sueños y
pensamientos de su autobiografía dictada poco antes de su muerte en 1961. Ahí dice que él
nunca encontró una prueba empírica de la reencarnación personal. Pero luego agrega:
Hace poco observé en mí mismo una serie de sueños, los que a mi parecer describían el proceso de reencarnación de un personaje fallecido que yo conocía. Ciertos aspectos se podían seguir incluso hasta la realidad empírica, con una probabilidad no totalmente rechazable. No he observado ni escuchado jamás algo parecido, de modo que no tengo posibilidades de comparación. Como, por lo tanto, mi observación es subjetiva y única, sólo quiero comunicar su existencia, pero no su contenido. Pero debo admitir, que después de esa experiencia considero el problema de la reencarnación un poco de otra manera, sin estar en condiciones, sin embargo, de poder sostener una opinión determinada al respecto.
general, que gran parte de los Recuerdos, sueños y pensamientos de los parientes de Jung fueron retirados de los manuscritos, porque éstos tenían miedo de ensuciar el nombre de la familia. Así, todos los informes les fueron reembolsados a su estrecha colaboradora Toni Wolff poco antes de la publicación.
¿Era tal vez la creciente creencia de Jung en la reencarnación igualmente una molestia para sus familiares? Según la declaración de un colega, parece ser efectivamente así. Ese colega viajó hace poco a Zürich y visitó a una de las hijas de Jung, para hablar con ella especialmente acerca de la creencia en la reencarnación por parte de Jung. Ella le informó que su padre se había pronunciado sobre ese tema en varias partes de su autobiografía, pero su editor de Zürich había modificado todo eso.
"De dónde sabe usted eso?", preguntó mi colega.
En vez de contestar, ella lo condujo a un cuarto contiguo y le mostró una vitrina de vidrio donde estaba el manuscrito de Recuerdos, sueños y pensamientos. Enseguida ella le mostró partes determinadas que habían sido modificadas intencionalmente por el editor, para moderar ciertas observaciones acerca del tema de la reencarnación. Muy evidentemente, los parientes de Jung y su editor lo habían presionado a hacer esas modificaciones, por temor a que él pudiera aparecer como senil ante la opinión pública.
¿Pero qué pasó con las propias experiencias preexistenciales de Jung? Por otro lado, no hay ninguna declaración oficial de él al respecto, pero yo me pregunto, si la famosa personalidad N° 2, de la que se habla en sus memorias, no consiste tal vez en un fragmento preexistencial. Y así describió Jung su ser secundario, que apareció cuando él tenía doce años de edad:
[...] Para mi mayor confusión, me di cuenta que en realidad yo era dos personas diferentes. Una era el joven estudiante que no podía comprender las matemáticas y que ni siquiera estaba seguro de sí mismo, el otro era importante, de gran autoridad, un hombre que no estaba para bromas [...] Él era un hombre de edad avanzada, que vive en el siglo dieciocho, y lleva puestos zapatos con hebilla y una peluca blanca y viaja en una calesa con ruedas traseras altas y cóncavas, entre las cuales está colgada la caja del cochero, de resortes y correas de cuero.
El muchacho había visto después efectivamente un antiguo carruaje de ese tipo en Schwarzwald y esa visión había causado en él el pensamiento: "Sí, ese es! Con toda seguridad proviene de mi época". Eso suena como si la visión del carruaje hubiera reactivado en Jung un fragmento de un recuerdo del siglo dieciocho. De manera interesante, en un decisivo sueño de adulto en el que Jung vio una casa de muchos pisos (una impresión que despertó en él la idea de las diversas capas históricas del inconsciente colectivo), el piso superior era "una especie de salón que estaba amoblado con antiguas piezas de estilo Rococó". Eso es suficiente como descripción de una casa del siglo dieciocho. En el sueño, el piso de más abajo provenía del siglo quince/dieciséis.
Si ha habido un personaje del siglo dieciocho con el que Jung estaba obsesionado, ese era Goethe. Las semejanzas entre los intereses de Jung y Goethe no son difíciles de distinguir. Ambos eran científicos y visionarios, los dos se dedicaron a la alquimia, con el asunto del Mal y de lo eternamente femenino. En las dos partes de Fausto de Goethe están en primer plano aquellos aspectos de la vida emocional, que Jung destacó como planos personales y arquetípicos del inconsciente. Naturalmente, cuando era niño Jung estudió detalladamente a Goethe. ¿Pero debe haber tenido también Jung en sí, un fragmento preexistencial del desvanecido Goethe? Por supuesto nadie puede saberlo, pero en la familia se contaba una historia, según la cual el abuelo de Jung había sido probablemente un descendiente ilegítimo de Goethe.