Érase una vez un granjero cuyo único caballo se escapó de la cuadra. Cuando los vecinos lamentaron la pérdida que había sufrido, el granjero dijo: «Buen suceso, mal suceso, ¿quién sabe?».
Pero cuando el caballo regresó a la granja al frente de una manada entera de caballos salvajes, los vecinos felicitaron al anciano por su buena suerte. Entonces el granjero dijo: «Buen suceso, mal suceso, ¿quién sabe?».
Más tarde, cuando el hijo único del granjero cayó del caballo, rompiéndose una pierna, en la temporada de cosecha, los vecinos deploraron los problemas del granjero. Pero el granjero dijo: «Buen suceso, mal suceso, ¿quién sabe?».
Y cuando el jefe militar reclutó para su ejército a todos los jóvenes del valle excepto al muchacho que tenía la pierna rota, los demás granjeros a los que habían privado de sus hijos maldijeron su mala suerte y celebraron la buena fortuna del granjero. Pero el granjero dijo: «Buen suceso, mal suceso, ¿quién sabe?».
Actividad del Salmo 105
Escribe en una hoja de papel: «Te doy gracias, Dios mío», diez veces, en columna. Ahora completa la oración dando gracias a Dios por cinco acontecimientos «buenos» de tu vida y cinco «malos». Comparte tu oración de gratitud con un amigo íntimo.
Salmo 105
Dad gracias al Señor, invocad su Nombre, informad de sus hazañas a los pueblos. Cantadle al son de instrumentos,
comentad todas sus maravillas. Gloriaos de su Nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder,
buscad siempre su presencia. Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios y las sentencias de su boca. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo,
hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. Se acuerda siempre de su alianza,
de la palabra dada, por mil generaciones, de la alianza sellada con Abrahán
y el juramento hecho a Isaac, confirmado como ley para Jacob, como alianza eterna para Israel. A ti te daré el país cananeo como lote de tu heredad. Cuando eran unos pocos mortales,
contados e inmigrantes en el país, cuando erraban de pueblo en pueblo, de un reino a otra nación,
a nadie le permitió oprimirlos, y por ellos castigó a reyes: No toquéis a mis ungidos, no maltratéis a mis profetas.
Llamó al hambre sobre aquel país, cortando el sustento de pan,
por delante había enviado a su hombre, a José, vendido como esclavo.
Le trabaron los pies en grillos, le metieron el cuello en la argolla; hasta que se cumplió su predicción, y la palabra del Señor lo acreditó. El rey lo mandó libertar,
el soberano le abrió la prisión.
Lo nombró administrador de su casa y señor de todas sus posesiones,
para que a su gusto instruyera a los nobles y aleccionase a los consejeros.
Entonces Israel entró en Egipto, Jacob emigró al país de Cam. Dios hizo a su pueblo muy fecundo y más poderoso que sus enemigos. Les cambió el corazón
para que odiaran a su pueblo
y usaran malas artes con sus siervos. Envió a Moisés, su siervo,
y a Aarón, su elegido,
que ejecutaron contra ellos signos y prodigios contra el país de Cam. Envió la oscuridad y oscureció,
pero ellos resistieron a sus palabras. Convirtió sus aguas en sangre y dio muerte a sus peces. Pululaban ranas por el país, hasta en las estancias reales. Ordenó que vinieran tábanos y mosquitos por todo el territorio. En vez de lluvia les dio granizo y rayos por todo el territorio. Dañó higueras y viñas
y tronchó los árboles del país. Ordenó que viniera langosta, saltamontes innumerables,
que roían la hierba de la tierra
y devoraban los frutos de sus campos. Hirió a los primogénitos del país: primicias de su virilidad.
Los sacó cargados de oro y plata, y entre sus tribus
ninguno tropezaba.
Los egipcios se alegraban de su marcha, porque los sobrecogió el terror.
Tendió una nube que los cubriese y un fuego que los alumbrara de noche. Lo pidieron, y envió codornices
y los sació con pan celeste. Hendió la peña y brotó agua,
que corrió hecha un río por el desierto. Porque se acordaba de la palabra sagrada que había dado a Abrahán, su siervo. Sacó a su pueblo con alegría,
a sus escogidos con aclaraciones. Les asignó las tierras de los paganos, y poseyeron las haciendas de las naciones. Para que así guarden sus decretos
y observen su Ley. ¡Aleluya!
«Cualquiera puede ser papa; yo soy la prueba de ello».
JUA N XXIII
C
ANTO23:
HUMILDAD
«Tú salvas al pueblo humilde».
(Salmo 18)
E
ste es un buen salmo para acometer cualquier empresa difícil. Ayuda a comprender mejor cualquier situación de riesgo, incertidumbre o presión. El mensaje es escueto y claro: Dios salva al pueblo humilde, a aquellos para quienes Dios es Dios.La humildad, a fin de cuentas, es simplemente la verdad de nuestra existencia. Humildad es la capacidad de saber en todo momento quiénes somos en el universo. La humildad deja que Dios sea Dios.
Son humildes los que no necesitan controlarlo todo. Son humildes los que no necesitan razones para todo. Son humildes los que no necesitan estar seguros de todo. Son humildes los que, simplemente, hacen todo lo que está en su mano y luego dejan que la vida siga su curso. Dejan que
ocurran las cosas. Dejan que los programas, el trabajo, los planes y las personas sigan su propio camino, porque confían en los demás y confían en Dios.
Entonces Dios puede actuar en sus vidas. Entonces ellos pueden permitir los cambios, sabiendo que «Dios salva al pueblo humilde».
Ideas para el alma
• Las personas que son humildes de verdad, que saben que son tierra o humus –de donde procede la palabra humilde–, tienen cierto aire de independencia y autocontrol.
• Humildad es la entrega total y continua al poder de Dios presente en mi vida y en las vidas de los demás.
• La persona humilde regala todos sus dones especiales –sus ideas, su tiempo, su talento, su presencia– y queda sinceramente sorprendida cuando descubre que las demás personas los necesitan de verdad.
• Humildad es la capacidad de reconocer la gloria que hay en el barro del que estoy hecho.
• La humildad nos salva de esa enfermedad terminal que es el egocentrismo. Nos permite sentirnos cómodos con lo que somos, de tal manera que también podemos sentirnos cómodos con lo que son los demás.
Un relato sapiencial de Theophane el monje
Me acerqué a un monje muy anciano y le pregunté: «¿En qué consiste la audacia de la humildad?».
Aquel hombre no me conocía de nada, pero ¿sabes cuál fue su respuesta? «En ser el primero en decir “Te quiero”».
Actividad del Salmo 18
Dile hoy «Te quiero» a alguien, a la persona que menos se lo espere. Dile por qué la quieres.
Salmo 18
¡Yo te amo, Señor, mi fortaleza!
¡Señor, mi peña, mi alcázar, mi libertador!, ¡Dios mío, roca mía en que me refugio! ¡Fuerza mía salvadora, mi baluarte famoso! Invoco al Señor y quedo libre del enemigo. Me cercaban lazos de Muerte,
torrentes destructores me aterraban, me envolvían lazos del Abismo, me asaltaban redes de muerte. En el peligro invocaba al Señor
pidiendo socorro a mi Dios;
desde su templo escuchó mi clamor, mi grito de socorro llegó a él, a sus oídos. Tembló y retembló la tierra,
los cimientos de los montes vacilaron estremecidos por su cólera.
De su nariz se alzaba una humareda, de su boca un fuego voraz
y lanzaba ascuas ardiendo. Inclinó los cielos y bajó,
con nubarrones bajo los pies; volaba cabalgando un querubín, cerniéndose sobre las alas del viento se escondió en la oscuridad;
como un toldo lo rodeaban
oscuro aguacero y nubes espesas. Al fulgor de su presencia,
las nubes se deshicieron en granizo y centellas; mientras el Señor tronaba en el cielo,
el Altísimo lanzaba su voz.
Disparando saetas los dispersaba,
enloquecidos por relámpagos continuos. Apareció el cauce del mar
y se descubrieron los cimientos del orbe, ante tu bramido, Señor,
ante el resoplar furioso de tu nariz. Desde arriba alargó la mano y me agarró
y me sacó de las aguas caudalosas; me libró de enemigos poderosos, de adversarios más fuertes que yo. Me asaltaban el día funesto,
pero el Señor fue mi apoyo. Me sacó a un lugar espacioso, me libró porque me amaba. El Señor retribuyó mi rectitud,
retribuyó la pureza de mis manos, porque seguí los caminos del Señor y no renegué de mi Dios;
porque tuve presentes sus mandatos y no aparté de mí sus preceptos; fui íntegro con él
guardándome de toda culpa. El Señor retribuyó mi rectitud,
la pureza de mis manos ante sus ojos. Con el leal tú eres leal,
con el íntegro tú eres íntegro, con el sincero tú eres sincero, con el taimado tú eres sagaz. Tú salvas al pueblo afligido y humillas los ojos soberbios. Tú, Señor, enciendes mi lámpara,
Dios mío, tú alumbras mis tinieblas. Por ti yo corro a la refriega,
por mi Dios asalto la muralla. Perfecto es el camino de Dios,
es escudo para los que a él se acogen. Porque, ¿quién es Dios fuera del Señor?
¿Quién es Roca fuera de nuestro Dios? Dios me ciñe de valor
y hace íntegros mis caminos; me hace los pies como de cierva
y me asienta en sus alturas, adiestra mis manos para la guerra y mis brazos para tensar la ballesta. Me prestaste tu escudo salvador,
tu diestra me sostuvo,
multiplicaste tus cuidados conmigo. Ensanchaste el camino a mis pasos y no flaquearon mis tobillos.
Perseguía al enemigo hasta alcanzarlo
y no volvía hasta haber acabado con él; los machaqué y no pudieron rehacerse, cayeron bajo mis pies.
Me ceñiste de valor para la guerra, doblegaste a los que me resistían; pusiste en fuga a mis enemigos, reduje al silencio a mis adversarios. Pedían auxilio, nadie los salvaba;
gritaban al Señor, no les respondía.
Los reduje a polvo que arrebata el viento, los desmenucé como barro de la calle. Me libraste de las contiendas de mi pueblo,
me hiciste cabeza de naciones; un pueblo extraño fue mi vasallo. Los extranjeros me adulaban,
me escuchaban y obedecían. Los extranjeros desfallecían, salían temblando de sus baluartes. ¡Viva el Señor, bendita sea mi Roca!
¡Sea ensalzado mi Dios y Salvador! El Dios que me dio el desquite y me sometió los pueblos,
que me libró del enemigo,
me levantó sobre los que resistían y me libró del hombre violento. Por eso te daré gracias ante las naciones
y tañeré, Señor, en tu honor: Tú diste gran victoria a tu rey, fuiste fiel con tu Ungido,
«Disponer unas flores en un jarrón puede aportar una sensación
de tranquilidad en un día atareado,
lo mismo que… rezar una oración».
ANNE MORROW LINDBERGH
C
ANTO24:
NATURALEZA
«Tuyos son los cielos, tuya es la tierra; el orbe y cuanto contiene
tú lo cimentaste».
(Salmo 89)
E
ste salmo trata de relaciones. Resuena con la promesa y las responsabilidades que conlleva una alianza con Dios. Nos recuerda que somos los administradores, no los propietarios, de esta creación.El problema llega cuando olvidamos eso; cuando comenzamos a creer que todas las cosas de la vida nos pertenecen. Hablamos de «nuestros empleados», «nuestros proyectos», «nuestro dinero», «nuestro coche», «nuestro país», «nuestro éxito» y «nuestros logros». Comenzamos a apropiarnos de las obras de Dios, y la posesión de las obras de Dios conduce inevitablemente a la ruina y la decepción, porque el centro se desplaza. Comenzamos a pensar en el control
en vez de en la comunidad humana, el sentido de la vida y el verdadero significado de las cosas. El salmo pide un espíritu de cocreación. Nos pide que soltemos la presa.
Ideas para el alma
• Debemos empezar a ver el planeta como algo con vida propia, sagrado y lleno de la gloria de Dios.
• Le hemos hecho la guerra a la naturaleza y nos preguntamos por qué hay tan poca paz en nuestro interior, cuando lo que destruimos es precisamente lo que más necesitamos.
• Estar inmerso en la naturaleza es estar inmerso en la imaginación de Dios.
• No existimos al margen de la naturaleza, por encima de la naturaleza ni con independencia de la naturaleza; somos, hablando claro, su elemento más vulnerable.
• Lo que más ha perdido el mundo moderno es el sentido de la responsabilidad sobre la naturaleza. En la sociedad del usar y tirar no se considera que haya vida en nada. Las cosas solo tienen una utilidad temporal.
Un relato sapiencial de la tradición oral
«Hay tres niveles en el desarrollo espiritual –dijo el maestro–: el carnal, el espiritual y el divino».
«Y bien, maestro –preguntaron los discípulos, impacientes–, ¿cuál es el nivel carnal?».
«Es el nivel en el que los árboles se ven como árboles y las montañas como montañas», respondió el maestro.
«¿Y el espiritual?», continuaron los discípulos.
«El espiritual es cuando uno profundiza en las cosas. Entonces los árboles dejan de ser árboles y las montañas, montañas».
«¿Y el divino?», preguntaron sobrecogidos los discípulos.
«Ah, sí, el divino –dijo el maestro, con risa contenida– es cuando los árboles vuelven a ser árboles y las montañas, montañas».
Actividad del Salmo 89
Ten una cita contigo mismo en la naturaleza. Una vez a la semana, ve a disfrutar de algún paisaje natural: un lago, un bosque, un jardín, una puesta de sol…
Salmo 89
La lealtad del Señor cantaré eternamente, anunciaré de edad en edad tu fidelidad. Afirmo:
Tu lealtad está construida en los cielos, en ellos está firme tu fidelidad:
–He sellado una alianza con mi elegido, jurando a David mi siervo:
Te fundaré un linaje perpetuo
y te construiré un trono para todas las edades. Proclamen los cielos tu maravilla, Señor,
tu fidelidad en la asamblea de los Santos. Pues, ¿quién sobre las nubes
se compara al Señor
o se asemeja al Señor entre los seres divinos? Dios es temido en el Consejo de los Santos, es grande y terrible para toda su corte. Señor Dios Todopoderoso, ¿quién como tú? Tu poder y fidelidad, Señor, te hacen corte. Tú domeñas la soberbia del mar
y amansas la hinchazón del oleaje. Tú traspasaste y destrozaste a Rahab, con brazo potente dispersaste al enemigo. Tuyos son los cielos, tuya es la tierra; el orbe y cuanto contiene tú lo cimentaste. Tú has creado el Norte y el Sur,
el Tabor y el Hermón aclaman tu Nombre.
Tú tienes un brazo valeroso; fuerte es tu izquierda,
sublime tu derecha.
Bondad y Lealtad se presentan ante ti. Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, Señor, a la luz de tu rostro. Tu Nombre es su gozo constante, tu justicia es su orgullo.
Tú eres su honor y su fuerza; con tu favor se alza nuestro cuerno. Porque el Señor es nuestro Escudo, del Santo de Israel nuestro rey. Un día hablaste en visión
declarando a tus leales:
He ceñido la diadema a un valiente, he exaltado a un soldado de la tropa. Encontré en David un siervo
y lo he ungido con óleo sagrado. Mi mano estará firme con él y mi brazo lo hará esforzado. No lo engañará el enemigo ni los criminales lo humillarán. Ante él machacaré a sus adversarios
y heriré a los que lo odian.
Mi fidelidad y lealtad lo acompañarán, en mi Nombre se alzará su cuerno. Extenderé su izquierda hasta el Mar y su derecha hasta Los Ríos.
Él me invocará: Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca de salvación. Y yo lo nombraré mi primogénito, excelso entre los reyes de la tierra. Le guardaré lealtad eterna
y mi alianza con él será estable. Le daré un linaje perpetuo
y un trono duradero como el cielo. Si sus hijos abandonan mi ley y no siguen mis mandamientos, si profanan mis preceptos y no guardan mis mandatos, castigaré con vara sus delitos
y a latigazos sus culpas; pero no les retiraré mi lealtad
ni desmentiré mi fidelidad; no profanaré mi alianza ni cambiaré mis promesas. Una vez juré por mi santidad no faltar a mi palabra con David. Su linaje será perpetuo
y su trono como el sol en mi presencia; como la luna que permanece siempre: testigo fidedigno en las nubes.
Pero tú, encolerizado con tu Ungido, lo has rechazado y desechado; has roto la alianza con tu siervo
y has profanado por los suelos su diadema. Has desportillado sus tapias
y derrocado sus fortalezas. Cualquier viandante la saquea y es la afrenta de sus vecinos.
Has alzado la diestra de sus enemigos, y llenado de gozo a sus adversarios. Le has doblado la hoja de la espada y no lo has sostenido en la batalla. Has empañado su resplandor y has derribado su trono por tierra. Has acortado los días de su juventud y lo has vestido de ignominia.
¿Hasta cuándo, Señor, te mantienes escondido y arde como fuego tu cólera? Recuerda lo que dura mi vida:
¿has creado en vano a los humanos? ¿Qué hombre vivirá sin ver la muerte?
¿Quién librará su vida de la garra del Abismo? ¿Dónde está, Dueño mío, tu antigua lealtad,
lo que tu fidelidad juró a David?
Fíjate, Dueño mío, en la afrenta de tus siervos, lo que tengo que aguantar
cómo afrentan las huellas de tu Ungido, cómo afrentan, Señor, tus enemigos. ¡Bendito el Señor por siempre!
Amén, amén. Amén, amén.
«La vaca debe pastar donde está atada».
PROV ERBIOA FRICA NO