• No results found

IMPLEMENTING EFFECTIVE TRANSPARENCY IN KENYA

5.2 Further Barriers to Effectiveness

ducida en el cerebro de ese observador. Como hemos visto, estas dos líneas

pueden no superponerse en un registro ortogonal (bien alineadas): aunque

la (mala) discriminación del rojo-pasando-a-verde se produjera en el cerebro

después de la discriminación del punto verde, la secuencia subjetiva o na- rrativa es, evidentemente, punto rojo, seguido de rojo-pasando-a-verde, y fi- nalmente punto verde. Así pues, dentro de la distribución temporal del pun-

to de vista del sujeto pueden producirse diferencias de orden que den lugar a bucles temporales.

h ¡

Figura 5.12

No hay nada de metafísicamente extravagante o problemático en este fa- llo de registro.11 No es más misterioso o contrario a la causalidad que el

caer en la cuenta de que las escenas de una película no siempre se ruedan en el mismo orden en que luego se montan, o que cuando uno lee la frase «Bill llegó a la fiesta después de Sally, pero Jane llegó antes que ambos», sabe de la llegada de Bill antes de saber de la llegada de Jane. El espacio y el tiempo del representante es un marco de referencia; el espacio y el tiempo de lo que el representante representa es otro. Este inocuo hecho metafísico sirve, no obstante, como fundamento de una categoría metafísica básica: cuando una porción del mundo pasa, de acuerdo con este método, a compo- ner un ovillo de narraciones, dicha porción del mundo es un observador. En esto consiste precisamente el hecho de que haya un observador en el mun- do, un algo que se siente ser.

Esto no es más que un esbozo de mi modelo alternativo. Todavía queda por aclarar en qué medida difiere del modelo del Teatro Cartesiano, demos- trando cómo puede dar cuenta de determinados fenómenos. En el próximo capítulo pondremos el modelo a prueba con ciertas cuestiones bastante com- plejas, pero primero consideraremos algunos ejemplos más corrientes y sim- ples que han sido objeto de discusión por parte de los filósofos.

Es posible que usted haya experimentado el fenómeno de conducir mu- 11. Esta manera de pensar me vino a la mente después de leer a Snyder (1988), aunque su manera de enfocar los problemas difiere ligeramente de la mía.

VERSIONES MÚLTIPLES FRENTE AL TEATRO CARTESIANO

151

chos kilómetros enfrascado en una conversación con su acompañante (o en un soliloquio silencioso), para darse cuenta al final de que usted no recuer- da la carretera, ni el tráfico, ni su actividad como conductor. Es como si hu- biera estado conduciendo otra persona. Muchos teóricos (yo incluido, tengo que admitirlo —Dennett, 1969, págs. 116 y sigs.) han visto en ello un caso claro de «percepción inconsciente y acción inteligente». Pero, ¿era usted real-

mente inconsciente de todos los coches que pasaron, de los semáforos en

rojo, de las curvas, durante todo el tiempo? Usted prestaba atención a otras cosas, pero es seguro que si se le hubiera sondeado sobre lo que acababa de ver, en diferentes momentos del viaje, usted habría tenido algún detalle, por somero que fuera, que referir. Es preferible interpretar el fenómeno de la «conducción inconsciente» como un caso de conciencia constante con re- pentinas pérdidas de memoria.

¿Es usted constantemente consciente del tic-tac del reloj? Si se parara de repente, lo notaría y podría decir sin dudarlo que se había parado; «us- ted no era consciente» del tic-tac hasta el momento en que se paró, y «nunca hubiera sido consciente de ello» si no se hubiera parado, pero ahora ocupa claramente un lugar en su conciencia. Un fenómeno aún más sorprendente es aquel en que usted es capaz de contar, retrospectivamente en la experien- cia de la memoria, las campanadas de un reloj que ya había tocado cuatro o cinco campanadas cuando usted se dio cuenta. ¿Cómo es posible que us- ted recuerde haber oído con tanta claridad algo de lo que no era consciente desde el principio? La pregunta traiciona un compromiso con el modelo car- tesiano; no hay hechos fijos sobre el flujo de la conciencia, independiente- mente de los sondeos determinados.

CAPÍTULO 6

T I E M P O Y E X P E R I E N C I A

Puedo decir, claro está, que mis representaciones son sucesivas, pero esto sólo quiere decir que tenemos conciencia de ellas c o m o situadas en una secuencia temporal, es decir, somos conscientes de ellas de acuerdo con la f o r m a de nuestro sentido interno.

IMMANUEL KANT, Crítica de la razón pura, 1781* En el capítulo anterior consideramos un esbozo del modelo de las Ver- siones Múltiples que resuelve el problema de la «referencia hacia atrás en el tiempo», pero ignoramos algunas complicaciones mayores. En este capí- tulo seguiremos tratando estos asuntos, adentrándonos en territorios más peligrosos, examinando y resolviendo algunas controversias que han surgi- do entre los psicólogos y los investigadores del cerebro en relación a cómo se pueden explicar ciertos experimentos notoriamente problemáticos. Creo que es posible comprender el resto del libro sin necesidad de seguir con de- talle los argumentos que se desarrollan en este capítulo, así que el lector puede limitarse a hojearlo o saltárselo si lo prefiere; sin embargo, he procu- rado organizar mi exposición tan claramente como he podido a fin de que los asuntos tratados aquí resulten comprensibles al profano, y además se me ocurren seis buenas razones para enfrentarse, después de todo, a las partes más técnicas.

1. Quedan por aclarar todavía muchas cosas de mi modelo de las Versio- nes Múltiples, y sólo viendo el modelo en acción podrá usted tener una visión más clara de su estructura.

2. Si todavía le quedan dudas sobre las diferencias que existen entre el modelo de las Versiones Múltiples, en tanto que teoría empírica, y el modelo tradicional del Teatro Cartesiano, estas dudas se disiparán ante el espectáculo que ofrecerán ambos modelos enfrentados.

3. Si usted se pregunta si no hago otra cosa que atacar a un hombre de paja, le resultará aleccionador el descubrir a ciertos expertos hacién- dose un tremendo lío porque, muy a pesar suyo, son unos materialis- tas cartesianos.

* Critica de la razón pura I, Primera parte: Estética trascendental, Sección 2.a El tiempo, §7, A37-B54, Nota k. Traducción al castellano de Pedro Ribas, Alfaguara (Clásicos Alfaguara), Ma- drid, 1978. [N. del TJ.