2. Literature Review
2.5 Blended learning in education for the 21 st century learners
CON LOS VIVOS
1CÉLINEGEFFROY2
Resumen
Los escenarios festivos de wallunk’a (columpios gigantes), en los valles cochabambinos, en el mes de los difuntos, evocan otras escenas de la historia del arte en cuanto a los juegos de seducción. Erotismo, ebriedad, picardía parecen ser los denominadores comunes en todas las fiestas donde se columpian mujeres. Durante las fiestas vallunas con columpio, se asiste a un vaivén de coqueteo entre jóvenes y entre vivos y muertos. Los muertos seducidos se involucran, entonces, en una red de reciprocidad con los humanos.
Palabras clave: Wallunk’a, Columpio, Alcohol, Muertos, Erotismo.
1 Agradezco a Patricia Alandia la traducción de este texto.
2 Antropóloga. Candidata a Doctor en Antropología, Universidad de Niza, Francia. E-mail: [email protected]
3 Quiero agradecer a Carol Komadina Parenteau, quien me ayudó enormemente a precisar mi percepción sobre los columpios, dándome a conocer todo un mundo de balanceo erótico antiguo de aquí y de otros lugares.
4 Los columpios españoles también están ligados a esta festividad puesto que existe la costumbre de hacer una pausa en el cementerio después de un día de columpio en el campo (Ruíz et al. 2008: 36).
mo, las dos fiestas tienen nume- rosos puntos en común; en ambos casos, se encuentra la malicia, la alegría, las coplas de letras picarescas, serpentinas, incluso los recorridos en com- parsa.
Ya mucho antes de la llegada de los conquistadores españoles y la imposición de las fechas del ritual católico, en este periodo del año se sacaba en procesión los huesos de los muertos –que simbolizaban lo seco, lo deshi- dratado–, con la intención de implorar a las divinidades el envío de la lluvia para los culti- vos. Así, Todos Santos cierra la estación seca y celebra el inicio de la revitalización de los campos. El mes de los muertos augura entonces el futuro renacimiento de la naturaleza, y ello ciertamente tiene una influencia sobre el ambiente general. El paralelo con las prácticas andaluces (en España) es interesante, puesto que se inauguraban los juegos de columpios con la primavera, generalmente durante el Carnaval.
Una estructura compleja
Según Novillo Guzmán (2005), son expertos en la materia los que se encargan de seleccionar los troncos de eucalipto –que pueden alcanzar una altura de ocho a diez metros–, los que luego serán plantados profunda y sólidamente en el suelo. Muchas personas deben unir sus esfuerzos para levantarlos, con la ayuda de escaleras y tablo- nes. Esta estructura se constituirá en la sólida base del dispositivo, a fin de evitar que el columpio se caiga por efecto del balanceo. También los columpios pueden ser ins- talados entre dos vigorosos molles o eucaliptos. Como marca del carácter ritual de este juego, Novillo (2005) insiste en la importancia de la ch’alla durante la ceremo- nia de instalación.
Una cuerda gruesa, generalmente de plástico (anteriormente la cuerda era de cuero de vaca), es atada a los extremos de un tronco horizontal, amarrado a los parantes verti- cales plantados en la tierra. Al centro de la cuerda, para permitir a las participantes
sentarse, generalmente se coloca un phullu (frazada) de colores muy vivos5 que fre-
cuentemente ha sido tejido o comprado para la ocasión.6
Fig. 1. Wallunk'a donde se aprecia los dos arcos colgados de premios. Arani. Noviembre, 2009. Foto: Céline Geffroy
5 Al respecto, Rosalía Martínez (2009) muestra finamente, en su artículo publicado en la revista de etnología francesa Terrain, la imbricación tanto de los colo- res, y particularmente de colores vivos y brillantes, como de los gustos, los olores y los sonidos contrastantes en las fiestas bolivianas. Según la etnóloga, la ejecución musical se torna una experiencia multisensorial. Por su parte, Stobart sugiere que estos elementos participan íntimamente de la expresión de las ener- gías internas de los cuerpos (2002: 114).
6 En 2009, la fiesta de las wallunk’a tenía lugar justo antes de las elecciones generales y me llamó la atención cómo el armado de las wallunk’a se convertía en arma de propaganda política. Presencié varios escenarios en los cuales los postes estaban cubiertos de banderas del Movimiento Al Socialismo (MAS), y donde se había plantado varias banderitas masistas para decorarlos. El Movimiento Al Socialismo es el partido político del actual gobierno, con el cual, de mane- ra notable, un gran número de gente campesina se identifica.
Los premios son colgados en dos estructuras armadas al frente y atrás de la wallunk’a. Cuando los pre- mios se acaban al frente, la persona que se balancea se sienta en el otro sentido e intenta atrapar los que están sujetados en el arco de atrás
(Fig. 2).7
Las muñecas en la decoración
Las wallunk’a son una fiesta y un
espectáculo para los ojos, una polisemia de colores y sonidos. La decoración del columpio es generalmente objeto de una gran creatividad.
¡Cuál no fue mi decepción paseán- dome (en 2010) por el barrio de la Organización Territorial de Base
(OTB) Taquiña,8 donde la wallun-
k’a tan publicitada sólo ofrecía una
decoración más que mediocre que consistía en algunas banderitas (banderines) de plástico (con los colores de la marca de cerveza aus- piciadora del evento) pegadas alre- dedor de los troncos de eucalipto (además plantadas en el cemento)! Pero la falta de inventiva de esta instalación casi “oficialista” es una excepción. En otros lugares, los troncos suelen
ser pintados de colores. Otros son envueltos en aguayo9. En algunas wallunk’a, los
troncos son envueltos con tostados10de colores muy vivos. En general, por encima
de esas decoraciones y alrededor de los pilares, se enganchan guirnaldas de flores.11
Recuerdo una fiesta, en el lugar conocido como Cuatro Esquinas, donde el columpio estaba decorado con una muñeca y las banderas del MAS. En otra wallunk’a, más modesta, de alrededor de cinco metros de alto, se balanceaba una muñeca atada a una cuerda sobre la barra transversal, como un reflejo de las cholitas que subían al colum- pio (Fig. 3).
La presencia de las muñecas es frecuente en las fiestas12. También vi una miniatura
que se balanceaba sobre una minúscula wallunk’a de azúcar, puesta sobre un altar de Todos Santos (en Arani), que representaba a la esposa del difunto. Un joven acciona- ba una polea que balanceaba la muñeca.
Me pregunto si estas últimas no representarían, por metonimia, al género humano.
7 Anecdóticamente, en una ocasión, vi que unos arcos de fútbol, donde colgaron las canastas de premios, realzaban esta simetría.
8 Marca de cerveza. La fábrica de cerveza Taquiña se encuentra en el barrio de San Andrés, reputado por celebrar cada año la fiesta de la wallunk’a del mismo nombre. Esta empresa patrocina el evento.
9 Un aguayo es un tejido abigarrado utilizado por las mujeres para transportar a sus bebés o sus productos. 10 Tostados: cereales similares a enormes palomitas de maíz.
11 Decoración muy similar a las descripciones españolas en las cuales los postes estaban decorados de flores, de guirnaldas, de cintas de colores (Ruíz et al. 2008: 26).
12 Se encuentra igualmente, de manera regular, muñecas sobre los cargamentos, que son las ofrendas de automóviles decorados.
Fig. 2. Arco decorado con aguayo, flores, tostados, canastas y baldes. Arani. Noviembre, 2009. Foto: Céline Geffroy.
Fig. 3. Wallunk'a en zona periurbana de la ciudad de Cochabamba. Apote. Noviembre, 2010. Foto: Céline Geffroy.
Durante este periodo consagrado al culto de los muertos, las muñecas simbolizan probablemente el renacimiento del hombre y celebran la vida.
Lugares estratégicos para la instalación de las wallunk’a
La wallunk’a es esencialmente una costumbre quechua de los valles templados, importada de España, que se remontaría a la época de la Colonia. Se encuentran también, con menos frecuencia, columpios en tierras altas. En varias ocasio- nes, participé en fiestas de colum- pio en las frías tierras altas de
Tiraque, en Qhoari13, una comuni-
dad rural. Sin embargo, los habitan- tes cuentan que esta práctica es reciente, puesto que hasta 1970 no había más árboles que los bosques de q’ewiña (Polylepis), que no son lo suficientemente altos ni rectos como para cons- truir un columpio. En estas tierras de altura, se trata más bien de una práctica impor- tada que se ha establecido con los proyectos de forestación de eucaliptos y de pinos, y la llegada de la radio. Sin embargo, los habitantes ya habían tenido conocimiento de estas celebraciones, debido a que el ir y venir hacia el valle es incesante desde hace siglos; algunos incluso celebran la festividad de Todos Santos para sus difuntos en Punata (Fig. 4).
En las comunidades del valle de Cochabamba, las wallunk’a son generalmente insta- ladas al aire libre, en los cruces de las calles más importantes (en los Andes, se con- sideran peligrosas las esquinas). También se las encuentra a lo largo de las carreteras que unen Cochabamba con otras ciudades intermedias, como Sacaba, Quillacollo o Tiquipaya, al igual que en otras regiones de altura e incluso en los valles del depar- tamento de La Paz.
Sin embargo, parecería que, cada vez más, esta costumbre de ubicar las wallunk’a en lugares estratégicos y públicos se pierde en beneficio de una suerte de privatización de la diversión. Actualmente, numerosas son las que se instalan detrás de los muros de chicherías o locales (Fig. 5). O, en su defecto, en espacios que lindan con estos sitios de diversión de los que son parte y donde se puede obtener fácilmente comida preparada para la ocasión, al igual que grandes cantidades de bebidas alcohólicas
(chicha14o guarapo15). Familias enteras llegan a pasear, bailar, comer y, sobre todo, a
beber, durante el día, la tarde e incluso toda la noche.
¿Cómo no ver un legado de los columpios andaluces? Efectivamente, hasta hace unas décadas atrás, nos dicen Ruíz et al. (2008: 24-25), los columpios en España se insta- laban en lugares públicos, tales como plazuelas o calles o también en los cruces de
13 Los pobladores del lugar pronuncian [joari] con una jota postvelar. Sin embargo, en varios letreros públicos de la zona y en los folletos del lugar se suele escribir <k’oari> o <koari>. Aquí restituimos la postvelar normalizada del quechua pero respetamos la vocal abierta: qhoari.
14 Bebida fermentada de maíz. No puedo evitar mencionar aquí una de las célebres chicherías que promociona la fiesta de la wallunk’a, revalorizándola: Chernobyl. En el siguiente sitio se puede ver un video de wallunk’a realizado en esta chichería: http://youtube.com/watch?v=ByjyqEcR-Ro, consulta del 5 de junio de 2012.
15 El guarapo es una bebida de uva macerada.
Fig. 4 Una mini wallunk'a de azúcar colocada en un altar de Todos Santos. Arani. Noviembre 2009. Foto: Celine Jeffroy).
calles. Como consecuencia de las prohi- biciones impuestas por la dictadura, los columpios se escondieron detrás de las puertas de los patios e incluso en las mis- mas casas (Ruíz et al. 2008: 25). Se ins- talaban también estos artelugios de la diversion a lo largo de las aceras y en los
caminos que unían los pueblos16, Final-
mente los albergues, lugares propicios para el encuentro entre lugareños y foras- teros solían instalar estos juegos a su lado (Ruíz et al. 2008: 39). En suma, se privilegiaba en España los mismos luga- res estratégicos para construir los colum- pios que en la actual Bolivia, lugares de conexion, de encuentro y de comunica- cion.
Recompensas ofrecidas a los partici- pantes
Las cuerdas verticales son provistas, en su base, de lazos secundarios. Dos hom- bres jóvenes y robustos jalan de ellas, de manera coordinada, a fin de balancear a la mujer sentada en el columpio –pues sólo las mujeres se columpian, aspecto del que hablaré más adelante. La mujer no es pasiva en este ejercicio, puesto que tiene que atrapar un premio con los pies. El premio generalmente consiste en una canasta de mimbre, decorada con tosta-
dos de colores muy vivos. En su lugar, también se puede encontrar, en las zonas cita- dinas, recipientes (basureros) o canastas de plástico, e incluso piñas. A veces, se esconden sorpresas en las canastas, como botellas de cerveza o frutas (Fig. 6). En las zonas periurbanas, para atraer a los clientes al local o al lugar de la fiesta, también suele colocarse canastas de gran valor, algunas de las cuales alcanzan un monto de más de 150 dólares estadounidenses.
A veces, son las mismas cholitas17quienes traen su propia canasta decorada para que
se la cuelguen18. Además de esa canasta, ellas podían ganar un premio consistente en
vasos o botellas de cerveza. Hasta allí, el sentido de la wallunk’a es respetado y, como en todo lado, las participantes deben atrapar con los pies una canasta decora- da, pero ellas reciben además importantes cantidades de cerveza, haciendo así publi- cidad a la marca fabricada en Cochabamba.
Cuando el premio ha sido finalmente descolgado, el columpio se para, la orquesta o
16 También en los campos y en los molinos.
17 Las cholitas son mujeres vestidas de amplias faldas (polleras) que llevan las trenzas tradicionales.
18 Éste fue el caso durante la fiesta de wallunk’a organizada por la OTB Taquiña, en la ciudad misma de Cochabamba
Fig. 5 Bandera blanca indicando la presencia de una chichería, al lado de la fiesta de la wallunk’a (detrás del cementerio). Arani, 02/11/09 (Foto: Céline Geffroy)
Fig. 6 Premios de baldes y canastas de plástico. Apote, 2010. Foto: Céline Geffroy
el equipo de amplificación tocan una diana19, se cubre de mixtura la cabeza de la
ganadora y se le hace beber sistemáticamente una tutuma o una piña de chicha o de
garapiña20–no sin que ella cumpla, por supuesto, con la ch’alla21de rigor.
Estos intercambios están, en efecto, acompañados de innumerables libaciones para la
Pachamama y para los ancestros. Todas estas festividades tienen pues una dimensión
inscrita en lo sagrado. Dicho esto, en los alrededores de la ciudad de Cochabamba y de las ciudades intermedias, sin embargo, el carácter ritual de este encuentro está per- diéndose.
Rituales de inversión
Es habitual hablar de rituales de inversión cuando se aborda el tema del carnaval y del disfraz. Y, justamente, Todos Santos recuerda mucho el ambiente del carnaval, como lo señalé antes.
Las prácticas de inversión pueden, no obstante, parecer menos evidentes en el caso de la fiesta de la wallunk’a. Sin embargo, creo posible leer en ella un cuestionamien- to a la muerte, una revocación de su poder. La wallunk’a es el ingrediente principal de una fiesta durante la cual la vida vence a la muerte, al mismo tiempo que la estruc- tura social es subvertida, lo que es particularmente visible en el coqueteo, en las coplas, en la sensualidad omnipresente y en la ebriedad compartida por la mayoría de los participantes.
Los participantes de esta fiesta dejan bruscamente el mundo de angustia y de tristeza del día de los muertos. Casi sin transición, entran en un ambiente de extrema alegría con la wallunk’a –yo iría más lejos, en un imperio de seducción. ¿Cómo explicar semejante contraste? Incluso si la muerte es percibida como una recompensa (sobre todo en lo que respecta a las personas mayores que sufren diversas dolencias), inclu- so si los comunarios creen en el retorno de los muertos y les preparan de comer y beber, incluso si se supone que los difuntos viven en un mundo mejor –después de haber atravesado etapas difíciles– la separación física es dolorosa, la ausencia es angustiante.
El columpio se mofa de la muerte. Reír, beber, bailar y balancearse… todas estas ale- grías propias de la vida y cargadas de sensualidad, sirven de exutorio después de que cada uno ha vivido intensamente el retorno de los muertos. El esparcimiento enton- ces juega un rol terapéutico y de catarsis.
Un vaivén económico
Existe también una dimensión mucho más prosaica en el ritual de la wallunk’a. En los barrios periurbanos, puesto que se trata de una fiesta comercial, no es sorprenden- te encontrar en las proximidades del columpio una verdadera kermesse, con juegos, trampolines, numerosos pequeños puestos de comida, que venden anticuchos (bro- chetas de corazón de vaca). Por ejemplo, la avenida que conduce a la Taquiña, en la fiesta de San Andrés (el 30 de noviembre), es tomada por las familias y amigos que quieren participar de esta fiesta popular.
19 Una diana es un breve ritmo militar, generalmente tocado por una trompeta o, en su ausencia, por un equipo de amplificación, para felicitar a una persona, por ejemplo, cuando gana la canasta decorada; se tocan dianas cuando alguien hace un regalo suntuoso en un matrimonio, en un uma rutuku (primer corte de cabello de un niño) o en una bienvenida de cuartel, por ejemplo.
20 La garapiña es una bebida hecha a base de chicha que se mezcla con helado artesanal de canela.
21 La ch’alla es el acto de esparcir o regar un poco de líquido (la bebida alcohólica que se esté consumiendo) a la tierra como forma de brindis a la Madre Tierra o Pachamama.
En Qhoari (2007), al lado del columpio, una enorme carpa, que podía acoger cente- nas de personas, había sido montada equipada de enormes altavoces. El disc-jockey mencionaba en todo momento a los Padrinos y, sobre todo, a la Madrina de Chicle; es decir, la persona que paga los chicles (goma de mascar) que se consumen en la fiesta. Una de las últimas modas consiste, en efecto, en mascar chicle. La razón expuesta –de manera bastante confusa– es que serviría “para que las personas reac- cionen cuando están ebrias; beben para subir a la wallunk’a porque son tímidas, y ello les hace perder el miedo”, dice un habitante de la comunidad. La pregunta es si no se trata más bien de una práctica importada por los migrantes que han perdido el hábi- to de mascar coca. Sea cual fuere la razón, los Padrinos y las Madrinas son los que se columpian primero bajo la mirada animada de las que tomarán luego su lugar. En la carpa, los qhoareños compran chicha a la persona que organiza la fiesta (en Arani, la gente hace lo mismo); la chicha no se invita. Un poco más lejos, en una esquina, los jóvenes migrantes que trabajan en Argentina y han retornado para la fies- ta de Todos Santos, comparten cerveza. Se los conoce como los “deflecados y reman-
gados”22. Tienen una tez verdosa –me hacía notar un informante– ya que no ven
jamás la luz del día, pues trabajan toda la jornada en las fábricas clandestinas de ropa. Ahora bien, beber cerveza en Qhoari es un verdadero indicador de riqueza, no sólo porque es necesario llevarla, sino porque cuesta mucho más caro que la chicha. Es por ello que, después de tantos sacrificios, los migrantes gustan manifestar su nueva posición económica al volver a su tierra. Sus derechos agraviados en el país de aco- gida se atenúan en el momento de exteriorizar lo poco que han podido ahorrar.
Un ambiente ensordecedor…
La música truena casi por todo lado (uno encuentra a veces más de una quincena de
bafles o parlantes a la vez); el ruido es ensordecedor, al límite de lo soportable,23
como en todas las fiestas de las comunidades (ninguna fiesta familiar o de la comu- nidad escapa a esta regla). Personalmente, nunca antes había escuchado tal cantidad de decibeles, al punto que durante las wallunk’a es tal la cacofonía que incluso llega a ser difícil comprender las letras de las canciones o lo que dice el disc-jockey. Incluso sin haberme columpiado, tenía la sensación de mareo cuando salía de un local