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3.4 New developments

3.4.1 Blockchain and Distributed Ledger Technology

En noviembre del 2008 los norteamericanos eligieron a Barack Obama como su presidente. Fuera de los Estados Unidos, el afro americano ha abierto la esperanza de muchos sectores de que el mundo puede cambiar en un sentido positivo y AL no es la excepción. El clima de esperanza que ha provocado sólo es comparable con la profunda decepción que el gobierno republicano de Bush dejó en los gobiernos democráticos de la región.

Obama ha trazado ya las líneas generales de su política exterior y AL no ha sido, todo hay que decirlo, un punto de interés en sus discursos sobre la materia. En su texto programático sobre política internacional, el entonces precandidato del partido demócrata, anotaba que en el caso de Latinoamérica, desde México hasta Argentina, los Estados Unidos habían fallado en atender las preocupacio- nes sobre migración, equidad y crecimiento económico37.

El presidente de los Estados Unidos es por su experiencia vital y política un hombre poco familiarizado con los temas latinoamericanos. Su conocimiento del español es superfi cial y a pesar de que declaró haberlo estudiado en sus prime- ros años de escolaridad, no es capaz de hilar tres frases. Tampoco se sabe que haya hecho viajes a la región (antes de ser Presidente) por razones de trabajo, personales o turísticas y además votó como senador por la construcción de un muro en la frontera mexicana. Sin embargo, ha manifestado un gran interés en profundizar la relación y ha establecido que Hugo Chávez es un riesgo maneja-

37 Obama, Barack “Renewing American Leadership”, Foreign Affairs. July August. 2007. Página

ble para la potencia y su prioridad es reestablecer las relaciones con México y después con toda la región. En realidad con independencia del conocimiento o incluso el interés que personalmente pudiese tener Obama en la región es claro que deberá atender los siguientes asuntos de manera ineludible.

Las economías de México y de América Central dependen en gran medida de su capacidad exportadora a los Estados Unidos y la competitividad de los Estados Unidos depende de la complementariedad que la región le ofrece. Es altamente improbable, por un asunto de pragmatismo puro y de evaluación de la trayectoria de los funcionarios del gabinete económico, que se revisen los Tra- tados de Libre Comercio que los Estados Unidos tienen con México y Centro- américa. El denunciar o reabrir un tratado comercial sería tanto como reconocer que no existe un modelo de integración propiamente norteamericano, cosa que probablemente sea cierta, pero plantea una pregunta básica: Si el fundamento de la integración no es el comercio libre ¿cuál será el eje que vincule a los Esta- dos Unidos con los países de la región como Nicaragua u Honduras?

Los miles de millones de dólares que se comercian anualmente en la región podrían encontrarse ante un callejón sin salida conceptual. México, por ejem- plo, mantiene tratados de libre comercio con Europa y con Japón y si llegará a ocurrir una reconfi guración del mercado norteamericano ese país debería re- orientar, con un grave costo para muchos actores y sectores de la economía, su funcionamiento tradicional orientado hacia América del Norte. Huelga decir que las inversiones norteamericanas en México se enfrentarían a un obstáculo generado por su propio gobierno que tendría consecuencias incalculables. Es muy poco probable en consecuencia que se revise el Tratado de Libre Comercio. Si se habla de revisión del instrumento podemos imaginar también una agenda progresiva que contemplara mejoras en el ámbito ecológico y laboral de la re- gión. No más pero tampoco menos.

En materia de seguridad la relación está también dominada por elementos que difícilmente pueden desatenderse. Los temas centrales permanecerán como el eje articulador de la relación. En materia de seguridad la cooperación de los países en el aseguramiento del perímetro norteamericano resulta ineludible mientras la amenaza terrorista permanezca activa. De esta manera, toda la cooperación y convergencia que se ha dado en estos años para garantizar los niveles de seguridad aeronáutica y el ingreso de extranjeros potencialmente pe- ligrosos a la región, deberán mantenerse en un nivel de cooperación elevado. El nivel de convergencia para garantizar el funcionamiento de las fronteras y los sistemas de identifi cación de ciudadanos es una tendencia que ha venido conso- lidándose en estos años y resultaría poco práctico revertirla. En lo que toca al combate a las drogas, el principio de acuerdo bipartidista expresado en la “Ini- ciativa Mérida” a la que aludíamos antes difícilmente puede cambiar en el corto plazo. El presidente norteamericano ha expresado que el alto nivel de consumo de drogas ilícitas en los Estados Unidos ha provocado un grave problema de se- guridad en México. El principio de corresponsabilidad es algo que no puede elu-

dirse, lo que es perfectamente previsible es que el gobierno demócrata pondrá un énfasis mucho mayor de lo que en el pasado lo hicieron los republicanos en impedir que se violen los derechos humanos bajo pretexto de lanzar una guerra sin cuartel contra la delincuencia organizada. Es de esperar que este espíritu tienda a impregnar la relación con otros países de Centroamérica y del Caribe.

En el caso de Cuba, Obama ha lanzado unas primeras señales de distensión como la fl exibilización del envío de remesas y otros aspectos de tipo migratorio, pero el más importante desde la perspectiva regional es la apertura para que Cuba regrese a la OEA, organismo del que fue expulsada en plena guerra fría. Hay incertidumbre sobre la evolución de la situación política en la isla, pero el inquilino de la Casa Blanca ha señalado que el primer paso lo ha dado él y espe- ra señales concretas de cambio desde La Habana.

Obama ha conseguido reorientar las relaciones de la potencia con la región y en la V Cumbre de las Américas celebrada en Trinidad y Tobago (2009) mandó un mensaje de reconciliación y de unidad en un tono que osciló entre la autocrí- tica y la esperanza:

“Ahora todos debemos renovar la apuesta común que tenemos el uno en el otro. Yo sé que las promesas de asociación no se han cumplido en el pasado y que la confi anza se tiene que ganar con el tiempo. Mientras que Estados Unidos ha hecho mucho para promover la paz y la prosperidad en el hemisferio, a veces se ha desconectado y a veces tratamos de imponer nuestras condiciones. Pero les prometo que buscamos una asociación entre iguales. No es socio mayor con el socio menor… hay simplemente un compromiso basado en el respeto mutuo y los intereses comunes y valores compartidos. Así que estoy aquí para hacer despegar una nueva etapa de compromiso que se mantendrá durante mi gobierno38”.

Falta ver que las buenas intenciones se transformen en hechos.

38 http://www.whitehouse.gov/the_press_offi ce/Remarks-by-the-President-at-the-Summit-of-the-