3.6 Splitting the Space in Two
3.6.2 Boundary optimality on a half-plane
epistemológica
He intentado mostrar que la noción de estándares dependientes de campo remite a los criterios de uso de los calificadores, y que vendría a poner de manifiesto que, para decir que algo es moralmente, físicamente, matemáticamente, etc. necesario, tenemos que dar razones (con sus correspondientes garantes) que pertenezcan al ámbito de la Moral, la Física, las Matemáticas, etc. Sin embargo, al final de The Uses of Argument, Toulmin parece identificar la idea de que los criterios para el uso de los calificadores son dependientes de campo con la idea de que los estándares para evaluar los argumentos son dependientes de campo. Creo que esta identificación es el resultado de lo que Toulmin considera una de las principales consecuencias de su crítica de la Lógica clásica como teoría normativa de los argumentos, a saber, el señalar la necesidad de un “acercamiento entre la Lógica y la Epistemología, las cuales se convertirían no en dos disciplinas sino en una sola” (1958: 254). Es esta idea lo que le habría llevado a sostener que la dependencia de campo de los criterios de uso de los calificadores, esto es, el hecho de que las razones que aducimos para apoyar nuestras afirmaciones calificadas pertenezcan a campos, mostraría que la bondad de los argumentos es una cuestión de estándares dependientes de campo.
Según la concepción de los garantes que hemos propuesto, Toulmin habría mostrado ciertamente que la bondad de una inferencia es una cuestión de contenido, no de forma. Estaría fundando una concepción no-formal de la Lógica como teoría normativa de la inferencia, apuntando al hecho de que la inferencia formal es sólo un tipo particular de inferencia material. Pero este resultado no implicaría por sí mismo un rechazo de la distinción entre una teoría normativa de la inferencia (la Lógica, entendida como una teoría formal, o como una teoría no-formal, capaz de determinar la validez y la invalidez) y una teoría normativa de la argumentación, (la Epistemología, según solemos entenderla, capaz de determinar la justificación). Como veremos en su momento, un modelo normativo sobre el uso de los calificadores constituiría sólo una parte de una teoría de la justificación. En pocas palabras, la idea es que determinar si una afirmación ha sido correctamente calificada es determinar si las razones aducidas para esa afirmación son capaces de sostener esta afirmación con esa calificación. Pero
esto no es solo cuestión de la validez de la inferencia que sobreviene en ese argumento, sino de los valores de verdad de las proposiciones implicadas. Ciertamente, podemos asumir con Toulmin que un argumento es válido si se trata de un argumento cuya conclusión ha sido correctamente calificada, dados los valores que el hablante adscribe a la razón y el garante. Pero como veremos en la sección 3 del Capítulo V, determinar que un argumento es válido en este sentido, no basta para establecer que la afirmación de referencia ha sido correctamente calificada: las atribuciones de valor de verdad que hace el hablante han de ser, a su vez, correctas. Además, para determinar la bondad argumentativa y la justificación, ciertas condiciones pragmáticas también son necesarias.
Sin embargo, Toulmin identifica “validez”, que es en principio un concepto lógico, con “bondad argumentativa”. Por eso, entiende que “lo que tiene que reconocerse en primer lugar es que la validez es una noción intra-campo, no una noción inter-campos” (1958: 255). Es así como, al final de The Uses of Argument, su bien fundada idea de que los criterios para el uso de los calificadores son dependientes de campo se transforma en la idea de que la validez es una noción “intra-campo”. Desde esta idea, hay sólo un pequeño paso a la idea de que los campos proporcionan estándares para la evaluación de los argumentos.
Por el contrario, según la lectura que hemos propuesto en este capítulo de The Uses of Argument, la distinción de Toulmin entre la fuerza y los criterios de uso de los calificadores vendría a señalar el hecho de que para determinar que una afirmación es legalmente posible, tendríamos que dar razones que pertenezcan al ámbito de la jurisprudencia, mientras que para determinar que algo es matemáticamente imposible, deberíamos dar razones que pertenezcan al ámbito de las Matemáticas. Los criterios que determinan el uso concreto de un calificador pueden variar de un campo a otro, pero esto no significa que cada campo provea sus propios criterios para la evaluación de los argumentos; sólo significa que las razones que nos permiten calificar una afirmación de cierta forma pertenecen, o pueden pertenecer, a campos. Esta concepción supone rechazar la idea de que los campos puedan constituir conjuntos de estándares de la racionalidad argumentativa, más o menos inconmensurables entre sí.
La dependencia de campo de los argumentos significaría que las razones que apoyan nuestras afirmaciones pueden pertenecer a campos, entendidos como “sistemas de proposiciones con una adscripción de valores de verdad”. El valor de verdad adscrito a
cada proposición puede ser el resultado de los correspondientes argumentos, o una cuestión de estipulaciones, axiomas o principios del campo, entendido como disciplina. Además, para que una afirmación cuente como una razón debemos ser capaces de enunciar un posible garante para ella, el cual puede a su vez pertenecer a un campo. El valor de verdad de este garante determinaría la bondad lógica del argumento. En ese sentido, el concepto de dependencia de campo estaría incidiendo en la idea de que la validez es una cuestión material, algo que tiene que ver con los valores de verdad de cierto tipo de proposiciones cuando cumplen la función de garantes. En mi opinión, tal concepción de la validez estaría en el centro de la crítica de Toulmin a la Lógica clásica como herramienta para la evaluación de los argumentos.
En cualquier caso, si aceptamos que el valor de un argumento es una función del valor de su razón y su garante, parece difícil hacer sitio para el relativismo, a menos que aceptemos de antemano que no es posible determinar los valores de verdad objetivos de las proposiciones involucradas. Si no aceptamos esto, lo más que podemos decir de los campos es que proporcionan ciertas adscripciones de valores de verdad. Sin embargo, estas adscripciones sólo podrán ser justificadas por sucesivos argumentos.