Appendix 3: Socratic Dialogue Manual
3. C 2 Learn’s co-creativity categorisation scheme
Las reservas de biosfera son consideradas “laboratorios” designados por los gobiernos nacionales para la prueba, ajuste, demostración y aplicación in situ de los conceptos del Programa MaB. La participación en la Red de Biosferas es voluntaria y en el caso de su participación, las RBs se mantienen dentro de la única soberanía del Estado involucrado. Participando en este programa, se tiene una mejor capacidad de responder a presiones políticas, económicas y sociales que podrían comprometer valores culturales y ecológicos de un área determinada. Además se tiene un concepto más amplio sobre la conservación y el desarrollo (Jaeger, 2005; Heslinga, 2003).
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Sin embargo, es grande la distancia que separa un concepto, por más convincente que sea, de la aplicación de un cambio en la práctica. Las RBs no constituyen una excepción, y con frecuencia no lograron colmar las ambiciosas expectativas que se habían generado. Imaginar un patrón razonable para medir la pertinencia de la gestión de los sitios dentro de una red global constituye un reto interesante. Es por esto que se requieren normas de gestión más coherentes y elevadas como requisito esencial para lograr credibilidad. Las medidas críticas en este sentido incluyen un mayor fortalecimiento de los procesos de nominación y revisión periódica. Las revisiones periódicas son un mecanismo crucial para asegurar que se logren niveles satisfactorios de gestión en las RBs. En general se considera que las revisiones periódicas son una oportunidad necesaria y constructiva, especialmente en los lugares que son RBs solamente de nombre, pero no en los hechos (Jaeger, 2005).
De acuerdo a la estrategia de Sevilla (UNESCO, 1996), las RBs fueron creadas con el fin de mejorar la relación global de las personas con el medio ambiente conciliando la conservación con el desarrollo. En el Preámbulo de la versión definitiva de la Estrategia de Sevilla se menciona la investigación y la observación permanente, lo cual es un rol predominante. Se destaca la importancia de las reservas de biosfera como espacios aptos para la conciliación de la conservación y el desarrollo sustentable.
“En lugar de convertirse en islas en un mundo cada vez más amenazado por el impacto de las actividades humanas, las Reservas de Biosfera pueden ser el teatro de la reconciliación entre los seres humanos y la naturaleza, y permitir la revalorización del conocimiento acumulado para responder a las necesidades de las generaciones futuras. Pueden, además, contribuir a superar las dificultades derivadas de la índole sectorial de nuestras instituciones. En resumen, las reservas de biosfera son mucho más que simples zonas protegidas” (extracto de “El planteamiento de Sevilla para el Siglo XXI”) (UNESCO, 1996).
De esta forma, conceptualmente, las reservas de biosfera se transforman en sitios destinados a explorar y demostrar enfoques de la conservación y el desarrollo sustentable a escala regional. Los beneficios y ventajas de participar en este programa son varios:
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Se contribuye a la conservación de los paisajes, los ecosistemas, las especies y la variación genética; se fomenta un desarrollo económico y humano que sea sustentable desde los puntos de vista social, cultural y ecológico; se brinda apoyo a proyectos demostrativos, a la educación y a la capacitación en temas ambientales, y a la investigación y la observación permanente de aspectos locales, regionales, nacionales y globales vinculados a la conservación y el desarrollo sustentable. El reconocimiento oficial de una designación de un organismo de las Naciones Unidas puede ser usado para llamar la atención de la comunidad internacional hacia un tema de nivel local. Las RBs constituyen un compromiso a largo plazo conforme a normas acordadas por los gobiernos y su designación puede aportar beneficios en cuanto a captación de fondos, esquemas de certificación, campañas de prensa, presiones políticas y fortalecimiento de la identidad local.
La Red Mundial de RBs ofrece un marco para el funcionamiento de redes y el intercambio de información y experiencias. Estas pueden ser usadas como denominador común y como “enganche” para facilitar las iniciativas de conservación y desarrollo de naturaleza transfronteriza y pueden constituir una plataforma para la coordinación y la cooperación de los donantes en un área dada (UNESCO, 1996; Jaeger, 2005).
El Gobierno nacional reconoce a la UNESCO como una herramienta imprescindible para conservar ecosistemas que cuentan con valores naturales y culturales. El manejo de esta categoría debe buscar un equilibrio entre el desarrollo económico y la conservación para alcanzar un desarrollo sustentable (MAE, 2011).
Esto permitirá tener una mejor visibilidad, apoyo, alcance e integración a la planificación regional. Así también habrá mayor integración de las economías locales; vinculando mecanismos multilaterales ambientales y mejorando las políticas públicas y estrategias para conservar y preservar estas áreas naturales, ya que éstas han ganado importancia y relevancia (Jaeger, 2005; MAE, 2006).
Para concluir, cabe destacar que la comunicación y las redes son funciones clave del Programa MaB y su Secretaría. Se deberían mejorar las estrategias de comunicación profesional y usar de manera más activa la nueva tecnología de la información y la comunicación para sistematizar y difundir el caudal de información generado por el Programa, que con frecuencia resulta inaccesible para muchos. También se podrían
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fortalecer las redes existentes mediante la incorporación de una gama más amplia de grupos interesados así como a través de la concentración de la atención en unidades geográficas más pequeñas, lo que facilitaría una cooperación más intensa y continua entre los países que comparten los mismos intereses y enfrentan los mismos desafíos para realizar importantes aportes a la conservación y el desarrollo en la región. El éxito de las RBs no depende de su designación sino de la realización activa y creativa de su potencial, que se basa en el posible valor agregado de las reservas de biosfera (Jaeger, 2005).