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Chapter 2 Literature Study

3. Study design

3.1 Case selection

¿Cómo podremos llegar a discernir si en una determinada meditación ha tenido lugar un auténtico diálogo con Dios o si tan solo es fruto de nuestra imaginación? Normalmente, no podemos saberlo mientras se da el proceso, sino, como el mismo Jesús indicó, por los frutos se conoce el árbol. Los frutos de la presencia de Dios dialogando con nosotros se moverán siempre en el criterio del «más amor». El auténtico diálogo con el Dios-Amor crea en nuestro espíritu un plus de amor. Como ya se ha repetido antes, no es un amor cerrado, interiorista y que margina la realidad de la vida, de los demás y del mundo. Es un amor abierto, comunicativo, implicado y expansivo. «En todo amar y servir» es una de las mejores expresiones del amor recibido de Dios y comunicado al mundo. Seguramente, es el mejor criterio que tenemos para discernir, no solo en el ámbito de la meditación, ni en el de la vida interior personal, sino en la vida toda.

Es frecuente que en la meditación nos centremos en una palabra o en una frase y sintamos un deseo de quedarnos en ella. Muchas veces, este sentimiento va acompañado de una cierta emoción o de un fervor pacificador y sereno. Hay que recordar que meditamos dentro del amor al que somos llamados, que intentamos vivir y al que tratamos de responder. Por lo tanto, cuando se da esta situación, somos invitados a hacer un alto en el proceso discursivo y quedarnos quietos en la palabra o la frase. ¿Cuál es la provocación que producen estas frases o palabras que piden silencio? ¿Curiosidad? ¿Invitación a profundizar? ¿Mayor atención? ¿Comunicación más allá de las palabras? Sin estar en quietud será muy difícil desvelarlo. Muchas veces, lo más recomendable es ir repitiendo mental y lentamente la frase o la palabra e irla como degustando con aquella atención amorosa de la relación con el Otro que es absolutamente libre de comunicarse en infinitas y diversas formas. Estas palabras, frases y hasta determinados relatos pueden ser como semillas que fructifiquen no solo en la meditación, sino más allá de ella. Pueden ser verdaderas mociones del Espíritu que se van desarrollando en el tiempo.

La meditación, cuando es diaria o muy frecuente, va creando en la vida interior un clima de intimidad con el Señor que ayuda a la configuración según su Espíritu y gracias a Él. Este proceso de ir configurándose con Cristo es fundamental para la vida de la persona creyente y repercute en su postura vital, tanto a nivel social como eclesial en orden al Reino de Dios. Cuando una persona entra en el ritmo normalizado de la meditación, se va transformando y va interiorizando la Palabra, que vivifica la propia vida, y va comprendiendo el sentido de los dones recibidos y de la llamada personal. Ayuda mucho mantener un diario espiritual en el que se recojan sinceramente todas las mociones, momentos importantes, consolaciones y desolaciones de las meditaciones, así como de otros caminos interiores.

Tratando sobre la oración, muchos maestros espirituales han explicado lo que hay que hacer cuando la meditación resulta desolada, triste, distraída y aburrida. En general,

se aconseja no abandonarla y examinar atentamente las posibles causas de esta situación. También puedeayudar el hacer un mayor esfuerzo para mantener con paciencia el tiempo determinado para meditar; y, sobre todo, que en caso de desolación no se hagan cambios, ya que estos estarían influenciados por la misma desolación. La tradición espiritual nos recuerda qué hay que hacer en la situación contraria a la que acabamos de exponer, que es cuando la meditación nos da consuelo, paz, amor alegría, esperanza y fuerza. Habrá que evitar todo tipo de autocomplacencia, satisfacción orgullosa, y fomentar el deseo de perseverancia para afrontar la realidad cuando la consolación desaparezca. Tanto la consolación como la desolación pueden ser importantes situaciones espirituales para hacer un discernimiento espiritual.

La contemplación

Como ocurre con la palabra «meditación», y quizás aún más, la palabra «contemplación» puede significar una gran variedad de vivencias, experiencias y diversas formas de orar. Iniciaremos nuestra exposición intentando explicar algunas formas más corrientes de contemplación, y al final quizá resulte una cierta síntesis.

Hay meditaciones en las que, en un momento determinado, una palabra o una frase cobran una importancia notable para la persona que medita. Ya hemos explicado que lo mejor que se puede hacer cuando esto ocurre es permanecer en quietud en esa palabra o frase, como degustando la densidad de valor y de sentido que nos suscita. Esta quietud rumiante, va acompañada muchas veces de un nivel afectivo superior a lo normal, ya que es en sí misma contemplación. La mente va cediendo el paso a una nueva manera de entender; fácilmente se va creando un cierto distanciamiento de lo que nos rodea y del embrollo mental que normalmente nos acompaña. La palabra, frase, relato o lo que sea... están provocando una nueva sensación que pertenece al entendimiento y a la afectividad, pero no utilizando los lenguajes normales. Se va comprendiendo una significación un poco al margen de la comprensión de nuestra lógica deductiva y comparativa. Se siente novedad, generalmente de forma suave, y algunas veces con fuerte emoción, pero experimentando que lo que se vive es más dado que buscado, más recibido que conquistado, más de Él que nuestro.

La contemplación puede durar mucho o poco tiempo, e incluso puede ser como un relámpago que dura unos instantes. La conciencia se pregunta qué está pasando: ¿qué es esto? Lo mejor, en tales momentos, es rehuir toda pregunta sobre lo que se está viviendo y centrar la conciencia en lo que transmite esta vida.

Lo que está pasando es que el Espíritu nos ayuda a comprender la densidad de la Palabra o el relato. Posiblemente, muchas veces habremos leído o escuchado aquellas palabras yhemos pasado por encima de ellas como de puntillas. El Espíritu ahora nos ha ayudado a abrirnos a la Palabra y a comunicarnos mental y afectivamente que Dios está en el significado de lo que hemos leído o escuchado. Nos hemos quedado quietos, contemplando a partir del significado la dirección que recibimos hacia la Presencia. Resulta difícil y complejo poder explicarlo, aunque entendemos que allí hay una realidad hasta ahora escondida y desde ahora iniciada. Nos queda mucho, muchísimo, para ir entrando en lo que acabamos de empezar; quizá durante días seguiremos dando vueltas y experimentando que una cosa lleva a la otra, en un proceso siempre corto y abierto.