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9 CALCAÑO, José Antonio. Ob

76 77 las de ella. El control social implicaba todas las instancias, incluso

la festividad y sobre todo la de carnaval. Así lo describe Vovelle :

“...La necesidad festiva, tal y como la hemos visto desde el origen, está bien presente en la actividad de las sociedades humanas; es uno de esos ‘invariantes’ que no han dejado de variar. Si no es posible hablar de intemporalidad de la fiesta, ésta conserva sus dos

componentes, antagonistas y complementarios; re-

presentación que una sociedad se da así misma para

afirmar sus valores y su perennidad, pero también ruptura, develando tras la ficción del unanimismo las tensiones de cuya purga catártica se encarga la fiesta carnavalesca o subversiva” 12

La necesidad de control de la festividad por parte de quienes

detentaban el poder es un rasgo de la mentalidad de las elites, con antecedentes, según la historiadora Frederique Lange, en el tiempo

colonial. Dice esta investigadora al respecto:

“Pocas variaciones había en las otras formas de de-

voción colectiva que caracterizan la sociabilidad del Antiguo Régimen hispánico: las fiestas son objeto de

un control permanente de parte de las autoridades,

tanto civiles como eclesiásticas. Se estigmatizan, se denuncian, se prohíben y más cuando son propias

de los estratos inferiores de la sociedad indiana.

Salvo escándalo notorio y público, poco se llega a saber de las reuniones que se llevaban a cabo en los

círculos cerrados de las elites locales”. 13

Insistimos en la importancia de ubicar los fenómenos en su contexto. La sociedad venezolana mantuvo reminiscencias del pa-

sado colonial en cuanto al control del poder y la distinción de clases y de ciudadanos. Hasta bien entrado el siglo XX, las condiciones de atraso se mantenían casi invariables. Un jolgorio de las clases

inferiores podía ser signo de peligro para el statu quo de la época.

El modelo de la modernidad

Ahora bien, y en sintonía con esta propuesta, añadiremos

unos conceptos para comprender mejor el contexto de la sociedad

barquisimetana durante el período estudiado. Diremos que los integrantes de la elite a que se hace referencia, son influyentes loca-

les, categoría ésta utilizada por el sociólogo estadounidense Robert Merton, quien clasifica a los influyentes (individuos con influencia interpersonal) de dos maneras: los locales y los cosmopolitas.

A partir de un estudio realizado por Merton en la población

de Rovere, Estados Unidos, en 1943 (año que está en el período es- tudiado en esta investigación) el investigador distinguió a los dos grupos de la siguiente manera:

“El principal criterio para distinguir a los dos

influyentes se encuentra en su orientación hacia

Rovere. El individuo localista limita en gran parte sus intereses a esta comunidad. Rovere es esen- cialmente su mundo. Dedica pocos pensamientos

o energía a la Gran Sociedad y se preocupa por los problemas locales, con exclusión virtual de la

escena nacional e internacional. Es, estrictamente

hablando, parroquial” 14

A los influyentes cosmopolitas los describe así:

“Lo contrario ocurre con el tipo cosmopolita. Tiene

algún interés por Rovere y tiene, naturalmente, que

mantener un mínimo de relaciones dentro de la

comunidad, ya que él, también ejerce influencia allí. Pero también está orientado de manera importante hacia el mundo exterior a Rovere y se considera a sí

mismo parte integrante de aquel mundo. Reside en Rovere pero vive en la Gran Sociedad. Si el tipo loca-

lista es parroquial, el cosmopolita es ecuménico” 15

Aunque varios de los personajes que integran la elite bar- quisimetana tienen rasgos cosmopolitas, a partir de esta propuesta

12 Ibid . P 24

78 79 podría asegurarse que en su mayoría son influyentes locales. Puede

leerse más de lo que al respecto dice el mismo Merton, para sustentar el planteamiento:

“Los influyentes locales evidentemente pululan en las organizaciones que están destinadas en gran parte a ‘establecer contactos’ para crear vínculos personales. Así, se encuentran en gran número en

las sociedades secretas (masones), en las organiza-

ciones fraternales (alces) y en los clubes de servicio

local: los rotarios, los leones y los Kiwanis, la orga-

nización más poderosa de este tipo en Rovere. Su

participación puede ser menos cuestión de impulsar

los objetivos nominales de las organizaciones que

de usarlas como centros de contacto...” 16 (cursivas

nuestras)

Para apoyar la idea del modelo norteamericano de la mo-

dernidad socioeconómica que tomaron los caballeros de esa elite de la ciudad, sobre todo en las formas de asociación como los clubes, citamos nuevamente a Putnam, quien a su vez extrae un texto de

Alexis de Tocqueville que dice:

“Los americanos de todas edades, de todas las

condiciones de vida y de toda índole están cons-

tantemente formando asociaciones. No solamente toman parte en asociaciones comerciales e indus-

triales, sino también en otros mil diferentes tipos: religiosas, morales, serias, pasajeras, muy generales y muy limitadas, inmensamente grandes y muy

diminutas [...]. Por lo tanto, el país más democrático

del mundo es, ahora, aquel en el cual los hombres

han llevado, en nuestro tiempo, a la más alta per-

fección, el arte de perseguir en común los objetos de deseos comunes y han aplicado esta nueva técnica

al máximo número de propósitos” 17

Este fenómeno de asociacionismo de clase tuvo se expresión

en los clubes de Barquisimeto, de manera análoga a la de Estados Unidos, que ya se había consolidado como país poderoso. Deno-

minaciones como Country Club o Rotary Club, además de las acti-

vidades recreativas y deportivas en las instalaciones de los clubes, refuerzan la idea de la modernidad norteamericana que tomó la

elite en Barquisimeto, lo cual fue implantando un sistema de cultura foráneo que se ha mantenido en el tiempo. Otro detalle importante

que refuerza la teoría del modelo que tomó la elite barquisimetana, es el desempeño de estos personajes en los cargos públicos. El in- vestigador Merton dice lo siguiente:

“Un contraste análogo se manifiesta en el conjunto de cargos públicos desempeñados por los dos tipos de influyentes.[...]. La diferencia primordial es el

tipo de cargo desempeñado. Los locales tienden a

tener puestos políticos –comisarios de calle, alcal-

des, consejeros municipales, etc-. Conseguidos de

ordinario mediante relaciones políticas y persona-

les. Los cosmopolitas, por la otra parte, aparecen

con más frecuencia en puestos públicos que im-

plican funciones no meramente políticas, sino la

utilización de pericias y conocimientos especiales (por ejemplo la Junta de Sanidad, la Comisión de

Viviendas, la Junta de Educación) ” 18

Esta investigación ha permitido descubrir que varios de los integrantes de la elite estudiada, los que conformaban una importan-

te red social, son a su vez quienes detentan el poder político, sobre

todo en instancias municipales, otro de los rasgos del que permite

calificarlos como influyentes locales.

Carnavales en Barquisimeto

El cronista de la ciudad, Hermann Garmendia, acucioso de

la vida social de Barquisimeto, afirma en una de sus obras que el Club Unión, “único centro de expansión social de Barquisimeto” controla las festividades del carnaval desde 1920. Esto reafirma el

planteamiento de la hegemonía de la elite en las sociedades. La de

15 Ibidem

16 Ibid. p 438

80 81 Barquisimeto no tenía por qué ser la excepción. El escritor ofrece una

lista de los integrantes de la economía regional en 1920 a quienes

califica como una “llanota y cordial aristocracia agraria”u “hombres de Trabajo”, parafraseando a Gómez.

Garmendia cita a la crónica social en los diarios en la época de carnavales:

“... recoge los nombres de las señoras y señoritas concurrentes, Jorgelia de Iribarren, Inés de Alvizu,

Filomena de Fonseca, Amelia de Bustillos, Clara de

Pérez Romero, Clara de Solaigne, Isabel de Perera,

Antonia de Ruiz, María de Parra, Maruja r. de Iri-

barren, Albertina de Riell, Aracelis de Nass, María

Mercedes Budielles, Lucrecia de Domínguez, Ade-

laida Pineda de Freites, Carmen de Abreu, María de Figueroa y las señoritas María Luisa Anata, Teresa

y Consuelo Ramos, Inés González, Violeta Iriba-

rren, Carmen Alvizu, Aurora Leffan, Gumersinda, Lucrecia y María Domínguez, Carmen Iribarren,

Laura Freytes, Olga Seijas, Josefina Ruiz, Rosa Ele-

na Sánchez, Benigna Gadea, María Mac Pherson,

Blanca Dupuy, Inés Isea y Felipina Hamerchmdt” 19

Y continúa el autor, refiriéndose a los caballeros de esta

manera:

“Entre los empaquetados caballeros se encuentran: Manuel Perera, Dr, Abelardo Hernández, Rafael Matheus, Enrique Alvizu, Euclides Martínez, J.A. Gadea, Francisco Calderón, Blas Betancourt, Juan Antonio Olivares, Carmelo Santana, Dr. Pablo Gil García, J.A. González, Policarpo Reyes Zumeta, Manuel María Yépez Gil, Julio Ramos, Santiago Fortoul, Elbano Arapé Garmendia, Juan Aguilera,

A. Power Brigé, José Fryex, Francisco Iribarren, Ma-

nuel Domingo Cariño, Otto Seijas, Luis Hermann

Nass, Lino Iribarren Celis y Carlos Jurvet.” 20

Algunos de esos hombres y sus descendientes se mantienen

en la elite hasta después de l950. De los carnavales de 1933 dice

Raúl Azparren:“...el pueblo recibía diversión y alegría desde el gran mundo social, contemplando raros disfraces, al paso de las

comparsas, como la loca caracterizada magistralmente, en 1933, por la señora Elba de Sigala”21 (subrayado nuestro). Su crónica de las

fiestas del sector dominante continúa así:

“ y el siguiente año cuando Kokó Martínez (esposa de Pausides Sigala) interpretó el Manicero [...] y

la misma atractiva muchacha encantando con la gracia de su juventud los amplios corredores del

Club Unión con una maravillosa interpretación de Mata Hari, la bailarina espía [...] y en los mismos

salones, la dulce y suave belleza de Esther Henrí-

quez, personificando a una Flora Tosca, estupenda; luciendo a la vez trajes carnavalescos y su fresca y radiante juventud Eflelda y Blanca Fonseca y Aura Marina Colmenárez ( la bachillera gentil), reina de

los carnavales de ese tradicional club del Barquisi-

meto antañón”. 22

Cabe destacar que hasta las reinas de carnaval eran elegidas entre las hijas de los miembros de la elite de la sociedad barquisime-

tana, tal como lo reseñan las fuentes hemerográficas. Desde antes de

la década de los treinta, las festividades de carnaval eran controladas por los representantes de la aristocracia local. Por ejemplo, se lee

en un Aviso Oficial firmado por el jefe Civil, Marcial Garmendia, la lista de los integrantes de la junta organizadora del carnaval del

año 1937. Destaca el aviso:

“Por cuanto el Presidente de Estado, en el deseo

de que este año revista particular significación la fiesta de carnaval ha dispuesto su celebración en

todo el territorio del Estado, de acuerdo a las normas de cultura características de todo pueblo civilizado...

(cursivas nuestras) 23

Es importante detenerse en el significado de la frase subra-

20 Ibidem 21Ibid P.105

82 83 yada del mencionado aviso, habida cuenta de que en ese tiempo, sin

duda como herencia del Positivismo, se distinguía a las sociedades

salvajes, bárbaras o incultas, de las “civilizadas”, las cuales deberían establecer las normas para las más atrasadas. Una muestra de la visión modernista de civilización y barbarie heredada de Europa.

Relación de ingresos de la Junta Directiva del Carnaval de 1937

Fuente: S/A, “Demostración de cuentas que presenta el público la Junta Directiva del Carnaval. Ingreso” en El Impulso. 20-02-37. Año XXXIII p3.

Elaborado por Francisco Camacho

Los gastos quedaban en manos de los mismos comerciantes vinculados con la organización de los carnavales. Tres días más tarde, la Junta publica en el citado diario los egresos de las fiestas.

Relación de gastos del Carnaval de 1937

Fuente : Tomado de El Impulso. 23 de febrero de 1937 . Elaborado por: Francisco Camacho

Quizás, la rigidez de aquella sociedad imponía el orden en todos los sentidos, lo cual explicaría porqué se publicaron las rela-

ciones de gastos y los aportes para las fiestas. Igualmente, quienes quisieran disfrazarse o salir en comparsas, debían solicitar permiso al Jefe Civil Garmendia.

El músico y docente Napoleón “Pololo” Arráez recuerda cómo se celebraba el carnaval en el tiempo de estudio de esta investigación. Relata el profesor Arráez estas festividades de la

siguiente manera:

“Cada club tenía sus reinas. Salían en comparsas y caravanas. La reina montada en una carroza adornada mientras los miembros del club tocaban música. Muchas veces se medía la importancia del club por la cantidad de carros que asistían detrás de la reina” 24

De 1945 a 1950, según explica el costumbrista, los sectores populares tienen mayor representación en las fiestas de carnaval. Este detalle es interesante ubicarlo en el contexto político de la época.

En 1945 sucede el golpe de Estado en contra del presidente Medina

Angarita por parte de la Junta Revolucionaria de Gobierno, tras cuya asunción al poder se ven por vez primera apellidos distintos a los

tradicionales en las instancias de poder (ver cuadro anexo de auto- ridades municipales en el período 1945-1948). De alguna manera, los sectores populares, o mejor algunos de sus personeros, tenían participación más activa en la sociedad.

“Cuando se popularizaron las películas de Carmen Miranda, fueron los hombres y mujeres vestidos con cambures y piñas en la cabeza. Muchas veces ganaban las comparsas de los barrios de Paya,

24 ARRÁEZ, Napoleón.“Cómo eran los carnavales de Barquisimeto y la participación de los clubes.” Entrevistado por Francisco Camacho en agosto de 2002.

84 85

Unión o caja de Agua.”25

La situación se revierte a partir de 1948, cuando ocurre el

derrocamiento del gobierno de Rómulo Gallegos y parte de la bur- guesía nacional toma un segundo aire. Así, en el caso de Barquisi-

meto, en la Junta de Carnaval de Concepción de 1948 se destacan los nombres del Dr.Teodoro Zubillaga, como Presidente y de Ignacio Anzola, Mario Valenzuela, Luis Asterio Acosta, Luis Gallardo, Elías Rodríguez, Genaro Leal, Miguel Antonio Guerra, Servideo Gudiño, Elio J. Anzola, Pedro Bernal Vicci, Abelardo González, Elías Marrufo y el Dr. Simón Arturo Sánchez.

En el período de Marcos Pérez Jiménez se añadieron pro-

gresivamente elementos restrictivos en las fiestas de carnaval, sobre todo orientados a normas de moralidad y respeto a las instituciones del Estado y la Iglesia. Ya las fiestas de carnaval tomaban las calles y con mayor razón debían tener mayor control En un resuelto publicado en la prensa local, y firmado por el Prefecto del Distrito Iribarren, Ernesto Bensaya Pérez, se evidencia el estrecho vínculo entre ambas instituciones. Se lee en el documento:

“Art. 1 En las mencionadas fiestas queda prohibido el uso de máscaras en las calles. Plazas y lugares públicos. Art. 2 Se permite el uso de disfraces y

vestiduras extraordinarias, exceptuando los que

caracterizan uniformes de instituciones militares y religiosas” 26

Por otra parte, tanto en la junta referida como en las anteriores

no hubo participación femenina, salvo como elemento estético como el caso de las bellas reinas de carnaval. La labor de las mujeres estaba sujeta a actividades de menor importancia, como las organizaciones de beneficencia o aquellas en las que se manejaban pocos recursos,

lo cual evidencia la mentalidad sexista de la época. Esta situación

se repetía en las diversas actividades de la sociedad venezolana. Basta con ojear las nóminas de los clubes, asociaciones, sindicatos u organizaciones políticas y sus voceros, para percatarse de ello.

El modelo norteamericano

Se lee de una articulista de prensa la siguiente información

de gran ayuda para comprender cómo se estableció la influencia

norteamericana en nuestro país, dejando de lado el gusto por lo

europeo. Así lo describe la autora:

“A ritmo de one step y foxtrot se precipitó el mundo

occidental al American Way of life. Europa, depri-

mida por la Guerra, aceptaba los buenos oficios del Plan Marshall en 1947 y le cedía su puesto como

centro de poder mundial a Estados Unidos, que

venía de superar el Crack de 1929. En Venezuela los nuevos hábitos culturales comenzaron a manar con el petróleo, y con el paso del tiempo, se hicieron imaginario. Es en el Country donde se empieza a

manifestar la influencia de la cultura norteameri-

cana en Venezuela ayudada por el enriquecimiento

de su capital a partir de los ingresos petroleros” 27

Esta situación se mantiene en aún en nuestros días. Basta con mirar al alrededor para ratificar la permanencia en el tiempo que han tenido los patrones culturales “importados” de Estados Unidos

en los medios de comunicación- actores fundamentales del proceso

de transculturación-, las modas, costumbres gastronómicas y hasta en la jerga cotidiana de los venezolanos.

En el campo publicitario, sobre todo a partir de mediados de los años cuarenta, también se muestran rasgos evidentes de

la inspiración en campañas orientadas hacia el consumo al estilo

norteamericano. En los diseños de anuncios de los diarios ya se comienzan a ver estrategias como la de incluir caravanas de empre-

sas- con mayor énfasis de cerveceras- en los desfiles por las calles de la ciudad. Así, El Impulso del 16 de febrero de 1954 reseñó en

primera página con una foto a tres columnas la designación de la

señorita Elízabeth Yépez Tamayo como Reina de la Polar en Lara. Debe tomarse en cuenta que para Estados Unidos Venezuela

era un aliado de gran importancia por su condición de país pro- 25Ibidem

86 87 veedor de petróleo. A pesar de que durante el período del General

Medina Angarita se legalizó al Partido Comunista-debido a la alian-

za de occidente con la URSS contra el fascismo -, para la poderosa

nación se hacía necesario la penetración cultural e ideológica que

garantizara rechazo al comunismo y a los gobiernos protegidos por

la Unión Soviética, además de servir como vehículo efectivo para promover el consumo.

En otro orden de ideas, también a partir de los años cuarenta, se empiezan a ver nuevos nombres en la elite que tuvo resonancia

en distintas instancias de las redes sociales. Ya no se trata de los

tradicionales propietarios de haciendas o de los importadores y grandes comerciantes de la ciudad. Comienzan a destacar figuras que además tenían vida activa en otras áreas como Ernesto Bensaya Pérez, Luis Gallardo, Amílcar Segura, Pablo Gil García, Teodoro Vargas, Cruz Duque, Walterio Pérez, Daniel Montero, Eduardo Loeb, Raúl Azparren, Carlos Felice Cardot, Dr. Pedro Salom Lizarraga y otros, que estuvieron presentes en actividades de organización social, políticas y económicas, así como una participación destacada en los clubes estudiados.

Podría afirmarse que los miembros de la elite de la ciudad que tras la muerte del “Benemérito” Juan Vicente Gómez fueron dando forma a las redes sociales, con mayor presencia a partir de los

años 40, fueron actores principales en diferentes escenarios durante el período estudiado.

La Mesa Alemana

El periodista Fulgencio Orellana asegura que el primer club de Barquisimeto se fundó a principios del siglo XX- no especifica el año- y era conocido con el nombre de la Mesa Alemana.

“Fue un lugar de reunión de los altos empleados de

la Casa Blhom y Cía. con el objeto de recreación, y a la vez de agasajar a los clientes de la firma alemana. En este club social se conocieron, por primera vez, los juegos de tenis, bowling, así como se ejercitaba

el billar y las diversiones de mesa” 28

Sin embargo, Raúl Azparren asegura que La Mesa Alemana

fue fundada tiempo después, en 1922, lo cual produce dudas acerca

de los orígenes de los centros de entretenimiento barquisimetanos. El