H e ró d o to (5.69.2) p ro p o rcio n a u n a in fo rm ación breve e incom pleta de las reform as de C lístenes. Dice que creó nuevas tribus, con nuevos nom bres, m ás num erosas que las antiguas y dividió los dem os en diez grupos, asig nan d o uno de esos grupos a cada tribu. La Política de Aristóteles co n tiene dos alusiones a las reform as de C lístenes (1275 b.34-37 y 1319 b.19), de las que se d espren de que el n úm ero de los ciudadanos fue am pliam ente incre m entado. La Athenaion Politeia (21.2-22) es con m u cho el texto que m ás glosa la obra de C lístenes y, aunque, com o de costum bre, parte de su contenido se revela com o especulación del autor, hay u na serie de datos tom ados de otras fuentes, a saber: que sustituyó el C onsejo soloniano de los C u atro cien tos p o r el de los Q uinientos; que el nuevo C onsejo se form aba a razón de cincuenta miembros por tribu; la estruc tura de las nuevas tribus; que los demos fueron creados y bautizados p o r C lís tenes, sustituyendo en adelante a las
naukrariai; que desde entonces los
ciu d ad an o s no llevaban en su d en o m inación personal el gentilicio sino el nom b re del dem o; y que los gene, fra trías y sacerdocios se m antuvieron conform e a la tradición.
La Boulé
La adscripción a C lístenes de la crea ción del C onsejo de los Q uinientos —la Boulé— es acep tada en general p o r los historiadores m odernos. El tradicional C onsejo del Areópago, que posiblem ente em pezó ahora a llam ar se así p a ra d ife re n c ia rs e del n u e vo, siguió existiendo y recibiendo entre sus m iem bros a los arcontes salientes; se ha supuesto que conservó sus fun ciones, tal y com o h a b ía n sido d efini das en las Leyes de Solón, y que fue m ás tarde, a consecuencia de las re-
La form ación de la d e m o cra cia ateniense. II. 47
form as radicales de Efialtes, cuando vio drásticam ente reducidas sus com petencias.
El n uevo C o n se jo n ac ía con la m isión específica de ejercer la proboú-
leusis, es decir el tratam iento previo de
las m aterias a som eter a la Ekklesia, que sólo pod ía p ro n u n ciarse sobre propuestas tran sm itid as p or la Boulé. En su cond ición de «guardián de las leyes», el A reópago podía h a b e r ejer cido u na función sim ilar desde la épo ca aristocrática, pero todo invita a p en sar que se venían som etiendo p ro puestas directam ente a la Ekklesia. Tal vez em pezara a hacerlo Solón en las circunstancias extrao rd in arias en que discurrió su actividad política, y, desde luego, es de su p o n er que lo hicieran los Tiranos. El hecho es que, después de la T iranía, la Ekklesia era el órgano sistem áticam ente decisorio sobre los asuntos m ás trascendentales del esta do, por lo que resultaba m uy conve niente filtrar y en c au za r su actividad, en evitación de que p u d ie ra n llegar directam ente hasta él propuestas tan peligrosas com o la que h ab ía llevado al poder inicialm ente a Pisistrato. La com posición real de la Ekklesia en cada sesión era sin duda m uy aleato ria, y el factor sorpresa podía ser u tili zado eficazm ente p o r cualq u ier líder que se asegurara la asistencia de sus p artidario s el día en que tuviera la intención de p resen tar u n a propuesta. La proboúleusis no sólo perm itía in ter ceptar algunas iniciativas, sino, lo que es m ás im portante, aseguraba que fue ran conocidas de antem ano. C o nfiar esta tarea al A reópago h abría resul tado involucionista y probablem ente inaceptable p ara la propia Ekklesia. Por lo tanto, la creación de un cuerpo restringido, al que pudieran tener acce so directo los m ism os ciu d ad an o s que integrab an la Ekklesia debió de pare cer el expediente idóneo.
El C onsejo de los Q uinientos se com ponía de cincuenta m iem bros de cada tribu, designados p o r sorteo, que p erm an ecían com o consejeros d u ra n
te un año, no pu d ien d o ser reelegidos. Esta norm ativa garantizaba al m áximo la a d e c u a c ió n en tre la Boulé y la
Ekklesia. A m ediados del s. V a.C. cada
u n a de las diez secciones de la Boulé elegidas p o r las tribus, que se d en o m i nab a prytaneia, residía en la ciudad d u ran te u na décim a parte de su año de m an d ato , con stituid a con carácter perm an en te y presid id a cada día de ese mes p o r uno de sus m iem bros, ele gido p o r sorteo. T am bién se sorteaba el turno p o r el que cada tribu ejercía su p ritan ía a lo largo del año. El presi dente de la p ritan ía en ejercicio lo era tam bién de la to talid ad de la Boulé y (desde el 487 a.C.) de la Ekklesia, si lle g aban a reunirse.
Este recurso constitucional, que fue diseñado del m odo m ás adecuado para no lim itar los poderes de la Boulé, tenía la ventaja de p erm itir un co n tacto inm ediato entre los m agistrados y este órgano. No se sabe si fue perge ñ ado cu an d o se creó la Boulé, es decir por el propio C lístenes, y hay una ten dencia a incluirlo entre las reform as de Efialtes; sin em bargo, tam bién se ha defendido la p rim era posibilidad, que es, cuan d o m enos, verosímil. R eu n ir a la totalidad de la Boulé era com plicado, llevaba días y, sin duda, no se podía prodigar; es de supo ner que sólo se hiciera cu an d o existían m ocio nes p ara la Ekklesia. Tal vez el sistem a de las pritan ías se consideró com o necesario desde un p rin cip io p ara postergar en la práctica al Areópago, que, ante cualquier eventualidad apre m iante, h ab ría sido m ucho m ás fácil de reu nir que el de los Q uinientos, dado que estaba com puesto todavía exclusivam ente p o r m iem bros de la clase alta, y éstos ten ían una tendencia a residir en la ciudad.
Desde la actual perspectiva histó rica, que considera com o falsa la crea ción p or parte de Solón del C onsejo de los C uatrocientos, según se dijo más arriba, el C onsejo de los Q uinientos, que siguió siendo la institución más representativa del estado ateniense
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durante toda su historia, aparece como la pieza m ás im po rtan te dentro de la lab o r legislativa y constitucional de Clístenes.