• No results found

CDA OF THE CHE STANDARDS FOR THE BEd DEGREE

CHAPTER 3: CRITICAL PEDAGOGY AND CRITICAL DISCOURSE ANALYSIS:

3.10 CDA OF THE CHE STANDARDS FOR THE BEd DEGREE

LA PISADA DEL

NICORNIO

U

U

A) POETAS EN COMUNIÓN

«Lo que nos une es una secreta coarta- da»/

«Y bueno, mientras no nos muramos...» (*)

Germán / Marcelo

- ...lo más superficial, lo más tirado de los pelos: «Poesía Joven» - dice Marcelo «Nosferatu» Acevedo-. Fue una «entrada» para presentar el espectáculo, porque no podíamos poner «La Nue- va Nuca» en el programa de la Feria...

- No es importante - acota Germán García, refi- riéndose a los rótulos -. Se corría el rumor de que éramos muy «malditos»...

Lo que parecía al comienzo un rótulo caprichosa- mente distanciador, resultó ser solo una transa para acceder a un espacio público que aún conserva atisbos de gerontocracia.

La charla se sostiene alrededor de un par de tete- ras en el bar céntrico Sorocabana. Y se autodefinen con frases como las siguientes:

1) «Somos unos chabones tratando de concretar algún delirio» (Nosferatu).

2) «Yo soy un maniquí humano con una historia de dos mil años de mentiras y cinco mil más dan- do vueltas» (Germán).

3) «No somos un grupo en el estricto sentido de la palabra. Nos gusta estar juntos... (Gerardo Pérez Tascheta).

A Merlín, que borró la palabra «surrealista»

«Mamá, ¿porqué estos payasos son tan aburridos?»

(Escuchado a una nena de 4 años en la presentación de la lectura)

La nueva nuca - crónica de

una lectura de poesía jóven

Septiembre 1991 - 2da Feria del Libro «Autor del Interior». Córdoba, 1991.

Trabajo práctico de estudiantes de Letras Moder- nas de la Universidad Nacional de Córdoba.

4) «Yo no sé qué haríamos si tuviéramos plata» (Germán).

Todos menores de 25 años, reconocen haber es- cuchado mas música de lo que leyeron, y es clara la influencia del rock en sus textos. Gerardo (qui- zás el más lírico, el que menos se ocupa de «la grasa de las capitales») opina que para hacer poe- sía no hace falta haber leído mucho:

- Cuando escribís, quieras o no, vas a repetir co- sas ya hechas. Me canso de la gente que piensa que a partir de una serie de lecturas se puede ha- cer algo. Uno va cargando memoria. La poesía es fundamentalmente un hacer, no un decir. Nace, sí, en un decir, pero culmina en un hacer. Y siempre tiene que ver con tus necesidades.

- ¿La poesía es fundamental? - preguntamos. Marcelo: - La poesía es una enfermedad.

Gerardo: - Más que una enfermedad es un sínto- ma.

- ¿Las musas envejecen?

Germán: - Sí. El país está en crisis y hay más musas que nunca. Lo que pasa es que conversan entre sí. Gerardo, riendo: - Es que la poesía nunca dejó de ser un diálogo.

- ¿La poesía sirve para algo?

Marcelo: No, no sirve para nada. No sirve para cosas lungas. Es como ir a ver una película: Puede matar a un nivel de que vos decís «¡Qué copa- do!», y se te queda pegado eso a la cabeza. Puede ser un texto de cualquiera, algo que encontrás en una revista vieja... Pero todo es una historia tuya, que llega casi a un límite mogólico, estúpido. Pero

144

d-48. La nueva nuca - crónica de una lectura de poesía jóven

LA PISADA DEL

NICORNIO

U

U

en un contexto cultural la poesía en sí, cuando no genera algo, cuando no mueve a la gente en serio, no sirve para nada. Son visiones. Si yo le diera de leer una huevada mía a un chavón que esta laburando en la calle, que tiene media hora para irse y comprarse un sanguche y volver, ...qué se yo... un cuelgue.

Gerardo: Le sirve a uno y a quien lo comparte. Los que hablan son los «hijos del vértigo», como dijera Germán en un poema. «Ratitas que siguen queriendo huir por el entramado de ladrillos»(*). The Wall. Poesía como defensa y como ataque. Poesía como repulsión. Un flash. Una cachetada. Dos temas sostienen significativamente estas ex- presiones. A veces están escondidos tras las apocalípticas imágenes de la sociedad de consu- mo. Otras veces absolutamente desnudos, sin ta- parrabos retórico. No siempre afilados por la iro- nía, sino también humedecidos por una peluda tris- teza... ¿heredada?.

Esos temas son la Verdad y el Amor. Inseparables sobre todo en una generación donde se vive el desengaño, y nadie sostiene firmemente esperan- zas de un mundo mejor, ni siquiera un sistema de gobierno. Justamente el amor y la vivencia del amor están en ese limite donde uno debe asumir una actitud. Allí donde se teme patinar, caer, desvane- cerse.

Se lee progresivamente en un poema de Germán: «Engaño del amor,

el engaño lo perturba todo» /... «Lo sincero perturba.

Perturba el silencio.» /...

Poemas profundamente románticos pero no sentimentalistas, no clásicos. Una generación que añora un amor pasional que no ha conocido, y carga el melancólico peso de un vivir sin pasión. «Pasión sin extremos»(*), dicen. Un nuevo esta- do: Por un lado se detesta la mentira, mentirse; y por el otro se duda de lo que se siente. Y nada queda al margen de las estructuras dominadoras, referencia crucial que determina un estado de per- manente - aunque a veces confusa- reflexión: ¿Habrá algo más obsceno que el poder? (*)

B) LA PROPIA COMEDIA: «UNA VENTANA A

CASA»

No hay tantos lugares. Todo es interior (*). Germán

El sueño es una mujer que nos arrastra

del laburo barbudos, sin bañar, y con los pulmo- nes

congestionados (*). Nosferatu

Subsuelo del Teatro Real en total oscuridad, que los ojos acostumbrados vuelven penumbra. Uno entra pisando cuidadosamente, guardando el equi- librio. Los jóvenes olemos desde ya la necesidad de establecer una comunión de confidencias. Com- plicidad tribal como forma de sobrevivencia en todos los niveles de la vida.

Las personas mayores poco prevenidas bajan las escaleras con recelo, desconfiando de la penum- bra. Reconocemos a ciertos mayores frágiles a quienes cuidadosos padres les apagaban la luz del cuarto recién cuando se dormían, después de in- contables nanas. Ésta, en cambio, es la época de los cortes de luz y la luminotecnia fluor intermi- tente, que desconoce el transcurso del tiempo. No hay noche ni día. Exageramos a propósito, pero decimos: el tiempo del descanso no nos alcanza para desprender el sueño.

Los mayores preguntan si es aquí, si falta mucho, si se puede pasar. Los jóvenes sabemos que es aquí, y que debemos estar cuando la cosa ocurra. Intuimos que la vida es una ráfaga, y no queremos perdérnosla. El olor a opio de los sahumerios fun- ciona como desintegrador de generaciones y nos abraza a todos mezclándonos placenteramente en una edad común: la del olfato. ¡Oh, el sentido me- nos usado! El que tranquiliza. Algunos pretenden desconfiar, pero... ¡ese aroma!. Los orientales sa- bían lo que hacían, cuando «hace miles de años descubrieron en las raíces del ginseng...» Etc. Comienza la lectura. Champagne y manzanas. Para establecer un nuevo orden de cosas (o recuperar alguno tan antiguo como mágico) se desmitifica todo: la perfección de la declamación, la solemni- dad de la cultura, el valor de un festejo oficial, lo incorruptible del pecado. La complicidad radica en no buscar más el Aleph, sino crearlo con nosotros al estimular los vértices de nuestra memoria, ate- nerse a lo que se produzca, y ponerle palabras.

145

d-48. La nueva nuca - crónica de una lectura de poesía jóven

LA PISADA DEL

NICORNIO

U

U

ron la mesa, apagaron las velas y guardaron el mantel mientras Gerardo, sentado, seguía recitan- do «Vasijas/ Vasijas/ Vasijas,/ gestadme en la muer- te...» interminablemente.

- Queríamos hacer una lectura como si estuviéra- mos en casa o en un bar - nos explicaban luego. - La cosa era cómo conjugar el azar con lo que ha- ríamos. Valorizamos mucho la espontaneidad y tratamos de que esa fuera la dinámica sobre la que trabajar. Tratando de no desequilibrar – confiesan -, dejamos afuera muchas cosas.

Con sólo algunas lecturas seguras, los poetas de La Nueva Nuca leían lo que se les ocurría en el momento, lo que más sentían. Sobre la mesa ha- bía una bandeja con manzanas, una copa de fút- bol, un muñeco, candelabros, todos objetos que en los momentos en que todo era iluminado con un proyector, creaban extrañas sombras en la pa- red. Un retrato de Javier Almeida - un compañero ausente- acompañaba a los demás sobre una silla ubicada a un costado de la mesa, iluminado por un spot. Algunos textos eran leídos a la luz de las velas, otros tras las columnas, otros con sus au- tores pintados de diapositivas como hicieran Medina, Scocco y Marino algunos años antes en el «Ojo que Pesa». Todo de un color muy tenue.

Nosferatu explicaba posteriormente: «Teníamos la

idea de que la gente nunca piensa demasiado en lo que se está diciendo. No recapacita, y a lo mejor ni siquiera se emociona. Para simplemente dar algo, queríamos crear climas. La sensación puede ser muy fuerte, atraparte, y por ahí es eso lo que te queda como referencia de lo poético en la memo- ria».

- No es un trabajo colectivo de creación - aclara Gerardo -, sino lo de cada uno, pero dándole más intensidad, creando una atmósfera para que los textos se movieran de otra manera. No hay un ar- quetipo ni una forma de lectura obligatoria. Lo nuestro no difiere de lo que hacían los rapsodas. Al oír esto, los demás integrantes de La Nueva Nuca miran a Gerardo con aire de desconcierto. Este, indiferente, continúa:

- Lecturas hechas con el sentido de una fiesta. Puede haber signo escénico sin que se confunda con un quehacer teatral.

El té aún está tibio, pero el mozo insiste en partici- par de la conversación, y el cassette da su última vuelta dentro del grabador.

146