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Certification Program in Music Therapy Faculty

In document University of the Pacific (Page 58-60)

Entre los yekuana, un pueblo de familia lingüística caribe del Macizo Guyanés venezolano, los hombres son responsables de la manufactura de casi todos los artefactos tejidos con fi- bras del bosque indispensables para el día a día. En su libro

Tejer y cantar, David Guss muestra que «todas las acciones que llevan a cabo hombres y mujeres de alguna manera incor- poran un objeto tejido de cañas, palmas, bejucos o ramas» (1990:97). Gran parte de los objetos tejidos por los hombres – abanicos, coladores, exprimidores, cestos, platos– son hechos para ser entregados a las mujeres; especialmente, para ser usados en el complejo proceso de transformación de la yuca venenosa en casabe, el pan de yuca que acompaña todas las comidas. Los otros objetos tejidos son utilizados para fines rituales, para el intercambio al interior del círculo de parien- tes, o para la venta en el mercado turístico local.

Es tal la importancia de la cestería en la vida de un hombre, que su habilidad como tejedor es un indicador de su identidad, madurez y competencia social, en particular con respecto al matrimonio115, ya que para poder casarse, un hombre debe ser

capaz de tejer todos los objetos que su esposa necesita para pro- ducir comida y para llevar a cabo exitosamente los rituales de reclusión necesarios a lo largo de su vida. «En consecuencia, los yekuana dicen con frecuencia que un muchacho no estará listo para el matrimonio antes de que sepa fabricar todas las cestas, y se negarán a aceptar a un yerno que no esté capacitado para ello» (Guss, 1990:106). El período de servicio de la novia que da

un libro retoñaba de su cadáver muerto(ESPAÑA,APARTADEMÍESTECÁLIZ. IX.

CÉSARVALLEJO, 1937)

115 Ver capítulo 4.2 con respecto al tejido con fibras entre los hombres airo-pai.

C

APÍTULO

S

EIS

El recuerdo de Luna

inicio al matrimonio, es un tiempo en que el joven debe poner especial ahínco para convencer a su suegro de sus habilidades como tejedor de diseños de cestería.

Entre los artefactos que el joven debe proveer a su nueva esposa está un plato con un diseño central que identificará a la pareja por el resto de su existencia en común, y del cual come- rán juntos a lo largo de su vida, a excepción de los períodos de reclusión llevados a cabo por los esposos, sea conjunta o separa- damente. Si el hombre establece otras relaciones matrimonia- les, debe producir un plato con un diseño diferente para cada una de sus esposas. La fabricación de la cestería necesaria para la vida económica y ritual de una pareja, sin embargo, no es úni- camente de responsabilidad masculina, puesto que cada mujer tiene el deber de producir su propia wuwa, su canasta para car- gar productos de la chacra, el único objeto tejido de fibras fabri- cado por las mujeres. Es tal la identificación entre una mujer y su wuwaque esta llega a constituir «una prolongación de su cuer- po», y rara vez se ve salir a una mujer del poblado sin su wuwa

colgada de la espalda, ceñida a su frente por un cinto de corteza (Guss, 1990:97). Las wuwa no están formadas de diseños varia- dos. La cestería con diseños es una habilidad masculina.

Guss muestra que la cestería con diseños tiene un papel iniciático para los hombres, ya que por medio del aprendizaje del tejido los jóvenes aprenden la cosmología, la mitología y el cha- manismo (1990:136). Los hombres también adquieren el conoci- miento de los cantos de curación que acompañan la producción de los cestos. El que teje diseños, canta mientras teje para infor- mar su tejido con los conocimientos y los poderes de su canto. Y, el que canta teje diseños con la música, entrelazando los hilos de la melodía y las palabras que contienen el trasfondo invisible de las cosas y de los cuerpos. Este proceso de cantar y de tejer está íntimamente relacionado al procesamiento de sustancias venenosas, llevado a cabo tanto por los hombres como por las mujeres.

El uso de venenos es un elemento fundamental del manejo del medio ambiente y de las tres principales formas de subsis- tencia yekuana: la pesca, derivada del uso del veneno de bar- basco, que atonta a los peces en el agua por falta de oxígeno; la caza, basada en el uso del veneno curare, que paraliza los mús-

culos de las presas; y la agricultura dedicada a la producción de yuca venenosa, comestible después de la eliminación del mortal ácido prúsico de los tubérculos. Los otras formas de procesa- miento de sustancias venenosas que sustentan la existencia yekuana son: las prácticas de reclusión –relacionadas a la men- struación, al parto y la muerte de un familiar–, el chamanismo de plantas psicoactivas y la cestería.

En cada uno de estos casos, el veneno es una esencia que puede utilizarse para lo bueno o para lo malo. Al igual que las ‘medicinas’ que se encuentran en el bolso del chamán, pueden dar la vida o quitarla [...] En este senti- do, representa además un símbolo de la propia cultura, pues es en el veneno donde se unen los polos de la vida y la muerte. Como la cultura, el veneno es un agente de transformación que se sintetiza y se integra con el fin de producir nuevas formas. Cuando una joven experimenta su primera menstruación, por ejemplo, el ‘veneno menstrual’ ( munuhe) conduce a su transfiguración en una ‘nueva mujer’ ( ahachito bato). Cuando un hombre se ini- cia en el chamanismo, es el veneno alucinógeno, kaahio aiuku, lo que le permite viajar al cielo, donde renace

como huhai. Pero en todos esos casos, el veneno sólo puede ejercer su efecto si es controlado. De no ser así conducirá a la muerte y no al renacimiento. Es este mis- mo proceso de control lo que se representa en el tejido de las cestas, en el cual las imágenes se organizan alre- dedor del símbolo clave del veneno [...] Cada diseño, como corresponde a algo srcinado en el bolso de un chamán, se conforma según su relación con el veneno (Guss, 1990:136-137).

Chamanismo y cestería son dos modos masculinos de procesar los venenos cósmicos que pueden ser usados para curar o para matar, según como se desee. La cestería hace visible los dise- ños monocromáticos y policromáticos de los venenos invisibles del chamán. La cestería también está relacionada con todas las otras formas de cestería porque cada vez que una persona enta- bla el procesamiento de algún veneno, debe guardar dieta y re-

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clusión. Durante este período sus alimentos deben ser servidos en un tipo particular de cesta. Sin la cesta, la persona no puede llevar a cabo la dieta y reclusión. El autor sostiene que «cuando una persona, hombre o mujer realiza un ayuno importante de la vida, sólo puede comer de una cesta especialmente confeccio- nada para ese fin [...] estas cestas son versiones en miniatura de la waja tinghuikato, la gran waja monocromática que se utiliza, junto con el tamiz, en la preparación del casabe» (Guss,

1990:173). Es decir, el diseño asociado a la transformación de la yuca venenosa es el utilizado por las personas de ambos géne- ros para servirse los alimentos durante todos los períodos de dieta y reclusión.

Todos los yekuana se someten a una variedad de dieta y reclusión durante su vida. Algunos ayunos sólo duran pocos días, como en el caso de la producción de barbasco por los hombres, o la producción deiarake, una bebida de yuca fermentada, por las mujeres. Si ellas no guardasen una dieta de alimentos blancos, sin marcas rojas de sangre, durante los tres días que dura la fermentación, laiarake sería hedionda e imbebible. La dieta es necesaria para endulzar la boca de las mujeres y para que la fermentación, considerada como una forma de veneno, no sea ni demasiado amarga ni ácida. Si los hombres no guardasen una dieta similar de un día, su barbasco no sería efectivo. Otros ayu- nos son más prolongados y específicos, según la enfermedad o condición de la persona. En el caso de dietas prolongadas, para comenzar, la persona elimina todos los alimentos considerados peligrosos. Poco a poco, va reintegrando alimentos a su dieta diaria en el mismo orden en que los niños pequeños incorporan alimentos a su dieta al crecer, «desde el más simple y puro has- ta el más complejo y tóxico», es decir, comenzando por alimen- tos blancos, sin rastro de sangre, como gusanos suri, y termi- nando por los alimentos con más sangre, como la carne de tapir y de huangana. El cuidado de la dieta está a cargo de los hombres chamanes.

Con cada nuevo alimento, se entona un canto especial

yechumadipara desintoxicarlo, como si la persona nunca lo hubiera consumido antes. Porque según la mentalidad yekuana, los que ayunan son como recién nacidos que

deben pasar por el mismo cuidadoso proceso de inicia- ción. El simbolismo que impregna estos ayunos dedica- dos a la pubertad, el nacimiento y la muerte, enfatiza entonces en su totalidad el paralelismo existente entre estos estados y el del principio (Guss, 1990:173). De todos los períodos de procesamiento de venenos, la menar- quia es considerada «el estado más tóxico, y por ello, el más salvaje de toda la cultura» (Guss, 1990:167). La sangre derra- mada por la vagina vuelve a la mujer visible y vulnerable al ata- que de los seres del interior del bosque y los ríos. Por eso, du- rante la menstruación o el post-parto, las mujeres deben mante- nerse despiertas para evitar que estos seres vengan a robarla a ella o a su recién nacido. Para protegerse, la muchacha, el recién nacido, el padre del bebé y todos aquellos que tuvieron contacto con su sangre, se cubren la piel con pintura de achiote. Cuando, al cabo de varios meses, el «veneno menstrual» ha sido proce- sado en el cuerpo de la muchacha, se considera que tiene un nuevo cuerpo, por lo que se le llama ahachito hato, «nueva per- sona». Su renacer al terminar la reclusión es escenificada du- rante una gran fiesta durante la cual se le da de beber grandes cantidades de iarake, hasta que la muchacha se desmaya em- briagada. Se le corta el cabello, se le pinta la piel con diseños de achiote, y se le cubre el cuerpo con motes de algodón blanco. «Durante todo ese tiempo la joven se sienta sobre sus piernas, la espalda recta, los ojos mirando al frente, sin prestar atención, aparentemente, a la transformación que está sufriendo» (Guss, 1990:168). También se le colocan hileras de collares de cuentas, bandas en los tobillos, las pantorrillas, las muñecas y los bíceps, zarcillos de plata y un guayuco de cuentas. Adornada de esta manera, la «nueva persona» encarna el cuerpo ejemplar de la belleza. La muchacha llevará puestos estos adornos, que mate- rializan sus venenos hechos cuerpo, a lo largo de su vida, espe- cialmente durante sus años fértiles116.

El autor muestra que el proceso de control de los venenos cósmicos y su materialización en los diseños de los cestos teji- dos por los hombres, es un proceso paralelo y similar al procesa-

116 Una concepción muy similar a la visión de las «cuentas de menstruación» de las mujeres piaroa. Ver Introducción.

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miento del «veneno menstrual» y su transmutación en el cuer- po de «nueva persona» de la mujer fértil. Al mismo tiempo, la cestería tiene un papel instrumental para la transformación de la muchacha, ya que durante su reclusión ella necesita de una cesta monocromática para poder servirse los alimentos de su dieta. La muchacha también depende de los cuidados de los chamanes que purifican sus alimentos, y de su padre, que orga- niza la fiesta de final de la reclusión. Es decir, la transformación de la muchacha en un cuerpo ejemplar de la humanidad yekuana, está enmarcada por el cuidado y el control masculino de los ve- nenos cósmicos de la cestería y el chamanismo. A su vez, las cestas hechas por los hombres para los períodos de reclusión de ambos géneros llevan el diseño monocromático de la yuca vene- nosa, una planta íntimamente asociada a las mujeres y a la pre- paración de comida para el sustento diario. Mediante los dise- ños, la producción de alimentos y la fabricación ritual de los cuer- pos, los procesos de control de los venenos masculinos y feme- ninos se reflejan y se entrelazan unos a otros117.

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