de la vivienda social en México
Jorge Fernando Cervantes Borja Esther Maya Pérez
“La esencia de la arquitectura está en el construir espacios habitables por el hombre, contemplado en su compleja integralidad sustancial”.
José Villagrán García, Teoría de la Arquitectura, 1989.
IntroduccIón
L
a “habitabilidad” ha sido un concepto totalmente ignorado en el diseño arquitectónico de las viviendas auspiciadas por los Programas Nacionales de Vivienda. Aunque la Ley de Vivienda vigente alude a la sustentabilidad como cualidad fundamental de la vivienda e, incluso, determina la necesidad de utilizar bienes y servicios normalizados en su producción, la carencia de buenas prácticas de los desarrolladores privados en la industria ha evidenciado mucha negligencia, ignorancia, corrupción y/o falta de controles de calidad, en la planeación, gestión, administración, diseño, construcción y operación de los conjuntos habitacionales, lo que da como resultado que para ellos la ley sea “letra muerta”.Esta situación resulta también de la forma en que se ha manejado el pro- blema de la producción de vivienda con intereses políticos voluntaristas y asistencialistas, para los estratos medios y bajos de la población, denominada eufemísticamente como “vivienda de interés social”. En este tema, las políti- cas oficialistas se han empeñado en abatir el rezago de vivienda, sin que en
ello importe la calidad del producto que se produce, que de esta manera no ha podido, hasta el momento, alcanzar la calidad de “habitable”. Es decir, el gobierno se ha afanado en hacer casas, pero no verdaderamente en producir viviendas como moradas. Por tal razón, hoy día, se ha llegado al punto de quiebre que marca el hartazgo total de los potenciales compradores, que ya no se van tan fácilmente con el engaño mercadotécnico, y cada vez exigen más calidad en las edificaciones de conjuntos de vivienda.
Hoy, la población rechaza los engaños de las promotoras y ya no compra, ya no paga y rechaza los productos que se ofrecen., hecho que se encubre y/o se justifica por factores como la lejanía de los centros de trabajo, las deficiencias de transporte, la falta de servicios, etcétera, aunque la realidad nos muestra que cuando existen condiciones mínimas para el arraigo, pobla- ciones de asentamientos irregulares, en iguales condiciones y con los mismos o peores problemas, no abandonan sus “casas autoconstruidas”, como lo hacen los habitantes de los conjuntos habitacionales de factura industrializada.
Por lo tanto, pensamos que además de los problemas descritos, la razón principal del abandono se debe, sin duda, a las carencias de buenas condiciones de habitabilidad de las viviendas industrializadas. Este problema crítico es al que nos avocamos en este trabajo, en el que probamos que la calidad del hábitat de la vivienda es el principal factor que influye negativamente para su aceptación por la población y, por tanto, al que se debería privilegiar en la planeación y producción de ella.
Aunque hoy nos encontramos con que no existe una definición precisa y concisa del término de habitabilidad, en lo general su uso se ha relajado a una definición que ha perdido el carácter de condicionalidad cualitativa calificativa del hábitat, para pasar a un sustantivo locativo que denota el habitar en un sitio.
En México, el artículo 4º constitucional, que se instrumenta en la reglamen- taria Ley de Vivienda 2006, establece en sus artículos dos y tres, lo que es la vivienda digna y los medios para su consecución. Ponemos aquí, solo lo que concierne a la vivienda digna porque es lo que nos interesa tomar en cuenta para el análisis de la habitabilidad.
“Artículo 2. Se considerará vivienda digna y decorosa la que cumpla con las disposiciones jurídicas aplicables en materia de asentamientos humanos y construcción, habitabilidad, salubridad, cuente con los servi- cios básicos y brinde a sus ocupantes seguridad jurídica en cuanto a su propiedad o legítima posesión, y contemple criterios para la prevención de desastres y la protección física de sus ocupantes ante los elementos naturales potencialmente agresivos”.
En este precepto se relacionan las condiciones de ciudad y vivienda, de la misma forma como también lo reconoce el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas (cdH-Onu), que en su observación general 4 define y aclara que una vivienda digna se construye en un espacio apropiado, con seguridad, iluminación y ventilación adecuadas así como con infraestructuras, zonas verdes, equipamientos de calidad, etcétera.
Por lo anterior, se considera que la dignidad es una sumatoria de las caracte- rísticas anotadas, además de otras relacionadas directamente con lo urbano y lo arquitectónico, como el que se ubiquen en espacios equipados, dotados de servicios urbanos accesibles, áreas que permitan la intra e interrelación familiar y vecinal, que favorezcan y potencien redes sociales, en suma, sitios que hagan posible el desarrollo con calidad de vida en la vivienda, el barrio y la ciudad.
Con la precisión anterior, y reinterpretando la observación general 4 del cdH-Onu, para que una vivienda sea digna debe tener las cualidades de:
• Ser habitable sin riesgos.
• Tener calidad de diseño y construcción. • Ser asequible y accesible.
• Tener seguridad jurídica.
• Favorecer las interacciones familiares y vecinales.
Estos conceptos refuerzan la idea de que la habitabilidad es una cualidad compleja, que conjuga elementos físicos, sociales, psicológicos y ambienta- les, que interaccionan dinámicamente y generan un sistema fenomenológico complejo, lo cual se diferencia de lo que en el campo de la arquitectura se
maneja como habitabilidad simple, puesto que esta solo se refiere al contexto proyectual del programa arquitectónico, que se conjuga en la composición físico espacial de las habitaciones.
Puesto así, la creación de la vivienda social desarrollada por los productores privados, en nuestro país, no cumple a cabalidad con el problema de la habitabi- lidad, ni simple ni compleja, por tanto no se puede justificar de ninguna manera, que sus productos sean verdaderamente de interés social, porque ni mejoran la calidad de vida, ni dan bienestar a los tenedores de este tipo de vivienda.
Esta necesidad de manejar la habitabilidad compleja se requiere porque esta surge como condición dialéctica que se da entre la vida natural y la vida mental, representa el factor de equilibrio que distingue la importancia de la calidad del hábitat que para nosotros es la vivienda. Por ello es que no debe distorsionarse ni menospreciarse el concepto de habitabilidad compleja, cuando se trata de planear, diseñar, construir, dotar e incluso mantener una vivienda dirigida a las clases de menor capacidad económica que, quizás, solo van a tener una oportunidad única en la vida para conseguirla. Por lo tanto, cualquier acción en ese sentido no debiera dejar de considerar que, ante todo, la calidad del hábitat, incluido el de la vivienda social, es premisa central del diseño arquitectónico de la misma, no importando si su modo de producción es artesanal o con tecnología de producción industrializada. Incluso para esta última, en la que se acelera la edificación del envolvente arquitectónico, con mejores estructuras, materiales y procesos constructivos, debería procurarse una dualidad de objetivos, que permitan no solo que la población logre “obtener (tener)” una vivienda, sino también que esta tenga la calidad suficiente para permitirle el “bien estar” y el “bien ser” a plenitud.
Por eso, la producción del objeto arquitectónico solo se debe definir, caracterizar y valorar en función de su condición de hábitat, tal como en su momento lo planteó el arquitecto José Villagrán, teórico de la arquitectura del siglo xx: “La meta del arquitecto y del estudiante no puede ser en ningún caso la obra representada, sino la obra viva, habitada y ambientada”(Olmos Aguirre, 1998, p. 36), aspectos en los que coincide un poeta como César Vallejo que a su vez establece: “Las casas nuevas están más muertas que
las viejas, porque sus muros son de piedra o acero, pero no de hombre. Una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezan a habitarla” (Vallejo, 1975, p. 155).
“haBItaBIlIdad cero”, el Punto de PartIda
Lo habitable es, sin duda, una cualidad derivada de la interacción entre el continente (envolvente físico de la vivienda) y el contenido (espacio que contiene la actividad del habitante). Esta cualidad se establece como parte del proceso sistémico de interacciones que se dan en el tiempo y espacio, entre continente y contenido, que por eso, forman un proceso de adapta- ción–construcción entre el espacio arquitectónico y el hombre que lo habita. La adaptación como función que conlleva a la satisfacción del haber (tener) de la necesidad humana con su hábitat y la construcción como medio para la realización del bienestar del habitante, evidenciada por el cumplimiento de sus aspiraciones o satisfacción del ser.
Puesto así, el concepto de habitabilidad como proceso sistémico, lo vemos como una cualidad que deviene de un proceso natural y cultural universal porque, finalmente, en cualquier parte del mundo, el hábitat reúne cualitativamente las condiciones para el habitar que cada población encuentra óptimo a lo largo de un proceso cultural de etapas de ajuste que se dan en el tiempo y el espacio como un devenir ontológico. La dinámica de este proceso ocurre en un contexto de ensayo y error, por lo cual, el mismo, se vuelve transformante y evolutivo, con fases de adaptación al ambiente, la ecología y los avances del desarrollo eco- nómico, tecnológico y las nuevas prácticas culturales que adopta la población. Con base en lo anterior, podemos establecer que los elementos que con- forman dicho proceso sistémico son el espacio contenido, su envolvente continente y la interacción de las relaciones que surgen de la actividad del habitar humano, que puesta en el concepto funcional, operativo de un modelo sistémico, implica flujos de energía y materia, que entran, se transforman y salen como productos biológicos, de la psique, informativos, socio-culturales y económicos (figura 1).
En este proceso, la vivienda como continente del hábitat es el elemento que fundamenta el proceso de habitabilidad y, entonces, la arquitectura se inicia con la “habitabilidad cero (Ho)”, para conformar espacios desde Ho, hacia otros de “habitabilidad óptima (HoP)”, que permitan las condiciones de sobrevivencia y supervivencia, propicios al “bien haber, bien estar y bien ser” del habitante. Por eso, “la producción arquitectónica tiene una condición significativa que se evidencia en las manifestaciones de aceptación o rechazo, que comunican las diversas expresiones y experiencias del habitar humano en la vivienda”.1
Con esto proponemos que la arquitectura debe dejar el manejo de la “habi- tabilidad simple” que, como dijimos, nos remite a la confección tecno-estética
1 Miguel Hierro. Ponencia “La Comunicación y las Expresiones de lo Arquitectónico” 14va. Jornada
de Avances de Investigación de la ciaup. 2012 (inédito).
Figura 1. Contexto sistémico funcional del hábitat, considerando la habitabilidad simple, compleja y los flujos que la determinan
de la vivienda, para iniciar la búsqueda de la “habitabilidad compleja” que se inicia con la “habitabilidad cero”.2 Todo esto, deducido de conceptos como los
del maestro José Villagrán (1989), quien indica que: “la forma arquitectónica maneja un espacio construido doble: el edificado que es el constituido por el material y el habitable que es el que ocupa el cuerpo humano”. Villagrán con su concepto de que “la arquitectura es el arte de construir espacialidades en las que el hombre integral desenvuelve parte de su existencia colectiva” se adelanta así a las bases fenomenológicas que después expresarían Martin Heidegger y Norberg Schulz.3
Con este último concepto de Villagrán podemos arribar al concepto de que “la habitabilidad es un proceso que consustancia la interacción del habi- tante con su espacio habitáculo, lo cual potencia o reduce las proyecciones noemáticas del tener y el ser en la búsqueda del bienestar”.4
Queda así superado el concepto de la habitabilidad, tan solo como la “cali- dad de lo habitable”, que resulta solo de considerar las características físico espaciales adecuadas de la habitación. Objeto habitable que el proyecto integra como condición de cualidades de “buena práctica profesional”, por- que “constituye la esencia de lo arquitectónico” o de la arquitecturiedad”,5 es
decir, lo que es propio de los objetos arquitectónicos, que los diferencia de otros. Es en suma el conjunto de condiciones que determina que una obra sea arquitectónica y no, simplemente, edificatoria.
Así surgió la noción de que el programa debe anteceder al proyecto y ser su piedra angular, aspecto que ha perdido importancia en mucho del quehacer
2 Término que proponemos, para recalcar que todo proyecto arquitectónico es inhabitable hasta
que no se pruebe y compruebe lo contrario.
3 Ramírez Ponce, (Ibíd.) indica que Villagrán desde 1927, analiza el concepto de la habitabilidad, un
cuarto de siglo antes de Heidegger y un poco más de medio siglo antes que Norberg Schulz.
4 Proyecciones Noemáticas son las estructuras inteligibles trascendentales por las que los objetos adquieren funciones significativas y objetuales. Véase Montero, F. (1987). Retorno a la Fenomenología. En Philosophy, pp: 154-155.
5 Es un neologismo de Ramírez Ponce (Ibídem) a partir de un pensamiento de Roman Jakobson “El
objeto de la teoría de la literatura no es la literatura misma, sino la literariedad; es decir, las características que hacen que una obra sea considerada literaria”. Si la literariedad es lo propio de lo literario, entonces la arquitecturiedad es lo propio de lo arquitectónico.
arquitectónico, y específicamente en la producción de la vivienda social, donde ha quedado reducido a cero, y por ello es que hasta el proyecto mismo ha sido degradado por el imperativo económico a partir del cual, como es notorio en la arquitectura industrializada, se han edificado millones de viviendas con espacios carentes de todas las cualidades que los principios básicos de la arquitectura establecen en términos de utilidad, solidez y belleza, además de la ausencia de otros elementos y características de carácter urbano, am- biental, ecológicos, sociales, de salud y bienestar, que simplemente han sido ignorados con toda intención, porque sobrepasan los costos de edificación.
Estas condiciones, de mala o nula calidad de habitación de las edificaciones y sus espacios generados, se tratan de enmascarar con adornos de fachada de molduras, pretiles, cornisas, tableros, repisas, pilastras, antepechos, he- chos de poliuretano, poco resistente al uso y al paso del tiempo para casas que, por la condición económica de sus ocupantes, al menos deberían durar un periodo más amplio que el otorgado para el pago del crédito con el que se adquirieron.
el Programa nacIonal de VIVIenda 2014-2018
Hoy nuevamente en el Programa Nacional de Vivienda (pnV 2014–2018) se comete el grave error de privilegiar la política con el enfoque centrado en el medio financiero y dejar relegada la importancia en el objeto (la vivienda) que es el receptor pasivo de la problemática que hasta ahora ningún plan de vivienda, ni por sus planteamientos tampoco este, se podrá resolver, con respecto al diseño de habitación óptima de la vivienda.
El nuevo pnV 2014-2018 responde según su declaración de principios al derecho a la vivienda que mandata el artículo 4º constitucional, La Declara- ción Universal de los Derechos Humanos (art. 25.1) y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (art. 11.1), con lo cual se establece como estrategia de la política de vivienda, el derecho a la vivienda en el marco de las garantías individuales y, por lo tanto, todo el sector reco- noce que el diseño y aplicación de la política pública en la materia enfocará sus acciones y recursos totalmente al abatimiento del déficit habitacional.
Prosiguiendo una vez más con la política de abatir el rezago de vivienda, sin que en ello importe mucho, la calidad como hábitat y la satisfacción plena de la calidad de vida y patrimonial de sus habitantes.
De esta manera, el Programa Nacional de Vivienda 2014-2018 ha sido formulado en apego a las prioridades de la política de vivienda y no tanto, aunque el discurso lo diga, en proporcionar una “vivienda digna” puesto que aún no se han definido las características de lo digno de acuerdo con están- dares de calidad internacional como el mismo documento del pnV lo precisa en sus prioridades y objetivos 2 y 3 de un total de 6 que aluden a la calidad y que son:.. “2. Mejorar la calidad de la vivienda rural y urbana y su entorno, al tiempo de disminuir el déficit de vivienda; 3. Diversificar la oferta de solu- ciones habitacionales de calidad de manera que responda eficazmente a las diversas necesidades de la población”.
Es necesario recalcar la necesidad de mejorar los espacios y la calidad de las construcciones, tanto en los aspectos arquitectónicos como urbanos, a través de la implementación de nuevas tipologías y diseños que se adapten a los nuevos tipos de hogares, sobre todo ahora que la estrategia de retornar a los centros urbanos dotados de mejores capacidades de equipamientos y servicios permitirán, en construcciones verticales, un mayor aprovechamiento del suelo proyectado en altura, a un mínimo de cinco niveles. Dicha posibilidad confrontará el déficit habitacional nacional global de 15 298 204 viviendas que agrupa tres tipos de carencias: (pnV 2014-2018. Op.cit.)
1. Calidad de los materiales de construcción
2. Espacio insuficiente para evitar el hacinamiento, y 3. Dotación completa y suficiente de servicios básicos.
Según el pnV, las carencias de espacio se reflejan en el hacinamiento que entre los años 2000 y 2010, la cantidad de viviendas en hacinamiento en el país pasó de 8 a 7.6 millones, es decir, de 36.6 a 26.4%, cifra que solo sería creíble si todas las viviendas construidas en dicho periodo estuvieran ocupadas. Pero como tenemos que el parque habitacional abandonado o
no ocupado creció considerablemente, el porcentaje de hacinamiento debe haber crecido en una proporción inversa a la que plantea el pnV.
Pero, ya sea en la periferia o en la ciudad central, en plan de desarrollo ho- rizontal o vertical, en la práctica se tendrán que resolver las contradicciones que se han dado hasta ahora entre los principios teóricos de la arquitectura y los diseños que han sido utilizados en la producción de vivienda por las cons- tructoras, que carecen de una conceptualización teórica en sus diseños. Esta realidad evidencia ausencias y/o malas prácticas arquitectónicas que como constante caracteriza a muchas clases de conjuntos habitacionales, no solo los sociales, en los que el diseño está totalmente maniatado y finalmente ignorado, por las decisiones financieras y los criterios economicistas que terminan por rediseñar el objeto arquitectónico dejándolo como un objeto escenográfico de ínfima calidad y cero habitabilidad y dignidad. Productos que han resultado de la omisión de reglas y controles de calidad mínima de los construcciones auspiciadas por el gobierno mexicano, que confió el desarrollo de viviendas a los empresarios privados y, estos, llevados por la especulación y la ganancia fácil y de corto plazo, terminaron por hacer la peor vivienda posible, no solo por inhabitable, sino también, por lejana, insegura, cara, de pésima calidad en materiales y a menudo sin servicios y con un entorno agresivo de riesgo.
Ante tal situación, no es difícil explicarse las conductas sociales negativas de abandono, transformación, desocupación, vandalización y no pago, que se han desarrollado en los conjuntos urbanos y arquitectónicos, en los que pro- gresivamente se incorporan nuevos y anteriores habitantes, los cuales, según nuestras evaluaciones iniciales, nunca terminan unos y otros por integrarse