• No results found

Post Program

CHAPTER FIVE: FINDINGS

tunadam ente hemos podido efectuar la operación sobre un caballo entero (como tenía que ser el sacrificado a M arte) (...) En resumen, en Rom a, tras el corte, era fácil obtener sangre de ambos órganos cortados49.”

La respuesta era satisfactoria, pero para mayor seguridad era necesario repetir el experim ento y así se hizo. El 20 de agosto de 1974 R ousseau comunicaba a Dumézil: “Hoy he hecho cortar la cola a un caballo inm e­ diatam ente después del desangrado. Pese a ello la duración de la trasu ­ dación natural (caída de gotas) ha sido todavía más larga, hasta diez m inu­ tos (...)50.”

La parte del caballo llevada corriendo a la Regia, por lo tanto, podía ser la cola, la verdadera. Los argumentos de los sustentadores de la tesis “rito de fecundidad” habían perdido argumentos51, nada impedía creer que el octo- ber equus fuese un sacrificio al dios de la guerra, como por lo demás deja­ ban entender claramente una serie de consideraciones dignas de atención.

En prim er lugar, el sacrificio se celebraba en el Campo de M arte, en donde se desarrollaban los ejercicios militares. La fecha del sacrificio, el 15 de octubre, era la que señalaba el final de las campañas militares, iniciadas entre febrero y marzo (más en concreto entre el 27 de febrero y el 14 de marzo), en un período durante el cual, siempre en el Campo de M arte, te­ nían lugar carreras de carros. Además el caballo sacrificado el 15 de octu­ bre era el caballo de la derecha del carro de quien había vencido en carreras análogas a las que habían señalado el inicio de la estación bélica.

Cuál era, posteriorm ente, el valor sim bólico de los diversos gestos sacrificiales es otro problema, ya discutido en la Antigüedad y al que sola­ mente podemos apuntar.

En Plutarco leemos diversas explicaciones posibles. Según una p ri­ m era hipótesis el rito representaba la muerte del caballo de T roya52; según otra interpretación el caballo se ofrecía a M arte porque era un animal par­ ticularmente belicoso y por tanto especialmente grato para el dios; una ter­ cera imaginaba que el rito sim bolizaba el castigo de aquellos que usaban su agilidad para h u ir53. Pero dejemos a los antiguos (no sin haber notado, por lo demás, que el dios M arte al que ellos consideraban que se sacrifi­ caba el caballo era el dios de la guerra y no el de la fecundidad) y pase­ mos a los modernos y más en particular a Dumézil: la sangre vertida sobre

49 Resultados publicados en el Bulletin de la Academia, volumen 47, págs. 79-81. Expe­ rimento desarrollado en el mes de enero.

50 Carta reproducida en G. Dum ézil, Feste rom ane, cit., págs. 193 y sigs.: Coda e coda. En especial cfr. pág. 199.

51 G. Dumézil, Feste romane, cit., 189 y sigs.: G li ultimi siissulti del cavallo d ’ottobre. 52 Esta es también la explicación de Tim eo, reproducida (pero rechazada) por Polibio, 12, 4 b. Según Festo esta exp licación (ligada a la leyenda de los orígenes troyanos de Roma) sería compartida por el pueblo, pero no sería exacta (Festo, s.v. october equus, 190- 191 L).

53 Esta última explicación aparece expuesta en Plutarco de modo dubitativo, como fruto de su reflexión personal.

el hogar de la Regia, sostiene, eliminaba las im purezas provocadas por la guerra y la fijación de la cabeza significaba la atribución de la victoria al E sta d o 54.

Asentado todo esto, podemos por último volver sobre el problema del que habíam os partido. Es evidente que la ejecución del año 46 no fue una casual im provisación del momento. Fue, en efecto, la recuperación de un rito y la constatación de que se trataba de un rito de guerra (y no de fecun­ didad) lo que explica las razones de la elección de César. La ejecución fue al mismo tiempo un castigo ejemplar y un sacrificio a Marte. Al ser solda­ dos se sacrificó a los rebeldes como a los caballos de octubre. El gesto de César, por lo tanto, se explica sin necesidad de recurrir a la hipótesis, com­ pletamente indemostrada e indemostrable, del recuerdo de una antigua eje­ cución sacrificial por decapitación.

Conclusiones sobre la decapitación

Para sustentar la naturaleza sacrificial de la decapitación con el hacha no quedan, así pues, indicios. M irándolo bien su form ulación está estre­ chamente relacionada con la hipótesis de que el hacha era el símbolo de la soberanía de Roma y como tal se utilizaba para hacer explícita la omnipo­ tencia del poder real, señalado por fortísimos elementos religiosos.

Pero el hacha, como hemos visto, era en realidad el símbolo del impe­ rium y el modo en que se usaba para matar nos lo ha confirmado a mayores. La securi percussio era un gesto punitivo laico; como tal nació y como tal se utilizó en primer lugar en Roma y posteriorm ente (cuando se prohi­ bió en R om a) fuera de la ciudad. Pero tam bién aquí, hasta cierto punto, cedió el paso a otros instrumentos. Si en el tiempo de Augusto el procón­ sul de A sia Voleso seguía utilizando el h ach a55, y si todavía en el tiempo de Claudio hacía lo mismo el responsable de Siria C uadrado56, durante el reinado de N erón la espada ya había tom ado la prim acía absoluta. Sin embargo ya Lucano, al describir la muerte de Pompeyo, observaba no sin ironía “nondum artis erat ense caput rotare", “todavía no existía el arte de cortar la cabeza con un golpe circular” (de espada, evidentem ente)57.

En esta época el recurso al hacha se consideraba indecente. Cuando un soldado de Caracala la utilizó, el Emperador lo reprobó vivamente58. Duran­ te la última persecución en Africa, cuando se decapitó a algunos cristianos

54 véase todavía G. Dumézil, Feste rom ane, cit., págs. 201 y sigs.: La virtú del sangue di

cavallo. Sobre la posibilidad de que el rito incluyese elementos m ágicos, es decir la realiza­

ción de actos de por sí capaces de producir efectos deseados, véase por otra parte A. Grenier,

L es religions étrusque et romaine, París 1948, pág. 162.

55 Séneca, D e ira 2, 5, 5.

36 Josefo, G uerra de los Judíos, 2, 242. Por lo demás según Suetonio el m ism o Claudio

Related documents