A su regreso de Europa, a comienzos de 1924, la Universidad presentaba un panorama desolador. Desahogó entonces su amarga desilusión por la frustración de su denodado empeño en transformar la casa de altos estudios, en un gran mitin convocado por la Federación Universitaria de Córdoba. Habría que transcribir todo su discurso “Universidad, Ciencia y Contrareforma”, el mejor y más significativo de los que pro- nunció, pero me limitaré a reproducir las partes referentes a la proyec-
tada contratación de profesores, de que hablé14.
(*) En uno de los originales se intercala a continuación la siguiente anotación manuscrita:
“A su regreso, a comienzos de 1924, en un mitin estudiantil Barros declaró su decepción en un discurso célebre”.
14 Publicado en La Reforma Universitaria, recopilación de G. del Mazo, La Plata, 1941,
“Vengo otra vez –comenzó diciendo–, pero sin ese entusiasmo de la juventud que es en la oscuridad luz y en la tormenta rayo. Porque se- ñores, después de cuatro años de peregrinación, de ver mucho y apren- der algo, yo no creo que la Universidad de las triseculares campanillas, valga un dolor de cabeza ni una mala digestión”.
“Nuestro esfuerzo, el empeño incesante de la generación del 18, que le consagrara sus más nobles desvelos, hubo de asegurar a la Universidad de Córdoba el concurso de los más reputados sabios del mundo, hombres como no pueden ni ostentarlos aquellas universidades, que cual la de Buenos Aires, no tienen por galardón su prehistórica antigüedad, sino su importancia científica y cultural, universalmente reconocidas”.
“Nosotros conseguimos para el instituto de arquitectura, que había- mos propuesto, la colaboración de Bruno Taut, el genial artista y erudito alemán, la fama de cuyas arquitecturas alpinas ha traspasado las fronteras de su patria. Decidido a alejarse de su país por la paralización consecu- tiva a la situación económica, Taut aceptaba hasta el concurso con quienquiera de otra nación. Pero entre gallos y medianoche, en la misma forma que se regalaba la cátedra de Filosofía, que disputara en concurso el doctor Gregorio Bermann, al joven musicante doctor Martinez Vi- llada, así también resolvióse llamar a un incógnito que no presentara el peligro de ser auspiciado por los hombres del 18”.
“Para la enseñanza de las anatomías, hoy hay cargo de numerosos co- legas con ejercicio de su actividad profesional, fue propuesto desde Berlín el profesor Heinrich Poll, eminente morfologista, actual titular de la Uni- versidad de Hamburgo y encargado de la Institución Rockefeller para la organización del auxilio pecuniario norteamericano en favor de la ciencia alemana. En el Instituto de Morfología del profesor Poll se hubieran ense- ñado como es corriente en las cátedras europeas, centros de vasta irradia- ción científica, no solo las anatomías descriptivas y topográfica, la histología y la anatomía en el vivo para los artistas, sino que también hubieran en- contrado su hogar aquellas otras disciplinas cuyos nombres nunca se sin- tieran en la muy secular y muy sabia Universidad de Córdoba. Me refiero a la embriología, y a la anatomía comparada, y a la herencia, y la constitu- ción, cuyos problemas se hubieran investigado a la par que se levantara el museo, sin el cual toda la enseñanza no pasa de una vana palabrería”.
“Para la creación del instituto de criminología y para la enseñanza de la materia y ramas afines, se gestionó y obtuvo la presentación de sabios de la magnitud de Vambery, el profesor de Budapest, y de Hübner, cate-
drático de la Universidad de Bonn. Aquel, como hombre y como maestro, una cumbre europea, eminente especialista este último, autor de una cé- lebre psiquiatría forense y propietario de una soberbia colección y archivo de criminología, que quería poner a la disposición de sus alumnos en los cursos de seminario, así como dictar gratuitamente la cátedra, huérfana hasta hoy, de neurología. A tiempo de salir de Europa, el profesor Hübner me hizo saber que la universidad criolla y guaranga de Córdoba, no le había devuelto algunos ejemplares únicos de sus publicaciones, que re- mitiera como antecedente, ni siquiera contestando su correspondencia”. “Para el Instituto de Economía Política, fundado sobre las bases del proyecto del profesor Alfonso Goldsmith, lamentablemente perdido por la Universidad de Córdoba y ganado por la de México, logramos conse- guir al profesor Wilbrandt, titular de la materia en la célebre universidad de Tübingen, autor de numerosas obras de vasta difusión; pero ni el pro- fesor Wilbrandt fue llamado, ni el instituto realizado, ni la Facultad de Derecho continúa otra cosa que el mascullamiento más desgraciado del viejo texto de Gide, o peor aún, de alguno de sus plagiadores”.
“Para la enseñanza y para la investigación de los problemas de la salud pública, se proyectó por el que habla la creación de un gran insti- tuto de higiene, con departamentos de higiene pública en el sentido clá- sico de la palabra, de bacteriología, parasitología, investigación de substancias alimenticias, medicina social y estadística médica, instituto que tendría a su cargo la información del personal técnico necesario para los consejos de higiene y para las administraciones municipales de la pro- vincia. Contábamos ya para esta obra de extraordinaria trascendencia
científica y social con nombres de la magnitud de Prausnitz(*), cuando
mediante la colaboración entera del actual ministro de Instrucción Pú- blica de la Nación, sonó su hora para la contrarrevolución de Córdoba”. “Más todavía: no bien se hubo posesionado de la casa el lacayo del señor Marcó y actual ministro de Instrucción Pública, doctor Sagarna, cuando hizo suspender telegráficamente la firma del contrato que nos aseguraba la adquisición del profesor Jacoby, de la Universidad de Berlín, personalidad descollante en la investigación de la química de los fermen- tos, a quien fuera necesario convencer con la mayor habilidad para que se decidiera a desterrarse en este páramo científico e intelectual”.
Este discurso fue su despedida de la acción universitaria. No volvió
a ocuparse de la Universidad(*).