CHAPTER 2 METHODOLOGY 32
2.1 Characterizing Top Dross Sampled from Galvanizing Lines Using Nitrogen and Air
Antes de proceder a la explicación fisiológica sobre la capilaridad, el autor considera que es el momento adecuado para hacer una breve reseña de la historia de su descubrimiento.
El primer descubridor del fenómeno capilar era Malpighi que nació en Italia en 1628 cuando William Harvey publicó el primer ensayo sobre la circulación de la sangre.
El estudioso italiano, que se convirtió en la última parte de su vida en una gran autoridad del mundo de la histología.
Sucedió cuando tenía 33 años, en 1661, en la búsqueda de los vasos capilares que conectan las arterias con las venas, mientras se encontraba examinando los pulmones de una rana a través del microscopio. Estaba loco de alegría por este descubrimiento y quería dárselo a conocer a Harvey, pero, para desilusión suya Harvey había muerto cuatro años antes.
La teoría de la capilaridad de Malpighi fue estudiada y confirmada posteriormente por otros investigadores a través de diversos experimentos, por los físicos y médicos de aquellos días que tuvieron interés en la teoría publicada por primera vez por Harvey. Hace unos 250 años un físico italiano llamado Giovanni Alfonce Boreley en su trabajo sobre el Movimiento de los Animales observó que si el corazón era el transportador de la sangre, su fuerza debía ser algo así como 180.000 libras (o 90 toneladas).
En marcado contraste con esto, justo 30 años después o hace unos 220 años, un ensayo sobre la cantidad de sangre y el movimiento muscular en los animales y la humanidad, llevado a cabo por un médico escocés llamado James Keel, concluyó en su obra que el corazón no tiene más fuerza de impulso que 16 onzas o una libra. Con la teoría de la capilaridad, los estudios de Boreley y Keel se consideran igualmente ciertos. Porque si el corazón es el impulsor que bombea la sangre, su fuerza debe ser de cientos de caballos de potencia, mientras que en caso de que la circulación de la sangre se produzca por capilaridad, como se supone, el corazón debe poseer prácticamente muy poca o ninguna fuerza. Y si esta última teoría es cierta, y yo creo que lo es, la función del corazón es la de regular la cantidad de la sangre que se distribuye.
En los círculos médicos del mundo de hoy día, se le sigue dando gran crédito a la teoría de Harvey de que el corazón envía la sangre a las extremidades y otras partes del cuerpo por su doble función de diástole y de sístole.
Hay, sin embargo, un error fundamental en la teoría, como ya he señalado, en el que se ignora la facultad de los capilares.
Las venas se contraen cuando la sangre fluye a través de ellas y se expanden cuando se vacían. A la inversa, la arterias se agrandan cuando la sangre fluye a través de ellas y se contraen cuando la
Capilaridad requiere para su manifestación de tres elementos: sólido, líquido y gas. Los críticos de la teoría del autor sobre la capilaridad señalan la aparente ausencia de gas cuando la sangre se mueve a lo largo de los vasos sanguíneos. Una respuesta a tales críticas es la observancia a la naturaleza y función de los vasos sanguíneos.
Para empezar, debe tenerse en cuenta el hecho de que las arterias cuando toman la sangre son aptas para distenderse, mientras que las venas cuando la sangre fluye por ellas son aptas para contraerse, empujando así sucesivamente la sangre con la ayuda de las válvulas internas, que sirven para evitar el reflujo sanguíneo. En otras palabras, las arterias tienen la función vital intrínseca de succión (vis a fronte) y la función intrínseca de las venas es de empuje (vis a tergo). Esta capacidad de expansión automática y de contracción de los vasos de la sangre es una bendición natural, este beneficio y aprovechamiento biológico natural se pierde en gran medida en aquellas personas que van vestidas con mucha ropa. Los vasos capilares son unos diminutos vasos sanguíneos que conectan las arterias con las venas.
Cuando la sangre fluye por las venas, tal sangre será empujada debido a la contracción de las venas, y, como la corriente hacia atrás de la sangre se rectifica por medio de las válvulas, se formará
el vacío en los vasos capilares completando los tres elementos esenciales de la capilaridad. El vaso sanguíneo es la parte sólida, la sangre es la parte liquida, y el vacío mencionado es la parte gaseosa; dentro de los vasos capilares se llevará a cabo el fenómeno capilar, y esto constituye la fuerza motriz de la circulación de la sangre.
Esta teoría sobre la circulación sanguínea impactó negativamente a un cierto doctor en medicina, tanto que este último un día se tomó la molestia personal de visitarme para señalar lo "absurdo” de la teoría. Como ya comentamos el asunto hasta la mitad, el debate entró necesariamente en problemas de matemáticas.
"¿Entiende usted las matemáticas?" – le pregunté. "No, no entiendo de matemáticas." – respondió el doctor.
Por lo tanto no tenía sentido seguir discutiendo el asunto y el Doctor totalmente cabizbajo se despidió de mí. Usted nunca podría satisfacer a su sirvienta con su explicación de cómo una lámpara eléctrica se ilumina a menos que tenga un conocimiento adecuado de la electricidad. Lo mismo podría decirse de la teoría de la circulación sanguínea.
Como es una cuestión práctica, de cualquier modo, la teoría en sí es de poca importancia. En el caso de lámparas eléctricas, es bueno si se iluminan con regularidad. En el caso de la enfermedad, no necesitamos pedir nada más si se cura.
Cuando le hacen daño en la mano, por ejemplo, usted sostiene su mano muy por encima de la cabeza tanto como sea posible y la agita, entonces se cura. Este mecanismo de sanación proviene de la teoría de la capilaridad sanguínea, y que se podría llamar como la verdadera práctica de la medicina, en mi opinión. La ciencia médica moderna en lugar de curar la herida acelera su supuración. Incluso cuando la lesión es fresca sin la menor señal de infección por bacilos, los médicos procederían a desinfectar la parte afectada aplicando algún antiséptico, que retrasaría la recuperación.
Sea como fuere, su pregunta en este contexto debe ser: ¿Cómo en el mundo se puede sanar una lesión en la mano sosteniéndola en alto y sacudiéndola?.
abajo gradualmente por la atracción de la tierra, y en consecuencia el vacío creado origina una vigorosa fuerza de capilaridad.
En otras palabras, la sangre dentro de las arterias circula de acuerdo con el principio de capilaridad, y la circulación de la sangre se acelera, con lo que excluye por completo la oportunidad de contagio de de bacilos purulentos, y por lo tanto se facilita infinitamente la recuperación. Esta elevación y sacudida de la mano lesionada por encima de la cabeza es lo que denomino: “ejercicio de capilaridad”. Cuando se practica esta técnica de curación por medio de la capilaridad, la circulación de la sangre, no sólo de los miembros, sino también del cuerpo entero se vigoriza.
La razón es simple. Los vasos sanguíneos en el cuerpo forman un sistema completo de circulación de la sangre, una mejora local repercute de forma natural sobre la mejora general. Pero otra razón y todavía más importante es que las extremidades inferiores y superiores tienen la mayor parte de los vasos capilares. De 5.100.000.000 de vasos capilares contenidos en el cuerpo humano, de acuerdo con la obra "Der Mensch, 1931" del Dr. Vogel Maltin de Alemania, tanto como tres cuartas partes o 3.800.000.000 millones se distribuyen en las extremidades.
Poniendo en actividad los vasos capilares de las extremidades que ocupan el 75 % del total contenido en el cuerpo y vigorizándolos, no es sorprendente que la curación a través del fenómeno de capilaridad sea el método práctico de sanación más racional y efectivo.