Como ya describimos antes, una de las explicaciones por la cual los emi- grantes argentinos podían insertarse en los mecanismos de acogida concebi- dos para otros movimientos migratorios, tiene que ver con las dimensiones cuantitativas reducidas del exilio argentino. Si entre 1973 y 1983 algunos centenares de argentinos buscaron refugio en Bélgica, un grupo mucho más pequeño se comprometió en los comités argentinos que fueron creados du- rante ese período. Existieron varios comités argentinos en Bélgica, entre ellos algunos con sede en distintos países como la Comisión Argentina de Derechos Humanos (CADHU) y la Comisión de Solidaridad de Familiares de Presos y Des- aparecidos (COSOFAM) y otros de naturaleza estrictamente local, como el CAS, que ya mencionamos antes.
El CAS protagonizó la “acogida política” y reunía a la gran mayoría de los argentinos políticamente activos en el exilio. Fue el punto de encuentro para una parte considerable del exilio argentino en Bélgica. Aparte de un pequeño núcleo activo de, como máximo, diez personas que se ocuparon de la gestión del CAS, el comité contó con un apoyo amplio entre los emigrados, con dece- nas de argentinos que participaron en las actividades organizadas. El CAS esta-
ba formado por gente que venía de distintas orientaciones políticas y distintos partidos, de manera muy similar a las experiencias de los exilios argentinos en Francia,20 México21 o Suecia.22 Este carácter pluralista parece haber sido un factor clave en la constitución del comité como punto de referencia dentro del exilio argentino en Bélgica. Fue el único comité argentino reconocido por la mayor parte de la comunidad argentina y que perduró durante los años más importantes del exilio: nació en 1977 a partir de los pequeños comités de los primeros argentinos que habían llegado durante los años 70; creció mucho a lo largo de los años 1978 y 1979 gracias a la llegada de la mayor parte de los emigrantes políticos argentinos durante este período; y empezó a desintegrar- se a partir de la vuelta a la democracia en 1983 y el regreso a Argentina de gran parte de los exiliados. Según el ex presidente del CAS, el papel protagonista del comité como representante legítimo del exilio argentino, aumentó la vo- luntad de mantener un cierto grado de independencia política, dando lugar a ciertas aspiraciones unificadoras:
“Como teníamos un objetivo muy en paz, muy concreto, no había dificul- tades para llevarse bien. Porque teníamos cosas muy concretas; una era mantenernos entre nosotros para que no se nos quiebre, que no le haga mal a una persona, que todos estemos bien, que tengamos reuniones en- tre nosotros, para comer algo, para tomar algo, para salir a pasear, para ir a la playa cuando era verano, para ir a la montaña o lo que sea, pero trata- mos de mantener eso, si había alguno medio débil, medio triste, alegrarle un poco, que un objetivo era, mantener a la colonia unida. Mantener tam- 20 Por ejemplo, el Comité Argentin d’Information et Solidarité (CAIS) fue creado en 1975
como “representación no partidaria de los exiliados” y estaba integrado por miembros de Montoneros, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), otros grupos de la izquierda trotskista y algunos independientes (Franco, 2008: 95).
21 En México fue la Comisión Argentina de Solidaridad (CAS) que, en términos políticos,
terminó siendo un mosaico que reprodujo las diferentes perspectivas que nutrieron al exilio argentino en México (Yankelevich, 2004: 204).
22 En el Argentina Kommite participaron exiliados argentinos de diferentes orientaciones
bién a los que no estaban en el CAS, a toda la colonia. Era una responsabi- lidad del CAS también” (Entrevista con F.L., Rosario, 04/12/2011).
El ex presidente describe la tarea principal del comité como el manteni- miento de la “la unidad” para que “toda la colonia argentina” estuviese bien. El comité tenía un objetivo por estar muy “en paz” y por ello “no había difi- cultades” para llevarse bien. Sin embargo, en la literatura sobre el exilio no encontramos ningún caso en que no se hayan producido de alguna manera tensiones provocadas por las diferentes corrientes políticas convivientes en el exilio. La lectura de la convivencia política en el CAS por parte del ex presiden- te se podría interpretar tal vez más como una reelaboración idealizada por el paso del tiempo. Sin embargo, resulta interesante como muestra del imagi- nario de la militancia en el exilio que partió de la observación de “estar todos en la misma”. Desde una consciencia política y un cierto sentido de urgencia emanó la convicción de que había que organizar la denuncia de lo que pasaba en la Argentina, que había que solidarizarse con los organismos de derechos humanos en el país, y fundamentalmente apoyar a los “compañeros presos”, denunciar el terrorismo, la violencia y los desaparecidos, sacar a los compañe- ros de la cárcel, conseguir visas, recibir a los compañeros en Bélgica, etcétera. Los argentinos que querían seguir con algún tipo de compromiso político, en- contraron en el CAS un lugar donde todos estos objetivos se materializaban.
En algunos testimonios, los ex militantes del CAS defendieron el carácter pluralista del comité con la afirmación de que “la política destruye más que lo que une”, una referencia explícita a las tensiones posibles derivadas de las diver- sas pertenencias partidarias originales. Al mismo tiempo implica que los obje- tivos principales del comité, la denuncia y la solidaridad, fueron interpretados de alguna manera como “apolíticos” o que, por lo menos, trascendían la política entendida como política partidaria. Según esta lógica, la política partidaria y la denuncia de las violaciones a los derechos humanos parecían difícilmente com- patibles dentro del mismo concepto de solidaridad. Podemos preguntarnos en qué medida esto fue el resultado de un proceso de introspección y autocrítica en el exilio, o bien de una estrategia colectiva del CAS a fin de legitimar la denuncia
argentina en la sociedad belga. Probablemente, los dos componentes influye- ron en la construcción del nuevo discurso de denuncia y solidaridad.
Sin embargo, a pesar del objetivo de fortalecer la unidad, efectivamente exis- tieron tensiones entre proyectos o ideologías políticas diferentes dentro del CAS, a menudo exteriorizando las tensiones que se manifestaron entre la continuidad de la militancia previa al exilio y la reconfiguración o revisión del proyecto políti- co en el exilio. Según algunos testimonios, los argentinos se adhirieron al comité que identificaron como el comité más “independiente”, que proveyó un espacio político que permitió manifestar sus identidades políticas dentro de un contexto amplio y abierto para, de alguna manera, preservar y continuar su compromiso político. Esta continuación, ya fuera de manera diferente o con mayor o menor intensidad que antes del viaje a Bélgica, fue para muchos experimentada como fundamental en los primeros años de su exilio. Principalmente, el CAS fue un es- pacio donde los pasados políticos individuales y colectivos fueron (re)evaluados:
“M.V.M.: ¿Cuál fue la motivación para comprometerte en el CAS cuando llegaste aquí en Bruselas?
C.A.: Era algo esencial. Era imposible pensarse vivir en Bélgica olvidándose de dónde veníamos y qué nos pasaba y qué estaba pasando con tanta gente. Eso fue realmente un sentimiento que compartimos todos. Esas cosas ni se analizan, era más que obvio. Era una necesidad. Hubo gente que vino que también había estado presa o lo había pasado mal pero que a lo mejor no militó, hay varios que no militaron nunca de manera clara y participativa en un comité o en otros lugares, pero también venían a las cosas que nosotros organizábamos. Una conferencia, una comida,... Por- que esa necesidad se sentía, de compartir, de denunciar...” (Entrevista con C.A., Bruselas, 21/02/2011).
“No olvidar el pasado” significó comprometerse, actitud que era conside- rada como “algo esencial”, “una necesidad”, algo “más que obvio”. Los que se re- unieron en el CAS se obligaron de manera indirecta a construir una nueva for-
ma de expresar su compromiso político por el simple hecho que el contexto de su militancia era totalmente nuevo. Obligados a repensar sus propios pasados de una manera muy directa y concreta, muchos se construyeron consciente o inconscientemente un nuevo perfil político y abandonaron hasta cierto punto los antiguos proyectos. Las dificultades causadas por este proceso dependían obviamente de la historia personal de cada emigrante, de la conjugación de la militancia previa en el nuevo contexto del exilio.
Para todos los exiliados que tenían una historia de militancia, el exilio en Bélgica significó, inevitablemente, una desestructuración política debido a la ausencia de estructuras partidarias en Bélgica, las crisis internas de los partidos y organizaciones políticas, las dudas y la desilusión personal sobre la práctica política anterior. Como fue descrito en otros estudios, las crisis internas dentro de varios movimientos políticos argentinos, en particular Montoneros y el Par- tido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), causaron también dudas entre sus militantes que cuestionaban su adhesión a estos movimientos políticos, en particular los vinculados a la lucha armada.23 La distancia geográfica que con- dicionó la situación de los emigrantes políticos argentinos agudizó la pérdida de contacto con las redes políticas ya de por sí muy afectadas por la represión y, en algunos casos, reforzó la reflexión sobre el pasado reciente. Esta revisión implicó un proceso de introspección que podía producir emociones muy mez- cladas y contradictorias: desde el alivio de haber salvado la vida hasta culpa por haber sobrevivido y haberse ido. Por el proceso brutal de desconexión inherente a la emigración forzada, este “vínculo total”24 podía llegar a consti-
23 Una descripción de las tensiones que llevaron al distanciamiento crítico de la mi-
litancia en el caso del exilio argentino en Francia se encuentra en Franco (2008: 162-177). Para el caso mexicano, estas tensiones están descritas en Yankelevich (2004: 187-221; 2009: 142-149); para el caso español en Jensen (2004: 130-133) así como Jensen (2010) y Del Olmo (2007). Un análisis de las fracturas internas dentro de varias agrupaciones políticas que se comprometieron en la resistencia contra la dictadura y contraofensivas armadas se encuentra en Novaro y Palermo (2003: 67-80).
24 Nos referimos al “vínculo total” como característica de la práctica política argentina de
los años ´70 en el seno de las organizaciones revolucionarias y armadas, donde lo político- ideológico era indisociable de lo afectivo-emocional (Franco, 2008: 174-175).
tuirse en una fuente de conflicto interno para los militantes políticos. ¿Hasta qué punto la forma de compromiso en el exilio se correspondía o podía verse en consonancia con la militancia previa al exilio, la ideología del partido, las directivas de los dirigentes? En este sentido, el compromiso dentro del CAS podía significar un proceso de ruptura con el pasado. Otros mantuvieron su convicción y adhesión a un proyecto político preciso a lo largo de su militan- cia en el CAS. En situaciones conflictivas, esta visión y el mantenimiento de posturas políticas que, por su rigidez o por la falta de autocrítica, chocaron con posturas políticas más independientes o flexibles, constituyó un núcleo de enfrentamientos conflictivos en el exilio argentino en Bélgica. El CAS fue al mismo tiempo la entidad que externalizó y enfrentó las diferencias entre sus integrantes y el espacio catalizador. Su carácter pluralista provocó tensio- nes entre las varias tendencias políticas representadas en su interior, pero el comité proveyó también un lugar para manifestar el compromiso político y amortiguó así la ruptura política causada por el exilio para una parte de los emigrados políticos argentinos.