Historical and Exponential Depreciation
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súbito. En 1496 Juan del Encina escribía en el “Arte de poesía castellana” con que se inicia su Cancionero'.
porque según dice el dotísimo maestro Antonio de Le- brixa, aquél que desterró de nuestra España los barbarismos que en la lengua latina se habían criado, una de las causas que le movieron a hacer arte de romance fue que creía nuestra lengua estar agora más empinada y polida que jamás estuvo, de donde más se podía temer el decendimiento que la su bida; y así yo por esta mesma razón creyendo nunca haber estado tan puesta en la cumbre nuestra poesía y manera de trobar, parecióme ser cosa muy provechosa poner en arte y encerrarla debaxo de ciertas leyes y reglas, porque ninguna antigüedad de tiempos le pueda traer olvido3.
Estas palabras transparentan un tonillo de arrogancia: Juan del Encina escribe con la confianza de un poeta dentro de una tra dición segura, pero sus frases — dirigidas al joven príncipe don Juan— reflejan también el nacionalismo cultural de un país re cientemente unificado, consciente de su fuern y dispuesto para el Imperio. Las palabras de Encina se refieren a una amplia gama de temas y estilos: la poesía doctrinal del siglo xv es todo lo más un placer discreto, pero en lo que se refiere a la lírica amorosa cortesana de Castilla la arrogancia de Encina está justificada en parte, porque dentro de los estrechos convencionalismos de esa lírica fueron escritos algunos de los poemas más bellos e intensos en lengua castellana.
La lírica amorosa cortesana de Castilla, vástago tardío de la literatura europea del amor cortés, formó parte del ritual de la galantería que desempeñó un papel importante en la vida de la Corte. Muchos de los poemas compuestos dentro de esta tradición
3. Juan del Encina, Cancionero (1946), f. nr. Será apropiado mencionar aquí el estudio más extenso de la poesía de Encina: Ana María Rambaldo, El
Cancionero de Juan del Encina dentro de su ámbito histórico y literario (Santa
Fe, 1972), libro muy interesante y perspicaz, pero por desgracia (siguiendo suge rencias de Américo Castro) fundado en la hipótesis que Encina era de estirpe judía. Hasta la fecha, las pruebas alegadas en apoyo de esta hipótesis carecen de validez histórica.
son tan desmayados y áridos como era de esperar teniendo en cuenta su origen, pero varios de ellos, en cantidad sorprendente, tienen una intensidad obsesiva, que hoy todavía asombra. En la obra de estos poetas castellanos de los últimos años del siglo xv, encontramos una limitación y una mayor intensidad de la tradición europea del amor cortés. Usaron un vocabulario extraordinaria mente escaso, y muy pobres fueron también sus medios retóricos, que pueden reducirse a estos tres principales: oxymoron, antítesis y polyptoton (repetición de una palabra o formas derivadas de una misma palabra), tres procedimientos que expresaban la ob sesión atormentada del enamorado, apresado por las contradic ciones, consintiendo su propio martirio pero anhelando liberarse de él, lanzado de un extremo a otro de la alegría y del dolor, de la esperanza y de la desesperación. Estos procedimientos ex presivos no son pura retórica, pues expresan la experiencia cen tral de esta clase de amor.
La lírica cortesana, llevada a este grado de represada inten sidad en las últimas décadas del siglo xv, fue mantenida a este nivel a principios del xvi por hombres más jóvenes como Garci Sánchez de Badajoz, cuya locura de amor (por la que según parece estuvo aherrojado durante cierto tiempo) le proporcionó un aura romántica similar a la que se atribuyó al poeta del siglo xiv Ma rías. La poesía de esta tradición apenas tiene rasgos individuali zados: su sello es la impersonalidad. Incluso en aquellos poemas en los que Garci Sánchez parece aludir a su encarcelamiento es difícil conceder un sentido personal a su poesía.
Como el que en hierro ha estado y después se vee suelto,
y se halla tan atado para andar, que aprisionado estaba más desenvuelto; así yo, que os he mirado, soy tan vuestro, tan no mío, tan sujeto a os adorar, que aunque me fuese tornado
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mi franco libre albedrío, no podré libre quedar4.
El virtuosismo a la vez contenido e intenso de esta clase de poesía era manifiestamente un arte muy consciente de sí mismo, cultivado de manera deliberada5.
Pero ésta no fue la única tendencia y ni siquiera la que pre dominó en los años iniciales del siglo xvi. Existieron otros tipos de poemas: los moralizadores, religiosos y alegóricos figuran en tre los que más abundaron. Los tres fueron combinados en una compilación que gozó de una gran popularidad en los primeros años del siglo: el Cancionero de Juan del Encina cuya primera edición fue publicada en Salamanca en 1496. Volvió a imprimir se en 1501 (Sevilla), 1505 (Burgos), 1507 y 1509 (Salamanca), y 1516 (Zaragoza). El Cancionero no agotó el gusto por la poesía de Encina: en 1521 publicó su Tribagia, un relato, escrito en versos de arte mayor, de su peregrinación a Tierra Santa. Es evi dente que esta obra refleja sentimientos profundos y entrañables, pero su penosa vulgaridad demuestra con toda claridad la casi completa pérdida de facultades poéticas de su autor al ser orde nado sacerdote. Sin embargo, como ocurre tan a menudo, la his toria de la literatura desconcierta al crítico literario: este poema iba a ser eí de fama más duradera entre los de Juan del Encina, ya que, mucho después de que otros suyos fueran olvidados, la
Tribagia volvió a reimprimirse en 1606, 1608, 1748 y 1786. La poesía lírica dé Juan del Encina ha conservado su seduc ción y muchos de sus poemas, especialmente aquellos en los que capta algo de la frescura de las canciones populares, figuran en tre los más deliciosos de la época. Pero son decepcionantes sus composiciones más serías: su Triunfo de la fama, triunfo del
amor, las obras religiosas de encargo (incluidas éstas en su Can
cionero), la Tragedia trobada escrita en 1497 con motivo del fa 4. P. Gaílagher, The Life and Works of G, S, de B., Londres, 1968, pág. 56. 5. Véase (por ejemplo) K. Whinnom, «Hacía una interpretación y apre ciación de las canciones del Cancionero general de 1511», Filología, XIII, 1968- 1969.
llecimiento del príncipe don Juan, Tribagia, etc. Entre sus obras más atractivas figuran sus poemas absurdos, los famosos Juicio y
Almoneda y los todavía más famosos Disparates. Tomando su obra en conjunto, Juan del Encina fue quizá mejor músico que poeta: las sesenta y una composiciones que reunió en el llamado
Cancionero musical de Palacio resultan ingeniosas y a veces con movedoras 6.
Entre los más interesantes poetas menores de ese período hay que citar a Pedro Manuel Jiménez de Urrea (¿1486?-¿1535 ?), un noble aragonés cuyo Cancionero (Logroño, 1513) contiene algu nos buenos poemas de estilo tradicional y unas tentativas de imi tación de Petrarca.
Ésta fue, pues, la poesía en la cual pudo formarse un joven nacido a principios del siglo xvi. Uno de los mayores aconteci mientos literarios de su vida sería la publicación del Cancionero
general (Valencia, 1511), una compilación masiva de toda clase de poesía, en la que predominaba la del siglo XV. Antología re presentativa que se alza cual majestuoso monumento, tanto a su compilador, Hernando del Castillo (que, si no fuese por esto, sería un desconocido para nosotros), como a la alta calidad de la imprenta en España. La obra alcanzó en seguida un claro éxito comercial. Una edición revisada (corregida y aumentada) fue pu blicada en 1514 (Valencia). Esta misma volvió a imprimirse en 1517 (Toledo), 1520 (Toledo) y 1527 (Toledo), edición esta ul tima en la que se añadió un solo poema. Una nueva edición muy reformada apareció en 1535 (Sevilla); cierto número de letanías de amor y otros poemas amatorios que utilizaban el lenguaje de la religión fueron esta vez suprimidos, y se añadió una cantidad notable de nuevos poemas (en su mayoría religiosos y mediocres). Esta versión se reimprimió en 1540 (Sevilla). Una nueva edición modificada de manera considerable fue impresa en Amberes en 1557 y vuelta a imprimir en esta misma ciudad en 1573. Los editores de las sucesivas ediciones intentaron poner el Cancionero
6. Véase Edward M. Wilson y Duncan Moir, Historia de la literatura es
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