3. Recommendation 52
3.1 Millennials needs and expectations 52
3.1.2 Clear career path and evolution 57
En 1963 el escritor dominicano Juan Bosch reedita y prologa una segunda edición de la novela Over. Habiendo permanecido en el exilio durante 23 años, decide a su regreso rescatar del olvido literario la novela de quien fuera uno de los más cercanos colaboradores del régimen trujillista, Marrero Aristy. Pertenecientes ambos escritores a una misma generación que participaba en las tertulias literarias de La Cueva45, fueron claros exponentes de una línea de pensamiento social iniciada en la primera mitad del siglo XX. Una línea que, como expusimos en el capítulo anterior, difería del elitismo rodosiano proponiendo un imaginario nacional más inclusivo. Los primeros cuentos de Bosch durante los años veinte y treinta, así como su novela La Mañosa (1936) se insertan en lo que estudiosos como Bruno Rosario Candelier denominan el socio-realismo hispanoamericano (x), movimiento en el que también se incluyen los trabajos de Marrero Aristy. Los libros de relatos
Camino Real (1933) de Bosch y Perfiles Agrestes de Marrero Aristy (1933) se
caracterizan por cierta intención testimonial, descriptiva y de denuncia de las
45 Como se menciona el capítulo II, las tertulias de La Cueva tuvieron lugar en la década del treinta y estuvieron conformadas por poetas y escritores de diferentes generaciones y estilos: Rafael Américo Henríquez, Andrés Francisco Requena, Manuel Llanes, Franklin Mieses Burgos, Héctor Inchaústegui Cabral, Manuel del Cabral, Juan
condiciones de miseria que se vivían en el país, recurriendo a la recuperación de una tradición popular oral. Se trató pues, de la puesta en práctica de una ‘transculturación narrativa’ que incorporó el escenario campesino a un proyecto letrado no sólo de modernización ―como ocurría en otros países latinoamericanos— sino también, de consolidación de la nación que parecía hasta entonces inviable. Para Candelier, este proyecto nacional respondía a una visión propia de “una pequeña burguesía liberal y nacionalista, cuyas aspiraciones máximas eran la culminación del Estado-nación moderno al estilo liberal burgués” (152). Estas aspiraciones sin embargo, “más que expresarse en una propuesta política y económico-social definida, se [expresaban] en las tensiones del encuentro de la modernidad con la premodernidad dominicana” (San Miguel, “Contar” 257). Esta última era percibida desde una posición crítica en la que se denunciaba el atraso político, cultural y económico del mundo rural de principios de siglo. Sin embargo, al momento de configurar una propuesta programática, las vidas y obras de Marrero Aristy y Bosch ejemplificaron la divergencia que sufrió esta generación en cuanto a la puesta en práctica de lo que parecía inicialmente un proyecto común ordenador. Ambos terminaron sus días abandonando la opción de la democracia liberal como la vía para el fortalecimiento de un Estado que hiciese frente al imperialismo. Sus caminos y conclusiones no fueron, sin embargo, los mismos. La apuesta política de Bosch durante una primera etapa, fue la del exilio, articulando un proyecto político democrático contrario a la dictadura trujillista a la que finalmente se sumó Marrero Aristy. A diferencia del autor de Over, Bosch, aguardó la muerte
del dictador para poner en práctica los lineamientos del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) que había fundado desde La Habana en 1939.
A su vuelta en la República Dominicana en 1961, el peligro de los monopolios azucareros norteamericanos se había disipado gracias a las expropiaciones del dictador y la ocupación de 1916 parecía para Bosch una cosa del pasado. El golpe militar de 1963 que lo derrocó de la Presidencia y más específicamente la segunda ocupación militar norteamericana de abril de 1965, parecieron tomarlo por sorpresa: “Yo he sido hasta ahora un equivocado y no me pasó por la cabeza ni siquiera la idea de que los yanquies iban a invadir este país o cualquier otro de la América Latina, eso era algo que yo no concebía” (en García Cuevas 72). A partir de este momento, Bosch elaborará una nueva historiografía caribeña y latinoamericana en la cual las intervenciones externas en la región determinan su devenir histórico- político y marcan una narrativa de resistencia contra el imperialismo. No es claro, sin embargo, que Bosch tuviera esa conciencia histórica sino hasta después del año 63. Aunque Bosch menciona los efectos perversos de las diferentes invasiones históricas en textos como Trujillo, causas de una tiranía sin ejemplo (1959) (San Miguel Isla 173) y, a pesar de haber vivido una parte de su infancia durante la primera ocupación, Bosch no pareció preocuparse mayormente por ese tema46. A diferencia de la novela de Marrero Aristy, sus primeros escritos se concentran mayormente en la denuncia del gavillerismo, las luchas intestinas internas y los caudillismos locales. En 1955 por ejemplo, en su libro Poker de espanto en el Caribe
46 Resulta revelador que no fuese sino hasta el año 64 que Bosch declarara sobre el impacto que había tenido para él, la primera intervención estadounidense: “En mi infancia había visto bajar de los edificios
sobre las terribles dictaduras latinoamericanas en aquellos años, resta responsabilidad a Estados Unidos en el fenómeno de entronización de los dictadores para detenerse en factores internos:
En los últimos tiempos se ha propagado mucho la tesis de que el imperialismo es el responsable de que el Caribe se encuentre apestado de tiranías. Más he aquí que las agresiones políticas y armadas de Estados Unidos en esa zona, no toman cuerpo sino a partir de 1898, y ya en esa época los pueblos caribes conocían despotismos tan prolongados y tan crueles como los regímenes del indio Carrera en Guatemala o de Ulises Heureaux en Santo Domingo, o como el de Henri Chistopher en Haití y el de Guzmán Blanco en Venezuela (350).
Quince años más tarde, en su monumental historiografía El Caribe, frontera
Imperial, Bosch prácticamente resta cualquier agencia propia al devenir histórico
caribeño, para concentrarse en la historización de las acciones imperiales; las europeas en el siglo XIX y las estadounideses en el siglo XX, como las principales determinantes históricas. Estados Unidos pasará a ocupar así, un lugar de primer orden en su visión sobre la realidad política y social contemporánea de América Latina. Atrás quedaban los actores campesinos y el mundo rural de sus primeros relatos. Es claro que este cambio de enfoque respondió a las dinámicas de la guerra fría que a partir de los años sesenta Bosch sufriera en carne propia.