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La viruela asoló gran parte de la pampa durante el siglo XIX provocando una importante mortalidad en las poblaciones indígenas, lo que continuó en las reservas y campos de concentración donde fueron enviados los prisioneros de las campañas militares del período 1879-188575. Los pueblos originarios relacionaron la enfermedad

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Mases (2010) calcula que de una población indígena aproximada de entre veinte y veinticinco mil individuos, no menos de quince o diecisiete mil fueron hechos prisioneros. Algunos de los capitanejos que se habían sublevado con Justo Coliqueo aparecen entre los listados de prisioneros que los Misioneros Lazaristas solicitan que sean trasladados de la Isla Martín García y destinados a "casas o Estancias de particulares argentinos", incluían a "Francisco Callfuqueo, llamado también Pancho Coliqueo –ya viejo y enfermo tiene como 70 años. 2º Andrés Platero de 55 a 60 años. 3º Millaguer de 55 a 60 años. 4º José Platero de 50 años" (Del Padre José Birot al Ministro de Guerra y Marina 07/07/1879, citado por Papazian-Nagy 2010, p.14). La iglesia participaba de la distribución de indios entre funcionarios, militares, estancieros y miembros de la elite porteña aunque institución encargada de esta tarea era la Sociedad de Beneficencia, principal organismo de administración de la sanidad por entonces. Puede agregarse que entre aquellos que recibieron indios figuran reconocidos médicos de la época. En una nómina elaborada por Mases (2010) figuran: Carlos Durand, Juan Argerich, Martín Spuch (masón, miembro de la Academia de Medicina), Pedro Mallo (actúo en la Guerra del Paraguay, masón, cirujano mayor de la Armada, higienista), Facundo Larguía (uno de los fundadores de la pediatría) y Juan Corradi (pionero de la homeopatía en el país), todos recibieron un indio, mayoritariamente niños.

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También fueron frecuentes en la zona las epidemias de cólera. Hay descripciones de un brote producido en la primavera de 1868, que provocó muchas muertes en la Tribu de Coliqueo, en la de Melinao y entre los soldados de 9 de Julio y de uno que en 1874 afectó a las tribus de Namuncurá y Catriel. El cólera había producido algunos casos en Buenos Aires en 1866, al año siguiente se difundió a Corrientes y Rosario multiplicándose el número de casos, llegando a afectar unas 8.000 personas y provocando 1.600 defunciones. Entre los fallecidos se incluye al Vicepresidente de la Nación, Dr. Marcos Paz, que fue asistido por el entonces ministro del interior, el Dr. Guillermo Rawson. El brote alcanzó el interior de la provincia de Buenos Aires y luego se extendió a Córdoba, Catamarca y Mendoza (Veronelli y Veronelli Correch 2004).

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con la llegada de los europeos, y la denominaron winka-kutran (enfermedad del blanco)76.

Las ventajas de la variolización primero y luego de la vacuna, eran conocidas desde los tiempos del Virreinato y habían sido introducidas por el primer Protomédico, Miguel Gorman77. Fue Juan Manuel de Rosas quien incluyó la vacunación contra la viruela y otros cuidados médicos de las poblaciones indígenas como parte de las negociaciones con estos grupos, incluyendo el alquiler de casas en Buenos Aires entre 1832 y 1839 para alojar caciques y eventualmente brindarles atención médica (Ratto 2007)78. La utilización de la vacuna como forma de intensificar las alianzas con algunas tribus se apoyaba también en el conocimiento que Rosas tenía de la cosmovisión mapuche, la vacunación le permitió generar la duda de la relación que existía entre blanco/viruela y de esta manera consolidar alianzas con diversas tribus en el marco del negocio pacífico de indios (Di Liscia 2002c).

Seguramente la Tribu de Coliqueo no fue vacunada durante el gobierno de Rosas pues estaba lejos de formar parte de las tribus aliadas al Restaurador. Tampoco hemos hallado documentación que demuestre el uso de esta práctica entre los indios amigos en la frontera bonaerense, por el contrario, existen numerosas noticias del efecto devastador de la viruela entre las tribus instaladas en esta región. Apenas un año después de su radicación en la Tapera de Díaz, Andrés Raninqueo en una carta que envió a Bartolomé Mitre mencionaba que "los grandes trastornos que la viruela está

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Para los mapuches las enfermedades eran producto de la posesión del enfermo por un espíritu maligno: el gualicho. No existía la muerte natural, esta era causada por alguien y toda la comunidad era sospechosa aunque las mujeres eran señaladas como culpables en la mayoría de los casos. La detección del culpable estaba a cargo de la machi. El/la machi reunía roles religiosos, médicos y éticos. Cobraban por sus servicios y los ritos de curación comprendían tres etapas: el diagnóstico de la enfermedad, la expulsión del mal mediante una serie de operaciones y la revelación sobrenatural sobre la curación (Ratto 2007).

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Miguel Gorman (también mencionado como O'Gorman) (Irlanda 1748- Buenos Aires 1819) formó parte de una comisión que el rey de España envió a Inglaterra para informarse sobre la variolización. En 1777 fue médico de la Expedición a la América Meridional. El Virrey Vértiz creó el Protomedicato en 1780 y lo puso al frente. Desde 1785, organizó la práctica de la variolización (que había aprendido en Londres y que consistía en tomar material purulento directamente de los enfermos y escarificar la piel de una persona sana, procedimiento conocido desde el siglo XII en Asia). La vacuna, que Jenner había aplicado por primera vez en 1796 inoculando material proveniente de vacas con viruela vacuna (cow pox, variedad benigna del virus de la viruela), llegó a Buenos Aires desde España en 1805 "en los brazos de tres de los negros venía evolucionando con todo éxito la pústula vaccinal, ya lista para ser transmitida a otras personas.”.Después de algún tiempo la gente evitaba vacunarse amenazando la conservación de la vacuna, se solicitó entonces la colaboración a las parroquias para difundir su aplicación. El sacerdote Saturnino Segurola aceptó el desafío y fue designado Comisionado General de la Vacuna (Veronelli y Veronelli Correch 2004).

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El ofrecimiento de asistencia médica era una práctica frecuente en las relaciones diplomáticas con los pueblos originarios desde la colonia.

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haciendo en la familia del cacique Coliqueo y en la mía, que en la tribu es extremosa la mortandad que hace la peste (3/11/1863. Archivo del General Mitre, Gobernación de la Provincia de Buenos Aires, 1912, vol. XXIV, p. 102-103, en Pavez Ojeda 2008, p.420). La tribu de Coliqueo no fue una excepción a los estragos que provocaba la enfermedad, pero un episodio ocurrido alrededor de 1865 da cuenta de los cambios que comenzaban a producirse en la explicación que daba la población mapuche a la etiología de la enfermedad. La esposa de Justo Coliqueo enfermó de viruela y falleció a los pocos días y se señaló a una de las cuatro esposas del cacique Ignacio como la causante del gualicho. Justo entró al rancho de su padre y delante de él la asesinó, el cacique se dispuso a perseguir a Justo pero advirtió que buena parte de los indios apoyaban la acción por lo que desistió79. El incidente sugiere que la viruela dejaba de ser considerada como una enfermedad sólo de blancos y comenzaba a explicarse como otras enfermedades propias de la población mapuche.

Más adelante, en 1876, el médico y sacerdote Pablo Emilio Savino mientras estaba instalado en la Tribu de Coliqueo decidió extender su misión a otras poblaciones motivado por la epidemia que azotaba la región, su relato es categórico:

En la época en que los visité, la viruela hacía horribles estragos en la tribu de Manuel Díaz, de Manuel Grande y de Tripailaf. No había toldo que no haya sido castigado por este flagelo. Resolví hacer una gira apostólica: deseaba bautizar a los enfermos, a lo menos a los niños. El médico de la guarnición del Fuerte aceptó acompañarme80. Es inimaginable lo horrendo y lastimoso que vimos. A lo largo del camino encontramos cadáveres de personas de todas las edades y en ambos lados del sendero envueltos ligeramente en jergas o cueros, arrojados como carroña en medio de matorrales. Encontramos toldos completamente vacíos: todos sus moradores habían muerto. En otros, en cambio, había una o dos indígenas salvadas de la muerte segura, salvadas como por milagro. Muchos habían muerto por hambre, porque desde tiempo les habían cortado sus raciones que les debían como a incorporados al Ejército.

El médico prodigaba su caridad para ayudar a los apestados de la enfermedad tan contagiosa. Los indios carecían de toda defensa natural contra la viruela y culpaban a los brujos blancos de haber introducido esta enfermedad entre ellos. Yo pude hacer

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Hux cita como fuente a un texto del Coronel Prudencio Arnold denominado Rectificaciones del folletín 'La dinastía de los Piedra del Dr. Zeballos' publicado en 1884 (Hux 1999, pp.134-135). El episodio también apoya la posibilidad de que Justo Coliqueo haya sido machi.

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El médico pertenecía a la guarnición del fuerte General Paz, no hay evidencias que haya actuado entre los habitantes de la Tribu de Coliqueo.

Página | 87 algunas limosnas y bauticé a 33 personas, la mayor parte de ellas eran niños gravemente enfermos (Anales de la Congregación Lazarista, 1878, vol. 43. p. 508 ss., citado por Hux 1999, p.289).

Resulta interesante observar que la mirada de Savino, que era médico, se diferenciaba de las teorías de importantes higienistas, como Lucio Meléndez y Pedro Mallo81. Estos sostenían que la enfermedad era mortal en los indios debido a su incapacidad física y a sus hábitos higiénicos, lo que demostraba su inferioridad biológica. Sobre este concepto se construyó un discurso cientificista que permitía la autoexculpación de los blancos y señalaba como directos responsables a los propios indios y a su forma de vida salvaje (Di Liscia 2000). Contrariamente, la postura del misionero se identifica con la de José Penna quien pensaba que la extensión de la enfermedad se debía a que estos pueblos no habían tenido contacto con personas vacunadas82.

También el relato deja claro el desinterés de las autoridades militares sobre la situación de las tribus amigas en un momento en el que habían quedado localizadas dentro de las fronteras provinciales, pues además de no enviarles medicamentos se les adeudaban raciones desde hacía meses. Esta situación motivó el reclamo de Savino al Jefe del Fuerte, el coronel Matoso, quien le respondió: "qué quiere, Padre, este Fuerte no ha estado nunca en una situación más lastimosa de abandono. Aunque escriba al Sr. Ministro, no contesta" (Anales de la Congregación de la Misión Lazarista 1878, en Hux 1999, p.289).

Savino tampoco recurre a un argumento que frecuentemente utilizaban los evangelizadores ante estas situaciones, explicando que los dioses vernáculos eran débiles e incapaces de impedir la gravedad de la viruela entre los pobladores originarios

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Pedro Mallo nació en Buenos Aires en 1837. Ingresó a la Facultad de Medicina en 1857, junto con Ángel Gallardo, Juan Antonio Argerich y Tiburcio Padilla (padre). Fundó con Ángel Gallardo la Revista Médico Quirúrgica. Mientras era practicante se desempeñó en la frontera bonaerense. Se alistó en el Ejército durante la guerra contra el Paraguay y organizó hospitales de sangre en Corrientes. Actuó en la epidemia de fiebre amarilla de 1871. Publicó un Tratado de Higiene Militar eHistoria de la Medicina en el Río de la Plata (Veronelli y Veronelli Correch 2004). En 1885 se sancionó la Ley 1628 llamada de "Premios militares", por la cual se acordaban fracciones de tierra a los "expedicionarios al Río Negro de los años 1879-1881". El listado incluía 15 boticarios y 39 médicos y practicantes, entre los que se encontraba Pedro Mallo (Guerrino 1984).

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José María Penna (1855-1919) se graduó de médico en 1879, fue el primer titular de la cátedra de Epidemiología y director de la Asistencia Pública. Fue legislador nacional, impulsando diversas leyes sobre temas sanitarios. Escribió numerosos textos sobre enfermedades infectocontagiosas (Sánchez 2007). Mientras se desempeñó como director del Departamento de Higiene se ocupó de extender la vacunación contra la viruela a indígenas y a inmigrantes consiguiendo controlar la enfermedad.

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mientras que el poderoso dios cristiano era capaz de proteger de la enfermedad a los bautizados (Veronelli y Veronelli Correch 2004).

Otros religiosos vinculados a los planes del Arzobispo Aneiros actuaron en la zona más adelante cuando en 1879 la viruela hizo estragos. El cura Seijas escribió al Arzobispo que en Junín83 los indios se encontraban “sin cama, todos en lamentable estado”. El Arzobispo envío ropa y otras donaciones, pero además designó monjas para que atiendan en el lazareto que estaba a una legua del pueblo. El cura escribía a Aneiros:

Ha muerto uno por día y el total desde que vinieron las hermanas hasta el día de hoy asciende a quince, contando tres que han muerto ayer de distinta enfermedad [...] diez y siete de los enfermos están en catre con sábanas. La comida muy arreglada, caldo bueno, carne de vaca y galleta; también arroz. Debo advertir a Ud. que cuanto digan los periódicos en contra del buen servicio y aseo de los indígenas enfermos, es falso [...] Creo que al mes ya no habrá ningún enfermo, a no ser que vengan otros nuevos” (Copello 1944, p.127)

La forma en la que se organizó la atención resulta novedosa en la frontera, la elección de un lugar alejado de los centros poblados y a cargo de religiosos parece encajar más dentro del esquema de lugar de concentración que constituir una medida sanitaria84. Aneiros también envió religiosos al campo de concentración de la Isla Martín García ante la devastadora epidemia de viruela que se desató entre los prisioneros de diferentes etnias de la Pampa y de la Patagonia recluidos allí. Dos sacerdotes lazaristas y tres monjas de la Congregación Hijas de la Caridad quedaron como los únicos que se ocupaban de los enfermos ya que Telémaco Susini, médico del presidio, había renunciado (Mases 2010). La situación en la isla de Martín García generó polémicas que

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Existe el antecedente de vacunación en el Fuerte Federación (actual Junín), la Gaceta Mercantil del 7 de marzo de 1837 publicó la comunicación del médico del fuerte, el Dr. Claudio Mamerto Cuenca, al gobernador Rosas "que tanto la tropa como el vecindario de este Fuerte ha cesado la enfermedad epidémica que reinaba y que son muy pocas veces molestados por algunas enfermedades esporádicas muy benignas...” (Citado por Méndez Elizalde 2011).

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La existencia de sitios de de concentración de indios hechos prisioneros durante y después de la Campaña del Desierto para luego ser trasladados hacia Buenos Aires y Martín García ha sido establecida por diversos autores. El caso más conocido es el campo de concentración de Valcheta (Delrío, Lenton, et al. 2010).

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formaron parte de las tensiones que caracterizaron las relaciones entre estado e iglesia de ese momento85.

Simultáneamente se desató una epidemia de viruela que afectó a prisioneros indígenas retenidos en Buenos Aires y a la población urbana porteña. Coni publicó en la Revista Médico Quirúrgica un artículo donde señalaba la grave imprudencia que se había cometido al trasladar indios sin vacunar desde la frontera hacia Buenos Aires86. Puede considerarse que la falta de vacunación fue parte de los mecanismos utilizados en forma indirecta para asegurar la desaparición de los indios, no llama la atención en este contexto que el Dr. Pedro Mallo dijera que se había producido "una lamentable devastación accidental" (Di Liscia 2002c, p.60).

Encontramos un episodio, también en 1879, que cruelmente daba cuenta de la utilización de la viruela como un arma más de exterminio de los pueblos originarios87. Painé, capitanejo del cacique Baigorrita, que había sido tomado prisionero junto a siete indios de lanza y 54 de chusma cuando huía hacia la cordillera, enfermó de viruela con otros miembros de su grupo. El coronel Manuel Olascoaga escribió un parte donde mencionaba que enviaba a “Painé, su mujer e hijos y 10 enfermos de viruela al cacique Purrán”, reconociendo que “así largaría enfermos de viruela para que se contajiaran” (Olascoaga Vol. II p.139 en Hux 2009). Los informes de Olascoaga revelan una práctica que es difícil de encontrar en la bibliografía, pero que probablemente fuera de uso frecuente.

No hay muchos momentos en los que la medicina tradicional y la occidental actuaran juntas tratando de combatir la viruela. Rescatamos uno, recogido por Eduardo Wilde, durante una epidemia de viruela que se abatía sobre la tribu del cacique Tripaylaf88. El cirujano Antonio Cañellas89 fue llamado por los indígenas para que los atendiera. Éste, con emplastos de quinina, paños fríos y distribuyendo leche entre los niños logró aliviar

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Las disputas entre Estado e Iglesia estaban desatadas en gran parte por las leyes de Educación y de Matrimonio Civil.

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Coni E. (1883). La viruela en Buenos Aires: medidas adoptadas contra su propagación. Revista Médico Quirúrgica,20,(10).

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Una revisión de la utilización de la viruela como arma biológica puede encontrarse en Diomedi (2003).

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Tripaylaf (o Tripailao) (1829-1882) había formado parte de la tribu de Coliqueo, se separó de este junto con Raninqueo en 1868 (Hux 2009)

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Antonio Cañellas (1847-1905) cirujano español que actúo como cirujano militar, intervino en la fundación de Puán y Trenque Lauquen, sentó las bases del Hospital de Bahía Blanca, luego de su actividad militar fue docente en el Colegio Nacional de Buenos Aires y miembro de selectos grupos porteños (junto a Marcelo T. de Alvear y los hermanos Melo).

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a muchos enfermos, ayudado por un farmacéutico francés llamado Garret. El curandero que había convocado a Cañellas, le había pedido que deje su delantal blanco y le sugirió que vistiera chiripá, antes de visitar juntos a los enfermos distribuyendo leche y remedios (Wilde en Guerrino 1984, p.70). El episodio es uno de los pocos en los que dos representantes de diferentes medicinas actúan juntos atendiendo enfermos de viruela, lo que motivó que el propio Wilde celebrara “el mutuo entendimiento” entre el médico y el curandero. Esta situación permite advertir modificaciones en la percepción de la enfermedad, admitiendo que es posible abordarla desde distintas miradas, no sólo como una enfermedad de "blancos" o de "salvajes".

Algunos años después, en 1885, José Penna publicó un texto sobre la viruela prologado por Ramos Mejía en el que contemplaba aspectos históricos y clínicos de la enfermedad y analizaba datos epidemiológicos del período 1879-1883 en la provincia de Buenos Aires. En su libro, Penna rescata conceptos de los pueblos originarios sobre el origen de las enfermedades, señalando que estos consideraban que las enfermedades provenían del Ayacuá90, todas menos la viruela cuyo origen se debía "a los únicos que realmente se la habían llevado: a sus dominadores" (Penna 1885, p.7). Hemos mencionado que Penna se diferenció de otros higienistas prestigiosos como Mallo y Meléndez quienes, a pesar de conocer la teoría microbiana y las ventajas de la vacunación, sostenían que la diferencia de la gravedad de la viruela entre indios y blancos se debía a la falta de higiene o a las características de la piel (Di Liscia 2002a). Penna entendía que la explicación debía buscarse

en la pureza de la raza, en la pureza de la sangre, en una palabra, en la ausencia de toda mezcla en el cruzamiento, como ha sucedido hasta hace poco tiempo en los indígenas de América, una de las causas esenciales de su receptividad para la viruela y la fecundidad, si así puede decirse, con que en ellos se desarrolla. Por esto mismo la gravedad es tan grande en tales casos y á tal punto que les produce casi con seguridad la muerte; verdad por otra parte, no desmentida desde las primeras épocas de la conquista hasta nuestros días (Penna 1885, p.91).

Y continuaba, marcando las diferencias con sus colegas:

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Ayacuá significa en guaraní diablo pequeño, este era quien determinaba la "enfermedad que mata o el dolor que aflige" (Penna 1885, p.7)

Página | 91 Se ha hablado en favor de su etiología, de sus costumbres, de sus hábitos intemperantes, donde la higiene duerme y la suciedad mas repugnantemente manifestada, impera. Se ha dicho que la ignorancia y la brutalidad de sus prácticas empíricas contribuían para propagar y agravar el mal. Pero todo esto carece de base sólida, porque el indio como