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6. SUMMARY AND CONCLUSION

6.2 DIFEERENCE SPECTROSCOPIC METHOD

6.3.1 Colorimetric Method –

Una vez relevadas las instancias de transmisión oral que se mencionaron hasta aquí, debemos puntualizar que el testimonio que en forma más acabada vendría a fortalecer el proyecto creador del narrador es el de Miralles. Después de una resistencia inicial en la que el ex soldado republicano se pone a la defensiva porque cree advertir en Cercas

(narrador-personaje) una acusación por los fusilamientos pasados, Miralles se abre con confianza a un interlocutor que, para poder completar su relato, quiere escucharlo. Pero antes de pasar a su testimonio, hay que recordar que en el origen de la posibilidad de incorporar a Miralles como pieza literaria del proyecto en ciernes está el personaje que se forja sobre la figura del escritor chileno Roberto Bolaño. Tal como ocurre con los datos aportados por Sánchez Ferlosio, un escritor de ficción se encuentra en el origen de los

a o te i ie tos sus epti les de se fi io alizados. Es o o si a t a s del elato eal al

que se aspira no dejara de colarse algo siempre vinculado a la ficción. Además, reproduciendo el cauteloso y políticamente correcto balance de SDS, en el que convergen la memoria de un escritor falangista y la memoria de un escritor republicano, y la figura destacada de un ideólogo de derechas con un héroe republicano, también se plantea la colaboración involuntaria pero provechosa de dos escritores que permiten miradas diferentes: por un lado Sánchez Ferlosio, el hijo del ideólogo falangista, que habla desde el centro, desde la propia España, que se encuentra rodeado de gente, que constituye la pieza difícil del entrevistador; por otro lado, el escritor sudamericano que se abre al joven entrevistador, que lo reconoce por obras previas y colabora en su proyecto creador, y que ofrece una narración surgida de una experiencia en un trabajo precarizado, desde una cierta periferia que incide en el devenir del relato. El acceso al anciano que, sobre la base de los datos aportados por Bolaño, dan argumento al narrador para sospechar que Miralles fue el miliciano que eligió dejar con vida a Sánchez Mazas, se presenta

p á ti a e te o o u epílogo de la o ela el li o esta a te i ado , SDS, 142).64 Uno de los primeros entrevistados por el narrador luego de su regreso al trabajo en el periódico resulta ser Roberto Bolaño y se da un reconocimiento llamativo. El chileno,

e ie te e te p e iado, e o o e o so p esa al e t e istado : O e, ¿tú o se ás el

Javier Cercas de El móvil y El inquilino? SDS, 143) Más allá del intercambio cordial en el que se produce la entrevista, Bolaño es quien permite la incorporación del personaje de

64 Cla o ue se sigue e o o ie do la i satisfa ió o el p odu to: … el li o o e a alo, si o

insuficiente, como un mecanismo completo pero incapaz de desempeñar la función para la que ha sido ideado porque le falta una pieza. Lo malo es que yo no sabía cuál era esa pieza. Corregí a fondo el libro, reescribí el principio y el final, reescribí varios episodios, otros los cambié de lugar. La pieza, sin embargo, no

Miralles, aquel ex combatiente que conoció en un camping unos veinte años atrás y que presenta indicios que podrían emparentarlo con el miliciano referido por Angelats como posibilitador de que Sánchez Mazas sobreviviera. Hay un comienzo casi coincidente en la introducción de la narración interior en el devenir del relato. Si la historia narrada por

A gelats se i t odu ía así: La es e a es sta SDS, 117), la referencia de Bolaño a

Mi alles, editada luego po el a ado , se p ese ta de a e a si ila : La histo ia es sta SDS, 151). La capacidad narradora de Bolaño, al igual que la capacidad de memoria exacta de Angelats, resulta sorprendente. Ambos, entonces, se muestran como significativos para la transmisión y sobresalen por sus dotes para presentar la historia de manera atrapante para su destinatario. A diferencia de quien reitera episodios

e á i a e te, se pe fila o o ue os a ado es .

[Bolaño] habló con un entusiasmo inflexible, con una suerte de jubilosa seriedad, poniendo a disposición del relato toda su erudición militar e histórica, que era abrumadora pero no siempre exacta, porque más tarde, cuando consulté varios libros sobre las operaciones militares de la Guerra Civil y la segunda guerra mundial, descubrí que algunas de las fechas y nombres y circunstancias habían sido modificados por su imaginación o su memoria. El relato, sin embargo, no sólo era verosímil, sino también, en la mayoría de sus pormenores, fiel a los hechos. (SDS, 151)

Ahora bien, el mismo Bolaño, que introduce el germen de ese héroe que luego termina de configurar el narrador mediante la búsqueda de su testimonio, es quien señala la poca probabilidad de la coincidencia entre el miliciano y Miralles.

[L]o que no entiendo es cómo puedes estar tan seguro de que Miralles es el

ili ia o ue sal ó a “á hez Mazas. … Pudo se lo –murmuró Bolaño escéptico. Pero lo más probable es que no lo sea. (SDS, 164).

En este punto se puede atender a la crítica de Ana Luengo en tanto señala que al narrador

o le asta ta po o el otu do o del p opio Mi alles, pues lo que prevalece es un objetivo de carácter literario desde el que se piensa la novela como un mecanismo de relojería, en una fórmula metaficcional mediante la que no se permite que nada quede pendiente de resolución.65

Ya en el comienzo, se percibe un plan de acercamiento a Miralles en el que se reconoce que la idea posterior es interrogarlo, actitud desalentada por cualquier preceptiva de historia oral que tenga en consideración a los informantes:

Yo no quería someterle de entrada a un interrogatorio,66 y además me apetecía oírle hablar de sus cosas, así que durante un rato hablamos de su vida en la residencia, del Estrella de Mar, de Bolaño. Comprobé que tenía la cabeza

u la a la e o ia i ta ta … . (SDS, 185)

Nótese que hay algunos miramientos preliminares que contemplan una escucha atenta de vivencias del anciano que no hacen al objetivo central del narrador-personaje Javier Cercas. Con la misma condescendencia con la que son aceptadas momentáneamente las

65 No se trata aquí de dilucidar la coincidencia o la falta de coincidencia entre el joven miliciano del final de

la Guerra Civil española y el Miralles cercano al tiempo del narrador. Sí, en cambio, procuramos señalar los indicios textuales que deliberadamente se pasan por alto en la novela. El personaje no solamente niega su responsabilidad en el hecho, si o ue ade ás juzga egati a e te la esolu ió . -No me haga decir cosas que no he dicho, joven. Yo sólo le cuento las cosas como son, o como yo las viví. La interpretación corre de su cuenta, que para eso es usted el periodista, ¿no? Además, reconocerá usted que, si alguien mereció que lo fusilaran entonces, ése fue Sánchez Mazas: si lo hubieran liquidado a tiempo, a él y a unos cuantos como l, uizá os hu i a os aho ado la gue a, ¿ o ee? SDS, 190) Parte de este pasaje también es destacado por Ana Luengo en el juicio crítico en el que apunta contra un narrador que desestima a sus personajes, tras lo ual la auto a o lu e ue Ce as° elegi á, si e a go, la ea ió estetiza te del héroe limpio y valiente, que además le salvó la vida al falangista Sánchez Mazas a finales de la guerra y que nunca intentó sacar partido de aquello, ni siquiera sesenta años después. No se puede olvidar que Miralles hasta opina que deberían haberlo matado antes; así que es obvio que el Miralles salvador de Sánchez Mazas no es más que una propia creación literaria de Cercas°, para acabar su relato desde la perspectiva de un soldado republicano capaz de perdonar a un fascista, lo que se espera precisamente de una novela

o p o etida e el año Lue go, : .

66 Pronto esta precaución se abandona. Las preguntas pasan a ser breves y directas. Transcriptas en el orden

e ue so ealizadas, to a la fo a, si duda, del i te ogato io ue de e t ada SDS, 185) se quiere evitar: ¿No igila a a los p isio e os? , ¿Más o e os? , ¿Y sa ía ui es e a ? , ¿Usted sa ía ue “á hez Mazas esta a e el Collel?, ¿“a ía ue los i a a fusila ? , ¿Co o ía usted a “á hez Mazas? ¿Lo

digresiones de Angelats, como en una transacción en la que hay que ceder un poco de tiempo útil para pasar al eje de la cuestión, hay un rodeo inicial en el que, además, para no desperdiciar recursos, se evalúa la capacidad cognitiva y la memoria de Miralles.

En la línea de la pedagogía subyacente en las novelas de esta tesis, vemos aquí otro caso de formación no lograda. Ana Luengo releva una serie de momentos de aprendizaje. En realidad, las diversas instancias de transmisión analizadas en este capítulo

o fo a pasajes de esa fo a ió . “i a e ha la de ap e dizaje supuesto , o o

sostiene Luengo (2004, 246),67 es porque la preeminencia del interés por una historia literaria lograda desestima los baches, los silencios y las negativas, aquellos restos que harían más complejo el caso y que darían mayor impronta literaria a la ficcionalización de la memoria de la Guerra Civil.

Hacia el final, se podría percibir una sensibilización con el pasado que trasciende de momento el proyecto literario, pero triunfa la euforia por el producto acabado y acorde a lo que se pretendía. Luengo reconoce un momento en que el narrador, al verse envejecido, después de haber atravesado todas las experiencias testimoniales detalladas,

pa e e esta a te el esultado de ese du o ap e dizaje ue es e a a se se si iliza se a te el pasado Lue go, : , pe o te i a sie do ás la a la satisfa ió po el t a ajo ie he ho: … puede a a a el li o … ha ganado un amigo muy interesante que le deja en tranquilidad con su propia conciencia tras haber visto la perspectiva del

pasado de u epu li a o i íd. E to es se t ata de u ap e dizaje pa ial,

interrumpido. Ahora bien, esta interrupción del aprendizaje de la memoria colectiva, siempre subsumido en un proyecto individual, puede leerse con una distancia mayor. En el trabajo de Luengo se percibe un encono que se va incrementando y, en determinado punto, se advierte un tono de indignación producido por la cuestionable evolución ideológica de Cercas narrador-personaje. De este modo, por más signo suprasegmental que divida las instancias que responden al nombre Javier Cercas, termina desdibujándose

67

Se aprecia esto en afirmaciones como: … el supuesto aprendizaje de Ce as° o está toda ía o luido

(Luengo, 2004: 246) … ot a lecciónpa a el es ito , au ue Ce as° o la apte. Lue go, : , énfasis nuestro en ambos casos).

la diferenciación que se establece entre narrador y personaje en un principio. La culminación de esto se advierte en el cuadro final del capítulo, en el que se sintetiza el rol de diferentes personajes a nivel intraficcional. Si bien a lo largo de casi todo el capítulo de Luengo se mantiene la diferenciación entre Cercas° y Cercas, en el cuadro final, en negrita,

apa e e el o e o pleto Ja ie Ce as si a la a ió algu a, desta ado e su do le

rol de homo sociologicus, es de i , a uel i di iduo ue o st u e su e o ia o e ue dos aje os Lue go, : 2) y homo agens, es de i , a uel ue tie e u a oz e la esfe a de lo pú li o i flu e te e la o e o a ió , es po tado de los e ue dos

(ibíd). Unas líneas antes, se señala una responsabilidad del autor que parece irremontable:

Es cierto que Cercas° es … el espo sa le de la a a ió de toda la o ela, pero también es cierto que Javier Cercas, como autor implícito, es responsable hasta del mismo Cercas°. Por lo tanto su distanciamiento ideológico, que le lleva a aceptar a un personaje estetizado y patético como héroe, parece servir

de eje plo pa a esa lla ada hue a ue se ha he ho de la e o ia ole ti a e España e los últi os años … Desg a iada e te es e lo ue ueda el

libro: en el aprovechamiento estético de la Guerra Civil española, en el ensalzamiento de combatientes que no sabían por qué combatían y que,

uizás po ello, a ifiesta u a fi alidad efe tista. … Lo ue esulta es, pues,

una novela bien construida y bastante amena, capaz de convertirse en best- seller con reputación de o p o etido po a a a e salza do a u soldado republicano en el año 2001. (Luengo, 2004: 255)

La mirada de Luengo resultó pertinente en tanto venía a desdecir las alabanzas de una fórmula que tenía sin duda muchos recovecos aún por analizar, pero el apasionamiento con el que se juzga, especialmente en el final, el procedimiento estético empleado, se ve envuelto en un tono de indignación que difumina un poco los contornos del análisis que realiza en los momentos en que mantiene más claramente separados autor y personaje. Por supuesto coincidimos en que el uso de la identidad onomástica no

es inocente y que esto acarrea una responsabilidad; sin embargo la superposición de responsabilidades implica saltear o ignorar las operaciones de ficcionalización que permiten incluso que se pueda mirar al narrador-personaje de SDS con la misma distancia irónica que él aplica para con sus entrevistados.

A pesar de cómo se llame el narrador y a pesar de la configuración de un héroe republicano que responde a las necesidades de un relato logrado,68 lo que se expone en esta novela es la dificultad de un acercamiento al pasado traumático mediado por intereses que exceden el interés por la memoria. Por cierto, esta forma de acercamiento, marcada por necesidades del presente de enunciación, es tal vez la única viable. En ese sentido, las falencias que detecta Luengo en cuanto a que existe en SDS una formación interrumpida o desviada entrañan un riesgo pero también habilitan una lectura de los restos que persisten tras el éxito del proyecto creador del narrador, incluso a su pesar

(parafraseando la fórmula con la que titula Luengo su capítulo dedicado a SDS). El riesgo es que el lector acepte el juego intraficcional y se quede únicamente en disquisiciones de carácter estructural y en un muestreo de voces testimoniales convocadas por diversos personajes. Las dosis de ficcionalización no resueltas en narradores interiores –como hemos demostrado para los casos de Daniel Angelats y Roberto Bolaño– dejan pendientes dudas, restos narrativos que dan cuenta de la productividad de todo aquello que parezca escapársele al narrador. Esos restos (los excesos de memoria literal que dan espacio para que el lector desconfíe y advierta una carga de artificiosidad), más literarios que la sumatoria de piezas que arrojan el mecanismo anhelado para la novela, justifican la inclusión de Soldados de Salamina en el tratamiento de la transmisión oral de la memoria de la Guerra Civil en la narrativa española contemporánea, aunque la memoria parezca

68 Logrado en términos de la estructura que se pretende a nivel intraficcional. Es más cuestionable que el

héroe que se conforma no adolezca de algunos excesos que ponen en serio riesgo su verosimilitud. Por o e tos, el a ado idealiza ta to su pieza lite a ia ue se oza u lí ite de a i atu iza ió : Volví a ver a Miralles caminando con la bandera de la Francia libre por la arena infinita y ardiente de Libia, caminando hacia el oasis de Murzuch mientras la gente caminaba por esta plaza de Francia y por todas las plazas de Europa atendiendo a sus negocios, sin saber que su destino y el destino de la civilización de la que ellos habían abdicado pendía de ue Mi alles siguie a a i a do ha ia dela te, sie p e ha ia dela te. SDS, 193)

ser meramente la excusa argumental que funciona para un proyecto creador determinado que se podría haber impulsado sobre la base de cualquier otro disparador.

Capítulo 5

Las exigencias del testimonio contra las digresiones de la memoria a iga . El recla o de Guárdame bajo tierra, de Ramón Saizarbitoria (2002) [2000]

El texto en el que se centra este capítulo corresponde a Ramón Saizarbitoria, un autor vasco de escasa difusión en Argentina, y que ha sido publicado originariamente en euskera.69

Si bien, como aclaramos luego, Guárdame bajo tierra no puede considerarse una novela, al menos en algunos de los sentidos más extendidos de la denominación del género, es preciso puntualizar el relativamente reciente surgimiento de la novela vasca y señalar algunos rasgos relevantes para una contextualización de la producción de los años posteriores a la dictadura y del momento que compete a nuestro corpus para poder dimensionar la inclusión de Ramón Saizarbitoria en el conjunto de autores en los que se basó nuestra investigación.70

69 Conviene tener en cuenta algunos datos biobibliográficos, puesto que probablemente Ramón Saizarbitoria

(n. 1944) sea, dentro de nuestro corpus, el autor más ignoto. Saizarbito ia está o side ado u o de los a o es p otago istas de la histo ia e ie te de las let as as as … el ejo o elista de la o ta t adi ió de la o ela as a Apalategi, : . Con el tipo de narración que impulsa en su primera etapa de producción, que comienza en 1969, dinamiza la literatura. Pone en juego procedimientos metatextuales que hacen que se trascienda la mera relación de los hechos. Saizarbitoria resulta un innovador ya con su primera novela, Egunero hasten delako (Porque se empieza cada día), donde se enfatiza más el trabajo con los p o edi ie tos ue o las histo ia a ada. De este odo, o l la lite atu a as a sale de su a a o is o ó i o to á dole po fi el pulso a la ode idad lite a ia del o e to Apalategi, 2008: 3). Luego publica 100 metro y Ene Jesús, en 1976, y no vuelve a publicar hasta diecinueve años después, ya que recién en 1995 aparece Hamaika pauso (Los pasos incontables). Guárdame bajo tierra, el libro que contiene las novelas breves que hemos analizado para este capítulo, corresponde a una etapa en la que ya no ocupa un plano central la experimentación procedimental. Prevalece una temática común que aúna las cinco historias narradas, pero hay también una alternancia de canales en que oralidad ficcionalizada y escritura constituyen elementos de importancia.

70 El género de la novela en lengua vasca tiene un surgimiento accidentado. En 1870 aparece en Bayona la

obra que podría considerarse como la primera novela en euskera, Atheka gaitzeko oihartzunak (Los ecos del paso malo) de J. B. Dasconaguerre. Pero no era una novela euskérica original, sino la traducción de una obra francesa del mismo autor, Les echos du pas du Roland, publicada en París en 1867. En el libro de 1867 figu a a la i s ip ió traduit du basque , lo ue oti ó el i te s del pú li o e el te to o igi al. Dado ue no existía el presunto texto original, el autor acudió a algunos escritores euskéricos en demanda de ayuda (Kortazar apud Juaristi 1987, 78 y ss.). Esto lleva a Jon Kortazar a la o lusió de ue e esu e , la novela vasca nace en medio de un engaño y de una pequeña superchería. Para cuando el género se consolida, tras una serie de leyendas que se publican en lengua vasca hacia finales de siglo [XIX], nos encontramos ya en 1898, año de la publicación de la que consideramos primera novela en lengua vasca:

Lo que sucede en estos momentos en la literatura vasca es que existen dos apreciaciones que se repiten una y otra vez: la primera es que la literatura