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Otra faceta docente fue la desarrollada dentro del Centro del Ejército y de la Armada de Madrid.

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El 10 de mayo de 1901, siendo Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes el Conde de Romanones, de aprobaba un Reglamento de exámenes y Grados en las Universidades, Institutos, Escuelas Normales, de Veterinaria y de Comercio. En su Art. 11 establecía, entre otras cosas, que:

Los alumnos oficiales aprobarán las asignaturas de Dibujo y Gimnasia sin examen, por certificados

de asistencia y aprovechamiento, expedidos a fin de cada curso por los Profesores oficiales.

Los alumnos no oficiales aprobarán el Dibujo presentando sus trabajos y ejecutando parte de ellos delante del Tribunal calificador, y la Gimnasia por medio de Certificados visados por el Profesor de la asignatura en el Instituto respectivo” (Gaceta de Madrid, 15 de febrero de 1915).

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Esta Asociación Nacional de Gimnástica tenía como sede social dicho establecimiento.

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En la sección de Gimnástica de la Revista “Crónica del Sport”, se podía leer la siguiente noticia:

“La colonia Alemana residente en Madrid se reunió en el espacioso Salón Gimnasio de la calle del Prado, núm. 10, donde se celebraba una fiesta tan original como brillante, á (sic) la que concurrió un selecto público, en el que abundaban elegantes damas, la reunión estuvo presidida por el Sr. Embajador de Alemania.

La fiesta empezó por marchas gimnásticas, que 20 gimnastas alemanes ejecutaron acompañados de piano y canciones patrióticas.

Terminado lo que podíamos llamar sinfonía, los gimnastas ejecutaron ejercicios de conjunto con barras de hierro, en donde demostraron precisión, elegancia y uniformidad.

Después de un intermedio musical, los gimnastas ejecutaron en paralelas y barra fija ejercicios de fuerza, destreza y agilidad, unidos a un excelente sentido estético, poniendo de relieve las excepcionales ventajas de la educación física y las dotes que para la enseñanza atesora el profesor D. Carlos Kenapp.

Fiestas como esta hace falta que se repitan con frecuencia, y lo que es más de desear, que sean por gimnastas españoles, á (sic) los que les indican el camisola colonia alemana, como hijos de un pueblo culto y eminentemente práctico.” (Crónica del Sport, Madrid, Año II, Tomo II, Nº 6, marzo de 1894, p. 83.)

Esteban Marín García

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Este Centro, en primera instancia denominado “Ateneo del Ejército y de la Armada” surgió como consecuencia del desencanto sufrido por la oficialidad con la clase política después de la revolución de 1868, la cual y a su entender, había sembrado las filas del Ejército de indisciplina, terminado con el compañerismo que tanto necesitaba este colectivo.

Por ello, comenzó a tomar cuerpo la idea de crear un centro donde los distintos cuerpos del Ejército pudieran estrechar lazos que propiciasen el compañerismo y a la vez, fuese lugar de estudio y esparcimiento. El día 16 de julio de 1871, se inauguró, en solemne acto, dicho centro situado en el número 2 de la Plaza de Santa Catalina de los Donados. Más tarde, llegada la primera guerra civil, el alzamiento carlista, destinó al frente a la mayoría de los militares, lo que provocó la disolución de este centro cultural.

Poco tiempo después, el 12 de junio de 1881, en el transcurso de una fiesta en honor a D. Arturo Zancada, Director de la “Ilustración Militar”, resurgió la idea de revivir aquel centro que tantas alegrías había dado a la milicia en los escasos tres años de funcionamiento, y rápidamente se creó una comisión al respecto95, la cual celebró su primera reunión el día 26 del corriente.

Después de muchas deliberaciones, el Centro fue constituido oficialmente el 8 de octubre de 1881, con la nueva denominación de “Centro del Ejército y de la Armada” y su sede se ubicó en la llamada “Casa Astrarena” situada en la calle de Fuencarral, número 2. Pronto, aunque debido al exitoso acogimiento y a la importancia que la institución iba adquiriendo, este local se quedo pequeño y hubo que buscar otro más adecuado. Su ubicación fue pasando por varios establecimientos, entre ellos “El Palacio de Montijo” situado en la Plaza de Santa Ana, propiedad del Duque de Alba. En esa ubicación se mantuvo desde el 2 de mayo de 1886 hasta el 16 de octubre de 1916 fecha en la que se traslado a un nuevo edificio, construido al efecto y de su propiedad, situado en la Gran Vía número 13, donde se encuentra en la actualidad con la denominación de “Centro Cultural de los Ejércitos”.

En este Centro cultural, entre otras actividades, siempre se dio mucha importancia a la actividad física, por lo que contó en todas sus ubicaciones con un Gimnasio96. Las clases de Gimnasia venía funcionando desde el 9 de enero de 1886, por estas fechas el gimnasio era un local cubierto de techo elevado, sin lujo aparente, pero bien dotado de material97. En él se establecieron clases de Educación física a las que

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Esta primera Comisión estaba compuesta por: Presidente Sr. D. Arturo Zancada; Vicepresidente 1º. Ilustrísimo Sr. D. Cesáreo Fernández Duro, Vicepresidente 2º. D. Federico Madariaga; Vicepresidente 3º D. Eduardo Labaig; Secretario 1º. D. Juan Madariaga; 2º. D. Emilio Bonelli; 3º. D. José Milans, 4º. D. Nemesio Lagarde; Tesorero, D. Manuel Ferreras; y Contador, D. Domingo Ortiz de Pinedo. (Coll y Astrell, Joaquín: “Monografía histórica del Centro de la Armada y del Ejército”,

Madrid, Imp. de la Administración Militar, 1902, p. 46).

96 Podemos observar, en la imagen al pie, el Gimnasio del edificio Gran Vía, 13, fotografía tomada del

libro: Gistau Ferrando, Miguel: “Monografía y Catálogo de la Biblioteca del Centro del Ejército y de

la Armada.”, Madrid, Taller Imp. de El Imparcial, 1917, p. 43.

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Los aparatos con los que contaba el Gimnasio del Centro de la Armada y del Ejercito eran los siguientes: Una escalera horizontal, otra vertical, otra omoplática [sic], dos pares de paralelas, un perímetro, seis poleas de madera de varios sistemas, una polea Sandow´s, dos pares de anillas, dos barras fijas, un trampolín, seis juegos de mazas, cuatro juegos de picas, una escalera de puñales, un caballo de madera para voltear, un potro, varias escalas y cuerdas lisas, cincuenta y un juegos de pesas

D. Marcelo Santos Sanz Romo, una vida dedicada a la cultura corporal

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asistían tanto socios como parientes de los mismos, de uno y otro sexo. Por término medio, asistían un número de unos treinta alumnos, por clase, impartiéndose dos clases diarias. Asimismo, como era costumbre, se realizaban veladas gimnásticas, en las que alumnos aventajados exhibían sus cualidades gimnásticas, para el deleite de los asistentes.

También era habitual la realización de veladas y conferencias de distinta índole. Dos de ellas, relevantes para el ámbito profesional de la Educación física del momento, fueron las que concedió el Dr. Phillip Tissié.

Este aspecto es un hecho a destacar, como el Dr. Tissié, eminente médico y “gran

apóstol francés de la regeneración física”98

, visita España en 1911. Gracias a una iniciativa de D. Marcelo Sanz y mediante una colecta realizada entre los profesores de Educación física de Madrid y provincias, se consiguió lo que las instituciones públicas no habían logrado: Traer a España a uno de los más reputados representantes de la nueva corriente gimnástica fundamentada, principalmente, en la fisiología. El Doctor ofreció cuatro conferencias en Madrid, sobre el tema “La

Educación Gimnástica Sueca”99

, una en el Ateneo de Madrid, otra en el Colegio Francés y, como apunté anteriormente, dos en el Centro del Ejército y de la Armada. La elección de este establecimiento para efectuar dos de sus cuatro conferencias sería como muestra de consideración y amistad hacia el Sr. Sanz quien había sido el promotor de su visita a España.

Gimnasio del Centro de la Armada y del Ejército.

de empuñadura corta, cinco juegos de pesas de empuñadura larga y cinco juegos de pesas sistema Sandow´s. (Coll y Astrell, Joaquín: Monografía histórica del Centro de la Armada y del Ejército, Madrid, Imp. de la Administración Militar, 1902, p. 381).

98 Así era denominado por Ricardo Ruiz Ferry, en un artículo titulado “Educación Física” en la

Revista Heraldo Deportivo, Año II, Nº 45, del 15 de agosto de 1916, p. 261.

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