3.2 Limits and colimits
3.2.4 Computing colimits
La melancolía es una disposición patológica de la conducta, clasificada por El DSM-IV dentro
de los “Trastornos del estado de ánimo”. Se la define como “Episodio depresivo mayor”, “éste
no es un diagnóstico codificable y constituye uno de los “ladrillos” de los trastornos del estado de ánimo” (Morrison, 2008, p.208). Este trastorno es uno de los problemas más comunes por
los que él paciente busca asistencia. Su principal característica es la incapacidad de disfrutar la vida que experimenta el sujeto, el paciente se siente deprimido, tiene problemas con la alimentación y el sueño, tiene sentimientos de culpa, pérdida de energía, vitalidad, dificultades para concentrarse y pensamientos sobre la muerte que pueden devenir en intentos autolíticos. El episodio depresivo mayor debe satisfacer los cinco criterios enlistados a continuación para considerarse como tal:
Cualidad del estado de ánimo depresivo o una pérdida del interés o el placer. Debe haber existido durante un periodo mínimo de tiempo.
Se acompaña de un número necesario de síntomas. Ha derivado en discapacidad.
No viola ninguna de las exclusiones enumeradas.
Una vez revisado el criterio clínico de la melancolía, se analizará al duelo patológico
desde la obra de Freud “Duelo y melancolía” (1917)
El duelo patológico y el duelo normal son estados que comparten algunas características; ambos pueden presentarse como reacción frente a circunstancias en la vida del sujeto también parecidas, como la muerte de un ser amado. Sin embargo existen particularidades que los diferencian; en el duelo patológico el sujeto evidencia sentimientos que van direccionados a su auto castigo y menosprecio, por otro lado un duelo patológico no siempre responde a una pérdida real, muchas veces el sujeto desconoce a nivel consciente qué lo sumerge en este condición. Una vez revisado qué es el duelo y cómo opera, a continuación se establece una diferenciación con la melancolía.
34 “La melancolía es la afectación profunda del deseo, concebida por Freud como la psiconeurosis por excelencia, caracterizada por una pérdida subjetiva específica, la del yo mismo”. (Chemama y Vandermersch, 2004, p.421).
En “Duelo y melancolía” artículo de 1917 escrito por S. Freud se establece la diferencia entre
el duelo normal y la melancolía, en esta obra Freud describe el proceso psicodinámico que opera en la melancolía en términos de una identificación con el objeto perdido.
Tanto el duelo como la melancolía son reacciones que sobrevienen tras una pérdida, en el caso del duelo lo que se pierde generalmente es el objeto de amor, mientras que en la melancolía el objeto perdido pertenece a un orden mucho más ideal que en el duelo, “en la melancolía puede reconocerse que esa pérdida es de naturaleza más ideal” (Freud, 2001,
p.243). La diferencia por la que parte la comparación entre duelo y melancolía, es que el duelo es un proceso normal mientras que la melancolía es patológica. Freud en “Duelo y melancolía” (1917), expone que en ambas el sujeto experimenta aflicción, falta de interés por
el mundo exterior, inhibición de toda productividad y pérdida de la capacidad de amar, todas estas reacciones son afectos normales y esperados tras una pérdida, sin embargo la melancolía incluye otro síntoma que la diferencia del duelo: la perturbación del sentimiento de sí mismo.
“El melancólico nos muestra todavía algo que falta en el duelo: una extraordinaria rebaja de
su sentimiento yoico, un enorme empobrecimiento del yo. En el duelo, el mundo se ha hecho pobre y vacío; en la melancolía, eso le ocurre al yo mismo”. (Freud 2001, p.243).
En el proceso de duelo gran parte de la energía libidinal está concentrada en el recuerdo del objeto perdido, y en los esfuerzos por retirar las investiduras libidinales de este, es por eso que todo aquello que no está relacionado con el objeto no es digno del interés del doliente. En el duelo hay una pérdida del objeto, se reconoce concretamente lo que se ha perdido, no hay nada que se escape del saber consciente del sujeto. En la melancolía se reconoce lo que se perdió, pero no se sabe que es lo que se ha perdido de este objeto, es decir nos encontramos ante una pérdida desconocida para la consciencia, lo inusual es que el sujeto denuncia una pérdida del yo, esto se hace evidente cuando se cataloga a sí mismo como despreciable, dice no ser digno del amor de quienes lo rodean, el sujeto es su propio blanco
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de autorreproches. Entonces la pregunta que surge es ¿Qué ha sucedido para que una pérdida de objeto se mude en una pérdida del yo?
S. Freud en “Duelo y melancolía” (1917), hace una suerte de reconstrucción del proceso de cómo opera la melancolía, veamos:
“Hubo una elección de objeto, una ligadura de la libido a una persona determinada; por obra de una afrenta real o un desengaño por parte de la persona amada sobrevino un sacudimiento de ese vínculo de objeto. El resultado no fue el normal, que habría sido un quite de la libido de ese objeto y su desplazamiento a uno nuevo, sino otro distinto que para producirse parece requerir varias condiciones. La investidura del objeto resultó poco resistente, fue cancelada, pero la libido libre no se desplazó a otro objeto sino que se retiró sobre el yo. Pero ahí no encontró un uso cualquiera, sino que sirvió para establecer una identificación del yo con el objeto resignado. La sombra del objeto cayó sobre el yo, quien, en lo sucesivo, pudo ser juzgado por una instancia particular como un objeto,
como el objeto abandonado.”
De acuerdo a esto, en la melancolía tras la pérdida del objeto, la libido que lo investía no fue retirada para ser puesta en un nuevo objeto de amor, como sucede en el duelo, sino que recayó sobre el yo del sujeto, estableciéndose una identificación con el objeto perdido, esta identificación es posible bajo dos condiciones: por un lado una fuerte fijación con el objeto y por otro una débil investidura libidinal, esta contradicción se explica debido a que la elección de objeto fue realizada sobre una base narcisista, es decir nunca hubo un amor de objeto sino una identificación con el objeto. Por tanto los autorreproches y autocastigos que se propina el melancólico, no están realmente dirigidos hacia él sino hacía el objeto perdido con el que su yo se ha identificado.
Para Freud la pérdida del objeto de amor es la ocasión en donde sale a la luz la ambivalencia de los vínculos afectivos, el objeto amado es denigrado a través de la denigración del yo. “Así la investidura de amor del melancólico en relación con su objeto, ha experimentado un destino doble; en una parte ha regresado a la identificación, pero, en otra parte, bajo la influencia del conflicto de ambivalencia, fue trasladada hacia atrás, hacia la etapa del sadismo más próxima a ese conflicto”. Este sadismo nos lleva a entender las acciones dañinas que el melancólico es capaz de causarse, el suicida se trata a sí mismo
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como un objeto. El daño que se provoca el sujeto está realmente dirigido a ese objeto perdido con el que se ha identificado el yo.
Se puede concluir entonces que la melancolía es un estado patológico desencadenado por una pérdida de objeto de naturaleza ideal, de la cual la consciencia no conoce por completo todos sus contenidos. La libido no sigue el recorrido normal como sucede en el duelo, ésta energía vuelve al yo y establece una identificación patológica con el objeto perdido.