Es esta una teoría que se ha generado fundamentalmente en el Sur de Europa, y que por tanto tiene unas circunstancias concretas en su formulación y en los aspectos que aborda. Así, a los autores franceses como Aydalot, Lipietz, Pecqueur e italianos como Garofoli, Becattini, Capellin... habría que añadir autores y expertos españoles que han contribuido bastante a construir y consolidar esta teoría, entre los que cabe resaltar Francisco Alburquerque, A. Vázquez Barquero, J.M. Cuadrado Roura, Mª Teresa Costa, además de las aportaciones de bastantes expertos que desde la práctica y experimentación en el territorio han hecho contribuciones importantes.
Se suelen reconocer dos líneas de inspiración para construir esta teoría, la que parte de las teorías sobre la organización industrial y la que adopta el enfoque de las teorías sobre el desarrollo territorial (VÁZQUEZ, 1999 y FURIÓ, 1996), convergiendo ambas para enriquecer un análisis más plural sobre una realidad compleja. Así, es aceptado reconocer como antecedentes de esta teoría los trabajos de Marshall sobre la organización industrial (ya hace un siglo), así como la “Teoría del Crecimiento Endógeno” asentada en los años 80’ del siglo XX a partir de las reflexiones sobre los trabajos precedentes de Kuznets y Kaldor (entre otros autores); “...la
inconformidad que producía la condición exógena del cambio tecnológico y la creciente literatura empírica sobre el crecimiento asimétrico y concentrado...condujeron en los años ochenta a la formulación de la Teoría del Crecimiento Endógeno. El propósito de este enfoque era construir
los franceses ya citados por su vinculación con la teoría de la regulación (a la que quieren hacer avanzar para responder a las críticas suscitadas y a los retos que supone para el territorio la globalización), como es el caso de Aydalot, Benko y Lipietz (BENKO y LIPIETZ, 2000).
92 Esta corriente teórica ha estado, y en buena parte sigue estando, muy vinculada a la estrategia de desarrollo regional y de empleo de la UE (como se verá en detalle), y de ahí se ha alimentado para reformular y avanzar en sus propuestas. De hecho se puede identificar una subcorriente específica (FURIÓ -1996-, la cita más como una corriente diferenciada, aunque interrelacionada) que realizó aportaciones claves para impulsar la política de infraestructuras de la UE en los 90’. Se trata del “enfoque del potencial de desarrollo económico regional”, cuyo centro de atención es el denominado Capital Social Fijo y su autor referente es Dieter Biehl.
modelos en los que la tecnología sea endógena, esto es, que responda a opciones deliberadas de los agentes económicos; y en los que entren a jugar como determinantes del crecimiento, el conocimiento, el capital físico, el humano y las políticas macroeconómicas... Estos modelos sustituyen los supuestos neoclásicos ortodoxos sobre rendimientos constantes a escala y competencia perfecta, por los de rendimientos crecientes y competencia imperfecta”
(MONCAYO, 2001; 17).
Con algunos matices según los autores, los rasgos principales de esta teoría se centran en un modelo de desarrollo denominado “endógeno”. Confrontado a los modelos precedentes, que califican como “exógenos”, entienden que el carácter endógeno tiene como elemento conceptual base el de Territorio, considerando cada unidad territorial como el soporte básico sobre el que se edifican los procesos de desarrollo. Este Territorio se asimilaría a un sistema con diferentes subsistemas o dimensiones; la económica (sistemas productivos locales), la sociocultural (actores económicos y sociales entrelazados con relaciones basadas en una identidad y valores comunes), y la político-institucional93. Con este entramado territorial como soporte, los procesos de desarrollo endógeno integrarían dos elementos que hasta ahora habían venido separados; la creación de riqueza o crecimiento económico, y la distribución de riqueza o rentas (el uno y el otro se retroalimentarían y generarían sinergias): “En resumen, el desarrollo endógeno puede
entenderse como un proceso de crecimiento económico y cambio estructural, liderado por la comunidad local utilizando el potencial de desarrollo, que conduce a la mejora del nivel de vida de la población local”. (VÁZQUEZ, 1999:32). Ahondando en esta idea, que parecería indicarnos
la asunción de que un proceso de desarrollo endógeno comporta un cambio social autocentrado y en cierta manera autogestionado, este mismo autor nos dice que con el desarrollo endógeno “No se trata tanto de mejorar la posición del sistema productivo local en la división internacional o
nacional del trabajo, como de lograr el bienestar económico, social y cultural de la comunidad local en su conjunto” (VÁZQUEZ, 1999:29).
Por cuestiones como las mencionadas, autores en el entorno de esta teoría como Aydalot, manifiestan que más que una teoría podría estarse hablando de un “paradigma del desarrollo” por su clara orientación territorial. Sin entrar en esa polémica (que tampoco aporta mucho, puesto que el propio “paradigma del desarrollo territorial” que estamos defendiendo incluiría las variaciones o cambios sustanciales introducidos por el enfoque del desarrollo endógeno), para
93 Alburquerque enriquece algo más este concepto al aportarle la dimensión ambiental y darle un carácter más dinámico, orientado a la acción: “ [el concepto de territorio] ...comprende la heterogeneidad y complejidad del mundo real, sus
características ambientales específicas, los actores sociales y su movilización en torno de diversas estrategias y proyectos, así como la existencia de recursos estratégicos para el desarrollo productivo y empresarial... Interesa resaltar al <<territorio>> como el actor del desarrollo” (ALBURQUERQUE, 1997:80).
mis objetivos en este trabajo, las aportaciones de esta línea de pensamiento son bastante significativas, y por eso vamos a ir un poco más allá del concepto ya esbozado de desarrollo endógeno, para ver los elementos y categorías de análisis que puede aportar para los objetivos de esta investigación.
Las aportaciones centrales de la teoría del desarrollo endógeno se concentran en el “paradigma productivo” y el “modo de regulación” que proponen, dejando prácticamente de lado (o asumiendo tácitamente) analizar el régimen de acumulación existente, que en la actualidad es el que ya hemos expuesto al tratar sobre la globalización capitalista94. De hecho, y adoptando una visión sistémica, quizá inconsciente, esta teoría del Desarrollo Endógeno se aproxima a la realidad territorial (a la manera que se puede percibir en las situaciones concretas), considerando entrelazadas y “recursivas” ambas dimensiones, paradigma productivo y modo de regulación.
En lo referente al paradigma productivo esta teoría adopta y defiende el modelo postfordista o de producción flexible, especialmente incidiendo sobre la eficiencia que aporta para la innovación (tecnológica especialmente), y plantea que su modo de regulación ha de estar basado en la “competencia cooperativa” que, integrando preceptos morales95, asume una metodología en red del sistema productivo local, y especialmente de su sistema informacional y de intercambio de experiencias. Este modo de regulación sería lo que Marshall denominó “atmósfera productiva” y lo que Costa (1994: 15) citando a Trigilia, denomina como “atmósfera transaccional”, para referirse al modelo de regulación de la “competencia cooperativa”, concepto que sintetizaría el modelo de intercambio/reciprocidad que reside tras los sistemas productivos locales, y en
94 Vázquez Barquero trata en alguno de sus escritos esta temática (VÁZQUEZ, 1999), y lo hace para asumir postulados cercanos a las teorías del crecimiento dualista. Así, mantiene que la teoría del desarrollo endógeno comparte con aquella que hay un proceso de trasvase de capital acumulado desde sectores “maduros” (básicamente la agricultura, pero también el comercio) hacia otros sectores (básicamente el industrial, aunque también el agroindustrial y servicios), y que a esa “acumulación originaria” (en términos marxianos) contribuiría también decisivamente una significativa y sostenida tasa de beneficio de las empresas locales; “...la teoría del desarrollo endógeno argumenta que uno de los factores explicativos de los procesos de acumulación de
las economías locales consiste, frecuentemente, en su capacidad para utilizar los recursos humanos con niveles de salarios relativamente más bajos. La existencia de formas de trabajo flexible (como el trabajo a domicilio, el trabajo temporal o el trabajo informal), la utilización del trabajo femenino, la difusión del cooperativismo y el comportamiento no reivindicativo de los sindicatos...permiten mantener unos costes del trabajo relativamente bajos, lo que hace que la tasa de beneficio de las empresas locales pueda situarse a unos niveles que favorecen los procesos de acumulación en el ámbito local” (p.61). Más adelante
volveremos a esto, pero ya podemos adelantar que este planteamiento levanta muchas dudas respecto al carácter equitativo del modelo de acumulación (excepto en lo referente al cooperativismo), ya que redunda en los planteamientos fundamentales de la economía clásica capitalista, puesto que parece que sigue proponiendo que sean los trabajadores con sus plusvalías los que básicamente deben generar la “acumulación” para los capitalistas. Eso cuando no resulta directamente discriminatorio, como en lo referente a lo que se mantiene sobre el “trabajo femenino” y el “informal”, al darles un carácter de “bondad” o “beneficio” para el modelo productivo local, sin cuestionarse lo que supone para la calidad de vida de esos/as trabajadores/as.
95 Como detallaremos más adelante esto es algo relativamente novedoso, sobre todo en su puesta en práctica y no tanto en su formulación teórica --recordemos las aportaciones del propio Adam Smith--. Costa (1994) comenta, al respecto del papel que juega el “control social” en los sistemas productivos locales, que “..ejerce un papel regulador del oportunismo y de la racionalidad
limitada... Es decir, la <<pertenencia>> al sistema productivo local reduce los riesgos contractuales y, por consiguiente las condiciones de incertidumbre...se genera un patrimonio informativo que facilita la adopción de soluciones productivas
especial tras los “Distritos Industriales”, que serían el emblema de organización industrial- productiva y modo de regulación que subyace tras la propuesta de esta teoría del desarrollo endógeno (junto con la que supone la categoría de los “entornos innovadores”). Como se ha indicado “...los fundamentos marshallianos de la organización industrial pueden facilitar la
comprensión de la complejidad de la actual organización industrial. Marshall detecta que <<la concentración de industrias especializadas en localidades particulares>> constituye un sistema organizativo eficiente... El distrito industrial incorpora variables de naturaleza distinta y... las economías externas de los distritos industriales resuelven la coexistencia entre mercado y rendimientos crecientes, lo que implica justificar la viabilidad de los modelos descentralizados...”
(COSTA, 1994: 2).
Se debe principalmente a Becattini (1989) una recuperación y actualización del concepto marshalliano de “Distrito Industrial”, pasando a definirlo como “una entidad socioterritorial que se
caracteriza por la presencia activa tanto de una comunidad de personas como de un conjunto de empresas en una zona natural e históricamente determinada...” (citado en FURIÓ, 1996: 113).
El Distrito Industrial interesa para esta Tesis Doctoral porque, aunque limitado en algunos aspectos de su enfoque, es una propuesta de categoría de análisis que viene a recoger diversos aspectos fundamentales para el desarrollo territorial96: a) Presupone unas “externalidades extramercantiles” que se generan en sistemas productivos basados en el territorio. Intangibles para la econometría, incorporan a la comunidad local y sus valores como eje central y decisivo de análisis y de promoción o ejecución de la producción, y por ende del desarrollo (que en buena medida asimilan con el crecimiento). b) Requiere de pequeñas y medianas empresas organizadas en red, es decir sin un poder decisor concentrado, con lo que obliga a la comunicación y a la acción horizontal concertada. c) El distrito industrial presupone y provoca un sistema de normas y reglas de funcionamiento, un modo de regulación, conocido, transparente y concertado. Supone así mismo la necesidad de una planificación integral que aúna la dimensión productivo-económica con la sociocultural y la sociopolítica-institucional.
descentralizadas. Esta <<atmósfera transaccional>> favorece una mayor implicación de tipo moral entre todos los miembros de la colectividad” (p.15)
96 Los mismos son los que claramente diferencian a esta categoría de otras con las que en alguna ocasión se la quiere vincular. Es el caso de los “polos de crecimiento” (Perroux, F. -1973-), que evidentemente son mucho más modestos en sus planteamientos y dudosamente incorporan la implicación endógena del desarrollo como autocentrado o autodirigido por una comunidad, sino más bien como “im-puestos” en un espacio (y la experiencia española de los “polos industriales”, auspiciados por la política desarrollista en el franquismo, es un buen ejemplo de ello, o el caso del desarrollismo Chino reciente en zonas costeras de dicho país).
La noción de milieux innovateurs97 (entornos innovadores) entronca con la de distrito industrial centrándose en los aspectos de innovación que aporta el desarrollo endógeno, al establecer que es en ese tipo de modelos de desarrollo donde un territorio concreto puede llegar a convertirse en un “entorno innovador” (al entenderse que la innovación no es sólo un proceso de aprendizaje individual sino también colectivo). Esta concepción vendría a incidir en nuestra premisa epistemológica acerca de las demandas o intereses que subyacen tras las estrategias de investigación científica (recuérdense las aportaciones de Habermas y Bourdieu98). En este sentido, un territorio con un modelo de desarrollo endógeno, aporta una base histórica sociocultural (una identidad y entorno colectivo local, un “milieu”), y una base histórica productiva (un “saber hacer”, unos recursos financieros, infraestructuras e instituciones...), y debería originar en consecuencia, unos intereses u objetivos colectivos concretos para la investigación científica experimental y aplicada. Facilitando que las técnicas y tecnologías que se generen sean adecuadas para las necesidades de ese territorio y no para necesidades o intereses exógenos, constituyéndose a tal efecto redes innovadoras en tal territorio. Por ello precisamente la noción de “entorno local” avanza más allá que la de distrito industrial y nos aporta una categoría de análisis más completa, que trasciende el ámbito productivo para enraizarse en el más amplio del desarrollo, al depositar las claves interpretativas en la red de actores del territorio (del sistema productivo local, pero también del institucional, educativo-formativo, la ciudadanía, etc.) y en las relaciones entre los mismos, dentro de lo que podríamos entender como la lógica de la acción comunicativa.
Para que este clima de intercambio/reciprocidad y estas relaciones del entorno local sean fructíferas para generar un proyecto común de desarrollo endógeno, y especialmente para que el mismo sea capaz de generar innovación organizativa y tecnológica, es para lo que se requeriría de cierto proceso regulador y de intervención por parte de las instituciones que se generen en ese milieu y/o por parte de instituciones públicas, o de titularidad pública y gestión mixta. Estas instancias se responsabilizarían de organizar y hacer más eficiente la colaboración, el intercambio de información y la incorporación de cambios tecnológicos para favorecer la innovación. En palabras de Alburquerque, uno de los autores que más ha trabajado en esta dimensión concreta del desarrollo endógeno, se trataría de “difundir y distribuir el progreso técnico”, y para ello son fundamentales una serie de instrumentos y estamentos en el territorio,
97 Hay acuerdo en adjudicar la institucionalización y difusión inicial de este concepto al GREMI (“Groupe de Recherche Européen sur les Milieux Innovateurs”), a finales de los años 80’ del pasado siglo. Siendo investigadores franceses como J.C. Perrin, B.Planque, y especialmente P. Aydalot, los fundadores de este grupo (luego extendido a nivel internacional).
98 Habermas en sus obras Ciencia y Técnica como Ideología y Conocimiento e Interés (1968 y 1970), y Bourdieu en Razones
que este autor engloba en una dimensión “mesoeconómica” (nivel intermedio entre lo “microeconómico” y lo “macroeconómico”), los cuales facilitarían una descentralización vinculada e integradora del territorio. Con esa finalidad se ha venido dando origen a una serie de instancias, en buena parte impulsadas por la UE, como son especialmente las Agencias de Desarrollo (Local, Comarcal, Regional), los Centros de Innovación o apoyo empresarial, y los Centros Tecnológicos e Institutos Tecnológicos Sectoriales (ALBURQUERQUE 1997b y 2005)99. Estas instancias, junto con otros mecanismos, permitirían “endogeneizar el progreso técnico” (VÁZQUEZ, 1999), es decir, introducir el territorio como un agente clave y necesario para la innovación tecnológica100 (dentro de la sociedad global del conocimiento y la información, en que nos encontraríamos). Esto tendría dos sentidos, adecuar las innovaciones tecnológicas exógenas a las circunstancias del sistema productivo local, y conseguir que los saberes o conocimientos locales se articulen para convertirse en innovaciones técnicas y tecnológicas significativas respecto a la eficiencia competitiva que exige el mercado internacional. En palabras de Becattini y Rullani (1996), los conocimientos vinculados a la producción podrían ser “contextuales”, cuando se producen en un contexto específico local (como un sistema productivo local), y “codificados” cuando su rasgo definitorio es su génesis global y su más fácil transferibilidad101. De esta forma se defiende que las vinculaciones entre el ámbito local y el global, al menos en lo referente al cambio tecnológico, no tendrían por que ser necesariamente antagónicas, ni siquiera subordinadas, sino que se retroalimentarían mutuamente.
En síntesis, podemos extraer un conjunto de significativas categorías de análisis que aporta esta teoría del desarrollo endógeno. Así mismo, y con objeto de facilitar una comprensión certera y ubicación de sus análisis dentro de la economía regional, podemos establecer una serie de características que establece esta teoría sobre los territorios que se ajustan al modelo de desarrollo endógeno. Podríamos dividir esta caracterización, siguiendo a sus principales autores, entre las variables de tipo económico y extraeconómico:
A) Se establecen como variables económicas del desarrollo endógeno, o “características estructurales de los sistemas productivos locales” (GAROFOLI, 1984: 159-161): a) la elevada división del trabajo entre las empresas, que da lugar a un denso entramado de
99 En concreto se recomienda consultar los capítulos III y IV de Alburquerque (1997b).
100 “En tanto que creación tecnológica, la innovación es definida como un proceso gradual, secuencial, acumulativo, que toma
forma y se desarrolla en contextos específicos. La innovación pues, procede de un aprendizaje individual y colectivo, que es la fuente de la lógica creativa” (FURIÓ, 1996:119).
101 En palabras de Alburquerque interpretando a estos autores “...los conocimientos codificados sólo pueden utilizarse
adecuadamente si se les recontextualiza en los ambientes productivos particulares o locales; del mismo modo, es preciso codificar algunos de los conocimientos contextuales, si se quiere hacerlos transferibles y conseguir de ese modo economías de escala suficientes”. (ALBURQUERQUE, 1997a: 154).
interdependencias intra e intersectoriales; b) una acusada especialización productiva a nivel de empresa que facilita acumulación de conocimientos e introducción de tecnologías; c) una multiplicidad de “sujetos” económicos locales (término del propio autor) que propician un clima de “destrucción creativa” (“mecanismos de prueba-error” e imitación); d) la progresiva formación de un eficiente sistema informativo que favorece el intercambio y el aprendizaje compartido y las sinergias, generando un “patrimonio común”; e) la capacitación profesional específica de los trabajadores en las actividades típicas del entorno (por una sedimentación histórica y tradicional); f) la existencia de relaciones “cara a cara” entre sujetos económicos, especialmente relevante en el caso del contacto entre proveedores y usuarios de productos intermedios (proveedores tecnológicos o de máquinas y usuarios de las mismas, para generar el producto final), y entre usuarios y proveedores de servicios empresariales, lo que aporta una eficiencia para la comunicación y la innovación.
B) Las variables extraeconómicas del desarrollo endógeno serían (VÁZQUEZ, 1986: 106): a) fuerte y profunda identidad local y sentimiento de orgullo por la propia cultura o tradición; b) consideración de la capacidad empresarial y de la iniciativa como valor social positivo (“espíritu emprendedor” dirá la UE); c) estructuras familiares con notables vínculos intergeneracionales (“embeddedness” o “arraigo” podríamos denominarlo, en términos de la Teoría del Capital Social); d) existencia de una organización social en la que se haya desarrollado el intercambio comercial (monetarización y mercantilización); e) existencia de un sistema urbano articulado (urbanización básica del espacio, cabría decir).
II.4. HACIA UNA PROPUESTA DE DESARROLLO TERRITORIAL AUTOCENTRADO; EL